Franco, aclamado por cien mil personas a su llegada a Córdoba  :   
 "Pese a lo mucho que se ha hecho, me he apercibido de la persistencia de muchas injusticias sociales, de grandes diferencias irritantes", manifestó en Córdoba. 
 ABC.    05/05/1961.  Página: ?,31-34. Páginas: 5. Párrafos: 36. 

MADRID/VIERNES 5 DE MAYO DE 1961 EJEMPLAR 1,50 PESETAS

ABC

FRANCO, ACLAMADOPOR CIEN MIL PERSONAS A SU LLEGADA A CORDOBA

«PESE A LO MUCHO QUE SE HA HECHO, ME HE APERCIBIDO DE LA PERSISTENCIA DE

MUCHAS INJUSTICIAS SOCIALES, DE GRANDES DIFERENCIAS IRRITANTES»,

MANIFESTÓ EN CORDOBA

"ELEVANDO A LOS HOMBRES Y REDIMIENDOLES DE LA IGNORANCIA PODREMOS

CONSEGUIR UNA ESPAÑA MAS JUSTA Y MAS PROSPERA", DIJO EL CAUDILLO

EN CABRA

Desde el balcón del Ayuntamiento de Cabra (Córdoba), el Jefe del Estado pronunció las, siguientes

palabras:

"Ante todo, mi saludo y gratitud por vuestro entusiasmo y vuestro afecto. (Una voz: "¡Y ole!" Grandes

aplausos.) He querido pararme en Cabra para saludaros y para agradeceros los sacrificios hechos en

nuestra Cruzada, la colaboración que disteis al Movimiento y los sacrificios que os impusisteis por

vuestra adhesión desde el primer instante al Movimiento Nacional. (Grandes aplausos.)

Sería estéril nuestro Movimiento si hubiera sido solamente un Movimiento negativo, que nos liberara

exclusivamente de aquella República que nos atenazaba y nos iba a precipitar en el caos comunista. Ño

bastaba con suprimir aquello que nos destruía; había que poner en pie a España, había que cambiarla su

rumbo, devolver a los españoles la confianza en sí mismos. (Una voz: ¡Llevas razón. Grandes aplausos.)

Teníamos que volver a unirnos para más grandes empresas, porque España fue grande cuando los

españoles se sintieron solidarios, y entonces asombraron al mundo con sus empresas. Una de las mayores

de aquella época fue la de haber dado vida a veinte naciones, cuidando con ello nuestro solar, que

necesitó del esfuerzo, del trabajo duro de sus hombres, para hacer subir los olivares hasta las cumbres de

los montes. (Grandes aplausos.)

Pero si en nuestro territorio la naturaleza no se nos mostró fácil, podemos, sin embargo, cambiarla como

habéis conseguido con vuestro trabajo. Mas para que esto no pase de esfuerzos individuales y se

constituya una verdadera empresa tiene Que haber unidad, disciplina; orden, tiene que existir una técnica

al servicio de la transformación social. Y esto es lo que el Movimiento Nacional consigue, poniendo la

racionalización y la técnica al servicio de nuestro resurgimiento y de la justicia. (Grandes aplausos.)

Para esta tarea la primera preocupación fue la de salvar al hombre, amparar a la familia, asegurar el

trabajo, elevarles el nivel de vida y que hubiera pan y trabajo para todos. Esto abarca dos etapas: la de la

consolidación del progreso económico y la de la justicia distributiva; otra cosa sería matar la gallina, y lo

interesante es multiplicar sus frutos. (Grandes y muy prolongados aplausos.) El complejo económico en

que vive nuestra nación es consecuencia de aportaciones y trabajos de las generaciones que nos

precedieron. Hemos llegado a este modesto bienestar por las aportaciones colectivas e individuales

anteriores. Y no se puede hacen tabla rasa de ese equilibrio que conseguimos. La situación económica no

se puede destruir, se puede reformar progresiva y enérgicamente, imponiendo la justicia y acabando a

través de las leyes sociales con esa lacra de los hombres que no tienen mas que una parte del año jornal.

Nosotros haremos que los hombres tengan jornales todos los días. (Grandes aplausos)

.

