Autor: Sierra, Ramón. 
   ¿Para qué va a servir el consenso?     
 
 ABC.    26/07/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

MIERCOLES, 26 DE JULIO DE 1978. PAG. 3

¿PARA QUE VA A SERVIR EL CONSENSO?

Cuando empezó a hablarse de la Iniciación de un proceso autonómico general, la

mayor parte de los españoles creía que los vascos eran unos regionalistas que

pedían para sus tierras lo mismo, poco más o menos, que podían pedir tos

castellanos para las suyas, aunque ya se habían enterado de que algunos, los

menos, eran separatistas y apoyaban sus aspiraciones con bombas y metralletas.

No faltaban tampoco los que creían que todos los vascos eran separatistas. En

resumen: había una gran ignorancia sobre los problemas políticos de las

Vascongadas y de Navarra. Tampoco estaban mejor enterados la mayor parte de los

nuevos políticos, que han tardado años en darse cuenta de lo que realmente

pretenden los nacionalistas vascos del señor .Arzallus y los nacionalistas

vascos del señor Letamendía. No nps sorprende gran cosa esta ceguera porque —

como ya lo advertimos— la ambigüedad es el arma más eficaz que utiliza el P. N.

V. para desorientar a la opinión pública española, a la vasca... y al Gobierno

Suárez; aunque el Gobierno, en los últimos meses, ya no andaba desorientado,

sino ilusionado con la posibilidad de hallar una fórmula que permitiese aceptar

la Constitución a los nacionalistas vascos, con el fin de que ese navio salga a

flote aunque transporte varias cargas de «goma 2» en sus bodegas. Pocos,

supongo, habrán advertido el enorme servicio que han prestado a España, en el

humillante tira y afloja entre el Gobierno y el P. N. V. de estos últimos días,

Arzallus y Letamendía. Arzallus, el que parece más identificado con el

presidente del partido, Garaicoechea, es el primer nacionalista vasco, ortodoxo,

que se ha despojado, en Madrid y ante las Corles —porque en nuestra tierra las

ambigüedades siempre fueron menos densas— de sus velos dialécticos y ha llamado

al pan, pan, y al vino, vino: «Que se reconozca nuestra soberanía originaria´ y

nuestros Fueros, que se reconozca también el derecho que tenemos, por ser una

nación, a la autodeterminación; y nosotros, que no queremos convertirnos en una

Andorra, contribuiremos, sinceramente, a la creación de un nuevo Estado

confederal, al lado de los demás pueblos libres de España, cediendo, para ello,

la parte de nuestra recobrada soberanía que sea preciso, aunque estamos

dispuestos a retrasar algunas de nuestras reivindicaciones con el generoso

propósito de que no encalle el proceso democrático que estamos culminando: que

todos los pueblos libres, es decir, soberanos e independientes del Estado

español, se sienten en torno a una mesa para firmar, tan pronto como sea

posible, el acta de defunción de la España de los Reyes Católicos —o anterior,

si fuera necesario— y el acto de constitución del nuevo Estado.» A Letamendía no

le interesa sentarse en esa mesa: «Que nos den la independencia, y en paz; y que

nadie se extrañe de que haya jóvenes que luchan con las armas en la mano contra

los Imperialistas españoles.»

Cuando todo está ya tan claro, ¿por qué se ha empeñado el Gobierno en lograr un

consenso que no va a servir absolutamente para nada? Lo advertimos todos los

españoles vascos: ni la legalización ´de la «Ikurriña», ni la «legalización», en

la práctica, del término «Euzkadi», con grave ofensa para quienes hemos

defendido,´defendemos y defenderemos la unidad de España, no sólo la del Estado

español; ni la amnistía, en las condiciones en que se dio; ni la preautonomía;

ni la Policía autóctona; ni las posibles delegaciones o transferencias de las

intransferibles atribuciones del Estado; ni el reconocimiento de los Fueros...

servirán para tranquilizar y pacificar ni a los seguidores del que van a tener

en su mano la calle y la desobediencia civil— ni a los amigos de Letamendía, que

van a tener todo eso y mucho más. ¿Se da cuenta el Gobierno de las chirriantes

fricciones que se van a producir entre el Gobierno de Madrid y el de «Euzkadi»,

al día siguiente del referéndum constitucional, cuando se empiece a despejar la

maraña de las atribuciones del Estado Vasco? ¿Y el maremagnum que pueden

organizar, en la calle, los descontentos del P. N. V., a quienes les parecerá

muy poco lo conseguido? ¿Y las protestas que pueden venir, incluso de Cataluña,

por los privilegios que se otorgan a los vascos? ¿Y las que pueden organizar

«los demás», porque se ha concedido, de hecho, la representación de los vascos a

quienes el 15 de junio obluvieron, en las Vascongadas y Navarra, menos votos que

el P.S.O.E., y menos aún que aquellos que no quisieron votar ni al P. S. O. E.

ni al P. N. V.? ¿Qué va a hacer el Gobierno? ¿Sacar, «sin permiso», a las

Fuerzas del Orden a la calle, si es necesario, que lo va a ser?

Si las derechas españolas no se unen, las Vascongadas —Navarra es punto aparte—

quedarán en manos del P. S. O. E. ¿A quién van a votar los españoles vascos? ¿A

la U.C. D., que pacta con los que quieren la independencia, confederal o no, a!

contado o a plazos? ¿A las hasta ahora desmenuzadas y por ello casi inoperantes

derechas? Si resucitase Prieto, y continuase esta situación gaseosa, hasta las

monjas de clausura le votarían. Don Felipe no es Prieto, pero es sevillano...!

¿Se concibe un sevillano antiespañol? Nos nacionalizarían todo desde el «B. O.»;

de acuerdo. Y si llegan los P. N. V. no nos nacionalizarán nada, porque no

quedará ningún patrimonio, ni público ni privado. Todo será consumido en un

juego autonómico, alocado, devastador.

—Ramón SIERRA.

 

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