Llegada del Generalísimo a la tribuna     
 
 ABC.    10/05/1960.  Página: 31-35. Páginas: 5. Párrafos: 58. 

Llegada del Generalísimo a la tribuna

Barcelona 8 En el XXI desfile de la Victoria han tomado parte más de veinte mil hombres pertenecientes a los tres

Ejércitos. El acto militar ha sido presenciado por más de un millón de personas apiñadas en las amplias aceras,

bocacalles, balcones, ventanas y azoteas, así como en las tribunas acotadas de todo el vasto sector de la avenida del

Generalísimo desde la plaza de Calvo Sotelo hasta la calle de Marín, donde se dislocaron las fuerzas.

El Jefe del Estado salió del Palacio de Pedralbes acompañado por el ministro del Ejército, teniente general Barroso; el

segundo jefe de su Casa Militar, general Laviña, y segundo jefe de su Casa Civil, señor Fuertes de Villavicencio, y de

los ayudantes de servicio.

Al abandonar el palacio cumplimentó a Su Excelencia el capitán general de Cataluña, teniente general don Pablo Martín

Alonso, con quien revistó, a las tropas que iban a tomar parte en la magna parada y que se encontraban formadas en los

lugares señalados para la concentración.

Luego el Jefe del Estado continuó por la a venida del Generalísimo en dirección a la tribuna oficial, al llegar a la cual le

fueron rendidos los honores correspondientes y se le tributó una cálida acogida. El Caudillo—que vestía uniforme de

capitán general y lucía la cruz laureada de San Fernando -iba en coche descubierto, acompasándole, a su izquierda, el

ministro.

Precedía a la comitiva que acompañaba a Su Excelencia un jeep en el que un oficial del Regimiento de la Guardia

enarbolaba el guión del Caudillo; otros jeeps eran ocupados por el capitán general, el gobernador militar de la plaza y

subinspector de tropas de la IV Región, general don Ángel González Mendoza, y el jefe del Estado Mayor de la IV

Región y Cuerpo de Ejército de UrgeI, general duque de la Victoria.

Entre ovaciones clamorosas y el triple grito de "¡ Franco, Franco, Franco !", la comitiva fue acercándose lentamente

hasta la tribuna oficial, adonde llegó Su Excelencia a las once cuarenta y cinco. En seguida fue cumplimentado por el

Gobierno y primeras autoridades barcelonesas.

A continuación, el Generalísimo subió a la tribuna y al aparecer en la misma se renovaron las demostraciones de afecto

y adhesión por parte de la grandiosa multitud, mientras las bandas de música interpretaban el Himno Nacional.

Doña Carmen Polo de Franco había llegado al lugar del desfile a las once y veinticinco, procedente de Pedralbes,

acompañada de su hermana, doña Isabel Polo de Cuezala, y de la marquesa de Villatorcas. Su presencia fue acogida con

una cariñosísima salva de aplausos.

AGREGADOS MILITARES DE VARIOS PAÍSES ASISTEN AL ACTO

Desde las once se hallaban al pie de la tribuna oficial, aguardando la llegada de Su Excelencia, los ministros del

Gobierno, el capitán general del Departamento Marítimo de Cartagena, almirante Mendizábal; jefe de la Región Aérea

Pirenaica, teniente general don José Lacalle Larraga; gobernador civil, don Felipe Acedo; alcalde, don José María de

Porcioles; consejero del Reino y presidente de la Diputación, marqués de Castellflorite; arzobispo obispo, don Gregorio

Modrego; presidente de la Audiencia Territorial, don Elpidio Lozano, y el jefe superior de Policía, D. Juan Estévez.

A la derecha de la tribuna del Gobierno estaba la del Cuerpo Consular acreditado en Barcelona, presidida por el decano

del Cuerpo, doctor don Ernesto Selva Sandoval.

