Homenaje de médicos y escritores a Gregorio Marañón     
 
 ABC.    30/03/1960.  Página: 39-41. Páginas: 3. Párrafos: 31. 

ABC. MIÉRCOLES 30 BE MARZO BE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG.

39

HOMENAJE DE MÉDICOS Y ESCRITORES A GREGORIO MARAÑON

No caben en varios números de A B C los testimonios que, escritos singularmente

por médicos y discípulos del ilustro Dr. Marañon, llegaron en -el día de ayer a

nuestro periódico. Tenemos publicamente que disculparnos, por razones puramente

materiales, de no -poder complacer a todos los, que han tenido la amabilidad de

escribirnos.

Ejemplo de maestros.

A más de ser, por mor de la edad, uno de los más antiguos discípulos de Marañon,

he disfrutado muchísimos años de su íntima amistad, y, por ello, he recogido y

compartido multitud de sus inquietudes y satisfacciones.

El gran dolor que hoy me afecta y que me inhibe para hablar serenamente de

Marañón, ejemplo de maestros y, sobre todo, ejemplo de persona, no es óbice para

reconocer que pocas veces le será a uno dable el consolarse de su desaparición,

como en este caso, admirando y repasando toda su obra..

Esta ingente labor, desparramada en tantos libros científicos, biográficos v

literarios, queda como el mejor ejemplo de lo que significa una generosa actitud

para el trabajo, una clara facilidad literaria, una mentalidad .biológica en la

interpretación y, sobre todas las cosas, sus días se sucedieron ignorando sus

triunfos y su gloria, en la forma que comentaba en una de sus obras,

refiriéndose a la vida de unos insignes malogrados. En ella decía: "...el ansia

de crear que empuja sin descanso la actividad de muchos hombres, no responde

tanto a la aspiración, de perdurar. como a la simple y modesta aspiración de

vivir: a evitar el trance de encontrarse un día con la propia labor que es la

razón de existir, terminada... Creo cada día con mayor firmeza en el poder

gigantesco del espíritu. .Creo que la existencia material es infinitamente dócil

a la energía core que se siente la necesidad y la voluntad de poseerla y

gastarla. Que el optimismo crea la ventura y el pesimismo crea la adversidad: y

no, como suele pensarse, lo contrario. Que la vida misma perdura o se acorta al

tono de la energía con que se desea o se desdeña. Que no trabajamos y creamos

porque vivimos, sino que vivimos porque creamos."

La enfermedad que desde hacía unos dias padecía´, interrumpió numerosos trabajos

y proyectos que hubieran llenado y justificado muchos años de existencia tan

repleta siempre de enseñanzas.

Toda su vida ha sido trabajo y creación. Cuando afectado por esta su última

enfermedad, parecía que podía interrumpirse esa norma de su vida, ha sido su

vida la que se ha truncado, como si puesto de acuerdo con Dios, se cumpliese

aquel designio expresado en años todavía juveniles.

José María PARDO.

Supo transformar a´ España en auditorio.

Nadie habrá tan osado como para empreder el loco intento de condensar en unas

líneas los más sobresalientes rasgos de una personalidad tan deslumbrante—y tan

entrañable—como la del titán de la cultura al que hoy lloramos. Ni siquiera de

una mínima parte de ellos.

Para el médico español, saber que Mará-non ha muerto, significa nada menos que

reconocer que se cerró una de las más fecundas etapas en el duro proceso de la

incorporación de su profesional Quehacer a la Medina universal, sin Que ello

Quiera decir que, como todo legítimo maestro—al supo transformar a España en

auditorio y se hizo admirar, como muy pocos, por los más exclusivos areópagos

distantes de ella—. no haya sabido dejar la antorcha, que • hoy abandona en las

manos de- hábiles y entusiastas continuadores; pero si—como él tenía el hábito

de decir— sólo distingue al hombre el peculiar acento de su generación, no cabe

dudar que, para la nuestra, tuvo la inintencional generosidad de imprimir el

suyo.

Médico innato y de las dimensiones de los más grandes —con derecho legítimo a

que su efigie se alinee en la galería de los insignes clínicos de todos los

tiempos—, abandona una, imborrable estela de cariño y de respetuosa admiración:

por lo que contribuyó a crear —la Endocrinología dentro del marco de la

Medicina sin apelativos—, por lo que nos enseñó y por la suprema elegancia, con

que aceptó la bien merecida fortuna de ser discutido. Fortuna, a no dudar, por.

cuanto que quién no se discute o no es un gran hombre o adoleció de la pequenez

espiritual de rodearse de una corte de papanatas.

Descanse en paz y que nuestro país—y nuestro oficio—tengan la fortuna de que no

transcurra un siglo sin que renazca una cabeza, comparable a la suya.

