Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Operación retorno; La bomba Fraga; La llamada de Europa; