Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Santiago     
 
 Diario 16.    13/01/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

GRITOS

Y SUSURROS

Santiago

SANTIAGO Carrillo ha lanzado su última ofensiva contra los disidentes

renovadores, en clave polaca. Y para ello, anteayer, por los micrófonos de la

radio, soltó una divertida maldad: según Santiago, hay una mano oculta —la

famosa «campaña»— que intenta destruir el eurocomunismo, y, curiosamente, entre

los pro soviéticos y los renovadores hay una sospechosa coincidencia final de

objetivos.

A mí, lectores, me gustaría coger a Santiago Carrillo, llevármelo a una esquina

discreta en los pasillos del Congreso y decirle: Hombre, Santiago, ¿por qué no

reconoces el descomunal error cometido?

Porque, tras haberle oído decir aquella frase tremenda —«Si entre mi padre y el

partido, elegí al partido, etcétera, etcétera...»—, ahora podríamos parafrasear

aquella afirmación despiadada y decir que Carrillo ha sucumbido en la elección:

entre el partido y Carrillo, Santiago ha elegido al segundo...

Porque, lectores, la situación del PCE es casi, casi, de UVI. La dirección ha

lanzado la consigna de interrumpir las expulsiones, pero si las amenazas de

dimisión de los solidarizados en los Ayuntamientos madrileños con los concejales

de Madrid se consuman, los efectos serán devastadores.

Por su parte, los renovadores expulsados del comité central —Azcárate, Pilar

Brabo, etcétera— consideran que muy mal deben de estar las cosas en el partido,

cuando Santiago recurre a trucos similares —equiparar a pro soviéticos con

renovadores en un afán común de destruir el eurocomunismo— aprovechando la

escasa información y la buena fe de las gentes, para lanzar semejante infundio.

POR su parte, los renovadores están preparando y estudiando la fórmula para

lanzar una especie de plataforma o asociación, a caballo entre los que aún

permanecen en partido y los que ya han sido expulsados. Y una de las vías de

aglutinamiento de tal corriente sería el lanzamiento de una revista teórica con

cadencia quincenal o mensual, y en la línea de «Nuestra Bandera», la publicación

de pensamiento del comité central que hasta hace poco dirigía el expulsado

Manuel Azcárate.

Porque el anterior equipo de «Nuestra Bandera» ha sido cesado en pleno. Primero

fue Manuel Azcárate, que fue sustituido en una reunión del comité central por

José Sandoval, responsable de la Fundación de Investigaciones Marxistes, un

hombre bueno, con la salud delicada, que se ha hecho cargo de la publicación muy

a su pesar, y presionado por las circunstancias y los deseos de Carrillo, que le

presentó como una persona preocupada por los temas culturales, «que ha leído

mucho».

El resto de los miembros del consejo editorial y del consejo de redacción de la

publicación fueron cesados sin contemplaciones y el primer número de la nueva

etapa ya aparece convertido en una mera prolongación editorial de la política y

las decisiones de los órganos dirigentes.

Por su parte, los renovadores se preparan para hacer algo en la dirección

señalada de formar una plataforma. Y miran a la figura hierática, inmóvil, como

de mármol, de Nicolás Sartorius y se preguntan: ¿Qué hará Nicolás? ¿Será Nicolás

el próximo, tras los Tamames, Triana, Azcárate, Brabo, Mohedano, Lovelace...?

 

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