Autor: Serrano Recalde, Pedro. 
 Los cien días de Calvo-Sotelo. 
 La erosión de un gobierno heredado     
 
 Diario 16.    05/06/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

NACIONAL

5-junio-81/Diario16

LOS CIEN DÍAS DE CALVO-SOTELO

LA EROSIÓN DE UN GOBIERNO HEREDADO

El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, empezó a gobernar

prácticamente con el Gabinete heredado de su antecesor, Adolfo Suárez, lo que

sorprendió a la oínión pública, a observadores políticos y a los propios

ministros que continuaban en el Gobierno. Tras cien días de gestión y con varios

titulares muy erosionados, la futura composición de su propio Gabinete puede es—

tar no muy lejos.

Pedro Serrano RECALDE

Madrid — Diez horas después de jurar ante el Rey Don Juan Carlos su cargo como

presidente de Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo sorprendió a los españoles

haciendo público su Gabinete que, salvo escasas modificaciones, era el mismo que

había formado su antecesor, Adolfo Suárez, cinco meses antes.

El Gobierno heredado suponía una mínima remodelación respecto al Gabinete que

durante un mes, tras la dimisión de Suárez, había venido ejerciendo sus

funciones.

La novedad principal estribaba en la reducción de carteras que de 23 pasaban a

16. Se fusionaron los Ministerios de Trabajo y Sanidad y Seguridad Social

y desaparecieron las tres vicepresidencias. Luis Ortíz González, titular de

Obras públicas y Urbanismo, fue el único nombre nuevo introducido en la lista

del Gabinete. Jesús Sancho Rof pasó de Obras Públicas y Urbanismo a Trabajo,

Sanidad y Seguridad Social; Pió Cabanillas, de ministro adjunto a ministro de la

Presidencia, y Alberto Oliart, de Sanidad y Seguridad Social a Defensa,

registrándose la ausencia de militares en el Gobierno por vez primera desde la

II República.

Sorpresa

La inusitada celeridad con que Calvo-Sotelo formó Gobierno y la identidad

prácticamente del mismo con el anterior sorprendió a la opinión pública y desató

múltiples interpretaciones entre los observadores políticos.

.Algunos de éstos no acertaban a comprender cómo un hombre como Calvo-Sotelo,

que desde el debate sobre su investidura quiso marcar con claridad el diferente

estilo de gobernar respecto a su antecesor, pretendiese hacerlo con el mismo

Gobierno heredado de éste. Era como hacer un «cesto» enteramente distinto con

los mismos mimbres.

El propio presidente, que inauguró lo que periodísticamente se llamó una

«política de gestos» y que sus colaboradores prefieren calificar como «el estilo

Calvo-Sotelo», no ha explicado todavía por qué formó tal Gobierno.

Transición

En medios políticos se interpretó la continuidad del Gabinete como un Gobierno

de transición o de interregno a la espera de que se dieran las circunstancias

propicias para la formación de su propio Gabinete o la composición de un

Gobierno de coalición con otras fuerzas políticas y, previsiblemente, la

inclusión de personalidades independientes.

En otros círculos se justificó la permanencia del Gobierno como un intento

de economizar tiempo para no prolongar el vacío administrativo surgido tras la

dimisión de Suárez y, en cierto modo, para no contradecir a éste que, cinco

meses antes, califó al Gabinete entonces formado como «el mejor de los posibles

dentro de UCD».

De cualquier forma, la decisión del flamante presidente sorprendió incluso a

algunos de los ministros que permanecieron en el Gobierno y que en el ánimo de

todos se daban por cesantes. Tales fueron los casos de José Luis Alvarez, Juan

José Rosón, Francisco Fernández Ordóñez, Jaime García Añoveros y Jesús Sancho

Rof, los que juntamente con Alberto Oliart parecen ahora los más «tocados» y

propensos al relevo en un eventual y próximo reajuste del Gabinete.

Lo que parece cierto, según fuentes gubernamentales, es que la nómina de

ministros presentada por e´ presidente al Rey pudo ser diferente a la que luego

se haría oficial. La sombra de golpe militar registrado tres días antes podría

haber recomendado una cierta continuidad del Gobierno hasta mejor ocasión.

 

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