Discurso de Franco a los alféreces provisionales en el Cerro Garabitas. 
 "Detrás de mi todo quedará bien atado y garantizado"  :   
 "No ocurre suceso en nuestra patria, por minúsculo que sea, que no se aumente o sonorice en el extranjero si esto puede perjudicarnos o dañarnos". 
 Pueblo.    28/05/1962.  Página: 1,6-7. Páginas: 3. Párrafos: 56. 

PUEBLO

AÑO XXIII

NUMERO 7.072 1,50 PESETAS

Discurso de FRANCO a los alféreces provisionales en el CERRO GARABITAS

"Betrás de mi todo quedará bien atado y garantizado"

«NO OCURRE SUCESO EN NUESTRA PATRIA, POR MINÚSCULO QUE SEA, QUE NO SE

AUMENTE Y SONORICE EN El EXTRANJERO SI ESTO PUEDE PERJUDICARNOS O

DAÑARNOS»

* «No se altera la armonía entre la Iglesia y el Estado, que conocen perfectamente a sus comunes

enemigos.»

? «No es malo que surjan problemas que pongan a prueba nuestros sistemas y nos permitan

perfeccionar nuestros instrumentos»

?

El Caudillo recibió el carnet número uno de la Hermandad

En la concentración de alfereces provisionales celebrada ayer en el cerro de Garabito, el Caudillo

pronunció el siguiente discurso:

"Alféreces invictos de nuestra C Turada, compañeros y cámaradas de ayer:

Nada para mí más satisfactorio que compartir con vosotros este acto en el que celebráis las bodas de plata

de las promociones de alféreces provisionales, aquellos que habían de imprimir nueva savia a los cuadros

de mando de los Ejércitos nacionales, y que ello tenga lugar en este cerro de Garabitas, escenario de

luchas heroicas; en este frente madrileño de la Casa de Campo, en que la sangre prediga de los españoles

fecundé estas tierras.

La aparición de los alféreces provisionales no fue un hecho insólito en la vida de España. Otras veces

os dije que en los momentos de conmoción de España fueron siempre las clases medias españolas, las

clases estudiosas, los estudiantes, los que dieron el nervio y la savia a los movimientos de Independencia.

Asi, en el año 1808 fueron los estudiantes de Toledo los que se pusieron al frente y encuadraron al pueblo

para nuestra epopeya de la Independencia y, más tarde, base de la oficialidad del Ejército. Lo mismo ha

pasado en nuestra Cruzada. Se necesitaba quien encuadrase a las masas de ciudadanos a los voluntarios

que querían que la Patria no se hundirse, y también fueron entonces los estudiantes españoles, los

bachilleres los universitarios, la cantera de donde extrajimos nuestros alfereces provisionales, y hoy, más

tarde, la de nuestros oficiales de complemento. (Muy bien, Muchos aplausos.)

En esta nuestra era de paz y al conjuro de la Patria, se moviliza vuestra Asociación para hacer acto de

presencia en el ruedo Ibérico, desafiando al tiempo como firme eslabón que ha de unir el pasado con

nuestro futuro. Y habéis querido más; habéis querido ir forjando ya el nuestro eslabón de la cadena al

afiliar a vuestros hijos en el espíritu de los alféreces provisionales para formar la nueva generación

gloriosa que dé continuidad a este nuestro grandioso Movimiento. (Muy bien. Muchos aplausos.)

Ante las embestidas que desde fuera se lanzan periódicamente contra nuestra Patria, dirigidas por las

fuerzas ocultas del comu nismo, nada puede ser más tranquilizador para los españoles que contemplar el

recio espíritu y la fidelidad de estos nuestros alféreces provisionales, flor y nata de nuestros combatientes,

que, incorporados a la vida entera del país, montan la centinela de la Patria en todos sus estudios.

Muchas veces he repelido que nuestra guerra no terminó con nuestra victoria ni con la unidad interna de

los españoles, pues las batallas han continuado solapadas desde el exterior durante estos veinticinco años.

No se trata ya de la lucha franca y noble, de la que un día, se desarrolló en nuestros campos de batalla,

sino de los procedimientos inconfesables, de la difamación y de la calumnia, de la compra de conciencias

y del fomento de traiciones de todo lo vil y ruin que caracteriza aquellas organizaciones. No ocurre

suceso en nuestra Patria, por minúsculo que sea, que no se aumente y sonorice en el exterior si esto puede

perjudicarnos o dañarnos.

