Autor: Dávila, Carlos. 
 Los votantes están repartidos por diez mil núcleos. 
 Una población diseminada, clave de la abstención en Galicia     
 
 ABC.    08/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Los votantes están repartidos por diez mil núcleos

Una población diseminada, clave de la abstención en Galicia

MADRID (Carlos Dávila). Galicia ha dado estos días su primer tirón electoral. La

visita del presidente del Gobierno —más comprometido en campaña de lo que él

mismo anuncia— ha despertado en las cuatro provincias una suerte de solidaridad

centrista, desconocida desde las últimas generales del 79. No obstante sería

mucho decir que Calvo-Sotelo se ha prestado al juego del populismo

electoralista, porque nada hay más ajeno a su personalidad política que un

interés desmedido por adoptar posturas aprovechonas de discutible rentabilidad

en las urnas.

El presidente no es, desde luego, un líder proclive al juego en corto, el mismo

en el que Adolfo Suárez era maestro inveterado. Pero por primera vez se ha

mezclado en la maraña de unas elecciones. Y ha salido del trance con buena nota.

Su liderazgo ya no parece discutible a estas alturas, aunque sus repetidos

mensajes tienden ahora a marcar distancias con la dirección del partido. Los

consejeros de CalvoSotelo y los ministros que en julio prepararon la «operación

desembarco» han congelado o abandonado esta estrategia. He oído a alguno de

ellos alabar los modos y hasta la destreza última del presidente de UCD, Agustín

Rodríguez Sahagún. Se diría que los más opuestos a la dirección de Sahagún se

han resignado y que los tibios en la critica simplemente han decidido apuntalar

a un presidente que sigue sin gustarles demasiado. El pacto, pues, entre los

partidarios de una y otra opción hoy parece más posible.

UCD está volcando toda su artillería dialéctica en las elecciones gallegas. El

sábado, coincidiendo con la presencia de Adolfo Suárez en Pontevedra, los

centristas presentan su programa, una exposición morigeradamente galleguista y

delicadamente conservadora que busca llevar a las urnas al mayor número posible

de ciudadanos. Son más de dos millones los gallegos que tienen en esta ocasión

derecho a voto. El censo, como he sugerido en días pasados, es una reliquia

histórica sin pies ni cabeza; están menos de los que son y algunos aparecen tres

veces en las listas. Todo un disparate que aún nadie ha querido rectificar. El

día 20 no votarán quizá los abuelos de los actuales gallegos, pero sí lo harán,

taumatúrgicamente por supuesto, algunas almas, de Dios que desaparecieron de

nuestra tierra hace algunos años.

Los más avispados acudirán a las urnas tres veces seguidas, gracias a una sutil

maniobra de engorde electoral en ¡a que los partidos están, tácitamente, de

acuerdo. Y es que estos voluntaristas del sufragio suplen a los escépticos, que

no salen de casa aunque no llueva. Que lloverá.

La clave sobre la que se sustenta la abstención es, a mi juicio, la diseminación

de los ciudadanos gallegos, habitantes de más de 10.000 núcleos de población

distintos, alguno de los cuales dista del más próximo colegio electoral casi 15

kilómetros, una distancia imposible de cubrir para unos personajes cerrados en

sí mismos y recelosos ante cualquier tipo de promesas de campaña. Como, por otra

parte, los políticos gallegos de ahora mismo son profesores en el arte de la

ambigüedad y proclives a maniobras partidistas que el paisano de las verdes

praderas entiende muy poco, no puede formularse una prospectiva demasiado

optimista del grado de participación que pueda reflejarse el día 20. Puede

entenderse, sin embargo, que el gallego no es aficionado a los usos democráticos

y ésta sería una gravísima ligereza. Sólo un partido de carácter filo-fascista

está presente en estos comicios, y aun así su concurrencia es meramente

testimonial, dado su escaso éxito en todas las elecciones pasadas y el rechazo

que provoca en el electorado.

El gallego se abstiene sólo ante la falta de claridad, en paradoja evidente con

su propia personalidad volcada siempre hacia dentro.

Por todo esto, cualquier aproximación que intente adelantarse a los resultados

del día 20 es baldía. Las encuestas tropiezan siempre con la misma piedra: un 60

ó 70 por 100 de los ciudadanos preguntados se limitan simplemente a no contestar

o a asegurar que «no saben».

Este sector tan amplio fue el responsable del triunfo centrista en las pasadas

generales, a pesar de que sólo días antes de la convocatoria los análisis y los

sondeos daban mayor crecimiento al PSOE. Los socialistas tienen en Galicia un

partido desorganizado y con una escasa implantación local; éste es el mayor

obstáculo con que topan los candidatos. El voto en Galicia se ganará en esta

ocasión hombre a hombre. Vencerá, en definitiva, el partido que pueda moverse

por los pueblos y las mínimas aldeas con mayor soltura y menor rechazo.

 

< Volver