Roto el protocolo, Franco fue materialmente rodeado por los alféreces provisionales  :   
 "Sus hogares son, mi General --dijo el ministro del Ejército--, Salas de Banderas donde se rinde culto al honor de España". 
 ABC.    29/05/1962.  Página: 49-54. Páginas: 6. Párrafos: 44. 

ROTO EL PROTOCOLO, FRANCO FUE MATERIALMENTE RODEADO POR LOS ALFERECES

PROVISIONALES

"Sus hogares son, mi General—dijo el ministro del Ejército, Salas de Banderas donde se rinde culto al

honor de España"

Con motivo de las bodas de plata de todas sus promociones, y en el IV aniversario de la fundación de la

Hermandad Nacional, quince mil alférez provisionales, procedentes de toda España, se concentraron el

domingo, a las once de la mañana, en la explanada aledaña al histórico Cerro de Garabitas, de la Casa de

Campo, para rendir homenaje al Jefe del Estado.

En el centro del cerro, se había alzado una espaciosa tribuna-altar, severamente adornada, frente a la cual

estaba la zona destinada a la concentración, ocupada por muchedumbre de alféres provisionales; muchos

de ellos acompañados de sus hijos mayores de catorce años, a quienes se les ha dado acceso a la

Hermandad para mantener en la nueva generación el espíritu que ha inmortalizado a la actual.

Próximos al lugar de la concentración fueron colocados un hospital móvil de la Cruz Roja completo y

tiendas de campaña de la benemérita institución, con su correspondiente personal sanitario. También se

hallaba dentro de la zona acotada un equipo móvil de TV. E. y una red de altavoces instalada por fuerzas

de Transmisiones del Ejército.

LA CONCENTRACION

Por expreso deseo de la Hermandad Nacional, todos los detalles de la organización del acto recayeron en

la provincial de Madrid, que preside el Sr. Orozco Massieu. Colaboraciones impagablemente entusiastas

coadyuvaron al buen éxito de la concentración. Servicios de la Policía Urbana de Tráfico, en los lugares

clave próximos a la Casa de Campo y dentro de ella en los caminos que conducían al Cerro de Garabitas,

encauzaron la circulación de los millares de vehículos (motos, coches ligeros, autocares) en que los

alféreces provisionales llegaron al lugar en que debían concentrarse. Desde las ocho de la mañana hasta

las once, un servicio de autobuses, dispuesto por la Hermandad, trasladó desde la plaza de España a

cuantos carecían de medios propios "de locomoción. Oficinas de información, estratégicamente situadas

en la Casa de Campo, atendieron a los concentrados para resolverles cualquier duda o dificultad.

A las once y media en punto quedó cerrado el acceso a la zona. En el recinto, frente a la tribuna-altar, en

pie, estaban los alféreces con sus guiones provinciales.

LLEGADA DEL JEFE DEL ESTADO

Entre once y media y doce menos cuarto fueron llegando al lugar dispuesto para la recepción del Caudillo

los ministros de la Gobernación, general D. Camilo Alonso Vega; de Hacienda, D. Mariano Navarro

Rubio; de Agricultura, D. Cirilo Cánovas; subsecretario de la Presidencia, don Luis Carrero Blanco; de

Obras Públicas, general D. Jorge Vigón; del Aire, general D. José Rodríguez y Díaz de Lecea, y

secretario general del Movimiento, D. José Solís; capitán general Muñoz Grandes; teniente general D.

Rafael García Valiño, capitán general de la I Región Militar; gobernador militar, general Roldan; director

general de la Guardia Civil, general Alcubilla; general Rodrigo; director de la Escuela Superior del

Ejército, general Ríos Capapé; presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, general Gutiérrez de

Soto; marqués de Casa Ceryera, jefe de la Jurisdicción Central de Marina, así como otros muchos

generales y jefes y el gobernador civil de Madrid, Sr. Aramburu.

A las doce en punto, un toque de atención señaló la llegada del Jefe del Estado, quien fue recibido por la

compañía de honores del batallón del Ministerio del Ejército, con bandera y banda de música.

