Autor: González Páramo, J. M. . 
   Distingue siempre; No concedas jamás     
 
 El Alcázar.    25/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DISTINGUE SIEMPRE; NO CONCEDAS JAMAS

J.M. G. PARAMO

No soy quien para juzgar de la oportunidad de las afirmaciones qtie dan´lugar a una polémica y, a pesar de

todo me siento legitimado páf a reflexionar sobre la médula de la dialéctica y de la sofistica al uso. El

escolasticismo marxista tan en boga, incluso fuera de su ámbito, utiliza insoportablemente el "distingue

siempre; no concedas jamás" Asi los diálogos resultan imposibles, enojosas las discusiones tozudamente

orientadas por un deseo descalificador y olvidadas de la comunicación y la verdad a cuya dilucidación

parece que debieran orientarse.

He aquí un caso: Un popular ex-ministro a propósito de las respuestas políticas posibles a la realidad

española dijo hace tiempo "Ni Fuerza Nueva, ni Triunfo dan las respuestas"como quien afirmase, desde

una capital europea, que en Islandia y en la Península del La-

brador hace frío. Nótese que ambos territorios se asientan en el hemisferio norte. Adviértase que no se

niega el frío o el calor de otros lugares; ni, por lo que respecta a su situación en el mapa, el que un país

esté un poco a la izquierda y el otro un mucho a la derecha, autoriza a considerar la afirmación como

espectro del frío y el calor. Uno puede hacer esa afirmación porque piensa hacer un viaje y escoge los

puntos que le interesan para el itinerario.

¿Quién habla de equidistancias, de centros, de comparaciones...? La frase desde luego no. Entre las

innumerables posibles respuestas hay respuestas —trayectorias— escritas que disfrutan de cierto vali-

miento: Fuerza Nueva y Triunfo; que un señor —no sólo ciertamente— considera equivocadas ¿Por qué"

las escoge ese señor? ¿por qué piensa tal vez que gozan de cierto

éxito? ¿por qué el camino de algunos españoles puede pasar por ellas? Todo lo demás: "el Sr. Fraga

inventa —se dijo entonces— su centro entre Triunfo y Fuerza Nueva", la comparación de lo que está

detrás y la equidistancia en que le sitúan constituye la operación denominada "vestir el maniqueo":

"introduzco lo que no se dice entre lo que si se dice y atacó la mezcla".

He aquí lo que dijo: "Y hablemos claro, ni Fuerza Nueva" ni "Triunfo" dan la respuesta. Son dos

respuestas escritas, dos revistas inspiradas por un grupo de acción o por unos cerebros sintonizados, es

igual. No hay error —como se dijo— ni obligación de enumerar todas las respuestas equivocadas, ni

necesariamente prolongación de un paralelismo inverso anterior, ni "abultado error", ni simetría —todo

eso lo introdujo Triunfo—; es simple yuxtaposición de dos respuestas con las que no hay en el texto

intención de constituir lugar geométrico alguno. No se compara lo que hay detrás, ni se crea un ranking;

se unen simplemente dos respuestas sin especificar el sitio que ocupan en el continuum del desacierto-

acierto-desacierto.

Respeto personalmente las posiciones de Fuerza Nueva, de Triunfo y de Fraga Iribarne. Nadie tiene el

monopolio de la verdad: todos podemos equivocarnos. Pero nunca merecerá igual respeto el trillante

adentramiento en una frase para extraer de la manga —no de la frase— lo que en la frase no hay. La lucha

limpia y clara es útil. Argucias torpes brillantemente revestidas para "deslumbrables" eso es lo que no

merece la pena aunque la cause. También yo puedo equivocarme, pero al menos no imputo a ninguno de

los tres aludidos en las líneas precedentes.

Compartía entonces —y ahora si sigue— el sentimiento de otros por el momento malo que pasa ahora esa

revista técnica y literariamente digna, su momento de obligada reflexión pudiera emplearse entonces y

ahora en medir lo que sufren los que no pueden hablar o escribir... o han de hacerlo con muchas

dificultades.

 

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