Y esto se lograra a través de las previsiones del Estado, de los planes de desarrollo y de la solidaridad

nacional, ayudado por las Cooperativas, los contratos colectivos de trabajo, la enseñanza profesional y

técnica, que harán que todos los hombres tengan las mismas oportunidades. Así, elevando a los hombres y

redimiéndoles de la ignorancia, podremos conseguir una España más justa, una España más grande y una

España más próspera.

¡Arriba España!" (Una clamorosa salva de aplausos y de vítores acogió las últimas palabras del Caudillo.)

EL JEFE DEL ESTADO; EN CÓRDOBA

Córdoba 4. (Crónica, telefónica de nuestro corresponsal.) A ultima hora de la tarde hizo su entrada

triunfal en Córdoba el Jefe del Estado. En el límite de la provincia le habían recibido el. gobernador civil,

don José Manuel Matéu de Ros, y el presidente de la Diputación, D. Rafael Cabello de Alba y Gracia. Era

tal el anhelo de los cordobeses por que el Jefe del Estado viniese a la ciudad, que la impaciencia por

admirarlo hizo que tres horas antes de su llegada, pese a los rigores de un sol implacable, estuviesen

compactas de gente la carretera de Sevilla, la gran avenida de Vallellano y el Paseo de la Victoria. Una

multitud llenaba este itinerario, que comprende varios kilómetros. En el momento de aparecer el coche de

Su Excelencia, que hizo el recorrido a marcha moderadísima, el gentío se desbordó y el entusiasmo subió

de punto. A uno y otro lado de estas inmensas avenidas se hallaban situados, como escolta, centenares de

tractores y "jeeps", ocupados por trabajadores del agro llegados hasta de los últimos pueblos de la

provincia para unir el homenaje del campo cordobés al de la ciudad.

Ellos querían con esta demostración presentar al Jefe del Estado sus modernos elementos de trabajo: las

máquinas que roturan las tierras. E igualmente en esta escolta original se destacaban figuras de caballistas

vistiendo el traje campero.

En inedia de un entusiasmo creciente, el Jefe del Estado, su esposa, los ministros que les acompañan, los

jefes de las Casas Civil y Militar, ayudante de campo y directores generales de los respectivas

departamentos ministeriales llegaron a la glorieta de Aguilar Galindo. En ella fueron recibidos por el

general gobernador militar, D. Vicente Peres de Sevilla y Ayala, y el alcalde de la ciudad, D. Antonio

Cruz Conde y Conde, quienes hicieron entrega de ramos de flores a la esposa del Generalísimo. En dicho

lugar una batería del regimiento de Artillería rindió los honores de ordenanza.

Inmediatamente después Su Excelencia y el alcalde subieron a un automóvil descubierto, siguiendo la

comitiva por la avenida del Generalísimo; glorieta de los Artilleros, calle de Cruz Conde y plaza de José

Antonio, lugar este último del recibimiento oficial.

Las calles que el Caudillo recorrió acompañado del alcalde estaban abarrotadas de público, que al paso

del ilustre huésped exteriorizaba con vítores y aplausos su gran contento por tan feliz visita. Fuerzas del

Ejército cubrían la carrera.

Una vez que el Caudillo llegó a la plaza de José Antonio, donde millares y millares de pañuelos blancos

le saludaban, fue cumplimentado por los representantes de los centros oficiales; Corporaciones,

Delegaciones de Falange, jefes y oficiales de la guarnición y el obispo de la diócesis.

Terminados los saludos, el Jefe del Estado, con el alcalde, subió a la tribuna instalada en la plaza. El

aspecto que ésta ofrecía era imponente. No había en la gran plaza ni un hueco por ocupar ni un halcón en

el que no hubiera racimos de criaturas. Las ocho calles adyacentes a la plaza de José Antonio estaban

asimismo totalmente llenas. Desde allí las multitudes, entre las que figuraban millares de personas

venidas de todos los pueblos de la provincia, escucharon en medio del mayor silencio el discurso del

Generalísimo.

Previamente, el alcalde pronunció unas palabras agradeciendo en nombre de la ciudad la visita a ella del

Caudillo y su esposa, exponiendo ´al mismo tiempo el Programa de las muchas realizaciones conseguidas

y fas necesidades más vitales de Córdoba. Después pronunció, un discurso el Generalísimo.

