Debate para la investidura de Calvo-Sotelo; Felipe González, socialista del Congreso. 
 "La política económica e internacional del candidato es conservadora"     
 
 ABC.    21/02/1981.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

Debate para la investidura de Calvo-Sotelo

Felipe González, socialista del Congreso

«La política económica e internacional del candidato es conservadora»

La sesión de la tarde del debate de investidura comenzó a las cinco menos diez

con la intervención de Felipe González, en nombre del grupo parlamentario

Socialista del Congreso. El secretario general del PSOE desglosó el discurso que

pronunció el pasado miércoles el candidato a la Presidencia del Gobierno, para,

en primer lugar, poner de manifiesto que discrepaba de muchas de las

afirmaciones que había realizado el señor Calvo-Sotelo.

«Para entrar en una etapa de plena democracia —dijo— hay exigencias que cumplir,

como, por ejemplo, acabar la obra legislativa de la Constitución; dejar resuelto

el desarrollo autonómico del Estado; modernizar la vida social y afrontar, al

menos, el gran reto de la crisis económica con la mirada puesta en una sociedad

más justa y más solidaria.»

Seguidamente Felipe González criticó la falta de explicaciones que habían

registrado los anteriores cambios de Gobierno. Hace unos meses —argumentó— se

nos dijo que el actual Gobierno en funciones era el mejor que se podía formar.

Ahora se nos pide credibilidad, por parte del candidato. No se trata de un

capricho ni de un acoso. Las crisis no pueden pasar sin una explicación razonada

a la Cámara y al país.

El representante del grupo socialista pasó a detenerse a continuación en

diversos aspectos del discurso programático del señor Calvo-Sotelo. En el tema

de política económica subrayó que la consideración global que le merecía es que

su oferta es fuertemente conservadora «en mayor grado —añadió— que lo que se

haya atrevido a ofrecer la señora Tatcher en Gran Bretaña».

POLÍTICA EXTERIOR CONSERVADORA

Dentro del tema de política exterior, Felipe González también calificó la oferta

del candidato de «conservadora». «Lo que más me preocupa —dijo al respecto— es

que está cargada de una ideologización. La política exterior es uño de los

elementos en los que debemos aunar las máximas voluntades.»

En este orden el parlamentario socialista se detuvo para informar al candidato

que cuando él habló de estos temas un sector de la Cámara le ovacionó —los

diputados centristas—, pero también en las tribunas registradas al público se

registró el aplauso de una persona. «Indague usted —dijo Felipe González al

candidato— quién ha sido.» Al parecer, esta persona está estrechamente vinculada

al embajador norteamericano en España.

También la política autonómica esbozada por el señor Calvo-Sotelo fue para el

portavoz socialista de «escasa» e «imprecisa», que «ha levantado —anunció—

recelos innecesarios e incertidumbres respecto del futuro». Terminó con los

apartados de seguridad ciudadana y reforma de la Administración, de los que dijo

«apenas si hubo alusión en el candidato». Estas cuestiones, añadió, merecen una

atención más rigurosa.

Más adelante, y en el transcurso de los cuarenta y cinco minutos que consumió

Felipe González en su intervención, pidió la opinión del candidato sobre el tema

de la Ley de Autonomía Universitaria, de la que contempla la financiación de

centros escolares, y en tomo al divorcio. «Usted —dijo mirando al señor Calvo-

Sotelo— ha contestado, a lo largo de estas sesiones, acunas preguntas, pero

otras no han tenido explicación. Sin embargo, le agradezco que se haya levantado

de su escaño y que lo haga con frecuencia, porque ese gesto le da vida a este

Parlamento y a la democracia.»

La última parte del discurso del secretario general del PSOE se centró en las

consideraciones que, a su juicio, debía hacer sobre los temas económico,

autonómico e internacional, entre otros.

«No estamos en contra —comenzó— de que se ajusten los costes de la energía a los

precios reales, pero este tema tiene que ser objeto de muchas y numerosas

matizaciones. Nos hemos dicho numerosas veces que somos partidarios de más

carbón, más gas, el menos petróleo posible y la energía nuclear indispensable.

