"Hemos sido siempre el Ejército una garantía firme y seria del futuro de la nación"  :   
 "Nuestra democracia es más sincera y efectiva que la que en gran parte del mundo se lleva". 
 Pueblo.    18/06/1962.  Página: 2,5. Páginas: 2. Párrafos: 42. 

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El Jefe del Estado dirige la palabra al pueblo valenciano desde el balcón del Ayuntamiento.

"HEMOS SIDO SIEMPRE EL EJERCITO UNA GARANTIA FIRME Y SERIA DEL FUTURO DE LA NACION"

Durante el acto inaugural del nuevo edificio del Gobierno Mi-litar de Valencia, Su Excelencia el Jefe del Estado pronunció las siguientes palabras:

"General, compañeros:

Este acto, más que una inau-guración, es para mí un encuen-tro. La satisfacción de volver al seno de la familia militar, aun-que sea por breves momentos. Como decía muy bien el minis-tro del Ejército, esta inaugura-ción es una más de todas las que se llevan a cabo en las distintas regiones militares y una parte del conjunto de realizaciones de nuestra Patria, entre las que ne-cesariamente habría de figurar el adecentamie´nto de los servicios públicos, que el Estado nuevo ha acometido con tanto vigor que se puede decir que hoy las oficinas del Estado han sido adecentadas dentro de la modestia natural de nuestros presupuestos.

Pero nos sirve también esta re unión para que recordemos los esfuerzas que han sido necesarios para llegar a esta hora de pleni-tud todo lo que hemos dejado en el camino y todos los sacrificios que los españoles han ofrecido para que podamos vivir una era de paz, de tranquilidad y de grandeza.

Encargado de la custodia, de la defensa de la Patria, hemos sido siempre el Ejército una garantía firme y seria del futuro de la na-ción. Aun en los momentos peo-res de la vida de España hemos guardado en nuestros cuarteles, como castillos roqueros, las esen-cias de la Patria, que permitieron que un día, cuando ésta estaba a punto de sucumbir, pudiera salir-se de nuestros cuarteles para en-cuadrar a la nación para la con-quista de su mejor destino. (Una clamorosa salva de aplausos in-terrumpe las palabras de Su Ex-celencia, seguida de los gritos de "¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!".)

No han pasado, sin embargo, los. peligros. Muchas veces lo he repetido. Nos hemos enfrentado desde los primeros momentos con aquellos enemigos de la grandeza de la Patria, masonería y comunismo; hemos dado la ba-talla contra lo que descomponía la vida española, hemos triunfa-do en nuestra Patria, pero no la hemos podido dar fuera, y esas mismas fuerzas, organizadas en el exterior, tratan por todos los medios de la destrucción de la paz interna de nuestra Na-ción. Por eso, siempre, en todos los momentos tiene importancia y trascendencia la unidad de los nombres y las tierras de España; la unidad firme de nuestro ejército respaldándolas mucho

más en esta hora. (Una ovación prolongada interrumpe de nuevo a Su Excelencia.)

Nuestra misión, como milita-res, es establecer las previsiones y la preparación para la guerra. Para ello debemos de pensar qué clase de guerra puede amena-zarnos. La guerra se está salien-do de las posibilidades de las na-ciones y de los campos de bata-lla, amenazando invadir a toda el universo. La. guerra puede te-

ner tres fases: la primera, la da las luchas atómicas, la de las destrucciones a distancia, para la cual solamente algunos esta-dos del mundo pueden enfren-tarse con los gastos y las in-vestigaciones que requieren; loa otros países hemos de unir nues-tros esfuerzos, hemos de colabo-rar para alcanzar potencia por unión de sumandos, buscando una solución conjunta. La se-gunda fase es la de la toma de

"Nuestra democracia es más sincera y efectiva

f

que la que en gran parte del mundo se lleva"

"Nos sentimos europeos; pero, en

todo, caso, rio cambiaremos nuestra

salud y nuestra paz por complacer

.. al extranjero´*

posesión del terreno destruido o conquistado, es la de las armas convencionales, en la que tam-bién tiene primacía el número, la cantidad y la calidad de éstas, pero con esto no está la lucha terminada. Queda una tercera fase, el último acto, el de no en-tregarse, el de la insurrección armada, el de la santa rebeldía de las naciones contra la inva-sión del extranjero. (Los aplau-sos, seguidos de gritos de Franco, Franco, Franco, interrumpen las palabras del Caudillo.) Y para esta fase no es sólo esencial el haberla preparado, sino que es capital también contar con los hombres y las tierras de España. Por eso, el Ejército ve con gran devoción, con gran entusiasmo, esa unidad de los hombres y de las tierras de España, que son la base fiel de que puede cum-plir el día de mañana su deber y que podrá seguir brillando el sol en nuestra patria. ¡Arriba España!