Acompañaban al Generalísimo, que vestía uniforme de capitán general, el ministro del Ejército, teniente

general Barroso, y los jefes de sus Casas Militar y Civil, teniente general Asensio y conde de Casa de

Loja, y el segundo jefe de la Casa Civil y jefe de los Servicios de Intendencia, D. Fernando Fuertes de

Villavicencio.

El Caudillo, después de saludar a las personalidades que le esperaban y pasar revisita a las fuerzas en

compañía del capitán general de la Región, se dirigió al lugar de la concentración. Alineados, partiendo

del guión de la Hermandad Nacional, que portaba el laureado comandante Alamán, se hallaban las

directivas de aquélla y de la Provincial, con sus presidentes, Sres. Rubio Tardío y Orozco Massieu,

respectivamente, a quienes, así como al resto de los directivos, el Jefe del Estado estrechó la mano.

Advertida la presencia de Franco por los alféreces comenzaron a vitorearle con enorme entusiasmo, y

pese a los esfuerzos realizados por los provisionales encargados de mantener abierto el camino entre el

portillo de acceso y la tribuna, el Generalísimo se vio envuelto y rodeado por los "estampillados" hasta la

tribuna. El Jefe del Estado y sus ministros se situaron al lado del Evangelio, y en el de la Epístola los

directivos de la Hermandad e invitados de honor. A continuación, en medio de un silencio impresionante,

comenzó la Santa Misa. .

Ofició el Dr. Gastan, capellán mayor de la Hermandad y obispo auxiliar de Tarragona, ayudado por dos

capellanes, alféreces provisionales también como el prelado. La escuadra de gastadores de la compañía de

honores escoltó a la bandera (que situó frente al altar) y dio guardia durante la ceremonia religiosa. La

banda de música interpretó composiciones religiosas y el Himno Nacional en el momento de la

Elevación.

OFRECIMIENTO DEL ACTO

Al terminar la misa, bendecido el banderín de la Hermandad y retirada la bandera con su escolta,

comenzó su discurso D. Pedro Rubio Tardío, presidente de la Hermandad Nacional de Alféreces

Provisionales, quien hizo al Caudillo el ofrecimiento del acto. Con emocionadas palabras, que tuvieron

entusiasta interrupción en varios pasajes, precisamente en aquellos en que recordó a los "jefes que nos

supieron mandar—dijo—y por eso supimos obedecer y mandar para que otros nos obedecieran", y cuando

aludió a los "años de decadencia que culminaron en la República, negativa máxima de todos los valores

esenciales de España". Se refirió a la reserva de la juventud auténtica, que supo acudir "a la llamada de lo

mejor del Ejército, vigilante permanente y defensor máximo de las esencias espirituales de la Patria, que

siempre acude en los momentos precisos para salvarla del "caos". Se refirió también a la "unidad de las

letras y las armas" y concretó la misión del alférez provisional, espécimen de la juventud universitaria,

como "escalón intermedio entre los jefes gloriosos y los soldadicos españoles que supieron serlo y porque

lo fueron, triunfaron. Después, exaltando el espíritu del 18 de julio, "constante de nuestra historia, de

nuestro celo y de nuestra fe", concretó el homenaje al Caudillo diciendo: "Estos alféreces que veis son los

supervivientes que seguirán sirviendo a España; los que murieron—afirmó—, ganaron su reposo, no el

nuestro. Y hemos de seguir en la lucha de cada día por la pervivencia de España en las esencias que vos,

Caudillo, le diseis y nos disteis, porque la Hermandad no es un grupo político ni quiere serlo. Somos, eso

sí, los enlaces entre ayer y mañana, y estad seguro que lo conseguido no nos "lo arrebatará nadie."

Por último, el presidente nacional dio cuenta al Caudillo del acuerdo de entregarle el carnet número i de la

Hermandad como primer alférez provisional de España, que el Sr. Rubio Tardío puso en manos de

Franco en medio de una ovación.

