Autor: ;Herrero, Miguel. 
   El olvido del sector agrario     
 
 El País.    19/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ECONOMÍA

El olvido del sector agrario

CARLOS TIO SARALEGUI

MIGUEL HERRERO

Ingenieros agrónomos

La situación política y económica del sector agrario ha sido uno de los aspectos más olvidados durante la

etapa de transición que estamos viviendo. La agricultura ha sido postergada por todos, Administración,

partidos políticos... Esperemos que los propios agricultores no caigan en la trampa de marginar al campo,

aislándolo del resto de la sociedad, para convertirlo en tierra de nadie, que es tanto como decir feudo de

los intereses más sólidamente establecidos.

Las organizaciones que quieren representar los intereses del pequeño y mediano agricultor no pueden

carecer por más tiempo de una estrategia de conjunto que guíe sus acciones e incluso sus luchas

reivindicativas si fuera preciso.

El origen de los problemas de estos agricultores está ligado a la estructura agraria de nuestro país, en el

que, de dos millones y medio de explotaciones, más de un millón y medio poseen menos de cinco

hectáreas. Estos pequeños empresarios han sido históricamente presa fácil del agrarismo como doctrina.

La agricultura tiene peculiaridades, pero en ningún caso puede considerársele un mundo distinto. Está

integrada en el funcionamiento general de la sociedad, y negar este hecho es el comienzo de la

manipulación de los más modestos por sus propios vecinos: los más poderosos del lugar. Toda política

que no diferencie la problemática de unos agricultores respecto a otros será cualquier cosa menos política

social; por esa vía nunca alcanzaremos una nueva agricultura.

Si el campo es un terreno electoralmente abonado para la derecha, no es por casualidad. La izquierda no

ha logrado elaborar una política mínimamente coherente, que pueda suponer una alternativa para los

pequeños y medianos agricultores. Al contrario, se ha sumado con ilusión a defender los intereses del

«campo». Pero ¿cuáles son los intereses del «campo»? ¿Qué estrategia y qué dirección política tiene hoy

día «el campo»?

Huyendo de espejismos, ateniéndonos a los hechos más recientes, la única estrategia política que existe

hoy día en las zonas rurales es la de la derecha.

La estrategia de la derecha en el medio rural es coherente y coincide con la que defiende sus intereses en

otros sectores con fiel paralelismo: el gasto público en agricultura, sea para crédito agrario, en mejora de

estructuras o en política de precios, debe ser indiscriminado con el objeto de «redimir al campo». No

cuestionemos qué «campo» se beneficiará de este enorme esfuerzo social. No es necesario, porque el

resultado de estas políticas en los últimos años es respuesta suficiente. En los años de escasez, la fijación

de los precios de garantía para el trigo no evitó la emigración masiva de campesinos, constituyendo un

negocio redondo para el gran agricultor. Fue en esta época cuando muchos absentistas decidieron

transformar antiguos latifundios en grandes empresas agrarias altamente tecnificadas. El negocio podía

valer la pena.

El elemento corrector imprescindible de una política de precios en agricultura lo constituye una política

fiscal progresiva. ¿Conseguirán las organizaciones de los pequeños y medianos agricultores movilizar los

tractores para exigir que se grave con impuestos a la agricultura? El sector agrario está hoy día

prácticamente exento de impuestos.

Es por estas razones por las que no me atrevería a calificar como «guerra» la nueva salida de tractores a la

carretera en algunas regiones del país. Pienso que se trata tan sólo de una «batalla», posiblemente justa,

pero cuya interpretación como elemento progresivo en la elaboración de una política de carácter social

eficaz no resulta tan evidente.

Los agricultores han sacado los tractores a la carretera para protestar por lo que consideran una demora

intolerable de la Administración en la fijación de los precios agrarios. Es, pues, un momento de

exaltación, seguramente se sumarán todos,y sí la presión es suficientemente fuerte, posiblemente aceleren

las decisiones del Gobierno. Tal vez incluso se produzcan desplazamientos dentro de las propias

organizaciones campesinas, una sustitución de los más moderados y dialogantes por nuevos líderes más

radicalizados en defensa «del sector». Pero si la única coherencia política es la de los grandes intereses

del campo, permítanme que dude del avance que los nuevos precios agrarios pueden suponer en la

construcción de una sociedad más justa.

 

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