Autor: Egurbide, Peru. 
 Calvo-Sotelo, un tecnócrata para la democracia (IV). 
 Por la Monarquía hacia el centro     
 
 Diario 16.    19/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

Calvo-Sotelo, un tecnócrata para la democracia (IV)

Monárquico a secas, primero; juancarlista, más tarde, Calvo-Sotelo dividió sus

esfuerzos entre intentos de jugar políticamente con el franquismo y mantener una

presencia señalada en los movimientos orientados hacia la reforma democrática,

para acabar siendo el artífice del desembarco de Suárez y los «cien mil hijos de

San Luis» sobre las filas centristas.

Por la Monarquía hacia el centro

Perú EGURBIDE

MONARQUÍA, democracia, Europa, es el primer lema político que Leopoldo Calvo-

Sotelo suscribe, allá por los años cincuenta, en el seno de la Asociación

Española de Cooperación Europea.

Los antecedentes monárquicos del personaje son, sin embargo, mucho más antiguos.

Tuvieron como probable mentor a su tío paterno, Joaquín Calvo Sotelo y se

concretarían en relaciones tan definitivas como fue la de Jacobo Cano, el

abogado propagandista ex director del Colegio Mayor San Pablo, que aglutinó en

torno a sí una serie de personas decididas a que Don Juan Carlos fuera Rey de

España, y que fueron prácticamente las mismas que, años más tarde, integrarían

el primer Gobierno de la Monarquía.

La opción juancarlista fue también la primera definitoria del joven Calvo-

Sotelo, que, por esa razón, tuvo fricciones dentro de los grupos monárquicos,

aun antes de que Don Juan Carlos fuera nominado Príncipe de España, en el año

1969. De comienzos de la década de los sesenta, data el intento de mediación

atribuido al actual candidato a presidente entre su suegro, el franquista Ibáñez

Martín, a la sazón embajador de España en Lisboa, y el entonces recalcitrante

inquilino de la vecina Villa Giralda.

La juventud y el juancarlismo de Calvo-Sotelo fueron motivos más que suficientes

para que don Juan de Barbón no le recibiera en su residencia portuguesa.

Pese a esta trayectoria, a Calvo-Sotelo no se le adjudican hoy esas relaciones

privilegiadas con la Corona que configuran a los considerados como «hombres de

La Zarzuela». Aunque, evidentemente, la exactitud de esa hipótesis esclarecería

muchos aspectos de su biografía política.

Fracaso en las Cortes

El deseo de colaborar y jugar políticamente con el franquismo fue una segunda

opción, que definió a la figura de Calvo-Sotelo en el contexto de los círculos

reformistas de aquella época. Entre el abanico de nombres -Silva Muñoz, Enrique

de la Mata, Ruiz Navarro, Alvarez de Miranda, Ruiz Gallardón, Landelino Lavilla,

Marcelino Oreja y Gonzalo Fernández de la Mora entre otros— que se movían en los

ambientes monárquicos y de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas

(ACNDP), los amigos Osorio y Calvo-Sotelo destacaron por su voluntad

colaboracionista que les llevó a participar en las llamadas «cenas de los

nueve», bajo el patrocinio implícito de personajes como el cardenal Herrera o

Martín Artajo.

De hecho, tanto Osorio como Calvo-Sotelo intentaron en 1967 un primer salto a la

política activa, concurriendo a las elecciones para procuradores por el tercio

familiar, en la IX legislatura.

La opción juancarlista fue la primera definitoria del joven Calvo-Sotelo Osorio

fue derrotado en Santander y Calvo-Sotelo se estrelló en Lugo contra las

maniobras de Rosón y Antonio Carro.

Tras ese intento fallido, que le fue desaconsejado por su madre, Leopoldo no se

sentaría en las Cortes hasta 1975, cuando fue designado procurador sindical en

representación de los empresarios de Industrias Químicas.