No es de nuestros propios tiempos; es de toda la vida y ioda la historia dt España (Muy bien. Grandes

aplausos), desde la leyenda negra, cuando dábamos vida, lenguaje y fe a todo un mundo, hasta mas tarde,

en los albores de nuestra vida, cuando la guerra de Marruecos y ios escándalos para que no embarcasen

nuestros soldartes, cuando levantaban estatuas a los criminales y a los anarquistas por Europa (Muy bien.

Aplausos.), y cuando se maquinaba en todos ios móntenlos de nuestro resurgimiento para evitar la

grandeza y la prosperidad de España. En esta orquestación de adversarios lleva ia dirección la Rusia de

los soviets, que fasta centenares de millones en la propaganda radiada, en la compra y captura de agentes

y en la financiación de las Intrigas de sus "compañeros de viaje". Muy bien.)

EL BALUARTE MAS FIRME DE OCCIDENTE

Constituimos el punto clave máa importante de la resistencia política occidental; somos el país donde, con

vuestro esfuerNO, el comunismo ha sido por primera ves derrotado, y sabe también que en este orden

somos el balearte más firme de tada el Occidente, si no queremos perder esta gloria, hemos de resignarnos

a ser blanco de sus ataques. (Muy bien Grandes aplausos.)

El liberalismo —sigue diciendo el Caudillo— es una de las puertaa principal en por las que el comunismo

penetra, y no se nos perdona que en España hayaalas aerrado esa puerta y eee ca y M trabaja por todos los

medios, directos o indirectos, para encumbrar a otros "compañera» >to viaje" que siguen las práctica* une

en el mundo se ha demasiradu que habrían de abrir el paao a Ift penetración. Nuestra prosperidad y

nuestra pas interiar les duele e Irrita, y por ello se pretende llevar su filtración a («das las organizaciones

nacionales, Incluso hasta áreas tan opuestas por su ideario como son las organizaciones seglares de

nuestra Iglesia (Una clamorosa salva de aplausos, seguida por entusiastas gritos de (Franco, Franco,

Franco!, interrumpe a Su Excelencia.), parasitadas muchas veces por la filtración de sus agentes.

LOS EXCESOS DE "ALGÚN CLÉRIGO VASCO SEPARATISTA"

En las propagandas del exterior, con motivo de los incidentes laborales en el Norte, se ha pretendido sacar

partido por el extranjero y esgrimir contra nuestro régimen los excesos de algún clérigo vasco separatista

(Muy bien. Grandes aplausos.) o los errores el clericalistas de algún otro sacerdote exaltado y que no

representan nada dentro del gran resurgir espiritual de nuestra Patria (Muy bien.), pues solo constituyen

fenómenos humanos Inherentes al crecimiento, que ia perfección de la propia Iglesia elimina, y que sus

jerarquías corrigen, sin que por ello se altere la armonía entre las dos potestades, Iglesia y Estado, que

conocen perfectamente a sus comunes enemigos. (Muy bien, muy bien, bien. Grandes y prolongados

aplausos.)

Todo cuando ocurre o puede ocurrir en España es una consecuencia natural de nuestro crecimiento y

vitalidad. El clima social que e) Movimiento ha creado pretende ser maliciosamente explotado por

nuestros adversarios para estimular, con sus radios y agentes, los conflictos laborales. Está tan claro entre

nosotros el interés común, y es tan fuerte, por otra parte, nuestro sistema político, que no representa nada

en el conjunto el confusionismo que en algunos momentos el enemigo puede sembrarnos. Basta descubrir

el engaño para que la reacción se produzca. Si estas escaramuzas pueden conmover otras estructuras

políticas, débiles y vacilantes, no afectan a nuestra salud política. (Muy bien. Grandes aplausos.) Han sido

tan grandes los sacrificios que ha costado la conquista de la paz y el bienestar progresivo de que en

España se disfruta, que no pueden debilitarla las acciones de esta clase, que no hacen más que reforzar

nuestra fortaleza.

Resulta paradójico—añade el Jefe del Estado—que cuando bajo sistemas políticos vacilantes se vienen

produciendo paralizaciones casi totales en la vida de muchos países europeos, que alean sean hasta a, los

propios funcionarios de su Administración, se pretende explotar pequeños fa

llos en nuestras relacionas labo rales, lo que viene a demostrar, una vez más, la mala fe y la me,

diatización por los poderes ocultos de sus órganos de publicidad. (Muy bien, muy bien, Una estruendosa

salva de aplausos acoge las palabras del Caudillo.)

