Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
 Debate para la investidura de Calvo-Sotelo; Areilza calificó el discurso de Fraga de "intolerable". 
 Primera sesión entre el "guante blanco" e incidentes con minoritarios     
 
 ABC.    21/02/1981.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Areilza calificó el discurso de Fraga de «intolerable»

Primera sesión entre el «guante blanco» e incidentes con minoritarios

MADRID (Herminio Pérez Fernández). La primera sesión del debate sobre la

investidura del señor Calvo-Sotelo comenzó dentro de un clima de «guante

blanco», de contención y de serenidad.

Fue a partir del descanso cuando con la intervención del señor Fraga Iribarne,

portavoz de Coalición Democrática, cambió el tono, para iniciarse una escalada

de tensión que llegaría incluso a la violencia y a la ofensa personal —así lo

interpretó el señor Calvo-Sotelo— en las intervenciones, como siempre durísimas,

de los representantes del Grupo Mixto señores Sagaseta y Bandrés. Este último

provocó el incidente más fuerte de la tarde, al calificar al candidato a la

presidencia de «torturador». El señor Calvo-Sotelo, que hasta ese momento había

hecho un alarde de contención, de serenidad y de respetuosa consideración para

todos sus oponentes, saltó rápido con una reacción incontenible:

—Su señoría se ampara en la inmunidad parlamentaria para insultarme. Yo no voy a

hacer lo mismo. Me limito a responderle con el más pequeño de mis desprecios...

AREILZA, CONTRA FRAGA—Ya el señor Calvo-Sotelo había tenido otro gesto de

menosprecio precisamente con el señor Fraga Iribarne. Porque hasta ese momento

el candidato había escuchado atentamente a todos los portavoces y había tomado

algunas notas —pocas— sobre lo que decía cada uno. A todos ellos les contestó en

forma amable y serena. A algunos incluso por dos veces. Al señor Fraga lo

escuchó entre la displicencia y la sonrisa; no tomó nota alguna de cuanto dijo y

al terminar su discurso no levantó la mano para indicar que deseaba contestarle.

Simplemente «pasó de Fraga», como se dice ahora.

El segundo momento tenso del debate se produjo ahí: al terminar de hablar el

señor. Fraga. Porque su compañero de Grupo don José María de Areilza abandonó su

escaño y el hemiciclo visiblemente disgustado y comentó con los periodistas en

los pasillos que el discurso de Fraga le había parecido intolerable.

Se corrió la voz de que el señor Areilza estaba dispuesto a abandonar Coalición

Democrática para pasar al Grupo Mixto. El propio señor Areilza lo desmintió poco

después, pero dejó bien clara su absoluta disconformidad con la durísima actitud

crítica del señor Fraga.

GOBIERNO SIN HIPOTECAS.—Cuando todavía no se habían excitado los ánimos, cuando

todo transcurría dentro de un marco de serenidad, tuvimos ocasión de conversar

un momento con el destacado líder de UCD don Rodolfo Martín Villa, ministro en

funciones de Administración Territorial. Le preguntamos si, en su opinión,

existía alguna diferencia sustancial en el hecho de que el candidato obtuviera

la investidura en la primera o en la segunda votación. No necesitó el señor

Martín Villa pensar su respuesta. Fue rápida y terminante:

—No existe ninguna diferencia. Tan constitucional es una votación como la otra.

Y la segunda tiene la ventaja sobre la primera de que significa que vamos al

Gobierno sin hipotecas de ninguna clase...

En el momento de suspender la sesión el presidente, a las siete de la tarde,

para un descanso de media hora, alguien comentó en pasillos:

—Como no salga Alfonso Guerra esto no se va a animar.

Poco después demostraron los hechos que no hacía falta que actuara el señor

Guerra. La «guerra» se inició con el señor Fraga, siguió con el señor Sagaseta y

se convirtió en conflagración con las duras acusaciones del señor Bandrés:

—El señor Calvo-Sotelo está en el grupo de los torturadores; yo en el de los

torturados. Y los torturados no votan nunca a los torturadores.

La réplica no menos dura y contundente del señor Calvo-Sotelo demostró que si

durante toda la tarde había sabido mantenerse dentro de los términos de la más

estricta corrección parlamentaria, no carece de capacidad de reacción fulminante

y concluyente.

RESPETO Y CONTENCIÓN.—Puede afirmarse que hasta el momento en que se produjo el

incidente con el señor Bandrés y hasta que comenzaron los ataques del señor

Fraga y las estridencias del señor Sagaseta toda la primera parte de la sesión

había transcurrido en un clima de corrección, no exento de energía. Dentro dé un

tono comedido y considerado, todos los portavoces de los Grupos que

intervinieron hasta las siete hicieron pública demostración de su respeto

personal y de su consideración hacia los merecimientos del señor Calvo-Sotelo.

No faltaron momentos de distensión y de hilaridad durante la intervención del

señor Rojas Marcos, que, una vez más, se atribuyó el desbloqueo autonómico de

Andalucía y que se confundió al referirse a la dimisión del señor Calvo-Sotelo.

El candidato demostró un insospechado sentido del humor al acomodar los

micrófonos tras la intervención del representante de los Socialistas Vascos,

aludiendo a la diferencia de estatura existente entre ambos.

LA DIMENSIÓN DE UN POLÍTICO.—Es justo decir que la oposición —hasta el comienzo

de la segunda parte— dio en todo momento pruebas de equilibrio y de ponderación.

Los socialistas, insistentemente, por boca del señor Pecés-Barba, anunciaron en

la primera sesión de este Pleno que el debate sobre las torturas y malos tratos

a detenidos no terminaría allí, sino que continuaría en los debates de

investidura. Pues bien, el señor Solchaga, vasco ademán de socialista, demostró

una singular prudencia al no hurgar en esa herida demasiado reciente que ya ha

tenido consecuencias muy graves. Luego se encargó de hacerlo con toda dureza el

señor Bandrés, pero esto era mucho más coherente y esperable.

Por lo demás hay que reconocer que el candidato a la presidencia, señor Calvo-

Sotelo, ha pasado «la reválida» de esta primera jornada del debate con una

indiscutible dignidad, dando pruebas indiscutibles de que reúne unas condiciones

de agilidad mental excepcionales para la réplica, una capacidad dialéctica y una

serenidad poco común, aunque cuando es preciso sabe también reaccionar

violentamente frente a los que le atacan con tonos y palabras que él juzga

ofensivas o intolerables.

Han elaborado esta información: María José Méndez, Luis Peiro, Obdulio Martín

Bernal, Gonzalo Garcival y José María Fernández-Rúa. Diagramación: Antonio

Garrido.

 

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