Autor: Colón, Antonio. 
   Franco preside en Sevilla la solemne coronación canónica de la Virgen de la Macarena  :   
 El mal tiempo impidió que la ceremonia se celebrara en la Plaza de España. 
 ABC.    02/06/1964.  Página: 43-44. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

ABC. MARTES 8 DE JUNIO DE 1964. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 43,

FRANCO PRESIDE EN SEVILLA LA SOLEMNE CORONACION CANONICA DE LA VIRGEN DE

LA MACARENA

Miles de fieles, que abarrotaban las naves de la Catedral hispalense, prorrumpieron en vítores y aplausos

cuando el cardenal Bueno Monreal colocó la corona a la imagen

FUE LEIDA UNA CARTA DE S. S. PABLO VI, EN LA QUE EXALTA EL AMOR DE SEVILLA A

MARIA

EL MAL TIEMPO IMPIDIO QUE LA CEREMONIA SE CELEBRARA EN LA PLAZA DE ESPAÑA

Sevilla I. (Crónica de nuestro corresponsal, por teléfono.) No pudo celebrarse la coronación canónica de

la Virgen de la Macarena en la plaza de España, en el grandioso semicírculo de ladrillos dorados,

mármoles blancos, forjas y polícromos azulejos trianeros que el genio creador de don Aníbal Gónzalez

levantó en el corazón del parque de María Luisa. La inclemencia del tiempo lo impidió. La ceremonia

litúrgica tuvo, pues, por marco el mismo que ha encuadrado el triduo preparatorio. El crucero de la

catedral hispalense, en la puerta de la Concepción, junto al Patio de los Naranjos, cerca de la capilla real,

donde se venera a la Patrona de la archidiócesis, Nuestra Señora de los Reyes, y una dorada urna guarda

los restos del Rey San Fernando, Patrón de la ciudad.

A las seis de la mañana del domingo, hora en que la Macarena debía, ser trasladada en su "paso", en

rosario de la aurora, a la flasa de España, un inmenso gentío, a pesar de la lluvia y el viento que azotaban

con fuerza, se congregó en los alrededores de la catedral. Cuando se desistió de la procesión y se abrieron

las puertas del templo, la multitud invadió las naves para acercarse al "paso" de la Macarena, que aparecía

con toda su candelería encendida y un soberbio adorno de claveles blancos y gladiolos en jarras, en

cenefas y en macizos. La Virgen, bellísima, lucía preciosa saya, un finísimo encaje del siglo XVII,

formando las tocas, y el magnífico manto de terciopelo de Lyon, verde, bordado en oro, que estrena para

su coronación. Sobre su pecho, las famosas flores de esmeralda, regalo de Joselito, y las medallas de oro

que le han ofrendado Hermandades sevillanas; llevaba también el rosario de oro que le fue donado por

Juan XXIII. Ante el "paso" se rezó el Santo Rosario, se cantaron Salves y se dijeron misas. Más tarde se

anunció que, ante la persistencia del mal tiempo, la ceremonia de la coronación canónica se celebraría en

la catedral, a las siete y media de la tarde.

Durante todo el día no cesaron las visitas y las ofrendas de flores a la Macarena, y a la hora de comenzar

los actos, el grandioso templo metropolitano hispalense, uno de los mayores de la cristiandad y, desde

luego, el más grandioso de España, se vio abarrotado de fieles. El aspecto de las majestuosas naves,

ocupadas por la multitud, era realmente impresionante. Muchas personas utilizaban pequeños espejos,

alzándolos sobre el mar de cabezas, para poder seguir los detalles de la ceremonia. El "paso" de la

Macarena había sido colocado ante el altar, donde se ha venido celebrando el triduo.

Poco después de las siete de la tarde llegó a la catedral el cardenal-arsobispo, doctor Bueno Monreal, al

que acompañaba el Cabildo; los arzobispos de Catania (Italia) ; preconizado de Zaragoza, doctor Cantero

Cuadrado; de CádizCeuta, doctor Añoveros; auxiliar de Sevilla, monseñor Cirarda; abad mitrado del

monasterio de Poblet y el canónigo de la Basílica Vaticana, monseñor Altabella, que actuó de

protonotario apostólico. El cardenal pasó a ocupar su trono, donde se revistió de los ornamentos

pontificales. Los demás prelados se colocaron en sitiales, al lado de la Epístola.