Discurso del ministro del Ejército

A continuación pronunció su discurso el teniente general Barroso, ministro del Ejército, en el que, muy

expresiva y emocionadamente, exaltó ante el Generalísimo el espíritu que anima a los alféreces

provisionales, "nexo, mi general—dijo—entre el pasado y el porvenir. He visitado —afirmó—sus

Hogares provinciales, y puedo afirmaros que son auténticas Salas de Banderas donde se vive entero y

cabalmente el espíritu de aquellas en las que, como sabéis, se rinde culto permanentemente al honor

propio, al honor de España y a su gloria". Y añadió: "Oíais proclamar que aquella juventud de 1936, que

hoy os rodea en su madurez, acudió fogosamente a la llamada del Ejército capitaneado por Vuestra

Excelencia. De un Ejército fiel como siempre a los valores permanentes del ser nacional, y en aquella

ocasión mandatarios de todos los buenos españoles que dijeron ¡basta ya! al desorden, la injusticia y la

complicidad de los claudicantes Gobiernos de la República. Acudió aquella juventud noble y

esperanzada, y en seguida tuvo la honra y la responsabilidad de cubrir bajas en nuestros cuadros

permanentes y de constituir la mayor parte de los intermedios, ensalzando a los mandos profesionales de

las Fuerzas Armadas, custodios, permanentes del honor y del patriotismo más puro y desinteresado, con

la masa sana del pueblo español, del soldado nacional, formando todos un solidó1 bloque militar, que con

certera conciencia de su deber plantó cara a la poderosa maquinación extranjera.

LOS HEROES MODESTOS

Yo quiero desde aquí, ante los que lo mandaron, dedicar un recuerdo a los héroes modestos, ante los que

nos inclinamos llenos de emoción quienes sabemos cuánto les debe la Patria. Pero nadie mejor que vos,

mi General, sabe de las horas gloriosas y a veces inciertas en que bajo vuestra providencial Capitanía se

jugaba a pecho descubierto en los campos de batalla el ser o no ser de España. Y sabéis de los heroísmos

de los militares españoles, de los alféreces provisionales, de los beneméritos suboficiales y de los oscuros

soldados en la terrible lucha en la que alcanzarían imperecedera gloria. Y sabéis también de los ejemplos

heroicos y las actitudes "dignas de quienes, sometidos a sañuda persecución en zona roja, hombres y

benditas mujeres de España mantenían viva la esperanza de la victoria nacional en cárceles y checas o se

jugaban la vida en medio del enemigo cada minuto del día y de la noche. Y sabéis muy bien de la fe y del

trabajo de quienes no podían empuñar un arma; y del valor de la mujer española, que Dios sabe cómo

podía encontrar la palabra de aliento y estímulo para los seres queridos en los momentos difíciles,

extrayéndola de su angustia y sufrimiento.

Lo sabéis, mi General, y nosotros también lo sabemos. Sabemos además que los heroísmos, las

esperanzas, la fe y el tesón por la victoria fueron amparados por Dios desde el cielo, cuya ayuda bien

clara se manifestó, e inspirada por Vos en la tierra. Por eso, esta Hermandad de Alféreces Provisionales,

de tan exquisita sensibilidad, de tan recio espíritu católico y de tan acendrado patriotismo, se ha

congregado hoy aquí para reafirmar su voluntad de seguir labrando la España que todos soñamos, rezar

una misa dando .gracias el Señor y renovar su adhesión y abatidos por la furia enemiga o por el discurrir

del tiempo, qué no perdonar Para ellos, el descanso y nuestra devoción. Los qué quedamos—vednos

aquí—llevamos en nuestro rostro y en nuestro cuerpo la marca inexorable de los años. Pero [oídlo bien

todos!, nadie confunda nuestras canas y nuestras arrugas como signo de decadencia. Nuestro espíritu, que

es lo que cuenta, permanece, como siempre, pleno de vigor y lozanía, y así permanecerá hasta nuestro

eterno descanso.

