Sevilla tributó a Franco un cariñoso recibimiento  :   
 "Existen en España --dijo el Jefe del Estado a los sevillanos-- un régimen y una doctrina que no serían posibles si no estuvieramos todos los españoles unidos". 
 ABC.    31/05/1964.  Página: ?,65-66. Páginas: 3. Párrafos: 31. 

ABC. DOMINGO 31 DE MAYO DE 1964. EDICION DE LA MAÑANA. PAG. 65.

SEVILLA TRIBUTO A FRANCO UN CARIÑOSO RECIBIMIENTO

"EXISTEN EN ESPAÑADIJO EL JEFE DEL ESTADO A LOS SEVILLANOSUN RÉGIMEN Y UNA

DOCTRINA QUE NO SERIAN POSIBLES SI NO ESTUVIERAMOS TODOS LOS ESPAÑOLES

UNIDOS"

El Caudillo visitó barriadas de viviendas protegidas y obras públicas

Sevilla 30. (De nuestro corresponsal, por "telex".) Franco ha querido vivir con los sevillanos la gran

jornada de la coronación canónica de la Macarena, gesto cordial, expresivo, que ha calado profundamente

en la sensibilidad de la metrópoli andaluza, como se ha patentizado en el triunfal recibimiento tributado al

Jefe del Estado. Ha sido una mañana redonda, luminosa de mayo, de temperatura agradable, oreada por

un viento que hacía tremolarlas numerosas banderas que engalanan las calles sevillanas, que presentaban

animadísimo aspecto. Poco después, todo este luminoso y risueño cuadro se caldearía con las

aclamaciones, los vítores y los aplausos que han ido acompañando, en una marea de entusiasmos

populares, el paso del cortejo oficial.

El Jefe del Estado llegó minutos después de las once y media al aeropuerto transoceánico" de San Pablo,

en el Caravelle de la Iberia, acompañado de su esposa, doña Carmen Polo de Franco, y de su hija, la

marquesa de Villaverde. Asimismo viajaban en el avión el ministro de Justicia, señor Iturmendi—que_

viene de ministro de Jornada—; el ministro del Aire, teniente general Lacalle; el jefe de la Casa Civil,

conde de Casa Loja; jefe de la Casa Militar, teniente general Samaniego, y el segundo jefe de la misma,

vicealmirante Fontán.

Esperaban a Sus Excelencias el teniente general jefe de la Región Aérea del Estrecho, Sr. Llop Lamarca,

y el capitán general de la II Región, Sr. Galera Paniagua, así como el segundo jefe e intendente de la Casa

Civil, Sr. Fuertes de Villavicencio. En la pista central del aeropuerto aguardaban también la llegada del

Jefe del Estado los ministros de Educación Nacional, D. Manuel Lora Tamayo; de la Vivienda, D. José

María Martínez Sánchez-Arjona; presidente del Consejo de Economía Nacional y delegado del Gobierno

para Sevilla, D. Pedro Gual Villalbí; directores generales de Seguridad, señor Arias; de Radiodifusión y

Televisión, señor Aparicio Bernal; de Enseñanza Laboral, Sr. Aleixandre, y de Asuntos Eclesiásticos, Sr.

Puigdollers; capitán general del Departamento Marítimo de Cádiz, almirante Cervera: general-jefe de la I

Zona de la Guardia Civil, Sr. Canís Matute; gobernador civil, D. José Utrera Molina: presidente de la

Diputación. Provincial, D. Miguel Maestre y Lasso de la Vega; gobernador militar de la plaza, Sr. Asúa

Sejournant, y otras autoridades militares y civiles.

Franco, que vestía uniforme de capitán general, se dirigió a una pequeña tribuna en tanto se interpretaba

el Himno Nacional y se disparaban las salvas de ordenanza. A continuación, acompañado del ministro del

Aire y del teniente general jefe de la Región Aérea, pasó revista a la, escuadrilla del ala de casa número

siete, de guarnición en Tablada, que, con bandera, escuadrón y banda de música, rindió honores, y luego

saludó a los ministros, autoridades y personalidades que le esperaban. Momentos después, el Jefe del

Estada, acompañado de su esposa y de su hija, a, las que les habían sido ofrecidos ramos de flores, y de

las autoridades, presenció desde una tribuna el desfile de las fuerzas.

Terminado éste se puso en marcha el cortejo oficial. Franco y su esposa ocuparon un coche cubierto, al

que seguían los del séquito. El paso por los populosos barrios periféricos de Sevilla, especialmente el

Polígono de San Pablo, la Trinidad, Puerta Osario, Florida y Menéndez Pelayo, se vio subrayado por las

aclamaciones de la multitud, que se había congregado para tributar su homenaje entusiástico al Jefe del

Estado.

