Autor: Contreras, Rafael. 
 Agricultura española. 
 Entre el relievo y la reforma     
 
 Arriba.    11/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Agricultura española

ENTRE EL RELEVO Y LA REFORMA

ANTE la falta de datos más exactos podríamos aventurarnos a decir que en España hay en la actualidad

alrededor de un millón de hectáreas mal cultivadas. Este hecho viene a dar algún sentido a la reciente

ocupación de fincas por jornaleros andaluces, una noticia que ha saltado a las páginas de los periódicos

más con afán de sen-sacionalismo que con el sano propósito de enfrentarse con el eterno problema del

campo español. El sector agrario está necesitado de una vertebración política y sindical de la que ha

carecido hasta ahora. No habrá que echar la culpa a los agricultores de las deficiencias técnicas que

puedan apreciarse en sus reivindicaciones: los datos sobre los que se basa toda reivindicación no están

siempre a disposición de quienes los necesitan, sino de quienes los rehuyen por miedo a la verdad.

El latifundio —pese a su «mala Prensa» histórica— no es condenable en sí mismo o, al menos, no lo es

más que el minifundio. Lo que ocurre es que en España el latifundio ha ido intimamente ligado a un

determinado sistema social y a unos beneficios concretos.

«La tierra para el que la trabaja» fue una consigna que llenó el ambiente revolucionario de los primeros

años del siglo. Luego se ha hecho hincapié en «las rentas de la tierra» e incluso en el carácter reaccionario

de una consigna que parece insistir en la exclusiva propiedad individual de la tierra.

Actualmente, el abandono de las tierras marginales como consecuencia de la emigración y el bajón

producido en el precio de la tierra, junto con el alza de las inversiones necesarias, hace que la anterior

consigna tenga que ser sustituida por la más amplia y progresiva de «la tierra para los que la trabajan».

De cada cien hectáreas españolas sometidas a explotación, las tres cuartas partes se cultivan directamente

por sus propietarios; el resto se divide entre el arrendamiento y la aparcería, con bastante ventaja para el

primero.

Aunque la situación así presentada no parece alarmante, es indudable que el régimen de tenencia de la

tierra va ligado a problemas tan económicos —en contraposición a los sociales— como los de

comercialización, mecanización, inversiones y hasta tipo de cultivos.

•• EL PROBLEMA AGRARIO ES TAN TÉCNICO COMO POLÍTICO

•• LA REFORMA AGRARIA NO PUEDE DESLIGARSE DE LA TRANSFORMACIÓN GLOBAL DE

LA SOCIEDAD

Desde hace varios siglos se viene diciendo, con diversos matices, lo mismo. Incluso las frases tienen una

extraña resonancia paralela. Pocos países habrán conocido una mayor abundancia de declaraciones de

principios en torno a la reforma agraria con menos resultados prácticos. ¿Para qué repetir entonces esos

conceptos archisabidos?

España cuenta en la actualidad con un instituto de Reforma y Desarrollo Agrario. El nombre de esta

entidad no podría estar lleno de mejores intenciones. Su propio presidente declaraba recientemente,

refiriéndose a lo que habría de ser una nueva ley de Reforma y Desarrollo Agrario: «Implicaría adaptar el

texto legal a la nueva realidad española, especialmente por lo que se refiere a la representatividad de los

agricultores, nuestros interlocutores permanentes. Luego removerá algunos obstáculos administrativos

que entorpecían la labor eficaz del IRYDA, especialmente en orden a expropiaciones por interés social en

algunas circunstancias.»

«Pondrá mayor énfasis —añadía— en la modernización y reforma de las estructuras

productivas agrarias, de acuerdo con las peculiaridades de cada región, orientando las ayudas económicas

y técnicas hacia aquellas estructuras renovadas que sean viables. Finalmente, incidirá con más energía en

la motora del medio rural que, necesariamente, ha de acompañar a la reforma de estructuras, ya que la

explotación agraria no es sólo un lugar donde trabaja el agricultor, sino el medio en que vive como

ciudadano y no puede seguir siendo un ciudadano de ´Segunda División.»

¿UNA DOBLE DEMAGOGIA?

La reforma agraria y su vigencia guardan aún su carácter polémico. De nada vale tachar de demagogos a

sus partidarios, ya que por la misma razón habría que imponer el mismo calificativo a sus detractores. La

cuestión reside en qué sentido puede tener hoy la reforma agraria.

Hoy no cabe tomar la parte (reparto de la tierra) por el todo (reforma global de la agricultura). La visión

en estos momentos es mucho más técnica, compleja y panorámica, aunque el decorado que la sustenta

siga siendo eminentemente político.

La reforma agraria carecerá de sentido a menos de que se inscriba en el contexto de una transformación

global de la sociedad actual. No puede considerarse independiente, por ejemplo, de la reforma del sistema

financiero, de la reforma del sistema fiscal, etcétera, y, sobre todo, de la reforma urbana, la cual, en los

momentos actuales, adquiere una decisiva importancia.

Teóricamente, la reforma a fondo de nuestra agricultura debería haber sido acometida por los Planes de

Desarrollo. La ocasión, una vez más, se perdió.

La reciente y amplia renovación de cargos del Ministerio de Agricultura nos tiene en vilo a quienes no

hemos dejado de observar los avatares del edificio de Atocha. Una vez más hay que dar un voto de

confianza y esperar que todo haya sido para bien de la agricultura, y no sólo un cambio de hombres y de

nombres.

Rafael CONTRERAS

 

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