Sin embargo, el mismo año del fracaso, en 1967, Calvo-Sotelo entraba como

técnico en la vida pública, de la mano de su principal mentor y gran amigo

personal, en aquellos tiempos, el notable propagandista Federico Silva Muñoz,

entonces ministro de Obras Públicas.

La designación ese año de Calvo-Sotelo como presidente de Renfe, no sólo supuso

para el personaje la posibilidad de aproximarse a Franco, al que entregó el

primer billete inaugural de la línea de ferrocarril Madrid-Burgos, sino que

señaló el comienzo de una serie de mandatos administrativos en cargos

relacionados con la planificación del desarrollo que orquestaba la batuta del

opusdeísta López Rodó y que Calvo-Sotelo desarrolló sin interrumpir su gestión

en la empresa privada. Destaca entre esos cargos la presidencia de la Sociedad

para el Desarrollo Industrial de Galicia (SÓDICA), que le fue encomendada en

1972.

Ruptura con Silva

De los tiempos de Renfe datan también las primeras fricciones de Calvo-Sotelo

con Federico Silva.

Leopoldo, que más tarde demostraría una cierta fijación por la cartera de Obras

Públicas, se quejaba de que el ministro no le dejaba actuar con suficiente

autonomía. Cuando cesó en 1968, es Osorio quien le sustituye en la presidencia

de Renfe, durante un breve periodo en el que se fraguó la ruptura definitiva del

tándem con el procer propagandista.

Silva dimitió de Obras Públicas en 1970, debido fundamentalmente a su

disconformidad con la primacía que adquirieron en el Gobierno los adeptos del

Opus, tras el estallido del escándalo Matesa. La suya fue, pues, una dimisión

política, que arrastró la dimisión solidaria en Renfe de Osorio, muy mal acogida

por Carrero y por el amigo Fernández de la Mora, quien sustituyó a Silva en OP.

Cuando Silva aceptó la presidencia de Campsa, Osorio y Calvo-Sotelo se sintieron

burlados.

El malestar que tradujo la dimisión de Silva, como colofón del Matesa, dio pie a

un relanzamiento de los movimientos reformistas. En ese contexto, se celebró la

cena privada que reunió en casa de Calvo-Sotelo a Silva, Pío Cabanillas, Alfonso

Osorio, Manuel Fraga y Pedro Areitio, entre otras personalidades. Osorio

recuerda en su libro «Trayectoria política de un ministro de la Corona» como

Federico Silva se mostró confuso y reticente ante las ofertas de sus

contertulios para que tomara el liderazgo del movimiento reformista, pese a que

incluso Fraga aceptaba su jefatura.

Días más tarde, Silva aceptó la presidencia de Campsa. El gesto resultó

esclarecedor para algunos de los comensales de aquella cena, que se sintieron

burlados, e implicó la ruptura definitiva de Calvo-Sotelo y el dimisionario

Osorio con Federico Silva.

Aproximación a Fraga

Por su parte, Manuel Fraga anotaba con satisfacción en su «Memoria breve de una

vida pública» como Calvo-Sotelo se iba «separando de monseñor», alias burlón con

el que el líder de AP acostumbraba a designar a Federico Silva.

El hecho es que la consecuencia más clara de aquella frustrante cena fue la

consolidación del liderazgo de Fraga entre los reformistas y la consiguiente

aproximación de Calvo-Sotelo a este personaje, con el que se entrevistó

frecuentemente en Londres, cuando el político de Villalba ostentaba aquella

Embajada.

Junto a Fraga y en el parador de Santiago, Calvo-Sotelo sé integró, en 1975, en

el consejo fundador de Fedisa, del que también formaron parte Pío Cabanillas,

Alvarez de Miranda, y Areilza.

Poco después, Manuel Fraga haría cuanto pudo para que su consocio en aquella

primera plataforma amplia del espectro reformista consiguiera su primera cartera

ministerial, la de Comercio, en el primer Gobierno de la Monarquía.

Mañana, V:

De Fraga a Suárez y tiro porque me toca.

 

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