En la tribuna de la izquierda se encontraban, además de las autoridades barcelonesas, el subsecretario del Ejército,

general don Luis de Llano; jefe del Estado Mayor Central, teniente general don José Cuesta Monereo; segundo jefe del

Alto Estado Mayor, general don Francisco Mata Manzanedo, que representaba al capitán general don Agustín Muñoz

Grandes; jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire; director general de la Guardia Civil, teniente general don Antonio

Alcubilla; comandante general de la Flota, vicealmirante don Pascual Cervera; almirante Nieto Antúnez; segundo jefe

del protocolo del Ministerio de Asuntos Exteriores, marqués de Jura Real; director general de Seguridad, don Carlos

Arias Navarro; director general de Beneficencia, señor Oriol Urquijo; gobernadores civiles de Gerona y Tarragona y

otras personalidades.

Asistieron, además, los agregados militares, navales y aéreos de las Embajadas de Estados Unidos, Gran Bretaña,

Francia, Italia, Haití, República Federal alemana, Bolivia, Colombia, Portugal, Turquía, República Argentina,

República Dominicana y otros países.

ABRE MARCHA UNA SECCIÓN DE POLICÍA ARMADA

Pocos minutos antes de las doce se inició la gran parada.

Abría marcha una sección de motocicletas de la Policía Armada y de Tráfico, en formación en forma de "V", y a

continuación marchaba el mando de la línea, precedido por un "jeep" con el guión del Cuerpo de Ejército de Urgel, y

en otro automóvil, de pie, iba el capitán general de la Región teniente general don Pablo Martín Alonso, Con su Estado

Mayor.

Al llegar ante la tribuna del Caudillo, el capitán general descendió del coche y se situó en la misma, inmediatamente

detrás del Generalísimo, junto al ministro del Ejército. Ocupo su lugar en el coche de mando el general de división don

Ángel González de Mendoza y Dorvier, gobernador militar de Barcelona.

LAS FUERZAS MOTORIZADAS

Las fuerzas motorizadas, formando una larga columna, pasaron a continuación, mandadas por el general de división

Puig Jiménez, con sus ayudantes y Estado Mayor. Seguía la agrupación motorizada ligera, al mando del coronel de

Caballería don Fernando Ochoa Urrutia.

Marchaba después la agrupación motorizada, de Artillería, mandada por el general de brigada de Artillería don Pedro

Herrera, y compuesta por el primer batallón, al mando del coronel Suárez de Deza. El segundo regimiento de esta

agrupación lo mandaba el coronel don Eduardo Ufer; el tercero, el coronel don José del Monte Mier, y el cuarto el

coronel don Alberto Meca Motilla, y lo formaban una compañía de aviones - blanco para entrenamiento de la Artillería,

montados en camiones, uno de los cuales remontaba una catapulta de lanzamiento, con uno de estos aviones colocado

en la misma. Estos pequeños aviones, que tienen una longitud de 3,50 metros e iban pintados de rojo, llamaron

poderosamente la atención del público.

Pasó luego un grupo de cañones 2070 sobre plataforma giratoria, que pueden utilizarse en tiro antiaéreo y horizontal;

dos grupos de 88,56 y otro de 9050, remolcados por grandes tractores oruga. Cada uno de estos grupos llevaba sus

correspondientes servicios de radar de varios tipos y ametralladoras antiaéreas cuádruples de defensa, con plataforma

giratoria y reflectores con sus correspondientes equipos generadores de energía eléctrica. Seguía la Agrupación Mixta

Motorizada y servicios, mandados por el general de brigada don Antonio Fernández Hidalgo, y compuesta por un

regimiento de Infantería motorizada, al mando del teniente coronel don Narciso Díaz Romañach, e integrado por tres

batallones del cuarto, grupo de automóviles y la subagrupación de cañones contra carros, al mando del comandante.

don Antonio Rubio Miranda.

La subagrupación de Ingenieros y servicios la mandaba el coronel don José España Cruz y la formaban un batallón

motorizado de zapadores; una compañía de teléfonos con un moderno centro de transmisiones sobre plataforma

remolque. Al pasar ante la tribuna del Caudillo, esta compañía de Transmisiones soltó varios centenares de palomas

mensajeras. Completaban la subagrupación de Ingenieros, que por la diversidad de su material llamó poderosamente la

atención del público, una compañía de radio, otra de panificación, equipos de talleres remolcados, por grandes

camiones, grúas, coches cisterna, lanchas con motor, fuera bordo, etcétera.

