Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   José Antonio Suárez de la Dehesa Jurídico     
 
 El Alcázar.    18/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 41. 

JOSE Antonio Suárez de la Dehesa ha tenido y tiene una enorme actualidad. Es hombre decidido,

enérgico, muy cordial abogado en ejercicio. Nos conocíamos desde hace tiempo. Tenemos amigos

comunes, pero en este aspecto José Armando es un español ejemplar que ha sabido ofrecer a los

ostentoso que nos circundan un auténtico paradigma de lo que es el valor cívico y de lo que es la fe en ¡a

Justicia. Tiene cincuenta y cinco años y nació en Laredo.

—Pero he posado grandes temporadas de mi vida en Burgos, donde me he formado. Hice la carrera de

Derecho y Oposiciones al Cuerpo Jurídico del Aire, donde he estado veintitantos anos hasta que me retiré

de teniente coronel. Estove en la guerra como voluntario. Al acabar la guerra me licenciaron porque no te-

nia edad, no estaba movilizada mi quinta. Me incorporé coando tenia dieciseis anos. Formaba parte de un

grupo donde estaba Eduardo Manzanos. El era el jefe de Falange en San Sebastián. A mi padre lo

asesinaron en Paracuellos del Jarama en noviembre del treinta y seis. Salí de Madrid a través de la

embajada de Bumanía. Al llegar a San Sebastián toe cuando encontré este grupo de Falange, capitaneado

por Manzanos, donde estaba también Joan Antonio Bardan.

—¿Qué me puedes contar del llamado "proceso a Carrillo"?

—Desde que empezó a sonar el nombre de Carrillo yo había decidido entablar una posición judicial

porque creía que era una persona que por sus antecedentes no podía entrar en juego en la política

española. Me enteré de une Carrillo estaba en España; se habló como un rumor. Entonces decidí preparar

una querella criminal para el caso de que Carrillo se manifestara. Estando en el Festival de Cine de

Huelva, leí en los periódicos la rueda de Prensa de Carrillo en Madrid. Cuando me enteré de que Carrillo

había sido detenido por 1a policía, requerí al Ministerio Fiscal poniéndole un telegrama al fiscal dd Reino

promoviendo la ac-, don de la Justicia contra Carrillo por d asesinato de mi padre y el conjunto de

asesinatos de loe que había sido motor.

—¿Has estudiado bien los antecedentes del caso?

—Lo he estudiado muy bien. Me sé a fondo lo que fue d proceso de Paracuellos dd Jarama. Sé cómo él

llega a la Comisaría de Orden Público de Madrid, cuando huye d Gobierno, y asume unas funciones equi-

valentes a las de un ministro de Gobernación; cómo d mando soviético en Madrid pone de manifiesto la

necesidad de que hay que sacar a los presos porque tas tropa nacionales iban a entrar en Madrid y consti-

tuían un refuerzo para d ejército de Franco, especialmente por la cantidad de militares que había dentro de

. la cárcel.

—¿Y qué ocurrió entonces?

—Se planteo d problema de que no habla medios de transporte —esto se estudió en una reunión que hubo

con d mando soviético • la que asistió Canillo y fue d enlace civil y d encargado de ejecutar— y hubo una

indicación de un famoso general

soviético, que fue d artífice de la defensa de Madrid y que luego fue purgado en d año treinta y siete por

Stahn, que dijo que los presos podían ir a pie y que ya se sabía cómo resolver esa papeleta. Organizaron

entonces las "sacas" de la cárcel. Hicieron una selección: primero los multares, después los falangistas y

después los políticos que hubieran tenida cualquier actuación contraria • los fines dd Frente Popular. La

primera "saca" fue d siete de noviembre. Carrillo dice que te sorpren-dieron que él puso autobuses para

traslados a Valencia, concretamente a Chinchilla , se decía entonces. Carrillo afirma que fue sorprendido

por las turbas, lo cual no fe impidió

seguir haciendo "sacas", catorce más, que llegan hasta el veintinueve de noviembre del treinta y seis. A

primeros de diciembre se nombra director general dé Prisiones a un anarquista, Melchor Rodríguez, con d

que yo tuve conversaciones entonces.

—¿Cómo fue este hombre?

