Franco presidió en Garabitas la concentración de alféreces provisionales  :   
 "Detrás de mi --dijo-- todo quedará bien atado y garantizado por la voluntad de la gran mayoría de los españoles y por la guardia fiel de nuestro Ejército. 
 ABC.    29/05/1962.  Página: ?, 47-49. Páginas: 4. Párrafos: 25. 

MADRID, MARTES 29 DE M A Y O DE 1962 EJEMPLAR 1,50 PE SETAS

ABC

DEPOSITO LEGAL M. 13 1958

MARTES, 29 DE MAYO DE 1962

Su Excelencia el Jefe del Estado presidió, en la mañana del domingo, la concentración de alféceres

provisionales organizada conmemorar las bodas de plata de sus promociones y el IV aniversario de la

fundación de la Hermandad Nacional. En la fotografía aparece el Generalísimo rodeado por los

"estampillados" de la Cruzada que le acompañaron, aclamándole estusiásticamente, hasta la tribuna,

desde la cual, después de asistir a la misa oficiada al aire libre, dirigió la palabra a los quince mil

asistentes al acto. Fue muy importante el discurso de Franco, que aparece, comentado, en nuestras páginas

interiores, ( foto Sanz Bermejo)

FRANCO PRESIDIO EN GARABITAS LA CONCENTRACIÓN DE ALFERECES PROVISIONALES

EN SU DISCURSO AFIRMO QUE "LA MEJORA SOCIAL EXIGE ECONOMIAS FUERTES,

TANTO NACIONALES COMO EMPRESARIALES"

«DETRAS DE MIDIJOTODO QUEDARA BIEN ATADO Y GARANTIZADO POR LA VOLUNTAD

DE LA GRAN MAYORIA DE LOS, E SPAÑOLES Y POR LA GUARDIA FIEL DE NUESTRO

EJERCITO»

Hablaron también ante los quince mil oficiales de la Cruzada el ministro del Ejército, teniente general

Barroso, y el presidente nacional de la Hermandad, señor Rubio Tardío

En la concentración de alféreces provisionales celebrada en el cerro de Garabitos el pasado domingo, el

Jefe del Estado pronunció el siguiente discurso:

"Alféreces invictos de nuestra Cruzada, compañeros y cantaradas de ayer:

Nada para mí más satisfactorio que compartir con vosotros este acto en el que celebráis las bodas de plata

de las promociones de alféreces. provisionales, aquellos que habían de imprimir nueva savia a los cuadros

de mando de los Ejércitos, nacionales, y que ello tenga lugar en este cerro de Garabitas, escenario de

luchas heroicas; en este frente madrileño de la Casa de Campo, en que la sangre pródiga de los españoles

fecundó estas tierras.

La aparición de los alféreces provisionales no fue un hecho insólito en la vida de España. Otras veces os

dije que en los momentos de conmoción de España fueron siempre las clases medias españolas, las clases

estudiosas, los estudiantes, los que dieron el nervio y la savia a los movimientos de independencia. Así,

en el año 1808 fueron los estudiantes de Toledo los que se pusieron al frente y encuadraron al pueblo para

nuestra epopeya de la Independencia y, más tarde, base de la oficialidad del Ejército. Lo mismo ha pasado

en nuestra Cruzada. Se necesitaba quien encuadrase a las masas de ciudadanos, a los voluntarios que

querían que la Patria no se hundiese, y también fueron entonces los estudiantes españoles, los bachilleres,

los universitarios, la cantera de donde extrajimos nuestros alféreces provisionales, y hoy, más tarde, la de

nuestros oficiales de complemento. (Muy bien. Muchos aplausos.)

En esta nuestra era de paz, y al conjuro de la Patria, se moviliza vuestra Asociación para hacer acto de

presencia en el ruedo ibérico, desafiando al tiempo como firme eslabón que ha de unir el pasado con

nuestro futuro. Y habéis querido más: habéis querido ir forjando ya el nuevo eslabón de la cadena al

afiliar a vuestros hijos en el espíritu de los alféreces provisionales para formar la nueva generación

gloriosa que dé continuidad a este nuestro grandioso Movimiento. (Muy bien. Muchos aplausos.)