«NO ES MALO, DADA LA FORTALEZA DE NUESTROS SISTEMAS, QUE SURJAN

PROBLEMAS"

En el fondo, y dada nuestra fortaleza, no es malo que surjan problemas que pongan a prueba nuestros

sistemas y nos permitan perfeccionar nuestros instrumento». (Muy bien.) Esto fortalece nuestra

naturaleza, pues no es la mejor naturaleza la que se encierra en una completa asepsia, sino la que sabe

crear anticuerpos que la defiendan. (Muy bien.) Con motivo de las diferencias laborales que en la rama de

la minería se produjeron, y que desde fuera el comunismo ha pretendido explotar sembrando impciencías

y desatando ambiciones incompatibles, en la mayoría de los casos, con el momento económico, debe

hacerse llegar a todos los trabajadores que el pretender mejorar sistemáticamente los salarios, sin que la

productividad aumente, y cuando la situación de las empresas no lo resiste, constituye una quimera de

imposlble realixadón. (Muy bien.)

Cuando los costes—añade—de los productos extraídos o fabricados suben, sin aumentar paralelamente la

producción, se cae precipitadamente en la espiral de la inflación, en que el movimiento acelerado de los

precios marchará irremisiblemente por delante de los salarios.

Las mejoras que las remuneraciones del trabajo hayan de tener han de salir principalmente de las mejoras

de la producción, de la, modernización de la maquinaria, del perfeccionamiento en la organización del

trabajo y del esfuerzo del propio trabajador, pero nunca Con menoscabo y destrucción de la propia

empresa. Si se quiere arruinar la economía de un país y destruir el progreso social, que es a lo que aspiran

nuestros adversarios, no hay más que interrumpir la normalidad laboral, con ruina de las empresas y de la

propia economía del pais. Lo que e» la nación se pierda o deje de producirse irá en favor de las economías

extranjeras y retrasará el progreso económico y, como consecuencia directa e Inseparable, el progreso

social (Muy bien.)

lia mejora social exige economías fuertes, tanto nacionales como empresariales. Nos encontramos en un

periodo de desarrollo en que a las inversiones nacionales pretendemos atraer las inversiones extranjeras, y

esto, que constituye el porvenir para nuestra Patria y para el fufuro de los españoles, no podrá nunca

realizarse si perturbamos la vida laboral y destruimos la confianza. El Estado no puede hacer todas las

cosas en el país; es necesaria la aportación fecunda de la iniciativa particular y del ahorro, incompatibles

también con las anormalidades laborales y las inconscientes ambiciones que puedan desatarse.

En el orden social, sepan los trabajadores de España que nadie puede ir más lejos de lo que el Estado

español va en la obra de Justicia social, y que con las organizaciones sindicales, las magistraturas del

trabajo y los jurados de empresa, se han abierto los cauces naturales para que las aspiraciones legitimas

laborales se abran caminos que, cuando se alcanzan, no será nun ca por una decisión arbitraria,

sino en defensa de estos princi pios de la estabilidad de la eco nomía en servicio de todos los

españoles y del bien común. (Muy bien. Aplausos.)

"EL MAÑANA ES, POSITIVAMENTE, NUESTRO"

España entera tiene que convencerse de que si queremos sobrevivir como nación y ocupar el puesto al sol

a que tenemos derecho en el concierto de los pueblos lo hemos de conquistar con nuestros esfuerzos y

sacrificios. La técnica avanza, el mundo se transforma; si nos detuviésemos en la marcha seriamos

arrastrados en su torbellino. Tenemos que recuperar los años perdidos por nuestros antepasados, cambiar

nuestras cansinas y débiles estructuras, mejorar nuestra modesta industria y transformar totalmente

nuestra economía agraria, abandonando los campos es tériles. Hemos de ponernos en condiciones de

competición, de lucha por los mercados. Pero para esta gran obra sobran las divisiones intestinas, las

rencillas interiores, la lucha de clases; hemos de sacrificar, como muchas veces he dicho, lo que nos

separa por lo que nos une, y hoy nos une estrechamente esa gran empresa nacional de desarrollo que

valore el ingenio y las características extraordinarias de nuestro pueblo.