(Una clamorosa ovación acog» las palabras del Generalísimo, prolongada durante largo rato con gritos de Franco, Franco, Franco.)"

En la inauguración del nuevo Hospital Provincial´ de Valencia, Su Excelencia pronunció el siguiente discurso:

"Señor presidente de la Dipu-tación de Valencia:

Al inaugurar este magnífico Hospital Provincial habéis queri-do honrarme ofreciéndome la medalla de ora de la provincia, dándole a este acto digno mareo con la asistencia de todos sus al-caldes. Esto me ofrece la ocasión para saludar a los regidores de tantos pueblos y encargarles lle-ven mi saludo cordial a las fami-lias todas de esta comarca valea-viana, que por laboriosa y fecun-da constituye un orgullo para nuestra Patria. (Grandes aplau-sos.)

El Movimiento Nacional ha ve-nido a despertar a España, a en-cender de nuevo la ilusión en sus burgos y ciudades, a incorporar a todos a la política, a la noble po-lítica del servicio a la comuni-dad. A despertar la fe en nos-otros mismos, que los españoles

habían perdido como consecuen-cia de la vieja política, y a unir a todos en la gran empresa del servicio al progreso y a la gran-deza de la Patria, como fuente de bienes para todos.

De cómo lo hemos conseguido son muestra las transformaciones que los pueblos vienen registran-do, resolviéndoseles problemas que esperaban desde hacia lastros sin esperanza y el creciente interés de los Municipios por mejorar las condiciones de vida de su pobla-ción y perfeccionar toda dase de servidos.

En esta tarea de levantamiento de los pueblos y de perfecciona-miento de sos servicios las Dipu-taciones Provinciales desempeñan un importante papel como órga-no superior, del que nos da ejem-plo te Diputación de Valencia,

"Nuestra diferencia profunda con Europa no está en lo material, sino en lo espiritual"

DISCURSO DEL CAUDILLO

(Viene de la pág. 2.)

que si un día se vieron, reducidas a fines de beneficencia, boy, me-joradas sus dotaciones económi-cas, puede acometer empresas de más alte bordo, como la que re-presenta la mejoría de sus insta-laciones sanitarias, de lo que este erran hospital es un ejemplo.

Si grandes son los bienes que el Movimiento ha promovido, se encuentra entre los más destaca-dos la obra ingente realizada en el campo de ia sanidad. Aquellos viejos y sórdidos hospitales han sido sustituidos por estos otros modernos, alegres y bien dotados, que han logrado que la igualdad de los hombres ante la enferme-dad sea hoy una realidad en nuestra Patria. Los cuidados y atenciones médicos han alcanza-do, con los del Seguro de Enfer-medad, un nivel tan alto como el que pueda tener la mejor clí-nica particular.

Otra de las virtudes de nuestro Movimiento es el haber alumbra-do en todos los sectores de la Pa-tria un nuevo concepto social, imprimiendo un aire humano y alegre a hospicios, asilos y hos-pitales. La Administración, sin política, acaba siempre siendo cansina, triste y burocrática; pe-ro cuando a las empresas anima un ideario político, se hace di-námica y transformadora. Hablo, claro es, de la noble política, de los verdaderos movimientos polí-ticos, plenos de contenido y dina-mismo; y no de los viejos concep-tos de la política de partidos, en los que hasta la administración de los establecimientos públicos y benéficos tenía sus máculas. Y no es que en aquellas situaciones no hubiera hombres honestos como ios nuestros, pero el sistema los sumergía en la mediocridad am-biente, y la política era granje-ria, en la que sucumbían los me-jores propósitos.