Ante las embestidas que desde fuera se lanzan periódicamente contra nuestra Patria, dirigidas por las

fuerzas ocultas del comunismo, nada puede ser más tranquilizador para los españoles que contemplar el

recio espíritu y la fidelidad de estos nuestros alféreces provisionales, flor y nata de nuestros combatientes,

que, incorporados a la vida entera del país, montan la centinela de la Patria en todos sus estadios.

Muchas veces he repetido que nuestra guerra no terminó con nuestra victoria ni con la unidad interna de

los españoles, pues las batallas han continuado solapadas desde el exterior durante estos veinticinco años.

No se trata ya de la lucha franca y noble, de la que un día se desarrolló en nuestros campos de batalla,

sino de los procedimientos inconfesables, de la difamación y de la calumnia, de la compra de conciencias

y del fomento de traiciones, de todo lo vil y ruin que caracteriza aquellas organizaciones. No ocurre

suceso en nuestra Patria, por minúsculo que sea, que no se aumente y sonorice en el exterior si esto puede

perjudicarnos o dañarnos.

No es de nuestros propios tiempos; es de toda la vida y toda la Historia de España. (Muy bien. Grandes

aplausos), desde la leyenda negra, cuando dábamos vida, lenguaje y fe a todo un mundo, hasta más tarde,

en los albores de nuestra vida, cuando la guerra de Marruecos y los escándalos para que no embarcasen

nuestros soldados, cuando levantaban estatuas a los criminales y a los anarquistas por Europa (muy bien;

aplausos), y cuando se maquinaba en todos los momentos de nuestro resurgimiento para evitar la

grandeza y la prosperidad de España. En esta orquestación de adversarios lleva la dirección la Rusia de

los soviets, que gasta centenares de millones en la propaganda radiada, en la compra y captura de agentes

y en la financiación de las intrigas de sus "compañeros de viaje". (Muy bien.)

Constituimos el punto clave más importante de la resistencia política occidental; somos el país donde, con

vuestro esfuerzo, el comunismo ha sido por primera vez derrotado, y sabe también que en este orden

somos el baluarte más firme de todo el Occidente. Si no queremos perder esta gloria hemos de

resignarnos a ser blanco de sus ataques. (Muy bien. Grandes aplausos.) El liberalismo—sigue diciendo el

Caudillo—es una de las puertas principales por las que el comunismo penetra, y no se nos perdona que en

España hayamos cerrado esa puerta y ese camino, y se trabaja por todos los medios, directos o indirectos,

para encumbrar a otros "compañeros de viaje" que siguen las prácticas que en el mundo se ha demostrado

que habrían de abrir el paso a la penetración. Nuestra prosperidad y nuestra paz interior les duele e irrita,

y por ello se pretende llevar su filtración a todas las organizaciones nacionales, incluso hasta áreas tan

opuestas por su ideario como son las organizaciones seglares de nuestra Iglesia (una clamorosa salva de

aplausos, seguida por entusiastas gritos de ¡Franco, Franco, Franco!, interrumpe a Su Excelencia),

parasitadas muchas veces por la filtración de sus agentes. En las propagandas del exterior, con motivo de

los incidentes laborales en el Norte, se ha pretendido sacar partido por el extranjero y esgrimir contra

nuestro régimen los excesos de algún clérigo vasco separatista (muy bien. Grandes aplausos) o los errores clericalistas de algún otro sacerdote exaltado, y que

no representan nada dentro del gran resurgir espiritual de nuestra Patria (muy bien), pues sólo constituyen

fenómenos humanos inherentes al crecimiento, que la perfección de la propia Iglesia elimina y que sus

jerarquías corrieren, sin que por ello se altere la armonía entre las dos potestades, Iglesia y Estado, que

conocen perfectamente a sus comunes enemigos. (Muy bien, muy bien. Grandes y prolongados aplausos.)