Nos ha agradado la apelación a ese ente de hidrocarburos, pero queremos saber si

dependerá, una vez constituido, del Instituto Nacional de Industria.»

Luego se refirió en las preguntas que habían formulado ya sus compañeros de

partido —Carlos Solschaga y Ernest Lluch—, en torno a la reestructuración del

sector industrial, financiación, agricultura, etcétera.

Felipe González insistió en el tema de entrada de España en la OTAN, de la que

no es partidario, como dijo en varias ocasiones. «Estaré siempre en contra —

anunció— de que nuestra soberanía nacional se vea sometida a cualquier tipo de

cortapisas.»

Dijo también que el candidato a la Presidencia del Gobierno no había ofrecido

ninguna razón convincente para él ingreso de nuestro país en la OTAN, porque

aunque el riesgo de confrontación nuclear es escaso no tenemos más remedio que

multiplicarlo por el grado de devastación que pueda producir. «Le agradezco —

continuó diciendo— que haya dicho que el ingreso en la OTAN no Sustituye a las

bases militares americanas ya instaladas en nuestro suelo. No se trata de una

sustitución, sino de una suma. Yo no tengo ningún placer al contemplar que hay

bases extranjeras en mi país.»

Finalmente, Felipe González coincidió con el candidato en la reivindicación de

Gibraltar para terminar enumerando los temas referidos a la LAU y al divorcio,

que no habían sido contemplados, a su juicio, por el señor Calvo-Sotelo.

Comenta el candidato:

«Ni con vascos ni con catalanes, he comido con mi familia»

MADRID. «No he comido ni con vascos ni con catalanes. He comido con mi mujer y

mis hijos, que son madrileños, aunque con sangre gallega», dijo el candidato a

presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, desde su escaño, poco antes de

iniciarse la sesión plenaria de la tarde de ayer.

Comentando el incidente dialéctico ocurrido en la tarde del jueves con el

diputado de EE Juan María Bandrés, y ante la afirmación de un periodista de que

«parece que no se preocupa demasiado, no pierde su aplomo», Calvo-Sotelo

respondió «ése es mi oficio».

Fluido diálogo entre el candidato y Felipe González

En tres ocasiones Leopoldo Calvo-Sotelo intervino para responder a las preguntas

del líder de la oposición o puntualizar sus afirmaciones. Felipe González

contestó con dos nuevas intervenciones. Del diálogo mantenido, por ambos

políticos resultaron algunas aclaraciones a los temas planteados anteriormente

en la Cámara, breves coincidencias y claras discrepancias por lo que respecta a

la política exterior, especialmente al tema OTAN. El debate tuvo un tono de gran

cordialidad en todo momento y en él el candidato concedió a Felipe González

reiteradamente el tratamiento de jefe de la oposición, mientras éste subrayaba

que en ningún momento hacía una «trinca de oposición» como la que sufrió él

cuando ocupó la tribuna en la moción de censura. En este punto, Calvo-Sotelo le

contestó que cada cual se mantenía en su sitio y que el candidato era él, por lo

que no se trataba de un debate entre dos candidatos.

Entre las aclaraciones del aspirante a la Presidencia del Gobierno, su

afirmación de que el coste de la energía se tendrá en cuenta en la agricultura,

para fijar los precios, y en la pesca, para proceder a su reestructuración.

Asimismo señaló que en pocas semanas o meses presentará a la Cámara la revisión

del Plan Energético Nacional, que hará una política de concertación «sin

vacilaciones» en la reestructuración sectorial y que estaba dispuesto a una

auténtica negociación en el tema empleo. Finalmente, y en materia de

concreciones, no fue más allá en sus Debate para la investidura de Calvo-Sotelo

Fuertes discrepancias sobre la entrada de España en la OTAN

apreciaciones sobre el futuro de los proyectos legales en trámite en la Cámara

como el divorcio, la LAU o las incompatibilidades. Reafirmó su propósito de no

retirarlos, al igual que su decisión de que sobre ellos delibere próximamente el

Consejo de Ministros.