Lo cierto es que somos el mismo pueblo de antes del Movimiento, con los mismos vicios y defectos pero por virtud de la política, de un ideario y de un sistema, con-vertimos en fuerza creadora y en espíritu de servicio todo lo que antes malgastábamos, en luchas intestinas, en críticas y en acción negativa. (Clamorosa ovación in-terrumpe a Su Excelencia.)

Que en este coacierto nacional se oigan alguna vez voces disi-dentes, residuos de la vieja poli-tica o jóvenes imberbes deslum-brados por las campañas rojas, no es extraño. En toda sociedad existen espíritus debites, gentes timoratas, pobres de espíritu, hombres sin fe, ambiciosos, que se deslumbran por lo que viene de fuera. Hemos pasado tantos años de decadencia que muchos españoles habían llegado a per-der la fe en sí mismos, e incluso algunos llegaban a admitir que desde el extranjero se nos me-diatizase; "No a otra cosa aspiran esos desdichados que se conjuran con los rojos para llevar a las asambleas extranjeras sus mise-rables querellas. (Muy bien. Sal-va de aplausos estruendosa.)

Con este motivo ha vuelto a resonar en el extranjero la caja de los truenos, a la que estamos tan acostumbrados, y que no ha cesado de sonar periódicamente desde nuestra victoria, preten-diendo explotar las diferencias formales que puede haber entre nuestro sistema político y los que predominan en Europa. Nunca hemos dejado de reconocer nues-tro desfasamiento con aquellos pueblos, de los que, por haber iniciado hace veinticinco años nuestra revolución, nos sentimos más adelantados; pero todo esto es sólo temporal; en la natural evolución política de los pueblos camina hacia formas nuevas; y en ella todo lo que. estorba al bien común, a la eficacia, al pro-greso económico, a la justicia y a las realizaciones sociales será rechazado, y en cambio todo lo que sea útil, eficaz y constructi-vo será aceptado. (Muy bien. Una ovación clamorosa.) Y en esta marcha general podemos decir que, con el tiempo, llegaremos a las mismas metas.

La evolución política de los pueblos no puede detenerse. Pu-dieron los vencedores de la últi-ma guerra retrasar el proceso evolutivo que en Europa se ha-bía iniciado, pero las nuevas concepciones económico - sociales van abriéndose camino, y vemos a las viejas naciones utiliiar procedimientos y doctrinas que hubieran escandalizado hace Quince años. (Muy bien. Aplau-sos.)

Lo artificioso de estas diferen-cias se acusa en esas campanas que a pretexto de defender la

democracia se hacen contra nuestra nación y que no se rea-lizan ni contra Rusia ni contra ninguno de sus satélites, ni con-tra otras muchas naciones de re-gímenes carentes del menor sen- tido democrático, a las que, por el contrario, muchas veces se es-fuerzan en contemplar o en adu-lar. (¡Franco, Franco, Franco! Prolongados aplausos.) En este orden de cosas, nosotros hemos de rechazar, una vez más, ese concepto exclusivista con el que se pretende monopolizar el vo-cablo democracia, que ha " sido siempre el sistema en el que el pueblo interviene en las decisio-nes de la vida pública y no el modo como esta participación se lleva a cabo. No ha sido la mis-ma la democracia en cada épo-ca de nuestra historia desde los griegos a nuestros días. Lo que sí podemos afirmar es que nues-tra democracia es mucho más sincera y electiva que la que en gran parte del inundo se lleva, y no digamos que la que presi-dió nuestros tristes destinos. (Muy bien. Aplausos.)

Todos hemos conocido, espe-cialmente los que ya somos vie-jos, la ficción de los partidos po-líticos, en los que la relación en-tre representantes y representa-dos se limitaba a la elección en-tre varios nombres que los co-mités de los partidos les presen-taban, y que en la casi totali-dad de los casos los electores desconocían; pero, una vei lo-grada la investidura, obraban a su antojo, sin tener en cuenta los intereses y la voluntad de los votantes. A ello oponemos nos-otros nuestra democracia orgáni-ca, en que la representación se hace a través de la familia, del municipio y del sindicato, en los oue el hombre vive y se encua-dra, y en la que los elegidos man-tienen vivo el vínculo con la asociación que les designó, sin que puedan traicionar los homo-géneos y legítimos intereses de los representados; pero aun con ser esto tan sincero, no nos bas-ta para satisfacer las verdaderas e s e n c i as de una democracia. Consideramos necesario que la democracia sea cosa viva, que todos participan en la cosa pú-blica, y de aquí esos periódicos congresos económico - sindicales provinciales en que en consejo abierto se debaten los problemas de la provincia, y donde las as-piraciones encuentran un canee para su elevación directa a los poderes públicos, que, recogida más tarde por el Gobierno, se vienen convirtiendo en proyectos de ley. (Muchos aplausos.)