Jose CASAS

Repartió más bien que ningún español contemporáneo.

La pérdida de esta, colosal figura de nuestra época que todos, lloramos en estos

momentos, figura de un admirable e impar enciclopedismo actual típicamente

expresivo de la mejor Europa, exigirá para ser bien valorada en todos sus

aspectos, el paso de algún tiempo y más aún, la aparición de un biógrafo de

dotes excepcionales, casi tanto como las del propio Marañan.

Pero nadie que de cerca o de. lejos haya sido su discípulo (y cuenta que lo han

sido todos los que a él se han acercado) podrá olvidar la enorme carga de

simpatía, de calor amical, de temor a sus semejantes, .que irradiaban de su

extraordinaria personalidad humana. Después de hablar con "don Gregorio todos

(enfermos o discípulos), nos sentíamos, mejores, más capaces, y más seguras de

nosotros mismos. Ningún español contemporáneo ha, repartido tanto bien a sus

semejantes como esta gran figura de nuestra Medicina... cristiana, humana...,

grande todavía (subrayémoslo los médicos) por sus investigaciones clínicas, las

cuales siguen marcando al cabo de veinticinco y más años hitos difícilmente

revasables en todo el campo de la medicina interna, y sobre todo de la

Endocrinología. Ningún médico actual puede olvidar sus numerosas contribuciones

al conocimiento de la enfermedades Addison, a la comprensión del Climaterio, al

de los Estados Intersexuales en el ser humano y últimamente al estudio de las

afecciones Liencéfalo-Hipofisarias con sus Timopatías correspondientes.

Durante años y años perdurarán en la clínica muchos de sus hallazgos, tales como

el ´´signo de Marañan" para el Tiroides, la Mano Ovárica, las Osteopatías

Constitucionales, y sobre todas sus aportaciones su comprensión humana de cada

enfermo, y más aún el halo de su simpatía, de su temblor humano..., de aquél no

sé qué... "que queda balbuciendo..."

Eusebia OLIVER PASCUAL

"Tenía una actitud generosa y abierta"´

La inesperada noticia de la muerte del doctor Marañan me ha llenado de tristeza

y pesar. Conocí a don Gregorio, desde mi época, de estudiante y en muchas

ocasiones pude admirar su gran talento, comprensión y extensa cultura. Tenía

siempre una actitud generosa y abierta. La última vez que ños vimos, hace apenas

dos meses, fue en una consulta sobre un enfermo muy grave y en el cual nada

eficaz podía hacerse. Movido por su bondad procuraba encontrar con sus

razonamientos y experiencia, la posibilidad de un pronóstico menos sombrío. Así

era siempre, optimista y confiado, no sólo ante los problemas agobiadores de la

práctica médica, sino también frente á los múltiples y más diversos aspectos

culturales que él sabía percibir agudamente con su mente clara, de historiador y

trasladarlos después a libros y artículos con una, prosa y estilo singulares. No

es lugar común afirmar que con la muerte de don Gregorio Marañón desaparece una

de las figuras más preclaras de. la sociedad española contemporánea.

Sixto OBRADOR

Luto de Marcel Achard y de Jéan Cocteau.

Marcel Achara me ha telefoneado esta mañana para expresarme su dolor por la

muerte de Marañon y acabo de recibir un telegrama de Jean Cocteau en el que me

dice:

"Pena extremada por la muerte de nuestro entrañable amigo de Toledo. Quisiera

que expresases mi luto a España. Jean Cocteau."

Es que además de todo lo que se ha dicho y además de todo lo que se dirá sobre

Marañan, sobre su inmensa bondad, sobre su fabuloso talento, queda el recuerdo

de su figura como una bandera nacional en su casa frente a Toledo.

Cuando en primavera nos llegaban los ilustres curiosos de Europa sabíamos que

los domingos, después de habernos paseado por la ciudad, de habernos llenado los

ojos de piedras y el alma de Grecos, recalábamos en ese hogar de los Marañon, en

donde, a ejemplo y semejanza de Gregorio, todos tenían la amplia sonrisa abierta

y la amabilidad a flor de labio. El visitante se encontraba de repente intimando

con la familia ejemplar, riente y culta, hablando todos los idiomas y sabiendo

todo lo que sabía el viajero y algo más. Y, por si fuera Poco, ese gran

patriarca, joven, ese hombre internacionalmente famoso, con aspecto de haber

terminado la carrera hacía pocas horas, los acogía con su gran gesto alegre, de

una manera tan afectiva que ya no se podía, olvidar. Y ese ilustre extranjero se

marchaba, y cuando los volvíamos a ver en sus países nativos veíamos ´que

Gregorio había tomado en su recuerdo un lugar preferente e inseparable entre el

entierro del conde de Qrgaz y la flecha de la Catedral.