Hemos seguido una línea política que acreditan estos veinticinco años difíciles de la vida española y el

resurgimiento y la paz internos que en etapa tan larga hemos logrado. Hay quienes pretenden explotar

nuestro desfase político con el exterior en contra del régimen, que tantos éxitos ha cosechado, con esa

pobreza de espíritu que durante tantos años hizo mirar lo del extranjero como mejor de lo que se cocía en

nuestra casa. En política no hay que mirar el presente; no hay que mirar al hoy cuando se posee fortaleza

para resistir las influencias extrañas y para construir un futuro, sino al ma ñaña, y el mañana es positiva

mente nuestro. (Muy bien). Nos hemos adelantado en muchos años a la evolución del mundo. Los

sistemas políticos envejecen y pasan, y en esta evolución política sólo queda de ellos lo que permanece

útil y aprovechable, y son esos elementos útiles de los grandes movimientos políticos que fueron los que

mañana han de integrar los movimientos futuros. Nuestro desfase con el mundo no es más que eventual.

En día no lejano hemos de verles venir por el mismo caminoque nosotros trillamos. No valen

ya las estructuras viejas, por mucho que se apuntalen, y si no sabemos concebir en el mundo formas

nuevas que den satisfacción a los anhelos y necesidades de los pueblos, seremos sumergidos por otras

más jóvenes, pero bárbaras y vigorosas.

En este orden político se nos ofrecrhoy la empresa, de tan alto bordo romo la de ofrecer soluciones

modernas, políticocristianas, a otros pueblos del Universo, si sabemos mantener y defender esta gran obra

de resurgimiento espiritual y social a la que habéis abierto el porvenir con vuestro esfuerzo. Si el camino

se presenta a veces con obstáculos y dificultades, eso no hace más que encarecer el valor de nuestra obra.

Estamos acostumbrados a las dificultades; jamás en mi vida se me ofrecieron caminos llanos y sencillos,

y las dificultades sólo hacen crecernos ante la empresa.

Hay también quienes torpemente especulan con mis años, Una gran ovación subraya estas palabras

del Caudillo acom pañada de clamorosos gritos de ¡Franco, Franco, Franco!» Yo sólo puedo decirles que

me siento joven, como vosotros. Muy bien, muy bien. Grandes y prolongados aplausos.), que detrás de mi

todo quedará bien atado y garantizado por la voluntad de la gran mayoría de los españoles, de los que, con

el Movimiento, constituís nervio y esencia, y por la guardia fiel e insuperable de nuestros Ejércitos.

Nuestra obra es el mandato de nuestros muertos; ofrezcanmos a ellos nuestro homenaje en esta hora de

plenitud. "¡Arriba España!" (Una ovación clamorosa acoge el final del discurso de Su Excelencia el Jefe

del Estado. acompañada de ardorosos gritos de ¡Franco, Franco, Franco! y de vivas a España.)

15,000 ALFÉRECES DE TODA ESPAÑA

Quince mil alféreces provisionales procedentes de toda España se concentraron en la explanada aledaña al

histórico Cerro de Garabitas, de la Casa de Campo, para rendir homenaje a4 Caudillo con ocasión de

celebrarse las bodas de plata de todas las promo* dones de aquéllos y el IV aniversario de la fundación de

la Hermandad Nacional.

ASPECTO DEL LUGAR DE LA CONCENTRACIÓN

Al lado del monolito, y en el centro del cerro, se había alzado una tribuna altar, severamente adornada

con reposteros amarillos y rojos y alfombras de ia real fábrica. Frente a aquélla estaba la aona destinada a

la concentración, ocupada por muchedumbre de alféreces provisionales, muchos de ellos acompañados de

sus hijos mayores de catorce años, a quienes se les ha dado acceso a la Hermandad para mantener en la

nueva generación el espíritu que ha inmortalizaido a la actual.

Al otro Jado del camino que bordea el cerro se hallaba la ciudad de lona dispuesta por la Capitanía

General de la primera región militar para albergar los servicios de intendencia, mas los auxiliares precisos

para el buen orden de Ja concentración. Se ten. ta cocineros, u n i f armados de blanco, prepararon ei

almuerzo para servirlo en el momento oportuno, según el programa de los actos, que se cumplió

puntualmente. Mesas larguísimas, dispuestas en baterías y perpendiculares a la presidencial, estaban,

asimismo, colocad as en lugar despejado y cómodo, para que, sentados ante ellas en bancos o siHas, los

concentrados almorzaran el siguiente menú; entremeses, menestra, pollo y postre. Abundaron el vino y la

cerveza, asi como otras bebidas refrescantes, generosamente ofrecida*} aquélla y éstas por las marcas.