Y aún tenemos más: existe en nuestra legislación básica la ins-titución del referéndum, por la cual han sido sometidas a la aprobación del país sus leyes fundamentales y le son someti-das las demás leyes de reconoci-da trascendencia.

Podrá gustar o no gustar fuera lo que en España tenemos, pero es incomparablemente más de-mocrático en esencia y práctica que los otros sistemas que en el mundo, se llevan, Y si miramos a sus efectos, ¿puede alguien ne-gar su éxito? Veintitrés años de paz ininterrumpida, de progreso económico y de fortaleza para resistir los ataques que desde fuera se nos han promovido, es cosa importante. (Una ovación estruendosa.)

Sentado que en la parte eco-nómico-social caminamos hacia las mismas nietas, nuestra dife-rencia profunda con Europa no está en lo material, sino en lo espiritual. Nosotros entendemos que lo que caracteriza y da vida a nuestra civilización occidental son los valores del espíritu, que toda la sociedad se vendría aba-jo si aquellos valores no la alum-brarán, y en la defensa de todo esto es en lo que tristemente nos encontramos más distanciados.

De todas maneras, nuestra vo-luntad hacia Europa es firme y sincera; nos sentimos europeos, pero en todo caso nosotros no cambiaremos nuestra salud inte-rior ni nuestra paz interna por complacencias con el extranjero. (Ovación clamorosa y gritos de Franco, Franco, Franco.)

Cuidemos, pues, de nuestra fortaleza con unidad, con disci-plina y con trabajo intenso, en esta nueva era en que, desde ba-ses firmes e inconmovibles, va-mos a emprender la tarea de nuestro desarrollo económico.

¡Arriba España!

(Gritos de ¡Arriba!, grandes y prolongados aplausos subrayan las últimas palabras de Su Exce-lencia, despedido con gritos de Franco, Franco, Franco.)"

A la llegada a la guardería infantil de la Virgen de la Fuensanta, el Jefe del Estado y su esposa departieron breves instantes con / algunas de las pequeñas allí acogidas.

VALENCIA. (Crónica de nuestro redactor, enviado especial, Osear Núñez Ma-yo.)—rValencia ha vivido, el sábado por la tarde, una jor-nada inenarrable de emoción pa-triótica, que se desbordaba en gritos, aplausos, aclamaciones, flamear de banderas y agitar de pañuelos sobre miles y miles de personas que llenaban la plaza del Caudillo, frente al palacio del Ayuntamiento. El Jefe del Estado y su esposa, acompañados de su séquito, llegaban al limite de la provincia, donde está el puente sobre el Cabriel, a las cinco de la tarde. Y entrasen en Valencia capital a las siete.

Un recorrido apoteósico a tra-vés de los pueblos valencianos: Villagordo de Cabriel, Caudete, Utiel, Bunol, Chiva, Quart de Poblet, hasta llegar a la avenida de Castilla y entrar por las ca-lles de San José de Calasanz, San Francisco de Borja y Pintor Benedito hasta la Gran Via. Arcos triunfales, bandas de mú-sica, banderas y mantones, al-fombras de flores y todo e] ve-cindario de los pueblos, arraci-mado a los bordes de la carrete-ra para estallar en una gran «mascletá» de vítores, de aplau-sos, en demostración de cariño y veneración populares hacia el hombre sencillo y honesto que gobierna serenamente la nave del Estado por caminos de orden y paz fructífera. Cuando en el ex-terior se ataca a España de ma-nera ruin e irrespetuosa resulta más emocionante todavía con-templar el espectáculo de un pueblo unido por la lealtad a su Caudillo, consciente de que hay muchas cosas por hacer en Es-paña, pero sabedor también de que esas cosas sólo pueden ha-cerse cuando el orden y la uni-dad están asegurados por una mano firme. «Con Franco, en la guerra y en la paz», decía una entre los cientos de pancartas que sobresalían sobre las cabezas de los manifestantes.