MODERACIÓN SALARIAL:

SE PUEDE QUEBRAR

Hubo un diálogo fluido entre los dos interlocutores sobre la realidad de los

salarios en la renta nacional. Felipe González afirmó que la tendencia en el

crecimiento se quiebra en el 77, con un fuerte nivel de paro y gracias a los

esfuerzos de los sindicatos —y a los que se hicieron en los Pactos de la

Moncloa— de ajusfar el crecimiento de los salarios a las previsiones de

inflación sobre los años siguientes. Calvo-Sotelo le contestó que evidentemente

eso era así, pero que, de todas formas, el balance seguía siendo positivo para

los trabajadores y que su objetivo era mantener la misma política de ajuste

salarios-inflación observado en esos años. Le replicó Felipe González diciendo

que esa política se quebraría pronto si a la moderación no le seguían las

contrapartidas sociales que demandan los trabajadores. Y puso el ejemplo de

Inglaterra, donde la dinámica se ha roto. Calvo-Sotelo manifestó su preocupación

de que esa quiebra sé pudiera producir, aunque expresó su esperanza de que la

crisis evolucione y la ruptura no se produzca.

Otro intenso intercambio de opiniones se produjo en relación a la negociación de

la entrada de España en el Mercado Común. El candidato afirmó que no habría que

esperar a que la CEE reestructure su política agraria, que afectaba a los países

nórdicos, para que España haga sus planteamientos. El secretario general del

PSOE objetó las fuertes discrepancias entre el Gobierno y la CEOE en la materia

que pueden dificultar las negociaciones.

NEGOCIAR CON TODOS ANTE LA CEE

La respuesta de Calvo-Sotelo fue que el Gobierno defendía su posición en

Bruselascomo lo hacían también los empresarios y los sindicatos. Precisó Felipe

González que lo que estaba diciendo es que ningún país que entró en la CEE

olvidó la negociación entre el Gobierno y los interlocutores sociales, porque el

problema era de todos los sectores del país y no sólo de los Gobiernos. Calvo-

Sotelo aclaro que su Gobierno mantendría negociaciones con los sectores

afectados por la dimensión comunitaria.

El anuncio de la adhesión a la OTAN preconizado por el candidato en su programa

de Gobierno fue el que mayores discrepancias produjo entre los interlocutores,

aunque los dos políticos aceptaron que el debate habrá de producirse más

adelante y en mayor profundidad. Por ello no entraron muy de lleno, aunque lo

suficiente para conocer las bases de ambos planteamientos. El diálogo siguió la

misma tónica de corrección, aunque hubo valoraciones de las posturas respectivas

contundentes: González habló de un cierto maniqueísmo en los planteamientos de

Calvo-Sotelo, y éste apreció escepticismo en los de Felipe González, dando a

entender que distaban de admitir la realidad, como en el caso de la política de

bloques. Y afirmaciones rotundas: el candidato dijo que «nosotros sabemos en qué

bloqué éstamos y queremos pro-

poner integrarnos en él»; el líder de la oposición señaló que era su propósito

proponer la salida de la OTAN, si alguna vez tenía la mayoría necesaria, en el

caso de que la entrada en la Alianza Atlántica se hubiera producido sin el

previo respaldo del pueblo español en referéndum.

DEMOCRACIA VALIENTE

Calvo-Sotelo señaló que su política sería de democracia valiente, en el sentido

de no eludir el tema y de proponer un profundo diálogo entre las fuerzas

políticas con el objetivo de entrar en la Alianza. Negó que estando dentro el

país vaya a asumir más riesgos nucleares que los que pueda correr ahora.

La argumentación de Felipe González es que su partido está en contra de la

política de bloques y que dudaba que nos dejaran entrar en la OTAN con la

condición de que en nuestro suelo no hubiera misiles de cabeza nuclear. La

réplica de Calvo-Sotelo fue que estar contra los bloques es estar contra la

realidad, contra los hechos, y que España poco podía hacer para modificarlos.

Especificó que en la OTAN hay más países no nucleares que nucleares. La

respuesta final del socialista fue que no estaba contra la realidad y que

conocía la opinión de muchos países que se estaban replanteando su postura sobre

la adhesión de España para no añadir más conflictividad en las relaciones

internacionales. La del candidato centrista, que su impresión es que los países

de la Alianza siguen apoyando nuestro ingreso y que no ha habido cambios.

 

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