Pióximos al lugar de la concentración fueron colocados un hospital móvil de ta Crtiz Roja completo, y

tiendas dt campaña de la benemérita in.´titución. con KM correspondienie personal sanitario. Asimismo se

hallaba dentro ríe la zona acotada el equipo móvil número 2 de TV. E.*, con tres campas, situadas en

lugares esti a f épicos para captar desde todos los ángulos el acontecimiento que iba a celebrarse. Una red

de altavoces instalada por fuerzas de Transmisiones del Ejército difundirían los discursos a todos los

ámbitos del amplísimo escenario de la concentración.

LA CONCENTRACIÓN

Entre las colaboraciones valiosísimas la junta organizadora contó con los Servicios de Policía Urbana

de Tráfico, acertadamente colocados por el comandante Luque en lugares claves próximos a la Casa de

Campo, y dentro de ella, en los caminos que condu cían al Cerro de Garabita, que evitaron cualquier

atasco, diri giendo la circulación de millares de vehículos —motos, coches li geros, autocares— en que

los al fereces provisionales se trasladaron al lugar ordenado. Un constante servicio de autobuses,

dispuesto por la Hermandad, trasladó desde la plaza de España a cuantos carecían de medios propios de

locomoción ligera. Sendos oficinas de información — dt la nacional y de la provincia) de Madrid—

estratégicamente situadas en la Casa de Campo atradie ron las incidencias de ultima hora, facilitando a tos

concentrados cualquier duda o dificultad. En el recinto, frente a la trlbunaaltar. en pie, estaba la

impresionante masa de alféreces provisionales con sus guiones provinciales.

LLEGADA DEL GENERALÍSIMO

Poco antes de la hora fijada fueron llegando al lugar dispuesto para la recepción riel Caudillo los

ministros de lo Gobernación, general Alonso Vega; de Hacienda don Mariano Ñavarro Rubio; de

Agricultura, señor Cánovas; subsecretario de la Presidencia, señor Carrero Blanco: de Obras Públicas,

gcneral don Jorge Vigón; del Aire, general Rodríguez y Diaz de Lecea. y secretario general del

Movimiento, don José Solis: capitán general Muñoz Grandes; general García Valiño capián general de la

primera región militar; gobernador militar, general Roldan: director general de la Guardia Civil, general

Alcubilla; general Rodrigo: director de la Escuela Superior del Ejército, general Ríos Capapé; presidente

del Consejo Superior de Justicia Militar, general Gutierrez Soto; marqués de Casa.

Cervera, jefe de la Jurisdicción Central de Marina, así como otros muchos generales y jefes de los

Ejércitos y el gobernador civil de Madrid, señor Aramburu.

Un toque de atención señaló la llegada del Jefe del Estado, quien, fue recibido con el ritual de ordenanza

por la compañía de honores del batallen del Ministerio del Ejército, con bandera y bandas de música y de

tambores y cornetas. Acompañaban al Generalísimo, que vestía uniforme de capitán general, el ministro

del Ejército, teniente general Barroso, y los jefes de sus Casas Militar y Civil, teniente general Asensio y

conde de CasaLoja, y el segundo jefe de ésta y jefe de los servicios de intendencia de Su Excelencia, don

Fernando Fuertes de Villa Vicencio.

El Caudillo, después de saludar a las personalidades que le esperaban y pasar revista a las fuerzas en

compañía del capitán general de la región, se dirigió hacia el acceso al lugar de la concentración.

Alineados, partiendo del guión de la Hermándad Nacional, que portaba el laureado comandante Alemán,

se hallaban los directivas de aquélla y de la Provincial, con sus presidentes, señores Rubio Tardío y

Orozco Massieu, respectivamente, a quienes, así como al resto de los directivos, el Jefe del Estado

estreché la Mano.

SE DESBORDA EL ENTUSIASMO

Apenas advertida la presencia del Caudillo por la masa de alféreces provisionales, que lo vito rea b a n

ensordecedoramente, la contención de aquéllos fue casi imposible pese a los esfuerzos realizados por sus

propios compañeros encargados de mantener abierto el camino entre el portillo de acceso y la tribuna,

distante 300 metros. El Generalísimo se vio materialmente en~ vuelto por los "estampillados",

fue le ovacionaban, y rodeado

de ellos llegó hasta aquélla. Ministros y demás personalidades fueron asimismo envueltos en la ola de

fervor contagioso. El triple grito de "¡Franco!" se hizo uno solo, incesantemente repetido hasta que el

Caudillo ocupo la tribuna disponiéndose a oír la misa. E1 Jefe del Estado se situó en el lado del

Evangelio, Enfrente, ai lado de la Epístola, se sit u a r o n los directivos de la Hermandad e invitados de

hoñor. Apenas anunciado por lo altavoces que el santo sacrificio iba a comenzar, se hizo silencio Un

silencio impresionante, increíble juzgando el Jubiloso volcerlo de antes.

