Precios agrarios: Los beneficios, para el campo     
 
 Informaciones.    22/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

INFORMACIONES

Precios agrarios: Los beneficios, para el campo

LA situación del campo es insostenible y necesita de la cirugía. Ya se ha practicado la primera de una

serie de operaciones que pretenden recuperar el tono vital de un sector tan importante como decisivo en el

equilibrio económico y etnográfico de España. El ministro Lamo de Espinosa se ha sentado en la mesa de

las negociaciones con los representantes de las organizaciones campesinas para decidir sobre el

incremento de los precios agrarios en paralelo a la elevación general de los precios previstos en los pactos

de la Moncloa. La conclusión de estos acuerdos, que hoy será llevado y presumiblemente aprobado en

Consejo de ministros, es de que el agricultor se verá beneficiado con un aumento global de un 16 por 100,

que se transforma en un 19 con las subvenciones complementarias para ayudas. Según las previsiones, las

mejoras repercutirán directamente en el incremento de la masa salarial de los trabajadores del campo en

un 22 por 160 y una proporción semejante en la mejora de la renta agraria de los empresarios autónomos.

La suma de estos acuerdos suponen un respiro para el sector agrícola y ganadero, que si bien no resuelve

los graves problemas de descapitalización del campo, se le reconoce, de hecho, un beneficio proporcional

al incremento del coste de la vida, del que estaban excluidos por ese alevoso abandono con que se trató de

marginar el campo de los macroprogramas económicos.

No hay mejor política que la directa, la que relaciona el producto con el consumo, la tierra y la mesa.

Nuestra agricultura ha carecido de ese cauce natural de comunicación directa, y a tal extremo llegó la

distancia que no ya simbólicamente, sino efectivamente, el campo ha estado muy lejos del ciudadano. Y

esto se ha traducido en pobreza y éxodo para el medio rural y especulación en el medio urbano. Tal

contrasentido ha degenerado, hasta la ruina, el patrimonio más natural, más rico y más constante que tiene

nuestro país.

Los acuerdos que comentamos no son para tratar el gran problema del campo en pasado, porque son mu-

chas las dudas que se mantienen a la hora de poner en práctica esos aumentos en los precios de origen.

Como ya decimos, la incomunicación entre el campo y el consumidor se ha hecho endémica, merced a

esa maraña de intermediarios que manipulan el producto y establecen los precios de la cesta de la compra.

Si es lógico y plausible que el campo se beneficie de unas medidas económicas que se merece, ya no

resulta tanto que los canales intermedios también se beneficien en la misma proporción. Si el Gobierno no

controla esta situación de precios, el verdadero ganador de estos acuerdos serán quienes no participaron

en las reuniones ni nunca participaron en la mejora del nivel de vida del agricultor —más bien todo lo

contrario»-, y el perdedor, como siempre, el comprador, y, en definitiva, también el agricultor.

Por eso conviene alertar que los agricultores tienen el deber y el derecho de luchar contra el fraude y es

una exigencia de primer grado porque en ello han de ser los primeros interesados en regenerar un vínculo

que lleve de nuevo al campo la esperanza, y al ciudadano, la confianza.

 

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