Cerca de doscientas mil perso-nas se concentraron en la plaza valenciana. Las fotografías de los redactores gráfidos y las pelícu-las impresionadas por los opera-dores de noticiarios y televisión serán mas elocuentes que cual-quier testimonio literario que quiera darse de este aconteci-miento.

Tampoco es cuestión de deta-llar minuciosamente los momen-tos de la Visita desde que Su Excelencia entró en Valencia. Bástenos señalar que la plaza del Caudillo se hallaba repleta de gante, que aclamaba al Jefe del Estado, que vitoreaba, que vibra-ba ante los pasajes del discurso que su Excelencia pronunciarla minutos mas tarde desde el bal-cón de la casa Consistorial, pa-

ra responder a las palabras del alcalde, que le entregó la meda-lla de la gratitud de Valencia.

«Valencia está aquí—dijo el al-calde—, abierta y" ardiente, como su cielo, como su amanecer. ¿La veis?, es esa que os aplaude y espera. Su voz y su grito.»

Y el Jefe del Estado habló des-pués a Valencia, ai pueblo va-lenciano representado en aque-llos miles de personas: «Yo qui-siera que el extranjero, que tan-to nos calumnia, pudiese con-templar este espectáculo aleccio-nador, para decirles: he aquí mis poderes, la unión más estrecha con mi pueblo.»

Terminado su discurso, el Jefe del Estado recibió en el salón de ia Chimenea el primer ejemplar de la Memoria de las obras rea-lizadas en Valencia. La entrega le fue hecha por el delegado del Gobierno para Valencia, don Pe-dro Gual Villalbí, en presencia de los ministros secretario gene-ral del Movimiento, señor Solis; de la Vivienda, señor Martínez Sánchez-Arjona; de Obras ´Pú-blicas, señor Vigón; del Ejército, señor Barroso; de Agricultura, señor Cánovas; de Hacienda, se-ñor Navarro Rubio; secretario general de Sindicatos, señor La-mata; directores generales, auto-ridades provinciales y otras im-portantes jerarquías.

A continuación el Jefe del Es-tado se dirigió a la" Real Basílica de Nuestra Señora de los Desam-parados entre aplausos y ovacio-nes repetidos y el" solemne doblar de las campanas del Miguelete. En la plaza de la Virgen, el arzobispo de Valencia, doctor Olaechea, ofreció a Sus Excelen-cias el agua bendita. El Jefe del Estado y su esposa penetraron en el templo: bajo palio a los acordes del himno nacional, y después de ser entonada una sal-ve, subieron al camarín de la Virgen.

A la salida de la Basílica, nue-vamente se reprodujeron las ma-nifestaciones populares de entu-siasmo y adhesión. .En coche ce-rrado, el Caudillo y su esposa se dirigieron hacia su residencia en la* Capitanía General. Ante el palacio de Capitanía se hallaba congregada una gran muchedum-bre, que aclamó y vitoreo al Jefe del Estado. Cuando Su Excelencia asistía a la recepción de autori-dades en el salón del trono, las voces de "¡Franco!, ¡Franco!, (Franco!" resonaron en la plaza repetidas por miles de gargantas, y el Caudillo hubo de salir al balcón principal del palacio para saludar nuevamente a la multi-tud allí reunida. Entonces se producirla un nuevo hecho asom-broso que pondría un sello hon-damente emotivo al glorioso re-cibimiento dispensado por Vaten-cia al Jefe del Estado: una im-

presionante manifestación falan-gista se puso ea marcha y avan-zó ante el palacio de Capitanía, portando banderas y pancartas y cantando a toda voz el "Cara al sol». Junto a las camisas azules de los falangistas, el pueblo, en-fervorizado y lleno de entusias-mo, también desfilaba en una expresión inenarrable de entu-siasmo patriótico, de adhesión sin limites al hombre de Gobier-no. E1 Caudillo, desde el balcón, saludaba visiblemente emociona- do a todas aquellas gentes que con la voz enronquecida le acla-maban, y con paso firme y viril desfilaron ante él durante más de treinta minutos. "Tenemos con-tigo Patria, honra y paz" rezaba tina de las pancartas. Así culmi-nó el recibimiento glorioso que Valencia ha hecho al Jefe del Estado.