—Pues nada menos que d que puso pies en pared y evitó que se

—¿Cómo ae hacían esas sacas? —Montaban a los presas en los autobuses de la Empresa Municipal de

Transportes. Se sacaban por la carretera de Barcelona. Previamente se avisaba a los alcaldes de Paracue-

llos dd Jarama y Torrejón de Ardoz. Se preparaban las fosas, se descargaban los autobuses y unos

mOnianos preparados al efecto asesinaban a loe presos por grandes tandas. Por todo eBo, me preocupó

terriblemente que pudiera tener cualquier responsabilidad política en mi país un hombre culpable de este

genocidio.

— ¿Pero esa responsabilidad se basa en que permitió los crímenes de que estamos hablando?

—No, no permitió. Ordenó. Tajantemente ordenó. Organizó d traslado y ordenó los asesinatos. No fue d

autor material dd hecho, pero fue lo que en d Código Penal se dice: "El que fuerza o induce a otro a hacer

algo, y d que toma parte mediante la realización de un acto sin d cual d hecho no se hubiera cometido".

Yo no entro en d problema de que estén prescritos o no los delitos, porque yo creo que la prescripción de

los delitos está hecho en d Código e incluso en las Leyes Especiales en supuestos normales de

delincuencia. Puede prescribir un delito de asesinato, pero no estos delitos de genocidio que las Leyes

Internacionales han considerado imprescriptibles. Ahí tenemos d ejemplo de Nnremberg. Actualmente los

delitos por los que fueron muertos los procesados de Nnremberg se, signen persiguiendo en todo d mundo

occidental. Cuando los hechos tienen una enorme magnitud, d ordenamiento jurídico no está calculado

para esos supuestos. En resumen, que a mí lo que me parece intolerable es que este señor pueda jugar en

la política española.

—¿En qué términos estaba redactada tu querella?

—Yo puse los hechos en conocimiento dd Ministerio Fiscal para que promoviera la acción de la Justicia.

Concretamente, en un telegrama que puse d día veinticuatro de diciembre dd año pasado. Yo quería que

se ejercitase la acción pública contra Santiago´Carrillo por d asesinato de mi padre, que fue asesinado en

Madrid, siendo además juez de Primera Instancia e Instrucción, y al salir del

Juzgado de Guardia.

— ¿Fue al salir del Juzgado de Guardia?

—Ocurrió un hecho. La noche en que él estaba de guardia, que fue la del veintiocho de agosto, intentaron

detener y "pasear" a los hijos de un secretario judicial. Le llamaron; mi padre se presentó en aquella casa,

eyitó la detención de los muchachos, desarmó a los milicianos, los detuvo y los metió en los calabozos del

Juzgado de Guardia, auxiliado por la Fuerza Pública que estaba a su disposición. Al día siguiente, al salir

del Juzgado de Guardia, fue detenido; se lo llevaron a la checa de Fomento, después a la cárcel de

Porlier y la noche dd 19 al 20 de noviembre lo

asesinaron en Paracuellos del Jarama.

—¿Qué edad tenías tú entonces?

—Quince años. La situación mía era difícil. Mi único hermano, seis años mayor que yo, había salido con

loa hermanos Miralles hacia Somosie-rra y fue cogido prisionero por los rojos. Mi padre en la cárcd; mi

hermano en la cárcd también. Yo estaba solo con mi madre y viví las gestiones muy directamente porque

era la única compañía que mi madre tenía en aquellos momentos. En un principio nunca se creyó en un

asesinato masivo. Siempre se hablaba de traslados. Movimos todo; fuimos a ver a todo d mundo, desde d

presi-dente* de la Audiencia al presidente

del Supremo. Hasta que llegamos a Melchor Rodríguez, a raíz de su nombramiento, y ese fue el que nos

habló claramente. Melchor Rodríguez me dijo: "Mira, muchacho: a tu padre lo han asesinado en Paracue-

llos dd Jarama, como a. los demás". Me lo dijo apartándome un poco de mi madre. "Esto es una

barbaridad, pero ha ocurrido así".

— ¿Cómo interpretas tú que Carri-, llo esté en España, libre, tranquilo y ejerciendo una actividad política

intensa?

—Yo lo interpreto como una falta de pudor político en d país, porque yo creo que si al señor Carrillo

quieren dejarle vivir en España —lo cual ya es muy fuerte—, lo que no

cabe es admitirle como interlocutor aunque sea a través de persona intermedia para tratar de los

problemas políticos de nuestro país. Lo considero una dejación de funciones, ana tolerancia que no está

en consonancia con una apertura tal y como se non prometió antes del referéndum.