En medio del entusiasmo del gentío abandonó Franco la plaza, dirigiéndose con su esposa a la iglesia

hospital de ancianos incurables de San Jacinto, en la plaza de los Capuchinos, en cuya iglesia se venera la

sagrada imagen de la Virgen de los Dolores. Fueron recibidos por el obispo, el vicario de la diócesis, la

Junta de Gobierno de la Hermandad y lo Comunidad de Monjas Servitas y damas camareras de la Virgen.

El Caudillo entró bajo palio y se cantó una salve. Al visitar el camarín, la esposa del Caudillo depositó en

las plantas de la Virgen un ramo de claveles blancos. Luego visitaron el tesoro de la Hermandad,

elogiando los mantos. La Junta de Damas hizo entrega a la esposa del Caudillo de una reproducción en

cuero policromado de la Virgen de los Dolores y visita, medalla de oro como recuerdo de su visita. La

Junta de Gobierno de la Hermandad acordó nombrar hermana mayor de honor y camarera de honor a la

esposa del Caudillo.

De aquí Sus Excelencias marcharon al palacio de Viana, donde pernoctan, edificio extensísimo, rico en

arquitectura, en jardines y en señorío hidalgo, que ha sabido reunir interesantes recuerdos de

manufacturas típicas cordobesas como guadameciles, azulejos, platería, etc. Posee la casa catorce patios,

que son asiento de pequeños jardines con bellos trazados de tradición española a base de bojes, cipreses,

naranjos y surtidores. Los actuales marqueses de Viana han´ restaurado la totalidad del edificio en un

elogiable y magnífico esfuerzo que beneficia a Córdoba, restableciendo sus valiosos artesanados, el

mobiliario, las colecciones de pinturas, platería y porcelanas, convirtiendo la casa en un singular museo

de extraordinaria importancia.

El paso del Jefe del Estado por los pueblos cordobeses hasta llegar a la capital había; sido subrayado antes

con grandes muestras de entusiasmo.—Francisco QUESADA.

PALABRAS DEL ALCALDE CORDOBÉS

Córdoba 4. Más de cien mil personas recibieron entusiásticamente al Jefe del Estado en esta capital.

Al llegar a la plaza de José Antonio, el Generalísimo descendió del coche y revistó a la Compañía de

honores, que era la del Regimiento de Artillería núm. 42, de guarnición en Córdoba, con la banda de,

cornetas y tambores del Regimiento de Infantería "Lepanto". Doña Carmen Polo de Franco ocupaba, otro

coche, en unión de la señora del alcalde.

A continuación,, el Caudillo subió a la tribuna, en compañía de los ministros de la Gobernación, Obras

Públicas, Industria, Vivienda y secretario general del, Movimiento; jefes de sus Casas Militar y Civil;

gobernadores civil y militar; obispo de la diócesis; presidente de la Diputación y otras autoridades. En

dicho lugar se encontraban igualmente las corporaciones municipal y provincial en pleno, y el Consejo

provincial del Movimiento.

Una vez en la tribuna, el alcalde de Córdoba pronunció unas palabras, y dijo, entre otras cosas:

"Los cordobeses quejemos demostrar en este acto la fidelidad a vuestras consignas de unidad política y de

unidad del Movimiento. Hoy se congrega aquí toda la vida colectiva de la ciudad, reafirmando con su

presencia una completa identidad de pensamiento. La gran familia cordobesa está representada aquí en

todas sus diversas actividades. Habréis observado la presencia de nuestros labradores, duros y tenaces, los

mismos que persiguieran a caballo por nuestras campiñas a las Brigadas Internacionales, y hoy recorren

iguales terrenos, puestos en regadío por su propio esfuerzo. Están aquí los propietarios y comerciantes

que han pagado 100 por 100 las reformas urbanas de la ciudad. Están también los grupos generosos de

cordobeses que regalan al Estado la finca califal de la Arruzafa para que revestiera Parador Nacional.