Numerosos taxistas acudieron a darle la bienvenida, haciendo sonar jubilosamente el claxon de sus

vehículos.

RECEPCION OFICIAL DE LA CIUDAD

En La Pasarela se efectuó la recepción oficial de la ciudad. Se encontraba allí el alcalde, D. José

Hernández Días, acompañado de la Corporación Municipal. El Jefe del Estado abandonó el coche que le

había conducido desde el aeropuerto y fue cumplimentado por el alcalde, que le ofreció el bastón de

mando de la ciudad, .entre los vítores incesantes de la multitud. A la señora de Franco le fue ofrecido un

magnífico ramo de flores. El Jefe del Estado, acompañado del alcalde, ocupó después un coche

descubierto, y la comitiva se puso en marcha hacia la catedral por la calle de San Fernando, la Puerta de

Jerez y la avenida de Queipo de Llano. Fue un recorrido triunfal por la carrera profusamente engalanada y

cubierta por fuerzas del Ejército de Tierra, que presentaban armas al paso del Jefe del Estado, y entre el

desbordado entusiasmo de una multitud compacta que lo ocupaba todo. Un recibimiento vibrante, da

incontenible júbilo, que sobrepasa a todos los tributados por Sevilla en anteriores ocasiones.

EN LA CATEDRAL

El cortejo llegó a la catedral sobre las doce y media. Una compañía del Regimiento de Soria número 9 se

hallaba formada frente al templo metropolitano. Todos aquellos amplios lugares se encontraban

materialmente abarrotados por una apretada multitud, que acogió la presencia del Jefe del Estado con un

entusiasmo incontenible Franco, desde un podio levantado al efecto, escuchó el himno nacional y

posteriormente pasó revista a 1as tropas. A continuación saludó a las autoridades, representaciones y

personalidades que le esperaban y se dirigió a la catedral, con su esposa, que había llegado acompañada

de la. señora de Hernández Díaz. Sus Excelencias entraron por la Puerta del Príncipe, que sólo se abre en

ocasiones excepcionales, y penetraron en el templo bajo palio, cuyas varas eran portadas por canónigos

beneficiados de la catedral. En la Puerta del Príncipe esperaban al Jefe del Estado el cardenal arzobispo,

doctor Bueno Monreal, revestido de pontifical, que le dio a besar el "Lignun crucis"; el cabildo

catedralicio. Junta directiva de la Hermandad de la Macarena y representaciones de otras Hermandades.

El Hermano Mayor de la Cofradía macarena, don Ricardo de Zubiría, entregó a Franco la vara de

Hermano Mayor honorario.

El cortejo se dirigió al altar levantado en el crucero para el triduo de la coronación de la Macarena,

mientras la Escalonía de la Virgen de los Reyes entonaba motetes. Las inmensas naves se veían

abarrotadas de fieles.

Sus Excelencias oraron brevemente ante la venerada imagen y ocuparon un sitial, en el lado del

Evangelio. Seguidamente el doctor Bueno Monreal entonó la Salve, que fue cantada por la Escolaría.

Terminada aquélla con las oraciones de ritual, el cardenal arzobispo bendijo la única Medalla de Oro de la

Coronación, que le fue entregada el Jefe del Estado por el señor Zubiría.

El Generalísimo y su esposa se dirigieron después a la Capilla Real, donde se venera el cuerpo incorrupto

del Rey San Fernando, descubierto hoy por celebrarse su festividad, y ante el que oraron unos momentos.

Más tarde abandonaron el templo catedralicio, siendo despedidos en la Puerta del Príncipe por el doctor

Bueno Monreal,

EN EL ALCAZAR

El recorrido de la catedral al Alcázar lo hizo a pie el Jefe del Estado, acompañado de su esposa y séquito,

entre una verdadera marea humana que le aclamaba incesantemente. En la Puerta del León fueron

rendidos honores, y el conservador de los Reales Alcázares, don Joaquín Romero Murube, hizo entrega

simbólica de la llave de aro de la fortaleza a Franco, que se dirigió al cuarto del Almirante, donde departió

unos momentos con las autoridades, para trasladarse más tarde a las dependencias superiores.

La multitud, en tanto, invadió el Patio de la Montería, reclamando la presencia del Jefe del Estado, que

hubo de asomarse al balcón para saludar, emocionado, a los sevillanos que le aclamaban con ardoroso

entusiasmo. Ante la insistencia de la multitud, Franco les dirigió la palabra. Las aclamaciones, los vítores,

las expresiones de júbilo popular, interrumpieron casi constantemente su alocución.

PALABRAS DEL JEFE DEL ESTADO "Sevillanos: Muchas gracias por este entusiasmo, que es una

afirmación de fe. (una voz: "¡Te la mereces!" Grandes aplausos.) Siempre que vengo a Sevilla lo hago

con el corazón abierto al recuerdo de aquellos primeros días de la guerra, cuando vuestro entusiasmo...