Si algún día—añadió el ministro—fuera necesario ponerlo otra vez a dura prueba volveríais a oír el grito

entusiasta de servicio de los Ejércitos, de sus alféreces provisionales, de los ex. combatientes de entonces,

que ya visteis desfilar, emocionados ante vos el año pasado tras los Ejércitos. Y también oiríais ese

mismo grito de. las nuevas generaciones que suceden a los alféreces provisionales en los campamentos de

milicias y de las que en todo el ámbito lealtad a Francisco Franco, nuestro .Capitán de la guerra y de la

paz.

GARABITAS, EN LA TV. E.

Televisión Española, con las tres cámaras de su equipo móvil desplazado a Garabitas retransmitió el

domingo, en directo, la concentración de alféreces provisionales, que presidió el Jefe del Estado, cuyo

discurso fue transmitido por Radio Nacional en su diario hablado de las dos y media de la tarde. La TV.E.

permitió a millones de españoles presenciar la histórica conmemoración, reproducida en imágenes y en

sonido con impecable claridad y con toda su emocionante multiplicidad de escenas.

Han pasado ya más de veinticinco años desde aquellas inolvidables jornadas, y muchos españoles

Quedaron en el camino nacional saben. lo que deben, a Franco y al régimen que instauró sin más que

mirar al atormentado mundo que nos rodea. Oiríais, en suma, a todos los buenos españoles decir: ¡Aquí

estamos, mi General, a vuestras órdenes ! Aquí estamos, y por nada ni por nadie dejaremos extinguir el

espíritu del 18 de julio, que puso a España para siempre en el camino de su salvación. ¿Que todavía queda

mucho camino por andar? Naturalmente. ¿Que aún no se ha conseguido borrar totalmente los egoísmos?

Cierto. ¿Que nuestra España ideal es una meta a alcanzar? Cierto también. Pero nadie podrá negar que

estamos mucho mas cerca de ella y que no hemos dejado de avanzar en ningún momento, dando

gigantescos pasos, largo tiempo sin ayuda de nadie y siempre rodeados de enemigos que desde fuera nos

atacan con saña.

CANTOS DE SIRENA

Yo, modesto ministro, sin otros méritos que un profundo amor a la Patria, diría a quienes escuchan los

cantos de sirena de esos habituales enemigos de España que no se dejen engañar; que miren hacia atrás

para comparar y hacia adelante para seguir marchando; que no se dejen ilusionar por quienes les pintan

paraísos inalcanzables; que piensen en el progreso real de la nación en todos los órdenes en sólo

veinticinco años de gobierno honesto, que no buscó deslumhrar, sino realizar. Y diría también a los leales

y a los hombres de fe que cuanto mayores sean los obstáculos que nos opongan mayor será nuestro

espíritu de lucha para no retroceder ni un paso en los propósitos del 19 de julio.

Permitidme ahora que, en nombre propio y en el de mis compañeros los ministros de Marina y Aire, y

también de los restantes aquí presentes, exprese públicamente nuestra gran satisfacción al ver realizada la

vinculación en las Fuerzas Armadas de los antiguos alféreces provisionales. Siempre con nosotros en

espíritu, tras haber cumplido brillantemente su misión en la guerra, constituyeron hace cuatro años esta

Hermandad estrechamente unida a nuestras Fuerzas Armadas, de las que siguen siendo continuación y

disciplinada hueste. Nuestro reencuento ha sido feliz. Seguimos hablando el mismo lenguaje. El lenguaje

de la Patria en su más ancha acepción, en pasado, en presente y en futuro, aunque muchos de ellos

desarrollen su vida en otras esferas. He visitado sus locales sociales en cada provincia. Son Salas de