Ofició el doctor Gastan, cape llán mayor de la Hermandad, y ob i s p o auxiliar de Tarragona ayudado por

dos capcllanesal féreces provisionales t a m bién como el prelado. La escuadra de gastadores de la

compañía de honores escolto a la bandera (que se situó frente al altar) y dió guardia durante la ceremonía

religiosa, dialogada en su partes principales del ritual para el pueblo. La banda de música interpretó varias

composiciones religiosas y el himno nacional en el momento solemne de la elevación.

Terminada la misa, bendecido el banderín de la Hermandad y retirada la bandera con su esool ta.

comenzó su discurso don Pedro Rubio Tardío, presidente de la Hermandad Nacional de Alfereces

Provisionales, quien hizo al Caudillo el ofrecimiento del acto. Fueron las suyas palabras emocionadas y

emocionantes que tu vieron entusiasta interrupción asentidora en varios pasajes precisamente en aquellos

en que

recordó a los "jefes que nos su pieron mandar—dijo—y por eso, supimos obedecer y mandar para que

otros nos obedecieran", y cuando aludió a los "años de de cadencia que culminaron en la República,

negativa máxima de todos los valores esenciales de España". Se refirió a la, reserva de la juventud

auténtica, que supo acudir "a la llamada de lo mejor del Ejército, vigilante permanen te y defensor

máximo de las esencías espirituales de la Patria, que siempre acude en los momentos preciaos para

salvarla del caos". Se refirió también a la "unidad cié las letras y las armas" y concreto la misión de

alférez provisional, espécimen de la Juventud universitaria, como "escalón in termedio entre los jefes

gloriosos y los soldadicos españoles que supieron serlo, y porque lo fueron, triunfaron ".

Después, exaltando el espíritu del 18 de julio, "constante de nuestra historia, de nuestro celo y de nuestra

fe", concretó el haI menaje al Caudillo diciendo: "Estos alféreces que veis son los supervivientes que

seguirán sirviendo a España; los que murieron —afirmó—, ganaron su reposo, no el nuestro. Y hemos de

seguir en la lucha de cada dia por la pervivencia de España en las esen cías que vos, Caudillo, la disteis y

nos disteis, porque la Hermán, dad no es un grupo político ni: quiere serlo; tampoco es esto ni lo otro que

éstos o los otros querrían que fuera, no: la Hermandad es unión total, absoluta e irrebatible en su amor a

España, Somos eso sí, los enlaces entre ayer y mañana, y estad seguro que lo conseguido no nos lo

arrebatara, nadie."

Por último, el présidente nacional dio cuenta al Caudillo del acuerdo de entregarle el carnet numero 1 de

la Hermandad como primer alférez provisional de España, que el señor Rubio Tardío puso en manos de

Franco en medio de una ensordecedora ovación, de la que sobresalían los gritos vitoreando a Franco.

DISCURSO DEL MINISTRO DEL EJERCITO

A continuación pronunció su discurso el teniente general Ba,

rroso, ministro del Ejército en el que, muy expresiva y emocionadamente, exalto ante al Generalísimo el

espíritu que anima a los alfereces provisionaies, "nexo, mi General, dijo, entre el pesado y el porvenir. He

visitado—afirmó— sus hogares provinciales, y puedo afirmaros que son auténticas salas de banderas

donde se vive entero y cabalmente el espíritu de aquellas en las que, como sabéis, se rinde culto

permanentemente al honor propio, al honor de España y a su gloria,"

Y añadió:

"Oiáis proclamar que aquella juventud de 1936, que hoy os rodea en su maduréis, acudió fogosamente a

la llamada del Ejército capitaneado por Vuestra Excelencia. De un ejército fiel como siempre a los valores

permanentes del ser nacional, y en aquella ocasión mandatarios de todos los buenos españoles que dijeron

¡basta ya! al desorden, la injusticia y la complicidad de los claudicantes gobiernos de la República.

Acudié aquella juventud noble y esperanzada, y en seguida tuvo la honra y la responsabilidad de cubrir

bajas en nuestros cuadros permanentes y de constituir la mayor parte de los intermedios, enlazando a los

mandos profesionales de las fuerzas armadas, custodios permanentes del honor y del patriotismo más

puro y desinteresado, con la masa sana del pueblo español, del soldado nacional, formando todos un

sólido bloque militar, que con certera conciencia de su deber plantó cara a la poderosa maquinación

extran jera.