Todo cuanto ocurre o puede ocurrir en España es una consecuencia natural de nuestro crecimiento y

vitalidad. El clima social que el Movimiento ha creado pretende ser maliciosamente explotado por

nuestros adversarios para estimular, con sus radios y agentes, los conflictos laborales. Está tan claro entre

nosotros el interés común, y es tan fuerte, por otra parte, nuestro sistema político, que no representa nada

en el conjunto el confusionismo que en algunos momentos el enemigo puede sembrarnos. Basta descubrir

el engaño para que la reacción se produzca. Si estas escaramuzas pueden conmover otras estructuras

políticas, débiles y vacilantes, no afectan a nuestra salud política. (Muy bien. Grandes aplausos.) Han sido

tan grandes los sacrificios que ha costado la conquista de la paz y el bienestar progresivo de que en

España se disfruta, que no pueden debilitarla las acciones de esta clase, que no hacen más que reforzar

nuestra fortaleza.

Resulta paradójico—añade el Jefe del Estado—que cuando bajo sistemas políticos vacilantes se vienen

produciendo paralizaciones casi totales en la vida de muchos países europeos, que alcanzan hasta a los

propios funcionarios de su Administración, se pretende explotar pequeños fallos en nuestras relaciones

laborales, lo que viene a demostrar, una vez más, la mala fe y la mediatización por los poderes ocultos de

sus órganos de publicidad. (Muy bien, muy bien, tina estruendosa salva de aplausos acoge las palabras del

Caudillo.)

En el fondo, y dada nuestra fortaleza, no es malo que surjan problemas que pongan a prueba nuestros

sistemas y nos permitan perfeccionar nuestros instrumentos. (Muy bien.) Esto fortalece nuestra

naturaleza, pues no es la mejor naturaleza la que se encierra en una completa asepsia, sino la que sabe

crear anticuerpos que la defiendan. (Muy bien.) Con motivo de las diferencias laborales que en la rama de

la minería se produjeron, y que desde fuera el comunismo ha pretendido explotar sembrando impaciencias

y desatando ambiciones incompatibles, en la mayoría de los casos, con el momento económico, debe

hacerse llegar a todos los trabajadores que el pretender mejorar sistemáticamente los salarios sin que la

productividad aumente, y cuando la situación de las empresas no lo resiste, constituye una quimera de

imposible realización. (Muy bien.)

Cuando los costes—añade—de los productos extraídos o fabricados suben, sin aumentar paralelamente la

producción, se cae precipitadamente en la espiral de la inflación, en que el movimiento acelerado de los

precios marchará irremisiblemente por delante de los salarios.

Las mejoras que las remuneraciones del trabajo hayan de tener han de salir principalmente de las mejoras

de la producción, de la modernización de la maquinarla, del perfeccionamiento en la organización del

trabajo y del esfuerzo del propio trabajador, pero nunca con menoscabo y destrucción de la propia

empresa. Si se quiere arruinar la economía de un país y destruir el progreso social, que es a lo que aspiran

nuestros adversarios, no hay más que Interrumpir la normalidad laboral, con ruina de las empresas y de la

propia economía del país. Lo que en la nación se pierda o deje de producirse irá en favor de las economías

extranjeras y retrasará el progreso económico y, como consecuencia directa e inseparable, el progreso

social. (Muy bien.)

LA MEJORA SOCIAL DIMANA DE LA ECONOMÍA FUERTE

La mejora social exige economías fuertes, tanto nacionales como empresariales.

Nos encontramos en un período de desarrollo en que a las inversiones nacionales pretendemos atraer las

inversiones extranjeras, y esto, que constituye el porvenir para nuestra Patria y para el futuro de los

españoles, no podrá nunca realizarse si perturbamos la vida laboral y destruimos la confianza. El Estado

no puede hacer todas las cosas en el país; es necesaria la aportación fecunda de la iniciativa particular y

del ahorro, incompatibles también con las anormalidades laborales y las inconscientes ambiciones que

puedan desatarse.

En el orden social, sepan los trabajadores de España que nadie puede ir más lejos de lo que el Estado

español va en la obra de justicia social, y que con las organizaciones sindicales, las Magistraturas del

Trabajo y los Jurados de Empresa se han abierto los cauces naturales para que las aspiraciones legítimas

laborales se abran caminos que, cuando se alcanzan, no será nunca por una decisión arbitraria, sino en

defensa de estos principios de la estabilidad de la economía en servicio de todos los españoles y del bien

común. (Muy bien. Aplausos.)