(los aplausos entusiásticos interrumpen a Su Excelencia) ... y la fe en la victoria me acompañaban por

boca de vuestros padres, por boca de vuestros hermanos y de vuestros abuelos. (Grandes aplausos.) Sois

los hijos de aquella victoria conseguida por las armas, que ha salvado los valores espirituales de nuestra

Patria, que nos permite venir hoy como romeros cerca de la Virgen de la Macarena... (otra indescriptible

salva de aplausos no deja continuar al Caudillo) ... rendirle el homenaje de los españoles todos, amantes y

servidores de la Virgen en todas sus advocaciones. (Grandes aplausos.)

Esta victoria ha hecho posible que hoy podamos disfrutar de estos veinticinco años de paz gracias al

esfuerzo de los que cayeron. (Una voz: "¡Y al tuyo!" Grandes aplausos.) Por el esfuerzo de nuestros

mejores hijos y, sobre todo, porque existen en España un Régimen y una Doctrina, una doctrina de

unidad, una doctrina de justicia social, una doctrina de continuidad, que no seria posible si no

estuviéramos todos los españoles unidos en un mismo pensamiento de engrandecer a España y repartir sus

rentas entre los españoles. (Calurosísima ovación y gritos de ¡Viva Franco!)

¡Arriba España!"

Como decimos, los vítores y las aclamaciones interrumpieron casi constantemente al Jefe del Estado y se

repitieron en forma apoteósica al término de la alocución. Entonando el "Cara al sol", cuyos vítores dio

Franco, la multitud permaneció aún en el Patio de la Montería, renovando su homenaje al Jefe del Estado,

que correspondía emocionado a esta impresionante manifestación de afecto de los sevillanos.

Finalmente, Su Excelencia se despidió de las autoridades y personalidades y se retiro a sus

habitaciones.—Antonio COLON.

VISITA A BARRIADAS Y OBRAS PUBLICAS

Sevilla 30. A las siete y cuarto de la tarde el Jefe del Estado abandonó el Alcázar para realizar diversas

visitas de carácter privado. Le acompañaba en el coche el gobernador civil y jefe provincial del

Movimiento, señor Utrera Molina. En otros vehículos iban los ministros de Justicia y Vivienda, señores

Iturmendi y Martínez Sánchez-Árjona, respectivamente; el jefe de la Casa Civil, conde de Casa Loja; el

segundo jefe, señor Fuertes de Villavicencio; el alcalde de la ciudad, señor Hernández Díaz, y otras

autoridades y personalidades.

En primer lugar se dirigió Su Excelencia a la barriada de Juan XXIII, donde por la Obra Sindical del

Hogar se construyen mil viviendas unifamiliares de dos plantas. Las autoridades mostraron al Caudillo las

maquetas de la barriada, así como una vivienda-tipo, que Su Excelencia visitó detenidamente y en la caal

se hallaba expuesto el cuadro general de las necesidades de la capital en orden a la vivienda.

Luego se dirigió al Polígono Sur, en cuya zona están en construcción más de mil viviendas prefabricadas.

El Caudillo contempló los planos de este núcleo, así como la instalación de una pequeña vivienda-tipo, de

las que se pueden instalar de 30 a 40 diarias.

Seguidamente, en la estación de bombeo del Tamarguillo, el director general de Obras Hidráulicas

explicó al Caudillo el proyecto de esta obra, cuyo principal objeto es evitar el desbordamiento del citado

arroyo, que tiene su origen en la dificultad de desaguar en el río Guadaira cuando éste se halla muy

crecido de nivel.

Por último, el Caudillo ha visitado la estación depuradora de aguas del nuevo abastecimiento a Sevilla. El

director general de Obras Hidráulicas y otros técnicos facilitaron a Su Excelencia datos sobre el

funcionamiento de esta importante obra, que forma parte principalísima del plan de abastecimiento de

agua potable, no sólo para atender las necesidades de la capital sino las de 38 pueblos de la provincia. La

ciudad viene beneficiándose de esta ingente obra realizada por el Estado y el Ayuntamiento de Sevilla

desde hace varios meses.

A las nueve menos cuarto de la noche el Caudillo se reintegraba a su residencia, siendo despedido por las

autoridades que le habían acompañado.

En la barriada de Juan XXIII y en los demás lugares visitados, así como a lo largo del trayecto, el

Generalísimo fue objeto de reiteradas demostraciones de respeto y afecto por parte de los sevillanos,

expresiones que se intensificaron a su llegada al Alcázar, donde el público se había concentrado en muy

crecido número.—Cifra.

 

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