Autor: Dávila, Carlos. 
 Calvo-Sotelo mantiene aún su independencia. 
 El "centro amplio" contra la "gran derecha"     
 
 ABC.    21/06/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DOMINGO 21-6-81

NACIONAL

ABC/7

Calvo-Sotelo mantiene aún su independencia

El «centro amplio» contra la «gran derecha»

Por Carlos DAVILA

El orador (traje de alpaca y «donuts» en el ojal de la solapa) palideció:

diecisiete personas —Incluido algún familiar provinciano— formaban el festivo

auditorio que se disponía a entusiasmarse con la arenga del diputado centrista.

Había sido anunciado durante tres días en la Prensa local y a pesar de ello,

sólo había podido concitar a diecisiete voluntarios en una fecha histórica: el

15 de junio, aniversario de las primeras elecciones democráticas. «UCD —pensó—

está en las últimas.»

En Madrid, trescientos ilustres desconocidos soportaron e! calor de un hotel de

convenciones, para escuchar a un Rodríguez Sahagún que no logró, en ningún

momento sacar del letargo a los fieles, a pesar de que muy al final, un anciano

sudoroso se le acercó y le dijo: «Si yo tuviera ese pico de oro, ganábamos todas

las elecciones.» Sahagún sonrió agradecido, pero estaba serio, muy serio. Su

gran intento de despertar a la militancia centrista en un fecha tan señalada

había fracasado estrepitosamente. No era esta la mejor semana para el presidente

de un partido burocratizado, aburrido, sin poder alguno de convocatoria.

CALVO-SOTELO AVISA

Veinticuatro horas antes del fiasco centrista, el presidente contuvo a duras

penas las ansias de fuga de dos diputados albaceteños, decididos a abandonar el

partido. Lo mismo que hará en fecha muy próxima el ultraconservador Díaz Pinés,

cruzado de una fe antidivorcista a todas luces exagerada y que ahora esgrime la

coartada de la peor y más estatista ley —la LAU— que va a tener que soportar la

democracia. Como harán, al menos, cinco de los treinta diputados, hartos del

maniobrerismo caciquil que se está utilizando para controlar las asambleas

provinciales: unas asambleas en las que Suárez tiene que ganar; así lo ha

decidido el «aparato» infiftrado de suaristas, que guarda estrecha relación con

los ex fontaneros de la Moncloa (Sahagún se topó de bruces con Caso y Aurelio

Delgado en la Carrera de San Jerónimo y no pudo disimular un rictus de

desagrado) y así lo van a decidir también las bases provinciales que esperan

tomarse la revancha y devolver una pelota envenenada a los demócratas de toda la

vida, «que-hay queverlo que hicieron con nuestro jefe».

El partido, esta es la verdad, ya no se sostiene en pie. Por eso se buscan

fórmulas sustitutorias; por eso, también, el único que puede salvarlo, Leopoldo

Calvo-Sotelo, quizá baje a la arena antes de que se consume el desastre. El

presidente está tentado, sin embargo, de acudir sólo cuando el desmantelamiento

sea irreversible. De este modo podrá conformar a su gusto una nueva mayoría con

posibilidades de ganar los próximos comicios generales. Ya ha dado el primer

aviso: durante unos días ha dejado que dos ministros de su Gabinete opten en"

teoría por la Presidencia de Madrid y, al final, ha hecho, con elegancia, oír su

opinión: el mejor candidato será Miguel Domenech, un hombre de confianza que,

además, es consejero del periódico más crítico de Madrid, el diario que ha dado

recientemente un tremendo varapalo a la esclerotizada organización centrista

EL INTERPRETE DEL PRESIDENTE

A Calvo-Sotelo le han salido intérpretes. Uno de ellos es Alfonso Osorio, más

activo que nunca y empeñado, a costa de lo que sea, en fraguar la operación

«Gran Derecha». Osotio, que radia sus mensajes en la misma longitud de onda que

los críticos de UCD Herrero y Alzaga (los dos a punto de romper el partido),

asegura que la gran coalición «se hará por la fuerza de las cosas», que

«Leopoldo Calvo-Sotelo no la hace ascos» y que, además, «o el presidente

encabeza el centroderecha o se queda con un partido esquelético y decadente».

Osorio, audaz y desafiante, se ha envalentonado estos días con el gran fracaso

centrista del 15-J y también, justo es decirlo, con las declaraciones —demasiado

comprometidas para ser el presidente de los empresarios— de Carlos Ferrer, que

apuesta nítidamente por el centro derecha (por la Gran Derecha en resumidas

cuentas) y que coincide con el madrileño Segurado en su cruzada de expulsión de

los socialdemócratas —«socialdemócratas go home»— y en provocar una crisis de

Gobierno para que los ministros de este origen, García Diez entre ellos, tengan

que abandonar el Gabinete.

Osorio, el intérprete monclovita, trata de sintonizar con las intenciones de

Calvo-Sotelo («Hay que abrir UCD») y patrocina el regreso de políticos de gran

fuste como Ortínez, el hombre de Tarradellas, y Federico Mayor, dispuesto a

dejar la dirección adjunta de la UNESCO y volver a España. Osorio y los

democristíanos se han enfrentado ya con otra operación, menos limitada, que ha

comenzado a diseñarse. Es la estrategia del «Centro Amplio», más generosa que

 

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