Girón, testigo de cargo     
 
 El Alcázar.    30/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

GIRÓN, TESTIGO DE CARGO

EL discurso de José Antonio Girón le ha sentado mal a "El País" y nosotros encontramos el hecho natural

y lógico siendo "El País" lo que es y representando la paella intelectual y política que representa. En su

Consejo figura, sin ir más lejos, el señor Tamames, turista de primera y comunista de la fila doble cero.

Sobre las orientaciones políticas de "El País" estamos en condiciones de asegurar que el señor Martín Vi-

lla, ministro de la Gobernación y presumi ble autoridad en la materia, afirmó en cierto almuerzo que

dicho periódico era un órgano del Partido Comunista a la vez que uno de sus más últimos colaboradores

acusaba a RTVE de "dar a los espectadores diariamente la guía de la subversión". Siendo asi "El País",

encontramos que ha recogido con bastante aproximación algunos de los párrafos del discurso del

presidente de la Confederación de Combatientes de España en el acto de Clausura de la III Asamblea de

la Organización. Efectivamente, el Estado del 18 de Julio ha capitulado indignamente, ha dinamitado

cuarenta años, ha liquidado instituciones, ha pactado con el marxismo, ha izado la "ikurriña" por

pacificar, decía, y ha conseguido que la gratitud de los racistas vascos por esta capitulación haya

consistido en proclamar a Pamplona como futura capital de Euzkadi, asunto, seguramente, que va a

interesar más al Gobierno francés que al nuestro.

Tal es el "dantesco" panorama que según "El Pais" presentaba Girón a sus viejos ca-maradas —y a

algunos jóvenes también—; lo que sucede no es que el panorama sea dantesco, sino que lo que resulta

dantesca es la realidad política de España. ¿Que no se ha dinamitado la tarea de cuarenta años? Lo único

que queda de la obra de Franco es el Rey todo lo demás ha sido liquidado por el Gobierno pese a la

inteligente moderación que oponía al derribo el señor Fernández-Mi-randa.

Extraña a nuestra natural modestia que "El País" dedique su mejor prosa a algo que juzga textualmente

así: "Nada más excluyante, partidario, simplista, tópico, superficial, artificioso, inconsistente, aburrido e

inverosímil que los últimos discursos del señor Girón." Batir con su artillería dialéctica el último discurso

—por ahora— de nuestro presidente, o es necedad tan sublime como arrearle a un mosquito con una

bomba de

hidrógeno, o muestra de debilidad mental, o es síntoma de preocupación manifestada con ingenuidad de

doctrinos del periodismo. Si la Confederación no representa a nadie ¿para qué atacarla o mentir sobre ella

calificándola de paraestatal?

¿Por qué asegurar que "muchos millares de antiguos soldados no pueden figurar en {la Confederación)

porque no están dispuestos a pasar por el extremismo del señor Girón?" Manejar cifras es fácil, pero el

medio millón de afiliados ahí está, en los ficheros. ¿Donde anda ese misterioso "excombatiente con la

medalla militar" ¿individual,colectiva? que, siempre según el diario "independiente" de la mañana,

"comentaba recientemente cómo no había podido figurar en la Hermandad por incompatibilidad con su

presidente?" No dudamos de que exista, y no sólo él, sino más; al menos podríamos citarle dos: el señor

Satrústegui, en virtud de sus convicciones neoliberales, y el señor Ruíz Jiménez, que hace algún tiempo

declaró, plagiando al señor Gironella, que él jamás había disparado contra el enemigo, afirmación que

sinceramente le creemos.

Aunque "El País" lo desdeñe, podemos demostrarle que en la Confederación el espíritu es amplio y

comprensivo, hasta el punto de que multitud de expedientes en favor de los soldados que la ideología o el

azar geográfico colocaron enfrente del Ejército Nacional, han sido tramitados por la C.N.C. que preside

José Antonio Girón.

No hay en el editorial de "El País" ni un sólo argumento. Ni siquiera se contesta al discurso de nuestro

presidente. Se Umita su dialéctica a un escarceo difamatorio, según instrucciones de Bucarest y del P.C.

¿A qué viene reprochar a Girón, como antiguo ministro de Franco —igual que más de un accionista de

"El País"— los encarcelamientos de "innumerables monárquicos, demo-cristianos, liberales, marxista y

hasta falangistas por el mero hecho de tener ideas distintas a las suyas?" El editorialista ataca y

menosprecia así a la independencia del poder judicial, y por tanto de los Tribunales, además de exagerar

en cuanto a todos los encarcelamientos en general y al de los monárquicos en particular. Que se sepa,

durante muchísimos años el único monárquico activo que hubo en España fue el Jefe del Estado y

Generalísimo de los Ejércitos Nacionales Francisco Franco y aunque le duela a Carrillo, no pasó ni un día

en la cárcel.

Lo que "El País" teme es que el "puñado de honorables nostálgicos" que escucha a Girón, sea algo más

que ese simple puñado que tanto le preocupa, y que la voz honrada del "eximio tribuno de Herrera de

Pisuer-ga" movilice muchas voluntades sencillas, sinceras, desorientadas, que esperan la voz y la bandera

que los lance a las urnas, voto en mano, a deshacer por medio del sufragio universal e inorgánico a todos

cuantos contribuyeron a dinamitar la fórmula de nueva democracia que España podía haber ensayado en

profundidad precisamente durante la coyuntura de la transición.

Con aire irremediablemente entre chismoso y soplón, "El Pais" se descalifica a sí mismo —tarea

realmente fácil desde su primer número y en la que insiste con oportunidad y esmero envidiables— al

negar sus propias rectificaciones (31 octubre 76). Rematar una mala faena con la demagogica pu-ñalada

de Fuengirola es confesar que ni sus propios redactores leen "El País". En 16 cual nosotros,

honestamente, les reconocemos un principio de buen gusto.

 

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