Debate para la investidura de Calvo-Sotelo; Rodríguez Sahagún, portavoz del Grupo Centrista. 
 "Calvo-Sotelo es el candidato de toda la UCD"     
 
 ABC.    21/02/1981.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

Rodríguez Sahagún, portavoz del Grupo Centrista

«Calvo-Solelo es el candidato de toda la UCD»

MADRID. «Creo que el Gobierno que forme el señor Calvo-Sotelo será capaz de

gobernar con estabilidad, autoridad y realismo hasta 1983», sintetizó Agustín

Rodríguez Sahagún, presidente y en este caso portavoz de UCD en el discurso de

apoyo al candidato de su partido. Con este vaticinio respondía conceptualmente a

las críticas fundamentales vertidas por los grupos a lo largo del debate de

investidura. Su intervención ofreció un tono muy meteórico, sin descender

pormenorizadamente a temas concretos, y en ella abundaron, más que en ningún

otra parlamento anterior, las grandes y bellas palabras.

Afirmó que Leopoldo Calvo-Sotelo era el candidato de la UCD y recalcó que «de

toda la UCD». Pero finalizó su intervención pidiendo, aunque de una manera un

tanto abstracta, la colaboración de la Cámara: «Entiendo —dijo— que una política

prudente, sensata y de interés nacional consiste en ajustar las posibilidades de

colaboración de unos y de otros.» «Y quiero invitaros —concluyó— a colaborar en

la reconstrucción de la esperanza.»

Por lo demás, su discurso fue una glosa floreada de elogios a los aspectos más

generales del discurso de Calvo-Sotelo, para llegar a la conclusión de que se

identifica con el programa electoral y las conclusiones del II Congreso de UCD.

Inició su intervención con varias puntualizaciones a algunos aspectos que en su

criterio podían inducir a confusión a la opinión pública, y en aras —dijo— de

«la claridad absoluta que los ciudadanos tienen derecho a exigir». La primera se

refería a la dimisión de Suárez. Manifestó su sorpresa por la tesis de algunos

grupos, que habían defendido que el jefe del Ejecutivo debería haber planteado

su renuncia ante el Parlamento. En su opinión, tal eventualidad no está

contemplada por la Constitución ni goza de precedentes en los Estados europeos.

En segundo lugar puntualizó que la designación de Calvo-Sotelo respondía «a la

lógica política que emana de los resultados electorales de 1979». Subrayó que

Calvo-Sotelo era «el candidato de UCD, de toda la UCD, promovido desde el seno

del partido», y puso de relieve que es merecedor de un amplio crédito por su

capacidad personal y por su larga ejecutoria en actividades públicas y privadas.

Aseguró que el programa expuesto es el programa de UCD, debatido en los órganos

de partido estatutariamente competentes. Elogió estas líneas programáticas,

afirmando que sus propuestas no eran embiguas, sino concretas; que no había

omisiones, sino elecciones; que el programa no era reaccionario, sino moderno,

sin complejos; no discriminatorio, sino solidario y realista. En su tercera

puntualización rechazó algunos vocablos utilizados en numerosas intervenciones,

tales como el de «derechización» de UCD.

Señaló que UCD no se desplaza ni a la derecha ni a la izquierda, sino que «sigue

fiel a su idea de ser un partido de centro reformista, progresista e

interclasista y nacional». En su última puntualización comentó los términos de

«gobernabilidad, estabilidad y eficacia», rechazando las acusaciones de

inestabilidad. Lo argumentó en la superación, desde las elecciones de 1979, de

una investidura, una moción de censura y una de confianza; en las 2.583

votaciones afrontadas por el Gobierno en la Cámara, con sólo ocho resultados

adversos. Opinó que ninguna otra fuerza ofrecía más garantías de estabilidad y

comentó que es necesario superar «la psicosis electoral permanente y respetar

el. veredicto de las urnas».

Enjuiciando el programa del señor CalvoSotelo, afirmó, desde una triple

perspectiva, que ofrecía un diagnóstico adecuado, que la terapéutica es

técnicamente correcta («no existen fórmulas magnas para vencer la crisis») y que

es coherente. Hizo luego algunas reflexiones, más de filosofía política y

económica que de valoraciones concretas. Se decantó por el sistema de «economía

social de mercado» y aseguró que el programa de Calvo-Sotelo, en coherencia con

este sistema, «diseña una estrategia para nacer de España un país moderno».

Respecto a la seguridad ciudadana resaltó su carácter de condición previa «para

el ejercicio de nuestra libertad y para nuestra convivencia civil». Proclamó que

en un Estado de Derecho «todo está permitido dentro de la Ley, pero fuera de

ella no cabe ningún tipo de permisividad».

Calificó el terrorismo «como la verdadera amenaza seria y efectiva contra los

derechos humanos en nuestro país». En el tema de la organización del Estado

reafirmó —de acuerdo con el programa del candidato, según dijo— la voluntad

autonómica.

En el ámbito de la política exterior criticó a los grupos que defienden

planteamientos neutralistas. Expresó sus dudas de que España pudiera evitar

verse involucrada en una confrontación generalizada.

Terminó su discurso planteando la necesidad de llevar a los ciudadanos dos

mensajes: el de la eficacia y el de la ilusión.

 

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