Marañan honró a España no solamente con su obra inmensa, sino por el mero hecho

de existir, por la razón sencilla de ser como era, por ese don de gentes qué

había traspasado fronteras, sierras y mares, y por eso hoy nos acompañan, los

altos valores universales en nuestro duelo desconsolado.

Edgar NEVILLE .

"Activa y piadosa lumbrera"

En el dolor profundo que hoy sienten todos los españoles para quienes España es

algo más que un, nombre o un predio, se mezclan, creo yo, dos sentimientos,

producido el uno por la definitiva desaparición de lo que Marañon fue en vida y

causado él otro por la pérdida de lo que Marañón aún podía ser. No hay un solo

lector de nuestra lengua que no conozca la riqueza y la magnitud extraordinarias

de la vida y la obra de Gregorio Marañón. Fué gran médico, y tanto en el

ejercicio clínico de la Medicina como en la investigación: una de las más

fecundas y centrales ramas de la actual patología, la endocrinologia, le cuenta

entre sus fuá-dadores más ilustres. Fue, por otra parte, extraordinario

historiador: mientras haya en el planeta alguna curiosidad por la hazaña

histórica de nuestro país, sus libros sobre Toledo, el Conde-Duque, Antonio

Pérez, Feijoo, Luis Vives y el. Greco serán leídos con admiración y provecho.

Fue, además; un espléndido escritor de su idioma: quedará, es bien seguro, como

uno de los clásicos de la prosa castellana de este "Médio siglo de Oro" de

nuestras letrás á que él tan descollantemente ha pertenecido. Fue, por

añadidura, constante maestro de la perfección "humana, insobornable paladín de

una convivencia entre los españoles v entre los hombres todos, basada tanto en

la inteligencia como en la buena voluntad: ahí. están, entre mil páginas suyas,

"Vacación y ética," y "Rafe y decoro de España".

¿Cuántos ha habido más lúcida y amorosamente , diestros que él en descubrir y

subrayar con generosidad la parte o la partéenla de verdad y de nobleza que

pudiera haber en el alma y en la obra del prójimo, fuese de él amigo o

discrepante? "Activa y piadosa lumbrera", le llamó una vez Galdós. Pero siendo

todo esto, y precisamente por serlo, la persona de Marañón, tan fuerte y

prometedora hasta ayer mismo, también constituía para todos una consoladora

posibilidad. Dios, Señor de lo real y lo posible, le habrá premiado ya lo mucho

que él fúe y que aún podía ser.

Pedro LAIN ENTRALGO

Ha muerto en "olor de multitud".

Gregorio Marañon deja para las edades venideras una obra científica, una obra

histórica y una obra literaria que ha de ser tenida como legado excepcional para

el acervo de nuestra cultura. Pero los que hemos vivido en sus días pensamos si

el volumen de su incomparable sentido humano, de la noble misión que atribuyó a

la vida y a la acción, si el ejemplo de solicitud que hemos tenido ante nuestro

ojos no es acaso superior a su ingente obra intelectual.

Pero estos dos aspectos de su vivir no hay por qué enfrentarlos, sino

considerarlos unidos formando un bloque humano sin grietas ni fisuras,

aleccionador y ejemplar. Cada uno de sus aspectos de científico, de médico, de

historiador, de escritor, de hombre de consejo, de efusividad desinteresada, de

calidad humana, insuperable (modestia en lo cotidiano, moderación en los

triunfos; temple en los trabajos), acaso puedan ser igualados cada uno, aunque

dificilísimamente superados, pero todos reunidos en un solo ser humano forman un

ejemplar de hombre que honra a la Humanidad y sólo podemos concebir como

providencial ejemplo.

Por eso se asociaron todos los españoles al duelo, y los madrileños que pudíéron

hacerlo en persona llenaron las calles para despedir el mortal despojo del

nombre excepcional, y hasta él llegó "la ofrenda, lo mismo de sus compañeros de

clínica, de academias o de bibliotecas y archivos que los que sabían tan sólo

experimentálmente de su bondad, de su ciencia y de sus letras, porque hay una

calificación de infinitas sugestiones, la de "médico de cabecera", que1 a él le

cuadraba a la perfección, pues en él descansaban y reposaban lo mismo los que

solicitaban la salud que los que demandaban el consejo o el placer sosegador de

Ja lectura.

Por eso se llenaron las calles del tránsito para darle el adiós último. Por eso

mereció morir, como dijo un poeta "en olor de multitud". Y por eso su muerte

supone la de un trozo de carne y de ser españoles, un rasgón en nuestro mapa

cultural y humano, tan hondo como irrestaurable.

José M.ª DE COSSIO.