Banderas donde se rinde culto a todo cuanto es noble y puro—patriotismo, sacrificio, valor, honradez,

compañerismo, abnegación—, y donde los hijos de estos hombres aprenden a amar a su Patria con

desinterés y aprenden también a convertirse en apóstoles del espíritu de sus padres. Un espíritu que

difunden por universidades, institutos y locales de trabajo, sembrando la buena semilla que algún día

fructificará esplendorosa. Aquí tenéis, mi General, a estos muchachos, orgullosos de vuestra presencia,

que les da espaldarazo de caballeros de un gran ideal. La única verdadera ambición de esta Hermandad,

que cuenta en sus filas con ministros, directores generales, gobernadores civiles, capitanes de empresa,

ingenieros, arquitectos, abogados y hombres beneméritos todos por tantos conceptos, es cumplir el

servicio que de ella queráis exigir. En los puestos altos y bajos, en los brillantes y en los oscuros, en su

vida pública y en su vida privada, aspiran a servir de ejemplo digno de imitación. Conseguirlo plenamente

sería su mejor éxito y su mayor satisfacción. Doctrina puramente castrense, como veis, mi General, que si

ya la sabían, la arraigaron más durante su paso por nuestras filas. Termino aquí, pues todos están

deseando oir ya vuestra palabra. Pero no quiero hacerlo sin antes dar las gracias por haber arrebatado a

vuestro precioso tiempo estas horas dedicadas a convivir con vuestros fieles alféreces provisionales y sin

permitirme expresaros clamorosamente nuestra lealtad y nuestra gratitud, gritando, y todos conmigo:

¡Viva nuestro Generalísimo! ¡Viva España!"

Al acabar el discurso y la ovación que lo rubricó, el Caudillo expresó el deseo de estar lo más cerca

posible de la masa de alféreces que comenzaba al pie mismo de la tribuna, y ordenó que se adelantaran

los micrófonos hasta el borde de aquélla. Y en medio de extraordinaria expectación, el Generalísimo

pronunció el discurso que publicamos al comienzo de esta información. Cuando acabó de hablar se

renovaron los gritos de adhesión y fervor al Generalísimo, quien saludaba emocionado. Luego, la masa

compacta de alféreces cantó él himno de Infantería, terminado el cual, y siempre entre el fervor de la

muchedumbre, el. Jefe del Estado abandonó el Cerro de Garabitas.

COMIDA DE HERMANDAD

Más tarde, los concentrados, se reunieron en fraternal comida, confeccionada y servida por los alumnos

de la Escuela Superior Nacional de Hostelería.

El ambiente que imperó en ella fue de gran cordialidad.

EL HIMNO DE LA ACADEMIA DE INFANTERÍA

Bodas de plata de los alféreces provisionales en Garabitas. Veinticinco años de la mejor historia nacional.

Ofrenda de los Alféreces provisionales al Caudillo, que tantas veces condujo nuestras armas a la victoria

en la lucha contra el comunismo y contra los eternos enemigos de España.

Discurso magistral del Caudillo, pleno de fe en la grandeza patria, trazando con precisión y claridad él

momento de España citando, una vez más, los enemigos eternos de su grandeza pretenden, con absoluta

ignorancia de nuestra realidad, entorpecer el comino victorioso de una evolución comenzada el 18 de

julio ´de 1936 y jalonada por tantas y tantas realidades, que son otros tantos ejemplos para un mundo que

se encuentra en el punto muerto de una transfomación que no puede eludir en forma alguna.

Al término del discurso de Franco, la masa impresionante—por su número y por su fe—de los alféreces

provisionales venidos de todas las provincias de España y el Caudillo: mismo han cantado el himno de la

Academia de Infantería, que hizo revivir en todos recuerdos de gloria, de sacrificios, dé deberes

cumplidos, de generosas entregas sobre las que se ha cimentado la fe inconmovible de España en los

principios que determinaron el 18 de julio y en el gobernante que. ha cubierto victoriosamente las etapas

de la guerra, de la posguerra y de la honda evolución económica, social y política de nuestra Patria,

¡ Cuántos recuerdos ha remozado ese himno, que no es. sólo el himno de la Infantería, sino de iodos las

fuerzas armadas e incluso himno nacional del espíritu de esa grande y noble empresa de España!

