Franco preside los solemnes actos del XXVII aniversario de la liberación de Bilbao  :   
 El Jefe del Estado recibió el homenajes de los bilbaínos, que saludaron su presencia con vítores y ovaciones. 
 ABC.    20/06/1964.  Página: 59-60. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

ABC. SABADO 20 DE JUNIO DE 1964. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 59.

FRANCO PRESIDE LOS SOLEMNES ACTOS DEL XXVII ANIVERSARIO DE LA LIBERACIÓN

DE BILBAO

Fue oficiada una misa de campaña y se celebró un desfile, en el que intervinieron representaciones de las

Fuerzas Armadas y de los excombatientes

EL JEFE DEL ESTADO RECIBIO EL HOMENAJE DE LOS BILBAINOS, QUE SALUDARON SU

PRESENCIA CON VITORES Y OVACIONES

Bilbao 19. Esta mañana S. E. el Jefe del Estado ha presidido los solemnes actos con que el pueblo

bilbaíno ha celebrado esta fecha, 19 de junio de 1964, en que se cumplen los XXVII años de la liberación

de la capital de Vizcaya. Se iniciaron con una misa de campaña en la plaza de Federico Moyúa, en la que

se había instalado un altar sobre una plataforma, en el jardín central. Las aceras y balcones que bordean la

plaza estaban abarrotados de público.

El Caudillo salió del Gobierno Civil a las once en punto de la mañana. Iba precedido por los jefes de sus

Casas Militar y Civil y acompañado por el presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, don Esteban

Bilbao, y por los ministros de Justicia, Gobernación, Educación Nacional, Industria, Obras Públicas,

secretario general del Movimiento, Trabajo y Vivienda.

En el momento de subir la plataforma, donde fue cumplimentado por el capitán general de la VI Región,

se dio suelta a algunas palomas que sobrevolaron la plaza, entre los aplausos y vítores de la

muchedumbre.

Franco tomó asiento bajo un dosel situado en el lado del Evangelio, y el obispo de la diócesis lo hizo en

otro, en el lado de la Epístola.

Tomaron asiento, en las primeras filas instaladas en la plataforma, el presidente de las Cortes, los

ministros y las restantes autoridades llegadas en estos días a Bilbao.

Ofició la misa el vicario general castrense de la diócesis, doctor Parra. En el momento de la

Consagración, mientras sonaban los acordes del Himno Nacional, se dio nuevamente suelta a gran

cantidad de palomas.

Desde el balcón principal del Gobierno Civil, asistió a la ceremonia la esposa del Caudillo, doña Carmen

Polo de Franco, acompañada por las esposas de los ministros.

ENTUSIASMO DE LOS BILBAINOS

Una vez finalizada la misa, el Generalísimo descendió de la plataforma, entre los enfervorizados

aplausos de la multitud, y se dirigió, en compañía de los ministros y autoridades provinciales y locales, al

Gobierno Civil, en tanto que el gentío corría hacia la Gran Vía, donde había de tener lugar el desfile de

los XXVII años de la liberación

A las once y media, Su Excelencia llegó a la Gran Vía, a pie, rodeado por las personalidades de su

acompañamiento mientras era interpretado el Himno Nacional.

Desde su aparición, los aplausos, vítores, gritos de ¡Viva Franco! y el flamear de banderas y pañuelos,

fueron incesantes, hasta que llego a la tribuna, desde la que había de presenciar y presidir el desfile de las

tropas, sucediéndose luego, en el curso de la parada, nuevas manifestaciones de entusiasmo y adhesión al

Caudillo.

La Gran Vía presentaba un aspecto impresionante. Las aceras, balcones y terrazas se econtraban repletas

de público.

Colocadas sobre la calzada, había eran numero de banderas con los colores nacionales y del Movimiento.

