Bajo nivel de consumo de las familias agrícolas     
 
 Ya.    18/05/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

BAJO NIVEL DE CONSUMO DE LAS FAMILIAS AGRÍCOLAS

Dedican el 52 por 100 de sus ingresos a productos alimenticios y bebidas, frente al 42 por 100 dedicado

por las familias no agrarias * El 37 por 100 no disponen de agua corriente en sus viviendas * Un 95 por

700 de la población activa agraria no disfruta de vacaciones anuales * El nivel de desempleo en las

zonas rurales es más de cuatro veces superior al existente en la industria

La consecuencia más inmediata del reducido nivel de las rentas agrarias - en 1974 las ventas de familias

no agrícolas superaron en un 50 por 100. aproximadamente a las rentas equivalentes de las familias

agrícolas - lo constituye el bajo nivel de consumo de las familias agrícolas, según se pone de manifiesto

en un estudio que publica la revista "Coyuntura Económica", editada por la Confederación Española de

Cajas de Ahorro.

Ofrecemos a continuación los aspectos más significativos de este interesantes estudios:

* Como muestra el cuadro, obtenido de la encuesta de presupuestos familiares, las familias agrarias

dedican el 52 por 100 de sus ingresos al consumo primario - productos alimenticios y bebidas -, frente al

42 por 100 dedicado por las familias no agrarias. Esta diferencia, importante, es aún más destacable si se

tiene en cuenta que el nivel de autoconsumo resulta más significativo en las familias dedicadas a la

agricultura. En consecuencia, la parte de su renta disponible para otros usos es relativamente menor, de lo

que da buena prueba el bajo nivel de equipamiento existente en las zonas rurales.

* Partiendo de la "encuesta de equipamiento y nivel cultural de las familias", publicada por el INF en

1976, se ha elaborado el cuadro tres, donde se trata de resumir algunos resultados que se estiman más

importantes. Es de señalar que aunque los datos elegidos son heterogéneos, y algunos de ellos

posiblemente discutibles, son lo suficientemente amplios y diferentes para mostrar de forma bastante

objetiva cuál es la situación real.

Pues bien, los resultados muestran, en primer lugar, la desigualdad existente entre el nivel de

equipamiento de la población agraria y la media nacional en todos los conceptos contemplados. Esta

desigualdad, cuando se refiere a bienes primarios, tales como la vivienda, resulta todavía más sensible. El

alto porcentaje de más de una persona por habitación (44 por 100), la no disposición en las viviendas de

servicios elementales como agua corriente (31 por 100) o servicios de aseo (44 por 100) así lo prueban.

En este contexto mayor es la dificultad para las familias agrarias de acceder a algunos bienes necesarios,

como el teléfono (91 por 100), y otros cuyo consumo está relativamente generalizado en otros sectores de

la sociedad, tales como frigorífico (53 por 100), lavadora (91 por 100), etc.

Además del nivel de equipamiento, las condiciones de vida de las familias pueden ser reflejadas por dos

hechos adicionales: a) un 95 por 100 de los activos agrarios no disfruta de vacaciones anuales, y b) el

nivel de desempleo es en las zonas rurales más de cuatro veces superior al existente en la industria (1976).

Las cifras anteriores ponen de manifiesto cómo el bajo nivel de rentas existente en el campo español

conduce a una reducida capacidad de gasto - expresado en el alto porcentaje del presupuesto que se

dedica a cubrir necesidades vitales -, que lleva inevitablemente a que las familias de obreros y pequeños

campesinos agrícolas no puedan acceder a determinados bienes y a que su nivel de equipamiento sea

excesivamente bajo.

Esta carencia de bienes privados, a cuyo uso han accedido gran parte de las familias españolas, se

ve agravada en las zonas rurales por la insuficiente dotación de bienes públicos. Los servicios sociales y

comunitarios resultan; en general, de difícil acceso para los habitantes de las zonas rurales tanto por la

escasa dotación existente como por la ineficacia que supondría su provisión en muchos casos.

Esta situación en que se mueve el campesino español ha constituido un importante factor - aunque no sea

el único - en el proceso de emigración, con el consiguiente descenso de la población activa agraria.

 

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