LLEGADA DEL JEFE DEL ESTADO

Momentos después de las siete y media hizo su entrada en el templo, por la puerta

de los Palos, Su Excelencia el Jefe del Estado, acompañado de su esposa, doña Carmen Polo de Franco;

su hija, la marquesa de Villaverde, y séquito. A su llegada fue cumplimentado por los ministros de

Justicia, señor Iturmendi; de Comercio, señor UUastres; de Educación Nacional, señor Lora Tamayo; del

Aire, señor Lacalle; de la Vivienda, señor Martínez y SánchezArjona; presidente del Consejo de

Economía Nacional, delegado para Sevilla, señor Gual Villalbí; las primeras autoridades sevillanas y el

hermano mayor de la Hermandad de la Macarena, don Ricardo de Zubiría. Franco vestía uniforme de

capitán general y su esposa se tocaba con mantilla negra. Llevaban pendientes del cuello la medalla de

oro de la coronación. Sus Excelencias pasaron a ocupar el trono colocado al lado del Evangelio, mientras

la marquesa de Villaverde lo hacía en lugar reservado junto al alcalde, y los ministros se situaban en

sitiales fronteros al altar. Detrás de éstos tomaron asiento las autoridades, personalidades y

representaciones. Frente al "paso", sobre un cojín de terciopelo rojo, estaba la corona de oro que había de

serle impuesta a la Virgen, soberbia pieza construida en 1912, costeada por cofrades y devotos y que ha

sido reforzada y enriquecida con brillantes y piedras preciosas. Al lado derecho de la corona tomaron

asiento la princesa doña Esperanza de Borbón y Orleans de Bragansa, camarera de honor de la Virgen, y

su sobrina la princesa Ana de Francia, hija del conde de París. A la izquierda se situaron los padrinos de

la coronación, el alcalde don José Hernández Díaz, en representación de la ciudad de Sevilla, y la señorita

Inmaculada Rodríguez, por delegación de la Comunidad de Hermanas de la Cruz.

Seguidamente comenzó la solemne misa de pontifical, oficiada por el cardenal arzobispo, asistidos por

capitulares del Cabildo metropolitano. En la ceremonia se utilizaron los ricos paramentos que se

estrenaron a principio de siglo para la coronación de la Virgen de los Reyes. La Asociación Coral

Sevillana, con orquesta, cantó la misa de la coronación, de Mozart.

LA CORONACION

Terminada la misa, el canónigo del Cabildo de San Pedro de Roma, monseñor Altabella, dio lectura a la

bula pontificia, firmada por el cardenal Marella, decretando la coronación canónica de la Macarena.

Después de bendecida la corona, el cardenal y el alcalde la pusieron sobre las sienes de la Esperanza,

momento que fue acogido con una gran ovación, en tanto los ¡vivas! a la Virgen retumbaban bajo las

inmensas bóvedas. Las lágrimas brillaban en muchos ojos. Luego el cardenal Bueno Monreal rezó las

preces litúrgicas y prendió en la saya de la Virgen su cruz pectoral, besando, por último, las manos de la

imagen. A continuación el obispo auxiliar, doctor Cirarda, leyó la carta dirigida por el Papa Pablo VI, con

motivo de la coronación, al doctor Bueno Monreal.

Después, el cardenal Bueno Monreal pronunció una alocución en la que, tras referirse al acto y a la

presencia del Jefe del Estado, que ha querido venir como romero de la Macarena, gesto que ha sabido

apreciar Sevilla, exaltó el amor de los sevillanos a la Virgen de la Esperanza, y terminó diciendo:

"Queremos que ella sea nuestra Reina¡ pero nosotros le juramos que seremos siempre sus fieles

ciudadanos, sus hijos más devotos, sus amantes sevillanos sinceros, que desarrollen el bien de la ciudad,

de los hogares, de las fábricas y campos, bajo el amparo de María, de quien esperamos un día la

bendición eterna del Señor. Todos unidos ahora, demos gracias al Señor, cantando el himno de gracia. A

ti, Señor, alabamos y bendecimos."

La solemne ceremonia terminó con un "Te Deum". El Jefe del Estado y su esposa fueron despedidos por

las autoridades y jerarquías presentes. El gentío que llenaba la plaza de la Virgen de los Reyes acogió su

presencia con vítores y aclamaciones. El trayecto de la Catedral al Alcázar lo hicieron Sus Excelencias

entre este cariñoso homenaje de los sevillanos.

En la Catedral numerosos fieles continuaron en torno al paso de la Macarena, que recibió durante largo

rato el emocionante homenaje de sus devotos.—Antonio COLON.

 

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