Igualmente aparecían muchas pancartas, con inscripciones como estas: "Los productores de Guernica

y Luno, saludan a Franco"; "Los obreros y empresarios de la alimentación, a las órdenes de su Caudillo";

"Gracias, Caudillo"; "El Sindicato del Combustible a tus órdenes", y una de ellas quizá la más expresiva,

y que destacaba por sus proporciones, decía: "Veinticinco años de paz disfrutados por las familias

campesinas de España, por ti y gracias a ti, Franco".

COMIENZA EL DESFILE

El desfile militar se inició con un pelotón de la Policía de Tráfico, al frente del cual marchaba el general

gobernador militar. Seguidamente hizo su paso ante el Generalísimo un grupo de Artillería Antiaérea de

calibre 8856; otro de la División 62 de Montaña, del calibre 155 y un tercero de la División 61, del calibre

10526. Las aclamaciones aumentaron al desfilar el grupo de reserva general de Artillería, de guarnición

en Burgos, con cañones de calibre 203. Son éstos de procedencia norteamericana y los más potentes con

que actualmente cuenta el Ejército español, pues están capacitados para disparar proyectiles con cabeza

atómica.

Tras las agrupaciones motorizadas pasa ron las fuerzas a pie, en las que figuraban tropas de Marina,

Infantería, Montaña, Paracaidistas, Guardia Civil y Policía Armada. Cerraron d brillante desfile los

excombatientes, con sus gloriosas bandera: y estandartes destrozados en los frentes que arrancaron

delirantes ovaciones de lo: espectadores. Entre ellos figuraban el Tercio de Nuestra Señora de Begoña y la

columna Sagardía. También desfilaron miembros del Frente de Juventudes.

Finalizado el desfile, que doña Carmen Polo de Franco había presenciado desde el balcón principal de la

Diputación Provincial, ante la cual estaba instalada la tribuna. Su Excelencia descendió de la misma entre

los incesantes aplausos y gritos de "Franco. Franco, Franco". Seguidamente, el Generalísimo penetró en el

Palacio de la Diputación, acompañado de su esposa, ministros y séquito. Frente a la escalera principal,

timbaleros y clarineros de la Corporación interpretaron el tradicional "Agur jaunak".

PALABRAS DEL GOBERNADOR CIVIL

Su Excelencia tuvo que salir al balcón, en unión de su esposa, para corresponder a los continuos vítores

de la población bilbaína. Una vez hecho el silencio, el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento

de Vizcaya, pronunció unas palabras.

"En nombre de todos los habitantes de la provincia de Vizcaya—dijo—, de sus autoridades y en el mío

propio, deseo expresar a V. E. y a su augusta esposa nuestro más respetuoso y cordial saludo de

bienvenida a Bilbao, con la expresión de nuestro sincera deseo de que vuestra estancia os sea sumamente

grata. Estamos profundamente agradecidos a la deferencia que nos habéis mostrado al dignaros acceder a

nuestro niego de que nos honrarais con vuestra presencia, precisamente en estas fechas solemnes en que

conmemoramos el XXVII aniversario de la liberación de la villa y los veinticinco años de paz en España,

llegados con la ayuda de Dios por vuestro providencial acierto.

Queremos asimismo, en tan solemne ocasión, rendir un tributo de respeto y admiración a nuestro glorioso

Ejército, que bajo vuestra acertada capitanía logró la victoria, que tantos frutos de bienestar ha conseguido

para nuestra querida España, así como dedicar un recuerdo emocionado a cuantos con el sacrificio de sus

vidas, de su sangre y de su esfuerzo hicieron posible este magnífico resurgir de la patria que en esta fecha

conmemoramos.

Y nada más, Excelencia, sino ofreceros la expresión de nuestra más profunda lealtad, respeto y adhesión,

reiterándonos, como siempre, a vuestras incondicionales órdenes."

