Autor: Canyelles i Barcells, Antón. 
   Los cien días de Calvo-Sotelo     
 
 Diario 16.    05/06/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

OPINIÓN

5-junio-81/Diario16

ANTÓN CAÑELLAS BALCELLS

Presidente de Centristas de Cataluña-UCD

Los cien días de Calvo-Sotelo

«El 25 de febrero, cuarenta y ocho horas después del 23 de febrero, iniciaba su

andadura el Gobierno Calvo-Sotelo. El comienzo no podía ser más espectacular.

Sin embargo, este Gobierno se pone en marcha de inmediato, y empieza a

gobernar.» Esto afirma Cañellas al cumplirse el periodo «de prueba» de los cien

primeros días del Gobierno de Calvo-Sotelo.

La situación no resulta, convengámoslo, demasiado confortable para quien ha

aceptado la inmensa responsabilidad de presidir el poder ejecutivo de un país en

plena ebullición. Se inicia una escalada terrorista que intenta conmover los

cimientos de la convivencia democrática. Como telón de fondo, se halla la crisis

económica, el paro, la construcción del Estado de las autonomías. El marco

internacional se ve condicionado por las tensiones en Europa Central, la

negociación con el Mercado Común y el ingreso de

España en la OTAN.

La respuesta no se hace esperar. Los hechos están ahí, para el que quiera

aceptarlos. Se constituye de inmediato un Gabinete centrista; es decir, un

Gobierno mayoritario y fuerte.

Es un Gobierno fuerte, porque se ha negado a entrar en el fácil juego del

trueque de votos, al que le invitaban minorías más o menos «interesantes» en el

Parlamento español o en alguna comunidad autónoma.

La luz roja

Se habla entonces de «derechización» o de «retroceso autonómico», como

sustitución automática de las ya inútiles acusaciones de «debilidad» o de «caos

autonómico». Por supuesto, el papel de la oposición —sea de derechas o de

izquierdas— siempre es coincidente. No obstante, mal se aviene con la

manifestada gravedad de la situación y el centelleo de la «luz roja» el

pretender que la única salvación posible pasa por un Gobierno de coalición.

Los observadores políticos que actúan con un mínimo de objetividad reconocen que

los problemas básicos que afronta el Gobierno Calvo-Sotelo no pueden resolverse

de forma taumatúrgica. La crisis económica no es fenómeno exclusivamente

español, al igual que sus secuelas directas: el paro y la falta de inversión. El

terrorismo es un problema heredado por la democracia, y no algo cuyo nacimiento

y desarrollo haya de ser imputado al régimen democrático.

La coalición sólo puede ajustarse a dos marcos de referencia: o reparto de

poder, o constitución de un nuevo modelo político. Si la coalición no es más que

un mero reparto de áreas de poder, reparto en el cual cada uno intenta sacar la

tajada más rentable -con vistas a la ya próxima contienda electoral—, la

pretendida solución se convierte en nueva fuente de conflictos.

En cambio, si se intenta conformar un nuevo modelo político —en el que el PSOE

acepte explícitamente los postulados de la sociedad europeo-occidental, con sus

lógicas consecuencias prácticas: economía social de mercado, libertad de

enseñanza, ingreso en la CEE y

en la OTAN, etcétera— se requeriría un proceso de cambio muy profundo, y

demasiado difícil de compaginar con las obligaciones de Gobierno.

De todos son conocidas las dificultades que se le plantean a una política de

concertación realista como la propuesta y realizada por el presidente Calvo-

Sotelo. Tanto en el sector sindical como en el patronal o en la política

autonómica, resulta espinoso —aunque imprescindible— llegar a acuerdos sólidos,

en cuestiones puntuales y absolutamente pragmáticas. Un eventual Gobierno de

coalición exigiría, además, una nueva óptica política por parte de quienes lo

propugnan, y esta modificación tan profunda actuaría como desencadenante de

procesos de largo alcance.

Está cumpliendo

El Gobierno Calvo-Sotelo está cumpliendo con lo que su presidente anunció en el

discurso de investidura. Nada más que eso, y nada menos. Utiliza un lenguaje

ajustado a los hechos, sean éstos halagüeños o no. Afronta los problemas con

decisión, llama a las cosas por su nombre, y no se propone objetivos

irrealizables. Eso sí, los objetivos previstos se están cumpliendo, y lo mismo

seguirá ocurriendo en el futuro.

Sobre todas las cosas, el actual Gobierno distingue con precisión entre el

legítimo derecho a la crítica de una gestión pública —derecho básico en un

sistema democrático sin adjetivos— y las interesadas campañas de descrédito de

las instituciones democráticas.

Si se diese esta eventualidad, el primer perjudicado sería el sistema

democrático. El segundo sería la propia alternativa de poder —por ejemplo, el

PSOE— si es que a través de este mecanismo consigue obtener una mayoría de votos

populares. A la denuncia de los lógicos errores o carencias de cualquier

política de Gobierno, y a la natural disensión entre fuerzas políticas de

distinto signo, se sumaría entonces un tercer factor: la oposición automática,

que es la que pretende ejercerse desde fuera del poder.

La alternativa

Antes de dos años se presentará la posibilidad de elegir no ya un Gobierno de

coalición, sino un Gobierno de alternativa. Hasta entonces, las fuerzas que no

participan en el órgano máximo del poder ejecutivo deben ejercer su necesaria

misión fiscalizadora, y por supuesto, sus obligadas tareas legislativas y de

representatividad social, a través de la amplísima audiencia que poseen en la

totalidad de órganos de la opinión pública.

Hasta entonces, también el Gobierno Calvo-Sotelo deberá hacer frente a sus altas

responsabilidades, con la misma serenidad, eficacia y operatividad con la que ha

trabajado hasta ahora. Su tarea de Gobierno fuerte y mayoritario necesita del

concurso concertado, de las demás fuerzas políticas parlamentarias. Estas, sin

abdicar de sus peculiaridades específicas, y sin pretender tampoco desempeñar

unas funciones que ahora no les son propias, pueden y deben controlar el

ejercicio del poder ejecutivo, e intervenir activamente en las tareas del poder

legislativo, con perspectiva de Estado.

Tal es el sentido último de la concertación puesta . en marcha por el presidente

Calvo-Sotelo, y cuyo éxito es imprescindible para que el viejo y noble país que

es España continúe su convivencia pacífica y libre.

 

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