Entre esas sentidas evocaciones, hondísisimos y emocionados recuerdos, tal vez adquiera su máxima

significación aquella fecha de julio de 1930—faltaban muy pocos días para el Alzamiento—en la que ese

himno se cántara como una afirmación del noble propósito de darlo todo para que España se salvara.

Era en Marruecos, en el Llano Amarillo de Ketama. Se habían celebrado unas maniobras militares que

habían reunido allí —no sin evidente preocupación para el agonizante Gobierno del frente popular—a las

unidades de. todas las regiones de nuestra Zona de Protectorado y de las Planas de Soberanía españolas.

Al atardecer se han reunido todos los oficiales, y con unción religiosa han cantado el himno de la

Academia de Infantería. Se ha dicho, justamente, que aquel himno significó la puna conciencia del

peligro en que se encontraba la Patria y el juramento solemne de ofrendarlo todo para salvarla, ´dando la

batalla al comunismo, que ya había hecho presa en órganos fundamentales deja vida de España.

Grande, en efecto, fue la significación de aquel acto, pero ahora, en Garabitas, cuando han transcurrido ya

veintiséis años, adquiere relieve más acusado todavía.

Porque la situación dé España no era en aquellos días clara, ni el peligro que corría la Patria era fácil de

salvar. El peligro comunista era efectivo, la movilización contra España de las fuerzas internacionales que

habían sido—en el curso de los siglos— nuestros eternos y encarnizados enemigos, también. Aquellos

oficiales reunidos en Ketama en acto de fe tenían conciencia plena de que España sólo se salvaría con la

entrega, generosa de todos.

De aquellos oficiales que cantaron en Ketama el himno de la Academia de Infantería, muchos murieron

heroicamente; otros fueron figuras señeras de nuestra gloriosa Cruzada...; todos, sin excepción, fueron

fieles a su juramento. Hoy podemos mirarlos como símbolo de aquella fe de los españoles absolutamente

decididos a salvar a la Patria.

Ahora, en Garabitas, ese himno de la Academia de Infantería que cantaron los alféreces provisionales

en nombre propio y en él de los que murieron heroicamente para legarnos una. línea clara de deber, y que

cantó con ellos el Caudillo, el capitán victorioso dé nuestra gloriosa Cruzada, parecía la renovación de

aquel juramento.

Son muy distintas—es cierto—las circunstancias. La victoria de Franco sobre el comunismo; su fe en el

período difícil de la posguerra.; la claridad con que hoy se ve lo justo de su orientación; la honda

revolución social, económica y política de España en el cuadro de su tradicional v hondo sentido

cristiano; las generaciones formadas en esa mística de no dejarnos arrebatar el tesoro de nuestra tradición

y de nuestra grandeza, constituyen hoy una barrera infranqueable para los enemigos de España.

Unos enemigos a quienes convendría meditar sobre esa realidad, tantas, veces hecha carne, victoria y

heroísmo, de nuestra Cruzada, de unos españoles que por ver a España "temida y honrada, contentos tus

hijos irán a la muerte".

VOZ ALERTA DE GABABITAS

Han pasado veinticinco años y siguen siendo alféreces provisionales. Hombres ya maduros, en su mayoría

padres de familia, con el lote correspondiente de teoremas, aflicciones y experiencia que la vida

distribuye entre todos los mortales; veteranos de la guerra, con cicatrices en el cuerpo y en el espíritu;

supervivientes de unas promociones a las que el destino dividió en partes iguales, negándole a una mitad

la visión victoriosa de la contienda, aunque no pudo quitarle el presentimiento del triunfo. Un cuarto de

siglo después siguen llamándose alféreces y lucen en sus solapas la franja con la estrella de la gloriosa

provisionalidad perpetuada con carácter de permanencia con votos solemnes. Varios miles de

supervivientes acudieron, muchos acompañados de sus hijos, al cerro de Garabitas, escenario de una de.

las tormentas de fuego y metralla más terribles de las desencadenadas en la Cruzada.

Acontecimiento emocionante fue el del domingo, por la condición de los convocados y por la presidencia

del Jefe, el mismo que los dirigió en las jornadas inciertas y desgarradas de la guerra, firme y seguro

como ayer en su puesto de mando.

