Autor: Cuadra Fernández, Bonifacio de la. 
 Investidura de Clavo Sotelo; El discurso del candidato pone muy difícil la obtención de 176 votos. 
 Calvo Sotelo presentó un programa de gobierno que la oposición estimó marcadamente derechista     
 
 El País.    19/02/1981.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Investidura de Leopoldo Calvo Sotelo

El discurso del candidato pone muy difícil la obtención de 176 votos

Calvo Sotelo presentó un programa de gobierno que la oposición estimó

marcadamente derechista

BONIFACIO DE LA CUADRA

Leopoldo Calvo Sotelo pidió ayer al Congreso de los Diputados qué le otorgue su

confianza como presidente del Gobierno. Para ello, pronunció un discurso de más

de setenta minutos de duración en el que anticipó las líneas maestras del

programa del Gobierno monocolor que pretende formar, basadas en un reforzamiento

del sistema económico constitucional de libre empresa; la incorporación al

sistema defensivo occidental, concretamente la accesión a la alianza atlántica,

y el reforzamiento del Estado frente a cualquier entendimiento ligero de las

autonomías «como disolución de una patria común». El precio de este

pronunciamiento, considerado netamente derechista por la mayoría de los grupos

parlamentarios, será probablemente que Calvo Sotelo no obtenga la investidura

por la mayoría absoluta —176 votos— requerida en primera votación.

El primer acto de la investidura de Calvo Sotelo estuvo realzado por el aire que

registra el hemiciclo del palacio de la Carrera de San Jerónimo en las grandes

solemnidades parlamentarias, con los escaños llenos (incluidos los sobrantes,

ocupados por senadores); las tribunas de Prensa y de público repletas; los

medios audiovisuales retransmitiendo íntegramente la sesión, y una nube de

reporteros gráficos atentos al mínimo detalle convertible en imagen.

El banco azul, como no ocurría desde la sesión dedicada a la cuestión de

confianza, se encontraba ocupado al completo por el Gobierno dimisionario, con

su presidente, Adolfo Suárez, a la cabeza. Suárez llegó muy pronto y se dejó

fotografiar con profusión, primero solo, y después junto al candidato a

sustituirle.

Estilo sobrio y monótono

Cuando, una vez leída la propuesta del Rey a la Cámara, el candidato a

presidente del Gobierno fue invitado a tomar la palabra, subió a la tribuna de

oradores un Leopoldo Calvo Sotelo cuyo estilo marcaba claramente las distancias

con el anterior presidente. Con gran empaque, buena dicción, serenidad y aplomo,

no exentos de frialdad, Calvo Sotelo consumió sus setenta minutos largos de

discurso sin inmutarse ni buscar el aplauso fácil. Sólo una vez, cuando dedicó

el obligado párrafo de homenaje a su antecesor, desde una parte de los escaños

centristas surgió, un tanto forzada, la ovación que siguieron la mayor parte de

los diputados de UCD, excepto algún crítico notable, como Miguel Herrero,

sentado justamente detrás de Suárez.

Giro a la derecha hasta 1983

Una de las primeras ideas mantenidas por Calvo Sotelo fue la no anticipación de

las elecciones hasta 1983. Este propósito, compartido por la mayoría de los

grupos parlamentarios, parece responder a la necesidad política actual,

detectada en altos núcleos del poder, de no introducir nuevos elementos de

inquietud que pudieran alterar en exceso a la sociedad española, con la

repercusión que esto podría tener sobre zonas especialmente sensibles del

Estado. A este planteamiento responde también, al parecer, la opción netamente

derechista del candidato a presidente, dejando el camino abierto para 1983 a

«otras fórmulas» que la voz soberana del pueblo pudiera sugerir.

Desde esta perspectiva, la oposición, que siguió el discurso tomando abundantes

notas, se percató en seguida del giro a la derecha que Calvo Sotelo imprimió a

la presentación de su programa de gobierno. La situación del paro en segundo

lugar de los problemas económicos enunciados —tras el energético— y la

atribución de la situación de desempleo a las peculiaridades de nuestro sistema

de contratación laboral y de financiación de la Seguridad Social, junto al

procedimiento de la moderación del crecimiento de los salarios como uno de los

remedios a aplicar, dibujaron un panorama poco agradable para el mundo del

trabajo. No resultó extraño que el ex vicepresidente económico Fernando Abril

comentara a algunos diputados de la izquierda en los pasillos del Congreso: «Os

quejabais de que mi programa era de derechas...»

En otro momento de su discurso, cuando Calvo Sotelo aseguraba que el déficit

presupuestario no es la solución del problema económico, ni tampoco el aumento

de la presión fiscal —aun reconociendo que la reforma fiscal es «un hecho

positivo de la transición»—, las expresiones de pena de Francisco Fernández

Ordóñez y de satisfacción de Agustín Rodríguez Sahagún, sentados juntos en el

banco azul, eran dos señales claras del signo del nuevo Gobierno. Rodríguez

Sahagún, antiguo dirigente patronal (CEPYME), no debía desconocer que Calvo

Sotelo estaba ajustándose en su discurso a los objetivos señalados poco antes

por la CEOE.

La opción atlántica

Otro de los ejes del discurso del candidato a la Presidencia del Gobierno fue,

en materia de política exterior, la opción de Calvo Sotelo por la integración en

la Alianza Atlántica, como consecuencia lógica de dos premisas sentadas

previamente por el orador: la vinculación de la política exterior y la de

defensa, y la afinidad de los objetivos políticas, económicos y militares de la

Europa occidental y Estados Unidos.

En medio de los circunloquios con los que rodeó su decisión firmemente tomada

(«iniciar las consultas con los grupos parlamentarios a fin de articular una

mayoría...») de marchar hacia la incorporación a la Organización del Tratado del

Atlántico Norte (OTAN).

Si a los temas económicos dedicó Calvo Sotelo 34 minutos, y aproximadamente un

cuarto de hora a la política exterior, las autonomías fueron despachadas con

siete u ocho minutos, y con otros tantos la seguridad ciudadana. En materia de

autonomías resaltó el papel del Estado sobre el presupuesto de que no habrá

autonomías fuertes sin un Estado fuerte. Con palabras que debieron resultar muy

gratas a los oídos de Fraga, Calvo Sotelo, al exponer un si, pero, que contenia

un no tajante al «desmantelamiento del Estado» y a un «entendimiento ligero de

las autonomías como disolución de una patria común forjada por la historia».

En este capítulo, de nula eficacia para atraerse los votos de la Minoría

Catalana y menos aún, del PNV, Calvo Sotelo logró captar, en cambio, el del

diputado de Unión del Pueblo Navarro, Jesús Aizpún, al anunciar la continuación

de las negociaciones para «el amejoramiento paccionado del fuero».

Terminado su discurso, recibido con un aplauso centrista y las felicitaciones de

los miembros del Gobierno más próximos a Calvo Sotelo en el banco azul (excepto

Rodríguez Sahagún, que lanzó su mano por encima de Fernández Ordóñez y de Pérez-

Llorca para estrechar la del candidato), la oposición comenzó a preparar las

respuestas de hoy. Socialistas y comunistas pondrán el acento en la absoluta

derechización del programa del candidato.

 

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