Maestro de Investigadores

Con Ja muerte de Marañon: todos los investigadores españoles, sea cual sea el

campo de su especialidad, pierden al maestro cuya capacidad de entrega y de

generosidad, cuya vida y cuya obra, quedarán como la más bella de las lecciones

para las generaciones futuras. Su constante preocupación por la enseñanza, su

fidelidad al espíritu universitario, su repulsa a los exámenes como medio de

juzgar de la vocación y de la capacidad moral del estudiante merecen "el sincero

agradecimiento de cuantos sientan, de verdad, la necesidad de una radical

reformado las tareas docentes. Y, sobre todo la grandeza de su espíritu liberal,

equidistante de todo fanatismo, asegura la permanencia de su ejemplo, quizá hoy

más necesario que nunca ya que con su desaparición se produce una baja

irreparable en el linaje de quienes como él´, "de lo oscuro aspiraban a lo,

claro".

J. GALLEGO-DIAZ, Profesor de la Escuela Tecnica de Ingenieros Agrónomos).

GREGORIO

El inmenso marmullo dolorido, el. , mar da gentes desolabas ante el vacío que

dejaba su muerte, han revelado que su pueblo había comprendido la grandeza de

don Gregorio Marañon. En la vida cotidiana, mientras estaba entre nosotros,

mientras se estaba seguro fie contar con él, era más fácil perder el sentido de

la proporción; la habitualidad embota para el discernimiento de los valores. El

hueco hueco al desaparecer deja su figura muestra, en inmensa desgarrón, todo

cuanto llenaba. El dolor de cada uno se sentía confirmado, confortado al

hermanarse con tantos otros, al sentir que en es» hermandad estaba su dimensión

verdadera y también su sentado más fecundo. Todos le debíamos algo, todos

teníamos algo que aprender de él, a todos debía unirnos la inspiración de sis

ejemplo.

Su vida y su obra, tan generosas, son como un manantial inagotable de

ejemplaridad para sedientos de muy distintas vocaciones, de muy diversas sendas.

Con don Gregorio se fia esta circunstancia que quizá sea única: posiblemente no

haya nadie en el mundo provisto de todos los saberes y técnicas que serían

precisos, a la hora de enjuiciarla, para abrazar su obra en su conjunto. Porque

su obra medica y científica, tan amplía, y renovadora, sólo contados científicos

la podrían apreciar. Pero ¿quién podría, al mismo tiempo, juzgar de sus

admirables investigaciones y trabajos históricos, con los que sólo los de

grandes cultivadores de la ciencia histórica pueden codearse? Y lo mismo se diga

de sus estudios de arte. Y de sus múltiples ensayos, a los que nada humano ha

sido ajenó. Y de su creación literaria: ese castellano terso, flúido,

transparente, preciso.

Cualquiera do esas actividades habría llenado con todo honor una vida. ¿Cómo

explicar que todas juntas sólo ocuparan un mediano fragmento de la suya?

Miles y miles de las persomas que le acompañaron al último reposo o que decían

su pesar desde todos ios puntos cardinales fueron pacientes sayos. Y ser su

paciente en su consulta, o en el hospital era ser sa cristiano prójimo, recibir

toda su humana ayuda. También de él cabría decir que pasó por la vida tomando,

sobre sí, con rostro sonriente, la carga de dolores y penas de todo un pueblo.

Pasó por la vida prodigando su saber, formando con amor a sus discípulos,

dándoles calladamente su alto ejemplo.

Habría que preguntarse qué, conjunto de flotes es precíso para tan fértil

cosecha. Sobrecoge pensar cuántas son necesarias. Pero una ayudaba a todas las

otras. No sé si habrá habido nunca alma más limpia que la suya de ese pecado

cobarde, turbio y blando que es la pereza. Pereza es, en definitiva, desamor, y

don Gregorio fue la diligencia en persona, esto es, el amor inteligente a todo

lo creado, a la humana criatura en primer término. Por eso tuvo la forma más

excelente y más difícil de caridad, él que, tantas tuvo: la caridad de

comprender, la que le llevaba., como lector infatigable, a serlo, muy

especialmente, de todo investigador que empezaba, de todo escritor novel. A

cuántos y cuántos no llegó su juicio alentador y penetrante; a cuántos no reveló

lo mejor que tenían en sí mismos; a cuántos no ayudó con su presentación y con

su aplauso.

Pertenecía a su elegancia espiritual que derramara a lo largo de su vida

infinitos favores y beneficios sin el menor aire de hacerlos. Como pertenecía a

su carácter, que, abierto y cordial para todos y para todo, encerrara, según

creo, un último no sé qué de inpenetrable, un algo de inaccesible y sereno, como

águila que vuela en ¡as alturas.

Alfonso VALDECASAS

 

< Volver