Cerraba la marcha de toda la columna motorizada una compañía de carros de combate con tanques medios M. 47, de 47

toneladas de peso, que levantaron la admiración de todos los asistentes, y una compañía motorizada de Infantería de

Marina, fuerzas motorizadas de la Guardia Civil y de la Policía Armada.

DESFILAN LOS CADETES Y LA INFANTERÍA

La gran columna de fuerzas a pie iba mandada por el general de división don Tomás Iglesias Aspiroz y la encabezaban

las Academias militares y las fuerzas de la I. P. S., al mando del general de brigada don Rodolfo Estella Bellido.

En primer lugar desfilaron los caballeros cadetes de la Escuela Naval de Marín, con su director, capitán de navio D.

Dámaso Berenguer , al frente. El paso de la correcta formación levantaba estruendosas ovaciones, que se reprodujeron

al paso de los alumnos de, la. Academia General del Aire y de la Academia General Militar de Zaragoza, todas ellas con

sus correspondientes bandas de música, y iuego los caballeros aspirantes de la unidad de Instrucción Premilitar Superior

de la tercera zona, que recibieron también los aplausos del gentío que presenciaba el marcial desfile.

Venían después las representaciones de los demás Ejércitos, al mando del general de brigada D.Argimino Imaz

Echevarri. Abría la de Marina, precedida de sus jefes y oficiales y de la banda de música, que fue ovacionada

largamente. Luego la representación del Ejército del Aire. Seguía una bandera de paracaidistas del Ejército de Tierra,

moderna agrupación que por su marcialidad y vistosidad fue también muy aplaudida. Desfilaron en seguida

paracaidistas del Ejército del Aire y luego los grupos de combate de la División 41. Los paracaidistas despertaron

también la simpatía del inmenso gentío.

LA INFANTERÍA

La primera agrupación de Infantería de la División 41 iba al mando del laureado coronel D. José Salas Paniello. Seguía

la segunda agrupación al mando del coronel D. Antonio Ibarra Montis.

Abría la marcha del grupo de batallones de la División de Montaña número 42, que vino después, mandado por el

general de brigada D. Fernando Hernández Alvar, una agrupación al mando del coronel D. Pascual Arazuri, formada

por una compañía de esquiadores del regimiento de Cazadores de Montaña número 11, con sus uniformes blancos y los

esquíes al hombro, que fueron muy aplaudidos. A continuación iba la segunda agrupación, al mando del coronel don

Francisco Barcenas González.

La representación de la Guardia Civil, que vino después, fue también acogida por los aplausos del público. Los guardias

desfilaron montados en jeeps y llevando con ellos a sus perros policía. Les seguían, también sobre coches, las fuerzas

representativas de la Policía Armada.

Un escuadrón montado de cuatro secciones del regimiento de Caballería Numancia número 9, que fue muy aplaudido,

cerraba el magno alarde militar.

LA AVIACIÓN

También participó en el desfile el Arma de Aviación con 250 modernos aparatos.

Abrieron marcha los reactores de caza de gran techo, tipo Sabre 86, cuya base de control y enlace estaba situada en San

Juan Despí, montada porla Agrupación de Control Aerotécnica del Ejército del Aire. Siguieron después los reactores

T33, destinados a la esencia de adiestramiento; los Messeschmidt, los Donglas DC4, de transporte de tropas: los

bombarderos Heinkel, los T6y los DC3de transporte. Los últimos aviones que pasaron en correcta formación sobre el

cielo fueron las avionetas de entrenamiento Mentor y Bunker.

Aunque todos los aparatos despertaron gran curiosidad entre el público, los que más impresionaron fueron los Sabre

F86 que desarrollan una velocidad de crucero de 860 kilómetros por hora.

El desfile duró dos horas aproximadamente, llevándose a un ritmo perfecto y sin interrupciones. Al finalizar, las calles

adyacentes a la Gran Vía del Generalísimo se convirtieron en verdaderas riadas humanas, al abandonar sus puestos el

enorme gentío que se reunió para presenciar la nparada.

