Autor: Cabellos, Carmelo . 
 Los cien días de Calvo-Sotelo.. 
 El terrorismo planea sobre la imagen del presidente     
 
 Diario 16.    05/06/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Díarío16/5-junio-81

NACIONAL

LOS CIEN DÍAS DE CALVO-SOTELO

Con una popularidad en vertiginoso ascenso los dos primeros meses y la

consolidación de una imagen de seriedad y responsabilidad, afronta Leopoldo

Calvo-Sotelo sus cien primeros días al frente del Gobierno. Y todo ello con la

envoltura de una situación calificada por unos de «democracia vigilada», que él

cambió en «vigilante» y acabó por reconocerla como «acosada».

El terrorismo planea sobre la imagen del presidente

Carme/o CABELLOS

Madrid — Su investidura quedó truncada por el funesto golpe de Estado del 23-F y

reforzada después con la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados.

Calvo-Sotelo retoma el hilo del poder aquejado de sobresaltos golpistas y

desididas suaristas.

Nada más jurar como presidente del Gobierno inicia la «Operación Confianza», que

se traduce en lo que se ha denominado >

la Moncloa prefieren llamar de «realizaciones».

Entre estas últimas se . incluyen la concertación autonómica y el informe

Enterria», las medidas contra la sequía y el viaje presidencial a Andalucía y

Extremadura, la iniciación del proceso de acercamiento a la OTAN, primer viaje

oficial a la República Federal Alemana, negociación con la CEE, distintas

medidas económicas, como la reestructuración de la siderurgia industrial y el

sector pesquero, precios agrarios...

Terrorismo

Sin embargo, el elemento que ha gravitado con mayor tensión ha sido el del

terrorismo, detonante multiplicador de otros problemas, como los aglutinados en

torno a la familia castrense o los sucesos de Almería y Barcelona.

En las primeras reacciones se crea el Mando Único Antiterrorista, se decide la

permeabílización militar de las fronteras terrestres y marítimas colindantes con

Francia y se refuerzan los recursos legales con las leyes de Defensa de la

Democracia y la reguladora

de los Estados de Excepción, Alarma y Sitio, a la vez que se aceleran la

solicitud de extradiciones a Francia.

Es el terrorismo un contraelemento que planea sobre la imagen presidencial. Si

en los primeros días de su mandato apareció como positivo el hecho de que se

desplazara al País Vasco como motivo de ser asesinados dos tenientes coroneles,

su ausencia en los funerales de los militares asesinados en Madrid fue un

contrapunto negativo.

Calvo-Sotelo, al cumplirse sus cien días como vicepresidente económico, ya había

apuntado que «un desencanto que se produce a los ríen días es, cuando menos,

prematuro». Estas palabras traducen uno de los rasgos fundamentales del

presidente: la prudencia. Junto a ella está la serenidad.

Y serenidad fue lo que quiso transmitir en su intervención televisiva el 8 de

mayo, tras los trágicos atentados de Madrid. Este fue el más tenso de sus

«gestos». Lo más distendido, la recepción a los jugadores de la Real Sociedad,

ganadores de la Liga de fútbol, la cena entrega de los premios nacionales de

Cultura o la visita al camerino de Plácido Domingo.

Sin embargo, los elementos que pudieron influir decisivamente en el alza de su

cota de popularidad fueron los intentos de concertación con los socialistas, la

salida al campo de la sequía o el no rehuir el lance parlamentario o las

comparecencias ante la prensa.

Asi, de un desconocimiento casi total, de la imagen de hombre sobrio, gris,

frío, elitista, introvertido, distante —como le calificaron al ser candidato

varios expertos en imagen— pasa a

conseguir una imagen de seriedad y seguridad, que le sitúa en un nivel de

aceptación de su gestión del 41 por 100 de los españoles, según un sondeo del

Instituto Gallup, publicado por DIARIO 16.

Interlocutores

El desgaste producido por su predecesor «en ese chalet de la Moncloa, donde hay

mes teléfonos que libros» — según Calvo-Sotelo—, le lleva a hacer la con-

traímagen de Suárez. Esta circunstancia provoca veladas críticas del nuevo

duque.

Calvo-Sotelo se está creando un núcleo político de centro-derecha. Por eso cuida

especialísimamente sus interlocutores. En la Moncloa sólo pisan ahora Felipe

González, Jordi Pujol, Carlos Garaicoechea, Miquel Roca o Xavier Arzallus. Los

encuentros con Santiago Carrillo o Manuel Fraga suelen tener lugar en la

neutralidad de los pasillos del Congreso.

Unión de Centro Democrático, su partido, es su respaldo, pero no su silla. La

caída en picado de la aceptación de la opción centrista mantiene a Calvo-Sotelo

en la indefinición, a la vez que acalla cualquier planteamiento electoralista.

La sombra de la coalición a la portuguesa planea, sin embargo, por la Moncloa.

Por último, habría que apuntar algunas sombras en esta imagen presidencial. En

las últimas semanas parece que ha cogido un virus atípico que bien podría

llamarse «síndrome monclovita» y que se traduce por la tendencia a sumergirse

entre aquellas paredes. La luz roja del aislacionismo se ha encendido.

 

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