Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   ¿Por qué?     
 
 Diario 16.    02/02/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

SUAREZ ha abandonado la presidencia del Gobierno, pero las razones, dicen, no

están demasiado claras.

Yo, al igual que Eduardo Merigó, opino lo contrario. Entre líneas del discurso

presidencial, los motivos se adivinan. El constante y creciente hostigamiento,

el clamor en el interior de su partido —hasta Martín Villa señalaba, días antes,

que veía la postura de Suárez «difícil»— le hicieron imposible la labor de

gobernar afuera, donde también arreciaba el temporal.

Aparte, que el dimitir, como hecho ético y hasta estético, es un acto íntimo, en

soledad, que hay que respetar. Queda solamente la crítica lateral a la

precipitación, la sorpresa y el procedimiento.

Pero, ¿cuáles eran los principales cargos de sus oponentes en el seno de UCD?

Diversos y numerosos.

Según algunos dirigentes «críticos», el partido, bajo el liderazgo caudillista

de Suárez, no generaba ideas.

Los encuentros de la dirección colectiva comenzaban siempre con reflexiones

ditirámbicas a la labor realizada en el pasado.

SUAREZ, según estas tesis, tenía una visión abulense, provinciana, insular, de

cómo gobernar. Bajo su mandato, por ejemplo, la idea de Europa se había ido

diluyendo paulatinamente, hasta convertirse en una simple concepción de mercado

de vinos y cebollas. En las reuniones de partido —ejecutiva—, los temas

escabrosos se rehuían y su labor al frente del Consejo de Ministros era muy

discutible. Tanto, que alguno de sus compañeros de mesa le acusaban de acudir a

los Consejos sin una mínima preparación previa.

Esto, unido a otras incoherencias, como la que suponía sostener en un mismo

Gobierno dos políticas educativas distintas, como era la de Seara, en

Universidades, y la de Ortega, en Educación. Y así, la lista se alarga, en bocas

críticas, hasta el infinito.

PERO la crisis tiene antecedentes cercanos en la historia. Por ejemplo, en el

pasado mes de marzo del 80, Joaquín Garrigues, Landelino Lavilla y Paco Ordóñez,

ante la gravedad de la situación —se había producido el descalabro andaluz y

luego vendrían el vasco y el catalán, deciden sugerirle a Suárez que dimita.

Puestos al habla con Rodolfo Martín Villa, éste decide hacer un sondeo previo

entre su gente antes de dar el sí definitivo. Poco después, se reúnen en el

despacho de Joaquín Garrigues, en la madrileña calle de Miguel Ángel, para

ultimar detalles, y allí Rodolfo se vuelve atrás, con un argumento irrebatible:

Su «gente» no considera conveniente tal operación. A cambio propone darle un

serio aviso a Suárezz, que se sustancia en dos durísimas intervenciones en la

Permanente, a cargo de Rodolfo y Landelino.

¿Por qué?

 

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