EL CAUDILLO ABANDONA LA TRIBUNA

El Jefe del Estado, al abandonar la tribuna presidencial fue objeto, al igual que a su llegada, de grandes demostraciones

de afecto, siendo ininterrumpidos los aplausos y vítores tributados al Generalísimo, que correspondió desde su coche

descubierto, durante todo el trayecto de vuelta al Palacio de Pedralbes, saludando con la mano a las aclamaciones del

gentío.

Recepción en el Palacio de Pedralbes

Su Excelencia el Jefe del Estado, terminado el desfile de la Victoria, ofreció en el Palacio de Pedralbes una copa de

vino español a los generales, jefes y oficiales que participaron en la brillante parada militar. Al acto asistieron,

asimismo, el Gobierno en pleno, el capitán general de la Región y las primeras autoridades civiles y eclesiásticas de

Barcelona.

Durante la recepción, el ministro del Ejército, teniente general Barroso, expresó al Caudillo la inquebrantable, adhesión

de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, así como la satisfacción que sentían por haber desfilado ante Su Excelencia en

esta fecha conmemorativa de la Victoria. Agregó que el grado de disciplina e instrucción demostrado por las tropas era

una prueba más de cuanto se había logrado en la formación de este nuevo Ejército, fruto de una ininterrumpida labor

personal del Generalísimo a lo largo de más de veinte años. "Y Dios quiera—manifestó—darte otros veinte años de

vida para que podamos seguir sirviéndote como hasta, aquí." El teniente general Barroso termino sus palabras

vitoreando al Caudillo y a España, vítores qué fueron contestados con verdadero entusiasmo por las personalidades

allí presentes.

Palabras del Jefe del Estado

"LAS GUERRAS NECESITAN DE UNA ECONOMÍA FUERTE"

A continuación, el Jefe del Estado pronunció el siguiente discurso:

"Solamente unas palabras para felicitar a todos por el brillante estado de instrucción y disciplina de que han dado

muestras los Ejércitos en el desfile de hoy. Si grandioso ha sido el acto militar del desfile de los Ejércitos en día para

nosotros tan señalado como es el de la fiesta de la Victoria, lo ha sido tanto el marco que lo encuadró, por la unidad,

civismo y entusiasmo, en su identificación del pueblo de Barcelona. Esto nos demuestra cómo nuestra vitalidad y

temperamento no eran los apropiados para aquellos viejos sistemas que venían causando progresivamente, al correr de

los años, la ruina de España.

Esta sensibilidad y temperamento necesitan de una dirección y disciplina que encauce nuestra gran vitalidad hacia la

grandeza de la Patria. Y a esta Patria, representada en el Ejército, en las tropas que desfilaban, iban dedicados el

entusiasmo y la adhesión del pueblo que las aclamaba.

Podéis estar satisfechos de vuestra labor militar; la instrucción de los contingentes y su preparación para la guerra, para

que no puedan sorprendernos los acontecimientos con un atraso en nuestra preparación e instrucción, como por

abandonos de gobierno pudo haber sucedido en otras épocas. Un jalón importante para nuestra transformación lo

constituyó la guerra de Liberación, con su victoria, y la política exterior de España de los últimos años, que nos ha

permitido el disfrute de los adelantos científicos y técnicos alcanzados por los mejores Ejércitos del mundo en la última

gran contienda.

Hace unos días solamente revisté en la base naval de Cartagena las Escuelas de instrucción, apreciando su modernísimo

sistema de enseñanza y la gran eficiencia de este sistema, en el que, dentro de una austeridad y modestia en los

edificios, encierra un valor esencial en su contenido, en los aparatos, en la organización y en los procedimientos, que

representan un gran adelanto que nos coloca a la altura de las naciones más eficientes.

"LAS NACIONES NO PUEDEN VIVIR AISLADAS"

Igualmente ocurre con nuestra aviación, que en el lapso de tiempo transcurrido desde la Cruzada de Liberación y la

contienda universal, motivaron el retraso en que hubiese quedado nuestro Ejercito del Aire sin los Acuerdos con

Norteamérica, que nos han permitido aprovecharnos de su técnica, preparación y material.

Vosotros sabéis bien que en los tiempos modernos las naciones no pueden vivir aisladas; están llamadas a ser sumandos

de una suma de naciones y, por tanto, tienen que prepararse como partes y al mismo tiempo como un todo.

