Autor: Baró Quesada, José. 
 Ayer, en El Escorial. 
 Franco y don Juan Carlos, en el capítulo de la Orden Militar de San Hermenegildo  :   
 Asistieron los ministros del Ejército, Marina, Aire e Información y Turismo. 
 ABC.    07/05/1975.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MIERCOLES 7 DE MAYO DE 1975.

AYER, EN EL ESCORIAL

FRANCO Y DON JUAN CARLOS, EN EL CAPITULO DE LA ORDEN MILITAR DE SAN

HERMENEGILDO

Asistieron los ministros del Ejército, Marina, Aire e Información y Turismo

Madrid. (De nuestro redactor político.) Franco, en su calidad de Jefe y Soberano de la Real y Militar

Orden de San Hermenegildo, presidió ayer por la mañana, con Don Juan Carlos, en lugar preferente, en la

iglesia vieja del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el capítulo de dicha. Orden. Asistieron, entre

otras personalidades, los ministros del Ejército, de Marina, del Aire y de Información y Turismo, el

teniente general jefe del Alto Estado Mayor, el capitán general de la I Región Militar, el arzobispo vicario

general castrense, diversos altos mandos de las Fuerzas Armadas y caballeros de las Ordenes de San

Fernando, Constantiniana de San Jorge, Cuerpo de Hijosdalgo de la Nobleza de Madrid, Malta, Santo

Sepulcro de Jerusalén, Santiago, Calatrava, Alcántara, Montesa, Real Estamento de la Nobleza de

Gerona, Real Hermandad de Infanzones de Illescas y Reales Maestranzas de Ronda, Granada, Valencia,

Zaragoza y Sevilla.

LLEGADA DEL CAUDILLO

El Jefe del Estado, que llevaba uniforme de capitán general, oyó el himno nacional desde un podio,

mientras numerosas personas congregadas en el exterior de la lonja le vitoreaban y aplaudían. Después

pasó revista a una compañía del Regimiento Inmemorial del Rey, que le rindió honores con bandera,

banda, escuadra y música, y estrechó seguidamente la mano al Príncipe de España, que vestía uniforme de

general del Ejército de Tierra, y a varias autoridades. Minutos antes las mencionadas Fuerzas habían

presentado armas, también a los compases del himno español, al estandarte de la Orden de San

Hermenegildo, portado por el coronel don Antonio Alemán, caballero capitular y laureado de San

Fernando.

PROCESION CON EL CRANEO DEL SANTO

Tras la ceremonia ritual del agua bendita y del «lignum crucis», bajo palio, sostenido por caballeros

capitulares, atravesaron Su Excelencia y Su Alteza Real el patio de los Reyes y penetraron en la basílica.

En la procesión, de la que ellos formaban parte, figuraba en un relicario, llevado por religiosos agustinos,

el cráneo del príncipe mártir, titular de la Orden.

Terminada la misa —en la que dieron vela a Jesús Sacramentado durante la consagración, con hachones

encendidos, cinco caballeros Grandes Cruces de los tres Ejércitos— se puso en marcha otra vez

procesionalmente la comitiva. En esa ocasión el punto de destino era la iglesia vieja. En su interior, con el

Caudillo, situado en el trono de Soberano de la Orden, se celebró capítulo secreto. En el centro de la sala,

una mesa con un expediente de ingreso, para ser examinado, y una bolsa con bolas blancas y negras para

la votación. Su Excelencia pronunció las palabras de costumbre:

«Se abre el capítulo de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Sentaos.» Oración al Espíritu

Santo rezada por el arzobispo vicario general castrense.

IMPOSICION DE GRANDES CRUCES

Transcurrieron unos cuantos minutos de sesión rigurosamente secreta. Nuevas frases ceremoniales del

Generalísimo: «Pasen los caballitos designados para la imposición de las Grandes Cruces.» Entraron

entonces en la sala capitular, acompañados de sus padrinos, el general de brigada de Infantería don

Eduardo Alarcón Aguirre, e) contraalmirante ingeniero de la Armada don Miguel Martín de Oliva y Rey,

el general auditor del Ejército del Aire don José María García Escudero.

Apertura de las puertas a los periodistas. Franco efectuó la imposición a los tres caballeros. Luego

concedió la palabra al gran canciller, teniente general Ruiz Martín, presidente del Consejo Supremo de

Justicia Militar. Este, en su breve intervención, tuvo frases de adhesión y respeto al Jefe del Estado y al

Príncipe de España.

Concluido el capítulo fue servido en otro lugar del monasterio un cóctel. Su Excelencia y Su Alteza Real

se retiraron poco después a Madrid entre nuevas demostraciones populares de cariño.—José BARO

QUESADA.

 

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