DISCURSO DEL GENERALÍSIMO

A las palabras del gobernador civil contestó el Generalísimo con el siguiente discurso:

"Vizcaínos y españoles todos: Ante estos actos grandiosos, ante esta afirmación de fe y de seguridad para

el futuro, sobraban las palabras, pero tengo que desbordar mi corazón en gratitud a esta manifestación tan

firme, tan espontánea y tan grandiosa del civismo del pueblo de Vizcaya, del civismo de los españoles

aquí reunidos, (Grandes aplausos.) Este civismo con que venís, año tras año, celebrando la

conmemoración de la liberación de Bilbao, que verdaderamente es la liberación de un trozo querido de la

patria, tiene una significación mucho mayor que la de los primeros tiempos, después de estos veinticinco

años de paz fecunda en que las comarcas como ésta, industriosas y adelantadas, son las que mas lo notan,

después de estos veinticinco años podemos decir que el Movimiento Nacional, que el sentimiento de

nuestra doctrina, que la voluntad de nuestro credo está hoy más reluciente, más joven y más eficaz.

(Grandes aplausos y gritos de "Franco, Franco, Franco".)

Hace veinticinco años era España sola la que sufría, éramos incomprendidos por el mundo, porque no

podían comprender a dónde podían llegar las fuerzas del mal en su empuje.

Hoy es el mundo entero el que tiene que recorrer los pasos que nosotros hemos dado anteriormente y

tiene que reconocer... (grandes aplausos interrumpen las palabras de Su Excelencia) la pureza de nuestra

razón. Hoy podemos definir que no es la guerra caliente la que nos amenaza solamente, que seguramente

no estallará. Hay otra guerra paralela, hay otra guerra insidiosa, que es la guerra política, esa guerra

política en que hay dos frentes: un frente con doctrina, con enfoque, con poder de captación, con espíritu

y con ideales. ¿Qué le opone Europa a esa doctrina? ¿Qué es lo que se le opone? Sistemas viejos, sistemas

caducos, sistemas materialistas como los otros. Nosotros traemos una idea nueva, un rejuvenecimiento de

la política, una idea y un credo: el credo de la unión de todos los españoles bajo los principios

espirituales, nacionales y sociales. (Grandes y prolongados aplausos.)

Y para que esto sé logre hace falta la unión estrecha de los españoles. La unión y la comunión espiritual

más grande para que todo esto no se malogre y para que podamos asegurar, no otros veinticinco años de

paz, sino un siglo de paz nueva. ¡Arriba España! (Gran y prolongada ovación.)"

Terminado el discurso, el Caudillo, acompañado de su esposa y seguido de los ministros y demás

personalidades, pasó al despacho del presidente de la Diputación Provincial, don Plácido Careaba, quien,

le mostró ante unos mapas los planes de ordenación urbana y de la comarca de Vizcaya.

Terminada la visita, el Generalísimo se dirigió al Ayuntamiento.

EN EL AYUNTAMIENTO

Allí le fueron mostradas al Caudillo dos grandes maquetas en las que se exponen de forma gráfica los

problemas de Bilbao y su comarca en un futuro inmediato.

El Jefe del Estado se mostró muy interesado por esta serie de proyectos, y acto seguido pronunció la

siguiente alocución:

"Solamente unas palabras para agradecer al señor alcalde las suyas y para rogarle transmita a la población

de Bilbao mi agradecimiento por este recibimiento triunfal en la conmemoración de los 25 años de paz.

Evidentemente, son muy grandes los problemas que recaen en una población en crecimiento; este

crecimiento es una servidumbre que lleva emparejada y que obliga a atender todos los servicios con un

volumen muy superior a lo que podía calcularse. Pero esta es una obra que tenemos que agradecer a todos

los alcaldes que pasaron por Bilbao, a todas las corporaciones municipales, a todos los que han puesto su

interés y su espíritu de servicio en esta obra, a los cuales yo recuerdo en este momento por su cooperación

y por la lealtad con que han venido contribuyendo al desarrollo del Estado y de las instituciones durante

todo este tiempo. Muchas gracias a todos. ¡Arriba España!" (Grandes y prolongados aplausos.)

Más tarde asistió a un almuerzo ofrecido en su honor por el Ayuntamiento. (Cifra y Mencheta.)

 

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