—¿Ni siquiera con el pretexto de la convivencia?

—Creo que la convivencia tiene sus limites. Una cosa es la convivencia humana y otra la convivencia po-

lítica, porque la convivencia política significa un liderazgo, una influencia sobre una parcela de la

sociedad y creo que un hombre que tiene por lo menos siete mil muertos sobre so espalda, en un país

cualquiera, nq puede ponerse al frente de ningún movimiento.

—¿Tienes perfectamente probado que Carrillo fue quien ordenó las matanzas de Paracuellos y Torrejón?

—Está en "La Causa General". Ye por eso, cuando al fiscal le promoví a la acción de la Justicia, citaba a

efectos probatorios "La Causa General" que yo he manejado, porque yo hice mi carrera con una serie de

becas que me dieron, precisamente, con motivo del asesinato de mi padre. Y yo tengo un certificado, en el

cual me certifican el asesinato de mi padre, sacado de los folios de "La Causa General". Supongo que "La

Causa General" no habrá desaparecido. Los archivos de estos cuarenta años todavía no se han quemado.

—¿Cómo piensas que puede terminar todo este asunto?

1 —Pienso que el partido comunista, y´ especialmente la gente joven del partido comunista, se darán

cuenta de que Carrillo significa nn peso muerto. Porque, aunque la gente joven no quiere oh- hablar de

este tema, y cuando se les habla de los asesinatos de Paracuellos tratan de salirse por la tangente, no hay

duda de que les causa un impacto. Personas que tengan unos sentimientos de probidad medios no pueden

aceptar ese liderazgo. Aparte de que este señor tiene sobre si una serie de problemas que yo me reservo

para ejercitarlos legalmenté cuando llegue el momento. Es decir, cuando se conozca la ley electoral. La

pretensión de Carrillo de ser diputado puede tener algún obstáculo legal.

—Junto´a tu padre hubo muchos muertos. Los descendientes de toda aquella gente... ¿no han protestado?

—He recibido cerca de doscientas llamadas de personas que se adherían absolutamente a lo que

pudiéramos, llamar mi querella, y supongo que.l,.

señor fiscal habrá recibido otros tele-

gramas parecidos af mío, promoviendo la acción de la, Justicia y esto lo sé seguro porque ha habido gente

que me lo ha dicho.

—¿Qué actitud ha tomado la Ley frente; a esto?

—Ño se ha pronunciado. Ni me han pedido que me ratifique en el telegrama ni sé si el Ministerio Fiscal

habrá acordado archivar la denuncia sin más, en uso de sus facultades. Este es un problema en el que ya

no puedo entrar ni tengo conocimiento de él.

—¿Y qué crees tú que tendría que hacer el Ministerio Fiscal en este caso?

—No me creo capacitado para sustituir o para ponerme en el lugar del Ministerio Fiscal. Creo que el

Ministerio Fiscal tiene elementos de juicio, tanto .desde un punto de vista de hecho como" de Derecho,

que a él le corresponden y no quisiera de ningún modo pronunciarme sobre eso.

—¿Qué opinas de la amnistía concedida?

— Creo que es intolerable que se indulte o se amnistíe a aquellos que, personal y directamente, han

cometido delitos de sangre. Cuando hay una ´sentencia firme que define en estos casos o en varios casos,

pongamos por ejemplo el caso del cabo Zurrón, en el que metieron las metralletas en el coche y le

achicharraron materialmente con múltiples impactos de bala en el cuerpo y en la cabeza, esto me parece

intolerable. Pero que además el Sr. Vilar Arregui me diga que hay que amnistiar a los señores condenados

por la Jurisdicción Militar porque ésta no da garantías a los procesados para su defensa, esto me parece

injurioso. Yo, como teniente coronel del Cuerpo Jurídico, me considero injuriado. Porque siempre que he

administrado Justicia creo que lo he hecho honestamente y prestando todas las garantías de la Ley de

Enjuiciamiento Criminal, cuyos términos son exactamente iguales que los del Código de Justicia Militar

en esa materia.

Dejo a José Antonio Suárez de la Dehesa precisamente cuando el Gobierno ha ordenado una amnistía y

un indulto casi total, y cuando el Cadillac de Carrillo, que es el coche de Charlot, le han vuelto o fallar los

frenos. Exactamente igual que a su dueño.

 

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