Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Galicia en su ocasión     
 
 ABC.    15/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Galicia en su ocasión

En este desmadre autonómico que se nos ha venido encima Galicia va a votar —o a

no votar, que nunca se sabe— y, como es lógico la dulce, la húmedad la

desconfiada, no sin motivo, tierra galaica se ha llenado de políticos. Hasta el

potito está allí. Parece que con la brétema y el orballo las figuras se ven

borrosas y la democracia «descalciña por Tarea» ignora en estos momentos sí va,

si viene o si va a parecer una bella y desvalida rianxeira.

A Carlos Dávila, buen olfato, agudo observador de seísmos electorales y

políticos, le sorprende que un ex ministro tránsfuga de UCD y que abrió el melón

de las indebidas transparencias de escaños de diputados, le haga la propaganda a

Fraga que es más que de AP, la mismísima AP en bloque y con tirantes. Sí yo

fuera Fraga, que está claro que no lo soy, empezaría a escamarme el auxilio de

tal propagandista. A los gallegos, sus paisanos, este tipo de políticos me

parece que no le van, quiero decir, claro, que no les molan y mas claro al otro

lado del Sil, que no les resultan xeilosos.

No menos le extraña que Suárez afirme su fe en una derecha civilizada que

«supere la tragedia histórica de nuestro país». Y, sin embargo, me parece a mí

que la cosa no está clara. Para el ex presidente una cosa ha de ser la «derecha

civilizada» y otra la «mayoría natural», lógicamente de derecha que proponga

Fraga y que, de momento, no hace la esfinge que ahora preside el Gobierno. Desde

que se le ponen apellidos a las cosas o a las ideas las cosas y las ideas dejan

de ser lo que son. O la derecha es la derecha y la izquierda es la izquierda o

es que pisamos en la marisma. Así andamos de metidos en lodo casi hasta las

rodillas. Ni el PSOE quiere aparecer plenamente revolucionario, obrero y

marxista, ni UCD acierta a decidir si se indina hacia su izquierda evanescente o

hacia su derecha efervescente. Algo parecido le sucede a la Justicia desde que

unos la quieren hacer democrática, otros patriótica, otros nacional y algunos

nacionalista.

A los gallegos, que los conozco muy bien, que me los conozco, los disfraces no

los engañan.

No hay quien engañe a un gallego y si allí el más tonto no hace relojes es

porque sabe que si los hiciera aquello acabaría por ser Suiza y no Galicia, que

precisamente, es lo que algunos proponen: «Haz Galicia.» ¿Pero es que Galicia no

está hecha? No falta quien haya dicho poéticamente que Dios al hacer ese rincón

del mundo puso sobre él la palma de la mano y los cinco dedos divinos

convirtieron el barro que amasaba en las rías gallegas donde, como decía

Unamuno, mar y cielo mecen sus lenguas. Está hecha Galicia. Hecha una pena y ha

llegado la hora de hacerla a fondo, de rehacerla gloriosamente, acto creador que

evidentemente no es posible si los gallegos se quedan en día electoral al

calorciño da lareira.

Los gallegos, que no se dejan engañar, que son más engañadores de lo que quienes

no los conocen a fondo se imaginan, lo que suelen hacer es engañarse a sí

mismos. Y eso por un motivo que pienso es un hecho cultural antes que un hecho

racional: por desconfianza.

Desconfían tanto, no sin motivos, que consuman el gran autoengáño de la

pasividad, de quedarse de la parte de fuera para verlas venir. Quizá esta vez

unos y otros acierten a descubrirle que no está el momento para ver venir, ver

vir as cousas, sino para ir, de una vez con paso decidido hacia ellas—Lorenzo

LÓPEZ SANCHO.

 

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