HOMENAJE A LA MUJER ESPAÑOLA

Yo quiero desde aquí, ante los que lo mandaron, dedicar un recuerdo a los héroes modestos, ante los

que nos inclinamos lle nos de emoción quienes sabe mos cuánto les debe la Patria. Pero nadie mejor

que Vos, mi General, sabe de las horas glo riosas y a veces inciertas en que bajo vuestra providencial

Capi tania se jugaba a pecho descu bierto en los campos de batalla el ser o no ser de España Y sabéis

de los heroísmos de los militares españoles, de los alféreces provisionales, de los beneméritos suboficiales

y de los oscuros soldados, en la terrible lucha en la que alcanzarían imperecedera gloria. Y sabéis también

de los ejemplos heroicos y las actitudes dignas de quienes, sometidos a sañuda persecución en zotía roja,

hombres y benditas mujeres de España mantenían viva

la esperanza de la victoria na cional en cárceles y checas o se jugaban la vida en medio del enemigo

cada minuto del día y de la noche. Y sabéis muy bien de la f e y del trabajo de quienes no podían

empuñar un ar ma y del valor de la mujer es pañola, que Dios sabe cómo podía encontrar la palabra

de aliento y estimulo para los seres queridos en los momentos dificiles, extrayéndola de su angus tia y

sufrimiento.

Lo sabéis, mi General, y nos otros también lo sabemos. Sabemos ademas que los heroísmos, las

esperanzas, la fe y el tesón por la victoria fueron amparados por Dios desde el ciclo, cuya ayuda bien

clara se manifestó, e inspi rada por Vos en la tierra. Por eso, esta Hermandad de Alféreces

Provisionales, de tan exquisita sensibilidad, de tan recio espíritu católico y de tan acendrado

patriotismo, se ha congregado hoy aquí para reafirmar su voluntad de seguir labrando la España que

todos soñamos, rezar una misa dando gracias al Señor y renovar su adhesión y lealtad a Francisco

Franco, nuestro Capitán de la guerra y de la paz.

Han pasado ya más de veinti cinco años desde aquellas inolvidables jornadas, y muchos españoles

quedaron en el camino, abatidos por la furia enemiga o por el discurrir del tiempo, que no perdona. Para

ellos, el descanso y nuestra devoción. Los que quedamos—vednos aquí—llevamos en nuestro rostro y en

nuestro cuerpo la marca inexorable de los años. Pero ¡oídlo bien todos!, nadie confunda nuestras canas y

nuestras arrugas como signo de decadencia. Nuestro espíritu, que es lo que cuenta, permanece, como

siempre, pleno de vigor y lozanía y asi permanecerá hasta nuestro eterno descanso.

Si algún día—añadió el ministro fuera necesario ponerlo otra vez a dura prueba, volveríais a oír el grito

entusiasta de servicio de los. Ejercitos, de sus alfereces provisionales, de los ex combatientes de

entonces, que ya visteis desfilar emocionadas ante vos el ano pasado tras los Ejércitos. Y también oiriais

ese mismo grita de las nuevas generaciones que suceden A los alféreces provisionales en los

campumentos de milicias y de las que en todo el ámbito nacional saben lo que deben a Franco y al

régimen que instauró sin mas que mirar al atormentado mundo que nos roden. Oiríais, en suma, a

tocios los buenos españo les decir; ¡Aqui estamos, mi general, a vuestras ordenes! Aqui I estamos, y

por nada ni por nadie dejaremos extinguir el espítitu del 13 de julio, que puso a España para siempre en el

camino de su salvación. ¿Que todavia queda mucho camino por andar? Naturalmente. ¿Que aún no se

ha con seguido borrar totalmente los egoísmos? Cierto. ¿Que nuestra España ideal es una meta a al

canzar? Cierto también. Pero na die podrá negar que estamos mu cho más cerca de ella y que no hemos

dejado de avanzar en nin gún momento, dando gigantescos pasos, largo tiempo sin ayuda de nadie y

siempre rodeadas de enemigos que desde fuera nos atacan con saña.

