Autor: Urbano, Pilar. 
   El "dos-presidentes"     
 
 ABC.    05/12/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SÁBADO 5-12-81

Hilo directo

El «dos-presidentes»

El verbo de don Leopoldo carece de emoción. Cierto. Pero es preciso, escueto,

contundente y hasta... «fulmíneo». Y tiene la rara virtud de envolver en

palabras rotundamente «afirmativas», contenidos políticos «a la defensiva». Al

menos así lo vi yo ayer en su rueda de Prensa de la Moncloa. Con dos pinceladas,

porque no deseaba gastar en el tema toda la, paleta, dibujó la explicación que

se le pedía una y otra vez sobre el nuevo Gobierno: «No es débil... Está hecho

para gobernar este país, que tiene muy serios problemas... Continuará hasta el

final de la legislatura en 1983... Niego que los cambios introducidos en el

Gobierno, -que han resuelto, por cierto, discrepancias antiguas, obedezcan a

intereses de partido...» Y sobre las marimorenas de UCD: «La crisis se ha

producido con tanta luz y taquígrafos que resultaría excesivo que ahora yo

abundase en explicarla... No creo que haya nuevas "fugas" de diputados en UCD ni

que el Gobierno se quede en minoría parlamentaria.»

Mucho le interesó, en cambio, despejar dos «fantasmas» muy presentes en los

ánimos de los periodistas que estábamos allí: el de «la soledad del Gobierno» y

la necesidad invocada por el líder de la oposición y por el ex ucedista

Fernández Ordóñez de un Gobierno de coalición, y la que llamó varias veces

«sombra obsesiva del 23-F». «¿Dice usted que hay más soledad en el Gobierno? —

repreguntó don Leopoldo a un informador— ¡Cómo no esté usted aludiendo a una

ministra que lleva ese nombre...!» Y sobre el «clima 23-F», el presidente

aconsejó «liberarse de esa obsesión, de ese estado de zozobra, de esa inquietud

que lleva a Interpretarlo todo en clave "23-F"».

Pero aunque la palabra mágica de la velada «coloquial» fue «normalidad» para

referirse al actual estado de cosas públicas, no pudo o no quiso hurtarse a la

declaración reiterada de que «vivimos tiempos difíciles». Claro que en el otro

platillo de la balanza colocó inmediatamente un firme «no creo que tengamos

ahora el riesgo de un golpe militar...» y «espero que el juicio de los sucesos

del 23-F termine de una vez con esta sombra obsesiva».

Cuando me dieron «voz» le pregunté, entre otras cosas, qué dimensión primaba en

él: si la de presidente de Gobierno o si la de presidente de partido, porque yo

todavía no acierto a discernirlo. «¡Más difícil sería que yo lo distinguiera en

mí mismo...! Pero pienso prestar más atención al Gobierno, que es mi primera

responsabilidad... Por otra parte, el que yo asuma ambas Presidencias supone

que, en adelante, partido y Gobierno van a marchar paralelamente. La sintonía se

hace ahora en "una cabeza", sin tentación de enfrentar a una y otra.»

En dos momentos asomó esa embridada cólera que ya conocemos en el presidente:

cuando «redujo» al «periodista impertinente que había formulado una pregunta

impertinente» sobre una «pretendida persecución de periodistas...» y cuando, en

indirecta aérea a Felipe González, declaro arrogante: «¡No admito que en la

defensa y contrucción de la democracia nadie se atribuya una actitud más

avanzada que la mía!... Debemos construirla y defenderla todos juntos.

Juntos..., pero no "confundidos" en un mismo Gobierno.» Las tres rosas de la

mesa se le estremecieres asustadas. Y un mensaje subliminal a los oteadores de

posibles «vacíos de poder» por crisis de los partidos o «desfallecimientos» del

Gobierno:

La Constitución, por sí sola, tiene recursos para proveer hipotéticos vacíos

Radar si los hubiera -- Pilar Urbano.

 

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