UNA NUEVA VAluENCIA

"En los momentos histó-ricos en que España ha es-tado en peligro, ha sido en los-cuarteles donde se han guardado y defendido las esencias de la Patria", dijo el Jefe del Estado esta mañana en la inauguración del nuevo edificio del Gobierno Militar. Esta frase, engarzada en un discurso entrañable que fue todo él, un llamamiento a la uni-dad de los hombres y de las tie-rras de España, en medio de un ambiente emocionante de cama-radería entre los tres Ejércitos, donde los uniformes de los ge-nerales constelados de condeco-raciones se mezclaban con los recién estrenados de los jóvenes oficiales de las academias, se ga-nó los aplausos encendidos, los vítores, las aclamaciones de la oficialidad que llenaba el salón de actos del Gobierno.

Minutos antes, Barroso, minis-tro del Ejército, había leído en unas cuartillas, con voz emocio-nada "Podéis estar seguro, se-ñor, de la firme lealtad y del cariño acendrado que .hacia vos se vive en todas las guarnicio-nes de España."

Este acto del Gobierno Militar ha sido el momento culminante de la jornada, un momento en el que se ha catalizado todo el respeto, la. admiración sin lími-tes, el cariño y la adhesión ha-cia el hombre que rige los des-tinos de la Patria, hacia el hom-bre que ha dado a España una era de paz, de tranquilidad y de grandeza, como nunca se habla vivido en nuestro país desde ha-ce siglo y medio.

Los actos comenzaron a las diez y media de la mañana con la salida de Capitanía General, donde residen el Jefe del Esta-do y su esposa, para realizar una visita a la capital valenciana, to-da engalanada con la doble ga-lanura de sus banderas y ´ga-llardetes y de su sol alegre y esplendoroso. A pleno sol espe-rabais en las calles los valencia-nos el paso del Caudillo para aclamarle con entusiasmo jubi-loso, en demostración de cariño y de gratitud. Porque la Valen-cia de hoy es una ciudad muy superior a la Valencia de hace años, cuando sufrió los efectos de la riada del Turia. Muchas veces las catástrofes originan es-tos , efectos beneficiosos en las ciudades. Y hoy lo que se ha re-formado y construido nuevo en Valencia da a la bella capital mediterránea una modernidad y un señorío que antes no poseía en tan alto grado. Viviendas ma-ravillosas, construidas por la Obra Sindical del Hogar; mag-níficos trazados de calles, urba-nización, construcción de la igle-sia de Nazaret, construcción de la estación elevadora del al-cantarillado; e d if i c aciones so-ciales en los nuevos barrios de

Virgen del Carmen—613 vivien-das tipo apartamientos moder-nos, de renta barísima, y donde no se sabe qué admirar mas, si la bellesa del conjunto arquitec-tónico que ofrecen al exterior o el encanto de sus interiores, rea-lizados con un gusto insupera-ble—, Virgen de los Desampa-rados y Virgen de la Fuensanta» con 300 y 900 viviendas, respec-tivamente, que hablan, con´ la elocuencia rotunda de los Hechos, de la gran obra realizada aquí por el Gobierno, a través fun-damentalmente de dos Departa-mentos: Vivienda y Obras Pú-blicas.

Esta jornada en Valencia ha venido a ratificar las pa-labras que ayer, desde el balcón de la Casa Consistorial, Su Ex-celencia decía a los valencianos: "Nuestro Régimen tiene la gran virtud de crecerse ante las difi-cultades y convertir los males en bienes, y sobre los escombros y ruinas levantar las grandes cons-trucciones, los modernos monu-mentos, las nuevas iglesias, las barriadas modernas."

Sobre la Valencia anegada y desvastada por el Turia ha sur-gido una Valencia de avenidas modernas, de zonas alegremente urbanizadas y de espléndidos edificios.

Y por último inauguró el nue-vo edificio del Hospital Provin-cial, donde recibió el nombra-miento de presidente honorario de la Diputación Provincial y la medalla de oro de la provincia. 

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