Se conmemoraba el XXV aniversario de todas las promociones de alféreces provisionales y la entrega al

general Franco del carnet número uno de. la Hermandad. Y el Caudillo, a aquella muchedumbre de

veteranos que un día partieron de medios ajenos a cuanto significaba milicia y terminaron por ascender a

las más ásperas cumbres de la vida del soldado en su condición de guardianes de la Victoria, como en

varías ocasiones les ha definido, "que montan la centinela de la Patria en todos sus estadios", les dio el

grito de alerta. Porque una vez más el enemigo de todos conocido, cuyos antros están situados más allá de

la frontera, trata de infiltrarse y busca la complicidad de quienes pueden´ alentar todavía impulsos de

revancha. Una maniobra más en la larga serie desbaratada en un cuarto de siglo, con la presencia ahora en

la confabulación de algún elemento eclesiástico a quien la pasión política oscurece y enturbia su celo.

Excesos "que la propia Iglesia corrige, sin que por ello se altere la armonía entré las dos potestades, que

conocen perfectamente a sus comunes enemigos .

Lamentable es que en esta ocasión hayan secundado la aviesa maniobra algunas gentes trabajadoras,

conocedoras de la preocupación del Estado, verdaderamente social, por dar satisfacción a las legítimas

aspiraciones laborales, en cuya consecución ha avanzado más que en ningún otro Estado, pero al que no

se le puede coaccionar y exigir sin menoscabo de su propio ser y autoridad el quebrantamiento de

aquellos principios básicos para el progreso y desarrollo del país, sin los cuales no se concibe

organización económica digna de este nombre.

Muy chocante resulta el planteamiento de las cuestiones, con desprecio y preterición de lo legislado,

cuando la vida nacional ha entrado en período de reactivación y se han negociado o están en trámite

centenares de convenios colectivos y en estudio para su inmediata aprobación reglamentaciones de

trabajo que afectan a todas las ramas de la actividad laboral. Estos hechos no son ignorados por aquellos a

quienes directamente les favorecen. La perturbación se produce sin previa advertencia, a sabiendas de que

predomina en gobernantes y empresas un espíritu decidido, mejor diríamos sistemáticamente conciliador

y favorable a las mejoras, de lo cual existen pruebas categóricas, porque es innegable que aunque les

cueste reconocerlo a nuestros adversarios, "nos hemos adelantado en muchos años a la evolución del

mundo", y los progresos están materializados en obras de las que se beneficia toda la clase productora : en

su educación, en su formación profesional, en sus enfermedades, en sus ocios, en sus aficiones, en su

invalidez, en su ancianidad y en los momentos culminantes de su vida.

Este espíritu social irrita, y subleva a los folicularios de hojas clandestinas o voceros de las radios

comunistas, domesticados para propagar que los trabajadores españoles viven esclavizados, hambrientos

y miserables, abandonados por el poder público y explotados por las empresas, a los cuales se les incita a

la subversión, para desbaratar nuestras estructuras, inutilizar los planes de resurgimiento y desarrollo,

prometiéndoles, como hace veinticinco años, la felicidad, previo el aniquilamiento y desorden de la.

producción, la ruina de las industrias y el paro, porque el catastrófico es el único camino por el que puede

marchar el comunismo, que ya ha declarado ofilialmente "no vacilará en. asumir la iniciativa y la

dirección de la lucha para derribar el régimen y salvadla paz".

El general Franco, que tantas veces ha acreditado sus dotes de vigía y de guía, dio la voz de alerta a los

alféreces provisionales congregados en Garabitas, para que resonara y la oyeran todos los españoles. La

actual ofensiva, "una más de las que desde fuera se lanzan periódicamente contra nuestra patria,", acabará

como han terminado todas, rota su furia en los acantilados de la tazón y de la fortaleza española. "Nada

más tranquilizador—dijo Franco—que contemplar él espíritu y la fidelidad de los alféreces

provisionales."

 

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