Homenaje del Instituto de Cultura Hispánica al embajador de España en Washington  :   
 Discurso de don Gregorio Marañón y de don Antonio Garrigues. 
 ABC.    13/04/1962.  Página: 63. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. VIERNES 13 DE ABRIL DE 1962. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 63

HOMENAJE DEL INSTITUTO DE CULTURA HISPÁNICA AL EMBAJADOR DE ESPAÑA EN

WASHINGTON

Discurso de don Gregorio Marañen y de don Antonio Garrígues.

En el Instituto de Cultura Hispánica se celebró ayer un almuerzo que su

director, don Gregorio Marañón, Moya, ofreció al embajador de España en

Washington, don Antonio Garrigues. Asistieron a él como comensales don José

Lárraz (ex ministro de Hacienda), duque de Alba, don Jesús Pabón (académico),

doctor don Juan José López Ibor, don Manuel Fraga (director del Instituto de

Estudios Políticos), don Alfonso García Valdecasas (catedrático de la

Universidad de Madrid), marqués de Valdeiglesias, conde de Mieres don Felipe

Bertrán, y Güell, don Juan Liado, don Ángel Sagaz (director de Asuntos Políticos

de Norteamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores), don Luis Calvo (director

de A B C), don Emilio Garrigues, don Pedro Salvador (subdirector del instituto

de Cultura Hispánica), don José María Moro (director de Personal del Ministerio

de Asuntos Exteriores), don Francisco García Pavón (director de Editorial

Taurus), don Enrique Suárez de Puga (secretario general del Instituto de Cultura

Hispánica), don Luis Erguéta (secretario técnico del Instituto, de Cultura

Hispánica), don Luis Rosales, (director de Cuadernos Hispanoamericanos), don

Leopoldo Panero (jefe del Departamento de Cooperación Intelectual) y don José

María Souvirón (director de la cátedra "Ramiro de Maeztu").

El almuerzo se desarrolló en una atmósfera de cordialidad muy propicia a

evocaciones históricas y al relato de anécdotas. Don Gregorio Marañón Moya se

levantó para ofrecer el banquete. Interpretando los sentimientos de todos, y con

acento muy sincero, sencillo y afectuoso, dijo entre otras cosas:

"Dedicamos todos—¿ verdad, Antonio Garrigues ?—un gran recuerdo al embajador

Yturralde, quien con tanta eficacia y con tanto talento desarrolló su labor en

nuestra Embajada en Washington.

La más sincera y entrañable enhorabuena de todos a ti, Antonio Garrigues, a

quien tanto vamos a echar dé menos en nuestra vida madrileña. Vamos a echar de

menos esas llamadas telefónicas o esas visitas, a tu casa de Alacalá, Galiano o

a tu despacho de Antonio Maura; es decir, a tus dos hogares, y que por cierto no

son malos nombres para vivir y trabajar.

Hemos encontrado siempre allí el consejo o !a orientación oportunos, proyectos y

planes financieros o. jurídicos; pero sobre todo una imaginación admirable y un

sentido recto y claro de lo que es la vida de nuestro tiempo y de lo que es el

´tiempo de nuestra cultura.

Lo que ha sido y lo que es la vida personal de Antonio Garrigues en relación con

Norteamérica es cosa tan sabida y tan justamente comentada, que no voy a

hablaros de ello. Sí voy a recordar la visita protocolaria que realizó hace ya

tiempo al Jefe, del Estado la Asociación Española de Amigos de los Estados

Unidos, Asociación que yo fundé con el inolvidable y Horado amigo conde de

Fontanar; presididos por el embajador Juan Cárdenas celebramos una larga y

utilísima conversación con el Generalísimo, en la cual Antonio Garrigues

pronunció una palabras sobre las relaciones hispano-norteamericanas realmente

inolvidables y ejemplares.

Todos los amigos de Antonio Garrigues, y todos los españoles, le dice hoy adiós,

y ese adiós va preñado de una esperanza muy concreta y muy nacional: el éxito de

su misión en los Estados Unidos."

El embajador de España; en Washington, a quien tan bien se acomodaba la

atmósfera de afectuosidad de este homenaje del. Instituto de Cultura Hispánica,

pronunció luego un discurso que´ a todos impresionó por su sinceridad y

patriotismo. Agradeció en primer término a D. Gregorio Marañón Moya y a los

comensales, el homenaje que se le rendía, y dijo que había aceptado el cargo de

embajador de España en Washington a sabiendas de que sobrepasaba su capacidad,

pero cumpliendo un deber inexcusable, y que en la. defensa de los intereses de

España, que eran para él sagrados, llegaría en el cumplimiento de su deber a

todos los extremos que esa capacidad suya y su voluntad y su fe en los destinos

de España fijasen como humanamente posibles. La confianza que "había depositado

en él el Gobierno del Caudillo le tiene obligado—dijo—a una inmensa gratitud, y

sobre todo a la lealtad que es norma de su vida. Esta lealtad, si ha de ser

verdadera y profunda, tiene que empezaí siendo una lealtad con uno mismo. "Y de

esto sí que me siento capaz, en grado extraordinario", añadió.

"Es para, mí un orgullo ir a representar al Gobierno español en los Estados

Unidos. A esta gran nación me unen, como todos sabéis, vínculos de sangre. Creo

que una de las cosas más admirables de ese país es la sinceridad, aparte,

naturalmente, de su ímpetu creador. Cada día son más fuertes mí convicción y mi

fe en los Estados Unidos de América, aun descontados sus defectos y sus fallos

humanos, porque creo que los Estados Unidos dé América representan la única

garantía real en defensa de los valores; espirituales y morales que más nos

importan salvar en estos momentos a los hombres que pertenecemos a la

civilización cristiana".

 

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