Confundidos entre esa multitud deben estar los cordobeses ejemplares que han financiado, con

espléndidos donativos, la supresión del chabolismo, y gracias a ellos están en construcción las 520

viviendas que harán desaparecer en plazo muy breve los arrabales de chozos. Toda esta multitud ha

permitido, con su esfuerzo colectivo, la construcción de un aeropuerto, y contribuyó, asimismo, a la

donación de una finca donde se alza hoy la Universidad Laboral. Cuando Gobiernos que se decían de

mocráticos permitían el incendio de nuestros templos, el asesinato de las personas y la incautación de los

terrenos, Franco supo cumplir su palabra de infante salvando a España del caos. Hoy valoramos mejor

aquel esfuerzo gigantesco, comparándolo con otras realidades, cuando vemos cuán difícil es para otros

pueblos salir de las garras del comunismo. Y es que nuestro Caudillo fue heroico en la legión, y heroico

en nuestra guerra, y también más valiente que los Gobiernos izquierdistas para firmar las leyes

niveladoras de justicia social. Lo que no supo hacer el sectarismo, lo viene haciendo, en escasos años, la

prudencia de un gobernante que lleva en su corazón el Evangelio de Cristo.

Excelencia: en Córdoba termina vuestro viaje por Andalucía. Habréis comprobado por donde antes existia

el hueco de tantas necesidades, hoy se alzan los pantanos, las fábricas de nuestra industrialización, los

miles de escuelas y tantas obras importantes. Esta es la verdad de España y esta es nuestra verdad. La

obra gigantesca está con nosotros, firme y afianzada en nuestras tierras españolas; en cambio, la mentira

está en el aire, traidora y oculta, pagada con el oro que nos. robaron. Ni la conjura ni las radios extranjeras

podrán impedir que naveguemos con alegría por el mar turbulento del mundo. Sed bien venido,

Excelencia. Recibid todo el afectuoso saludo cariño de este pueblo que os quiere y respeta."— Cifra.

Discurso del Jefe del Estado en Córdoba

En contestación a Las palabras del alcalde de Córdoba, el Jefe del Estado pronunció ayer el siguiente

discurso:

"Cordobeses: Habéis puesto... (Una imponente salva de aplausos interrumpe a Su Excelencia.) Con

vuestro recibimiento habéis puesto un broche apoteósico a mi visita a Andalucía. Es verdad, como dice

vuestro alcalde, que vengo de recorrer las tierras sedientas andaluzas, de comprobar sobre el terreno cómo

surge el agua de las entrañas de la tierra o se sedimenta en los pantanos, como las viviendas aparecen en

todos los pueblos andaluces y desaparecen chabolas y barracas. Toda esta es la obra social que emprendió

el Movimiento hace veinticinco años y que progresivamente va extendiéndose por toda la geografía

española. (Grandes aplausos.)

Así podemos hoy, en medio de un mundo en tinieblas, disfrutar de nuestra paz, preparándonos para los

años venideros, fortaleciendo nuestro cuerpo y nuestra unidad y creando un Estado nuevo con menos

injusticias y menores miserias. (Muy bien, muy bien. Grandes aplausos.)

Nosotros venimos a rectificar una política de siglo y medio de abandono, no porque no tuvieran voluntad

aquellos hombres que os gobernaron, que individualmente eran como nosotros y tendrían análogas ansias;

pero lo que no lo permitía era el sistema político que imperaba, la política de dejar hacer, de la

explotación del hombre por el hombre, de la permanencia de las injusticias sociales, del conformismo con

la situación, del pesimismo y de la falta de fe. Y todo eso hemos venido a corregirlo porque perseguimos

el logro de una España mejor bajo el imperio de la Ley de Dios, que sea más justa Y más fraterna.

(Grandes aplausos.)

En el mundo se debaten dos sistemas: el liberal y el capitalista del dejar hacer abandonando todo a la

iniciativa privada, en que el Estado es indiferente; y el materialista, marxista, de negar las actividades

privadas y hacerlo todo el Estado esclavizando al hombre y, negándole toda clase de libertades. (Grandes

aplausos.) Entre estos dos sistemas de o hacer nada el Estado o de hacerlo todo existe una tercera

solución que es la solución española: el Estado deja, hacer y encauza y estimula, las iniciativas privadas,

pero el Estado hace todo aquello que demanda el bien común y que está fuera de la esfera de los

individuos y de las sociedades; un Estado que se preocupa, que se inquieta por la, mejora de vida de sus

ciudadanos, que permite el progreso, que no es indiferente a las injusticias, y obedeciendo a los dictados

de la Ley Divina, realiza en la medida de sus recursos el bien común. (Grandes aplausos.)

Esto nos permite presentar al mundo una España en paz, una España unida, una España plena de fe y de

esperanza, una España justa y fraternal. (Grandes y prolongados aplausos.)