Yo, modesto ministro, sin otros méritos que un profundo amor a la Patria, diría a quienes escu chan los

cantas de sirena de esos habitúales enemigos de España que no se dejen engañar; que miren hacia atras

para comparar y hacia adelante para seguir marchando; que no se dejen ilusionar por quienes les pintan

paraisos inalcanzables, que piensen en el progreso real de la nación en to dos los ordenes en solo

veinticinco años de gobierno honesto, que no buscó deslumbrar, sino realizar. Y diría también a los leales

y a los hombres de fe que cuanto mayores sentí los obstáculos que nos opongan, mayor será nuestro

espíritu de lucha para no retroce der ni un paso en te propósitos del 18 de julio.

Permitidme ahora que, en nombre propio y en el de mía compañeros los ministros de Marina y Aire, y

también de los restantes aquí presentes, exprese públicamente nuestra gran satisfacción al ver realizada la

vincula

ción en las fuerzas armadas de los antiguos alféreces provisionales. Siempre con nosotros en espíritu, tras

haber cumplido brillantemente su misión en la guerra, constituyeron hace cuatro años esta Hermandad

estrechamente unida a nuestras fuerzas armadas, de las que siguen siendo continuación y disciplinada

hueste. Nuestro reencuentro ha sido feliz. Seguimos hablando el mismo lenguaje. El lenguaje de li\ "otría

en su más ancha acepción, n pasado, en presente y en fuuro, aunque muchos de ellos desrrollen su vida en

otras esferas. He visitado sus locales sociales en cada provincia. Son salas de banderas donde se rinde

culto a todo cuanto es noble y puro—patriotismo sacrificio, valor, honradez, compañerismo,

abnegación—, y donde los hijos de estos hombres aprenden a amar a su Patria con desinterés y aprenden

también a convertirse en apostóles del espíritu de sus padres. Un espíritu que difunden por universidades,

institutos y locales de trabajo, sembrando la buena semilla que algún día fructificará esplendorosa. Aquí

tenéis, mi General, a estos muchachos. orgullosos de vuestra presencia, que les da espaldarazo de

cabaleros de un gran ideal. La unica verdadera ambición de esta Hermandad, que cuenta en sus filas con

ministros, directores generales, gobernadores civiles, capitanes de empresa, ingenieros, arquitectos,

abogados y hombres beneméritos todos por tantos conceptos, es cumplir e1 servicio que de ella queráis

exigir. En los puestos altos y bajos, en los brilantes y en los oscuros, en su vida pública y en su vida

privada, aspiran a servir de ejemplo digno de imitación. Conseguirlo plenamente sería su mejor éxito y su

mayor satisfacción. Doctrina puramente castrense, como veis, mi General, que si ya la sabían, la

arraigaron más durante su paso por nuestras filas.

Terminó aquí, pues todos están descansando oír ya vuestra palabra. Pero no quiero hacerlo sin antes dar

las gracias por haber arrebatado a vuestro precioso tiempo estas horas dedicadas a convivir con vuestros

fieles alfereces provisionales y sin pemitirme expresaros clamorosamente nuestra lealtad y nuestra

gratitud, gritando, y todos conmigo ¡Viva nuestro Generalísimo! i Viva España!"

Al acabar el discurso y la ovación que lo rubricó, el Caudillo expresó el deseo de estar lo más cerca

posible de la masa de alféreces, que comenzaba al pie mismo de la tribuna, y ordenó que se adelantarn los

micrófonos hasta el borde de aquello. Fué preciso para ello alargar los carretes del tendido de conexión a

los altavoces, levantando las alfombras que ocultaban los hilos. Franco esperó a que concluyesen estas

operaciones, y ya puesta la batería de cuatro micrófonos en el lugar que dijo, comenzó a hablar después

de rogar silencio con un gesto de la mano.

Y en medio de extraordinaria expectación, el Generalísimo comenzó su discurso, que publicamos en otro

lugar.

Terminado el discurso, que fue repetidas veces interrumpido por las ovaciones, se renovaron los gritos de

adhesión y fervor al Generalísimo, quien saludaba emocionado. Seguidamente, la masa compacta de

alféreces cantó el himno de infantería, terminado el cual, y siempre entra el fervor de la muchedumbre.

Planeo abandoné el cerro de Garabitas, siendo despedido con los mismos honores que a su llegada.

Mas tarde, los componentes de la Hermandad, presididos por el ministro del Ejército y el obispocapellán

de la Hermandad, se reunieron en una fraternal comida, confeccionada y servida por los alumnos de la

Escuela Superior Nacional de Hostelería.

El ambiente que imperó en ella fue de gran cordialidad, con emocionados cambios de impresiones y

recuerdos de sacrificios, sinsabores y nostalgías de madrinas de guerra y de permisos fugaces.

 

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