Los cien días del presidente     
 
 ABC.    05/06/1981.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

Los cien días del presidente

Cien días es la habitual medida de los votos de confianza previos que los

pueblos suelen conceder a sus dirigentes antes de formular sus juicios sobre

ellos. Cien días cumple hoy en su mandato el señor CalvoSotelo y podemos ya

trazar una raya para medir los resultados de su inicial gestión.

La objetividad invita a iniciar ese análisis recordando que en pocas ocasiones

se empezó tan cuesta arriba un mandato presidencial. Calvo-Sotelo no contaba ni

con la euforia de unas elecciones ganadas ni con las muletas de un próspero

momento económico y político ni con una mayoría de estabilidad suficiente para

un Gobierno ágil y seguro. Muy al contrario: dos días antes de su investidura

había temblado todo el país con la violenta ocupación del Parlamento y la nación

entera entraba en un túnel de miedos, sospechas y fantasmas del que todavía no

ha salido. Llegaba a la presidencia tras una larga y lamentable crisis de su

partido, que había pulverizado el prestigio del anterior presidente y amenazaba

con llevar también consigo a cualquiera que heredara ese poder. El terrorismo

tocaba sus niveles más altos. La tensión entre los hombres del Gobierno y del

Parlamento con las Fuerzas Armadas en muchos de sus estamentos exigía de unos y

otros todo el equilibrio y toda la serenidad del mundo. El paro había tomado una

vertiginosa cuesta abajo con su crecimiento incesante. La crisis de las

empresas, el miedo a la inversión se sumaban en el aumento de la crisis

económica. La más total desconfianza abría un foso que parecía insalvable entre

el pueblo español y sus gobernantes. Se diría verdaderamente que un sino maligno

hubiera acumulado todos los obstáculos para hacer imposible la vida de un

gobernante. Y hacía realmente falta poseer una dosis inédita de valor para

asumir una presidencia en la hora más tensa de las imaginables.

Es necesario recordar todo esto porque, sin ello, sería injusto cualquier juicio

de valor sobre estos cien días. Pedir en ellos milagros, éxitos o cambios

sustanciales de ruta sería confundir un presidente con un taumaturgo. En cambio,

sobrevivir en horas tan aceradas, conseguir simplemente que los problemas no se

multiplicasen, puede que sea ya un éxito mucho más notable.

Un primer acierto del señor Calvo-Sotelo fue el de asumir un estilo de

gobernante radicalmente distinto del de su predecesor en el cargo. Sin marcar

innecesarias roturas, Calvo-Sotelo no cayó en la trampa de las falsas

imitaciones, sino que buscó aquellas formas que mejor encajaban en su

personalidad y que, afortunadamente, coincidían con lo que la comunidad española

necesitaba en este momento. Así a la política de sonrisas sucedió la de la

discreta seriedad; a la dialéctica de las promesas subsiguió la del oscuro

trabajo diario; a la arisca soledad de la torre de marfil sustituyó un estilo de

puertas abiertas sencillo y franco que tampoco llegaba a caer en la barata

camaradería. A un predecesor hábil y maniobrero siguió un Calvo-Sotelo sincero y

un tanto arisco. A la corte de «fontaneros» —que tanta culpa tuvo en el

hundimiento de Suárez— sucedió un corto grupo de eficaces colaboradores y hasta

un serio recorte en el número de ministros, de consejos y de gastos. El primer

resultado fue que un hombre mucho menos simpático que su antecesor comenzó a

caerles bien a los españoles, a los que transmitió un mensaje de seguridad y

firmeza

.

No podemos decir que el presidente haya triunfado en su guerra contra el

terrorismo. Ni él ni nadie sensato podía siquiera soñarlo. Trece asesinatos —

algunos muy especialmente graves— ensombrecieron estos cien días. Y aunque la

oración del Mando Único Antiterrorista ha conseguido frutos eficaces, el

presidente y todos sabemos que esta será una guerra larga y que nadie puede

presumir de ganarla en breve plazo. Desgraciadamente también algunos fallos en

los servicios informativos, especialmente en los sucesos de Barcelona— vinieron

a agravar los coeficientes negativos en este aspecto.

De positiva hay que calificar la mucho mejor relación que hoy existe entre el

Ejecutivo y las Fuerzas Armadas. Los hechos del 23 de febrero, con todo lo

negativo que han aportado, han servido indirectamente para clarificar tanto la

fidelidad de las Fuerzas Armadas a la Constitución como el amor del pueblo a las

Fuerzas Armadas. En este terreno hay que valorar como altamente positiva la

postura del pesidente acudiendo por dos veces al País Vasco para honrar a

policías y militares asesinados y todos sus contactos con los altos jefes

militares signados siempre por la amistad y la dignidad.

Uno de los avances más notables se ha percibido en lo que se refiere a las

relaciones entre los diversos partidos del arco parlamentario. Calvo-Sotelo no

ha desperdiciado ocasión para dialogar, hablar, conferenciar, buscar la

colaboración. Aun sin aceptar formar gobiernos de concentración ha sabido

acercarse a los líderes políticos y parece haber superado aquella radical

desconfianza que hacía imposible un diálogo de colaboración entre Suárez y

Felipe González.

Fruto visible de estos contactos ha

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OPINIÓN

sido el replanteamiento del tema autonómico que, al asumir el Poder Calvo-

Sotelo, parecía condenado a despeñarse por los caminos de la improvisación. El

presidente ha tenido el coraje de replantearse las cosas. Y hoy el informe de la

Comisión de Expertos parece una guía suficientemente segura —aunque será difícil

su aplicación concreta— para lograr unas autonomías que no destruyan la unidad

de España.

En política exterior la línea seguida por Calvo-Sotelo ha contado con la

.impagable ventaja de la claridad: su neta opción por la OTAN.

La económica era la batalla más difícil y es tal vez la que, por el momento,

permite ver menos frutos positivos. Se han puesto algunos parches a los

problemas del paro, mas no ha logrado frenarse la velocidad creciente de su

curva. El diálogo triple Gobierno-CEOE-sindicatos tarda en llegar a su necesario

desenlace.

¿Puede intentarse un balance total? Mentiríamos si dejáramos desbordarse un

fácil entusiasmo en estas líneas. El país sigue viviendo horas casi tan

difíciles como las que hace cien dias atravesaba. Junto a algunos avances

claramente positivos hay muchas líneas que están aún cuesta arriba.

Pero parece que no se puede discutir que se esté trabajando con seriedad,

honestidad y empeño; que se ha ganado en claridad y eficacia; que se ha salido a

flote de las tremendas olas que hace tres meses nos amenazaron. Buena parte de

ese éxito se debe al presidente Calvo-Sotelo. Renovarle la confianza al cabo de

sus primeros cien días es hoy, nos parece, simplemente un gesto de justicia.

 

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