Quiero deciros también que con lo que hemos logrado todavía no hemos hecho más que empezar a

fortalecer el cuerpo nacional y ocupamos de salvar al hombre para que no se pierda, desterrando la

ignorancia, multiplicando las escuelas, extendiendo los centros laborales, las escuelas de trabajo y las

colocaciones; pero no nos basta con eso, porque, pese a lo mucho hecho en la creación de propietarios

agrícolas a través de la Obra de Colonización, en este viaje, como en otros, me he apercibido de la

persistencia de muchas injusticias sociales, de grandes diferencias irritantes... (Los entusiásticos aplausos

interrumpen al Caudillo.)

Y por eso invoco al señorío de Andalucía, a la generosidad de los hombres de esta tierra, a los que les

hemos salvado en sus posesiones y sus bienes, a los empresarios... (De nuevo interrumpen los aplausos y

vítores a Su Excelencia), a que con espíritu cristiano colaboren a la justicia social y fecunden de buena la

nuestr.a legislación sobre la materia, y que en correspondencia los obreros y trabajadores correspondan

con su celo y entusiasmo en el trabajo para que la colaboración pueda traducirse en bienes para todos.

¡Arriba España!" (Una gran salva de aplausos y gritos de ¡Franco, Franco, Franco! pone fin a las palabras

del Caudillo, sonando ininterrumpidamente hasta que el Jefe del Estado abandona la tribuna.)

Inauguración de una residencia en Cabra

Cabra 4. Su Excelencia llegó a esta localidad a las cinco de la tarde, acompañado de su esposa y de las

personalidades de su séquito. En el Ayuntamiento descubrió una lápida conmemorativa de esta visita, y a

continuación; desde el balcón principal de las Casas Consistoriales, el alcalde pronunció un discurso, que

fue contestado por el Generalísimo.

Todo el recorrido, hasta la plaza del Generalísimo, en que se halla enclavado el Ayuntamiento, estaba

completamente abarrotado de público que aclamó con entusiasmo al Jefe del Estado.

Visitó a continuación Su Excelencia la nueva barriada "Francisco Franco", enclavada entre la estación

férrea y el campo de fútbol, donde residen quinientas familias en viviendas amplias, alegres y saludables.

Más tarde, el Caudillo, con las personalidades de su séquito y autoridades locales, visitó el Parque

municipal Fuente del Río. A la entrada, un grupo de muchachas, ataviadas a la andaluza, presentó al Jefe

del Estado las flores y los frutos de la tierra. Después de descansar allí unos minutos, el Jefe del Estado y

las personalidades del séquito se trasladaron al tallerescuela sindical Felipe Solís Villechenaus, de la Obra

Sindical de Formación Profesional, que inició sus actividades en febrero de 1957 y que tiene ahora, en el

actual curso, cuatrocientos diez aprendices alumnos. El Caudillo inauguró una nueva Residencia

internado capaz para ochenta aprendices internos. El Generalísimo se interesó vivamente por los trabajos

de los aprendices, y en los distintos talleres conversó con los pequeños, alentándoles en sus estudios.—

Cifra.

La salida de Sevilla

Servilla 4. El Jefe del Estado y su esposa, doña Carmen Polo de Franco, han abandonado Sevilla a las dos

menos cinco de la tarde.

En el salón de Almirantes del Alcázar se despidieron de Sus Excelencias el cardenal arzobispo, jefe de la

Región Aérea del Estrecho, capitán general de la Segunda Región, capitán general del Departamento

Marítimo de San Fernando, alcalde con la Corporación Municipal en Pleno, gobernador civil y jefe

provincial del Movimiento, Diputación Provincial y otras autoridades, personalidades y representaciones.

Él Generalísimo, a los acordes del Himno Nacional, interpretado por la Compañía de Infantería que, con

bandera y música, rindió honores en el patio de la Montería, se dirigió hacia la portada del Palacio

Mudejar, donde se hallaban los generales con mando en plaza y comisiones militares, de todos los cuales

se despidió, y acto seguido pasó revista a las fuerzas.

El Caudillo, entre los aplausos de los asistentes, ocupó su coche, y en unión de su esposa salió del Alcázar

por la puerta del León. Sus Excelencias fueron objeto de vivas demostraciones de entusiasmo por parte

del gentío que se había estacionado a lo largo de las calles, y avenidas que conducen a la carretera general

de Córdoba.— Cifra.

 

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