Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Flores y cuchilladas     
 
 Diario 16.    21/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CHITOS Y SUSURROS

Flores y cuchilladas

A pesar de mi ausencia del hemiciclo —el hacer deporte, lectores, ocasiona a

veces no deseadas convalecencias—, Rafael Luis y Fernando, los chicos de la SER,

me han servido a través del receptor casi toda la magia del debate de ayer en el

Congreso.

Y aun sin verlo, pude captar la estatura parlamentaria del examinado, el halo de

respeto que proyectaba sobre el hemiciclo este brillante orador, sin complejos y

seguro de sus convicciones. Menuda diferencia.

Ahí quedó el magistral y exquisito duelo con flores y guante blanco sobre

política exterior mantenido con Felipe González. Se podía comparar con aquellas

bobadas del estrecho de Ormuz, surgidas del mediocre y anémico cerebro del

«fontanero» Alberto Aza, funesto personaje, ya desaparecido de la escena

política, afortunadamente para el país, que nunca debió pasar de simple

abrecoches en nuestra Embajada del Camerún.

Después vino la intervención de Carrillo. Ceporro y mostrenco discurso el de don

Santiago, con claros ataques al candidato que no explican, a pesar de ello, las

durísimas y heladas cuchilladas de Leopoldo, que parecían sugerir el viejo

mensaje del comunista con cuernos y rabo. El candidato ha inaugurado un estilo

de serenas beligerancias —Suárez siempre evitaba la batalla—, pero, ¿qué

necesidad había de atacar al PCE de semejante forma? A no ser que se intentara

instalar de partida la imagen «anticomunista» simultaneada con la de las

educadas diferencias hacia el PSOE.

NO está el PC para aguantar muchos embates, aunque Carrillo, cuando improvisó en

las réplicas, estuvo agudo y muy brillante. Al contrario que en su discurso. Y

si se apuesta por la beligerancia hay que ir siempre hasta el final. Las

dentelladas comunistas, sin embargo, produjeron un levísimo y casi imperceptible

repliegue en el candidato Leopoldo.

Del debate con Felipe no voy a hablar, porque este muchacho está ya en esa

privilegiada, minúscula e indíscutida nube de hombre de Estado. La intervención

de Felipe sí fue una clara muestra de sereno patriotismo, sobre todo si se

somete a comparación con las estridencias fraguistas.

Agustín Rodríguez Sahagún, innecesariamente largo, se le notó con ganas de

agradar, pero su discurso óptimo hubiera sido decir: éste es el programa de UCD,

el candidato de UCD, UCD está muy unida y adiós muy buenas. Pero como Agustín

tiene veleidades literarias -por algún sitio he visto publicado un poema suyo—

nos leyó un discurso bodegón.

 

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