Y en esta preparación hemos de considerar, aunque no se haya concretado y tenido en cuenta en el ámbito europeo, que

la guerra que nos amenaza se está preparando en tres campos perfectamente diferenciados, aunque cooperadores al

mismo fin: uno que comprende la acción bélica en el campo tradicional militar, otro que tiene como objetivo inmediato

la batalla política y otro que persigue la lucha y el quebrantamiento económico del adversario. No basta ya el que las

naciones se preparen para luchar en el campo militar. Los pueblos pueden fallar porque se les quebrante su nervio

político o se les arruine su economía y provocar los mismos efectos.

La nación que amenaza hoy al mundo no trabaja solamente en el campo militar, con ser importantes las conquistas que

en este campo logró; lo hace especialmente en el campo político y en el económico, aspirando a quebrantar

interiormente a las otras naciones a través de subversiones internas, provocadas, en su caso, por la ruina, las crisis, la

insatisfacción y el descontento, que permitan coronar más fácilmente la acción a los procedimientos bélicos.

No disponen solamente de un estado mayor militar, con ser importante; existen también otros estados mayores que

estudian y preparan, con la lucha económica, la revolución y la subversión. Porque, como bien sabéis, hoy la guerra es

total, con hombres y mujeres, la política, la economía y la ciencia. Y para buscar la precisa anulación, esos estados

mayores están preparando la guerra política y el quebranto económico. Saben que las guerras no se pueden hacer sin

una economía fuerte, y también conocen que ésta es la base del bienestar político. Y en este sentido procuran torcer la

marcha política y económica del Occidente, y en cada nación preparan la batalla económica de los mercados para

producir el quebranto político interior.

Por eso no nos basta la preparación tradicional de los Ejércitos para la guerra. Necesitamos que la Nación esté

preparada para resistir las pruebas a que un día pudiéramos estar sometidos, robusteciendo nuestra fortaleza política y

económica, necesarias para poder triunfar y no ser sorprendidos en ningún momento.

Y volviendo a nuestro campo tradicional militar, no nos basta tampoco con estar preparados para ser sumando; es

necesario que seamos suficientes, no solamente para la guerra grande, sino también para la guerra chica. Y, en último

extremo, para la insurrección armada, para la defensa palmo a palmo de nuestras serranías y campos, para la guerra de

la Independencia, de las guerrillas, en que es maestro nuestro pueblo, y qué nadie podría vencer, como a través de la

Historia se ha demostrado repetidamente.

Y nada más que haceros este ligero esbozo para que penséis cuan importante es el camino recorrido y cuál nuestro

magnífico estado de salud, que habéis podido apreciar al desfilar por las calles de Barcelona y advertir el entusiasmo de

nuestro pueblo. ¡Arriba España!"

Las palabras de Su Excelencia el Jefe del Estado fueron acogidas con grandes aplausos por todos los asistentes a la

recepción.

A continuación, el Caudillo tomó una copa de vino español con su invitados.

EN HONOR DE LOS SOLDADOS

El Ayuntamiento barcelonés ofreció animados festejos a las fuerzas participantes en el magno desfile conmemorativo de

la Victoria, como homenaje de la ciudad de Barcelona al Ejército.

Especialmente dedicado a los 12.000 soldados, se celebró uno de seis a nueve de la tarde en el Parque de la Ciudadela.

Por la noche hubo una verbena reservada en el recinto del Pueblo Español, a los alumnos aspirantes a oficiales de los

tres Ejércitos.

Ambas fiestas, fueron muy brillantes y a dichos actos concurrieron algunas personalidades militares y civiles.—Cifra.

El desfile en provincias

De todas las Capitanías Generales y capitales de provincia se reciben noticias de haberse celebrado brillantes desfiles

militares conmemorativos del Día de la Victoria.

En Ceuta fue presenciado por el teniente general Galera Paniagua, jefe superior del Ejército de España en el Norte de

Africa. y gobernador general de los territorios de soberanía española, autoridades e invitados. El desfile celebrado en

Santa Isabel de Fernando Poo fue presidido por el gobernador general de la Región Ecuatorial Española, mientras que

en El Aaiun desfilaron también las fuerzas españolas ante el gobernador general de Sahara español.

 

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