Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La hora de Fraga     
 
 ABC.    28/10/1981.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

10 / A B C INTERNACIONAL

OPINIÓN

La hora de Fraga

La maza de Fraga ha caído sobre los celtas ucederos. Fraga gana en La Coruña,

Fraga gana en Pontevedra. Pío Cabanillas resiste en Orense. «Ahora se enterará

Pío de que yo aquí mando un carallo.» Antonio Rosón aguanta el embate en Lugo,

detrás de las murallas. Pero Fraga gana en las ciudades. Los votos para Fraga

salen de las urnas como percebes, a puñados. Fraga ha ganado un escaño más que

los celtas ucederos. Fraga ha sacado más escaños que los socialistas, los del

bloque y la izquierda gallegas juntos. El partido de don Santiago Carrillo

estará mudo en el Parlamento gallego. La verdad es que el partido de don

Santiago Carrillo, además de desaparecer de Galicia, anda metido en rebeldías

vascas y en cismas catalanes. Como esto siga así, a don Santiago Carrillo le va

a mandar el Kremlin a tomar las aguas al balneario de La Toja. El día de

vísperas, don Felipe González empezó a predicar a los gallegos el triunfo de los

socialistas griegos y el telegrama de Papandreu. «Ay, reiciño, que a ese

Papandreu no me lo conozco, y yo le voy a votar a don Manuel, rapaz.» Los

partidos nacionalistas vascos y catalán llegaban también con ánimos v con

dineros.

Como en este país empiecen a votar incluso los gallegos, a lo mejor esponja la

democracia, y se pone maja. «Esto es una gaita», decía don Pío al conocer las

cifras primeras. Sí, hijo, y lo peor es que es una gaita gallega. Don Adolfo

Suárez también se fue a Galicia. Don Adolfo Suárez dice que «si el partido se

derechiza, yo me voy.» A don Adolfo Suárez no se le ha derechizado el partido;

se le ha derechizado el electorado. Todavía queda un consuelo. Cómo dicen que a

tos gallegos no hay manera de entenderles, a Jo mejor han votado a Fraga para

indicar que quieren que gobierne Felipe. La verdad es que Felipe hizo una

campaña con moral de derrota. -Os pido que votáis, sea a quien sea.»

Ahora todos estarán barajando, analizando, desmenuzando e interpretando las

cifras del escrutinio. Las calculadores políticas trabajan. UCD baja tantos

votos, tanto porcentaje. Alianza sube tanto. El PSOE se queda en tantos. El

«pecé» casi todo. Los que más han votado son los coruñeses. Los que menos han

votado son los orensanos. A mí, estos números casi no me importan. Los números

electorales resultan cabalísticos y cada uno los interpreta a su manera. Hay

otras cifras electorales mucho más interesantes, y que nadie las da. Lo que yo

quiero saber es cuántas nécoros ha destrozado Fraga. Cuántas truchas, cuántas

ostras, cuántas cigalas y cuántos lacones. Porque Fraga no sólo ha dejado a los

demás sin votos.

Ha debido de dejar, también, la costa ümpia de mariscos, las despensas peladas,

a Betanzos sin huevos para la tortilla, las granjas sin cerdos y a sus huestes

sin respiración. Lo que yo quiero conocer es cuántos kilómetros ha recorrido, y

cuántos discursos ha echado, y cuántas declaraciones ha hecho, y cuántas

botellas ha trasegado, y cuántas manos ha estrechado, y a cuántos paisanos ha

rendido. Aquí, un caldo: allí, un lacón grelos; acá, unos versos de Rosalía;

allá, un sopapo a diestra; ahora, otros dos lacones; antes de la merienda, una

cita de Valle-lnclán; dos docenas de truchas; «un gallego como tú»; dieciciete

chorizos, veinte discursos, tres litros de Rosal y catorce pueblos más antes de

dormir tres horas. La maza de Fraga ha caído sobre tos celtas ucederos como un

aerolito despeñado, como una catarata desatada, como un bosque se desgaja, como

un planeta.

Ya se sabe que no va a pasar lo mismo en todas las demás regiones. Galicia es

Galicia. Una cosa así no va a pasar ni en Cataluña, ni en el País Vasco. Pero

algo de esto que ha ocurrido en Galicia puede ocurrir en Castilla, en

Extremadura, en Murcia, en Baleares, en Canarias. Lo del «voto útil», lo del

«voto del miedo» es un invento que ha quedado descuajaringado. Habrá que

inventar otro invento. Yo no sé si habrá llegado «la hora de Fraga». Esto debe

de ser una exageración electoral. Pero sí sé que el puesto de Fraga en la

política española estaba desnaturalizado. Primero, le quitaron el centro.

Después, lo echaron de la derecha. Más tarde, !e quitaron tos votos de la

derecha para llevarlos a! centro. Y por fin, dejaron la derecha española

reducida a nueve escaños en un Parlamentó de 350 señorías. Pues mire, no me lo

creo.

¡Con razón dice la izquierda que el centro no es el centro, sino la derecha!

Nuestro mapa político actual está equivocado. Cuando la derecha sea la derecha,

el centro sea el centro y la izquierda sea la izquierda, a lo mejor se calma un

poco esta ceremonia de la confusión. Y cada oveja, con su pareja.

Me parece que era don Rafael Calvo Ortega, quien se quejaba de que, desde la

derecha y desde el socialismo les estaban in la diendo el centro. O sea, que le

estabas quitando el juguete. Pues, ojalá. En cuanto en. este país queden

aislados los extremismos de derecha y de izquierda, y los demás partí dos

invadan el centro, ya podemos empezar a votar como ingleses, como alemanes o

como norteamericanos, sin jugarnos en cada elección el modelo de sociedad, el

modelo de libertad y el modelo de uniforme. En cuanto en este país la derecha no

sea ultra, la izquierda no sea marxista y el centro sea un partido moderador,

capaz de formar con unos o con otros una mayoría parlamentaria, habremos puesto

en marcha una democracia sin otros sabresaltos que los indispensables Mientras

no se ajuste a la realidad nuestro mapa político, el centro tendrá miedo a esa

«mayoría natural» que predica Fraga y tas socialistas buscarán la mayoría en la

alianza con los comunistas, como ha sucedido en el gobierno de los Municipios.

El centro debe ahora elegir entre dos posibles mayorías para gobernar Galicia: o

se une al PSOE, o se une a Alianza Popular. O abre un turno de alternativas, sin

permitir que la derecha o la izquierda se le desvíe hacia los extremos. Esta es,

creo yo, la gran lección que nos va a dar Galicia después de estas elecciones. Y

ese puede ser el ensayo para otras nuevas soluciones en el ámbito nacional. Y

otra lección es la que han dado los gallegos a los partidos nacionalistas. La

autonomía es una cosa, y las representaciones nacionalistas en el Parlamento de

la nación sin otra misión que la de defender intereses parciales, al margen o en

contra de los intereses de todo el país, es otra cosa bien distinta. Ya está

bien de que, a cambio de cuatro o cinco votos de minorías regionalistas estemos

entregando las soluciones razonables a los grandes problemas nacionales. Los que

dicen, gritan e insisten en que ellos son una nación, que no vengan, al menos, a

querer gobernar la nuestra.

Es muy posible, casi diría que muy probable, que eso de «la hora de la Fraga»

sea Lina exageración electoral. Bastaría con que en Galicia, con el pretexto de

la elección de su Parlamento, nos haya enseñado que debe sonar la hora de la

verdad política: la hora de Las definiciones claras, y la hora en que cada cual

debe ocupar su verdadero sitio.—Jaime CAMPMANY.

 

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