España entera tiene que convencerse de que si queremos sobrevivir como nación y ocupar el puesto al sol

a que tenemos derecho en el concierto de los pueblos lo hemos de conquistar con nuestros esfuerzos y

sacrificios. La técnica avanza, el mundo se transforma; si nos detuviésemos en la marcha seríamos

arrastrados en su torbellino. Tenemos que recuperar los años perdidos por nuestros antepasados, cambiar

nuestras cansinas y débiles estructuras, mejorar nuestra modesta industria y transformar totalmente

nuestra economía agraria, abandonando los campos estériles. Hemos de ponernos en condiciones de

competición, de lucha por los mercados. Pero para esta gran obra sobran las divisiones intestinas, las

rencillas interiores, la lucha de clases; hemos de sacrificar, como muchas veces hemos dicho, le que nos

separa por lo que nos une, y hoy nos une estrechamente esa gran empresa nacional de desarrollo que

valore el ingenio y las características extraordinarias de nuestro pueblo. Hemos seguido una línea política

que acreditan estos veinticinco años difíciles de la vida española y el resurgimiento y la paz internos que

en etapa tan larga hemos logrado. Hay quienes pretenden explotar nuestro desfase político con el exterior

en contra del régimen, que tantos éxitos ha cosechado, con esa pobreza de espíritu que durante tantos años

hizo mirar lo del extranjero como mejor de lo que se cocía en nuestra casa. En política no hay que mirar

al presente; no hay que mirar al hoy cuando se posee fortaleza para resistir las influencias extrañas y para

construir un futuro, sino al mañana, y el mañana es positivamente nuestro. (Muy bien.) Nos hemos

adelantado en muchos años a la evolución del mundo. Los sistemas políticos envejecen y pasan, y en esta

evolución política sólo queda de ellos lo que permanece útil y aprovechable, y son esos elementos útiles

de los grandes movimientos políticos que fueron los que mañana han de integrar los movimientos futuros.

Nuestro desfase con el mundo no es más que eventual. En día no lejano hemos de verles venir por el

mismo camino que nosotros trillamos. No valen ya las estructuras viejas, por mucho que se apuntalen, y

si no sabemos concebir en el mundo formas nuevas que den satisfacción a los anhelos y necesidades de

los pueblos, seremos sumergidos por otras más jóvenes, pero bárbaras y vigorosas.

En este orden político se nos ofrece hoy la empresa de tan alto bordo como la de ofrecer soluciones

modernas, político-cristianas, a otros pueblos del Universo, si sabemos mantener y defender esta gran

obra de resurgimiento espiritual y social a la que habéis abierto el porvenir con vuestro esfuerzo. Si el

camino se presenta a veces con obstáculos y dificultades, eso no hace más que encarecer el valor de

nuestra obra. Estamos acostumbrados a las dificultades; jamás en mi vida se me ofrecieron caminos

llanos y sencillos, y las dificultades sólo hacen crecernos ante la empresa.

"TRAS DE MI TODO QUEDARA BIEN ATADO"

Hay también quienes torpemente especulan con mis años. (Una gran ovación subraya estas palabras del

Caudillo, acompañada de clamorosos gritos de ¡Franco, Franco, Franco!.) Yo sólo puedo decirles que me

siento joven, como vosotros (Muy bien, muy bien. Grandes y prolongados aplausos), que detrás de mí

todo quedará bien atado y garantizado por la voluntad de la gran mayoría de los españoles, de los que, con

el Movimiento, constituís nervio y esencia, y por la guardia fiel e insuperable de nuestros Ejércitos.

Nuestra obra es el mandato de nuestros muertos; ofrezcamos a ellos nuestro homenaje en esta hora de

plenitud. ¡Arriba España!" (Una ovación clamorosa acoge el final del discurso de Su Excelencia el Jefe

del Estado, acompañada de ardorosos gritos de ¡Franco, Franco, Franco!, y de vivas a España.)

 

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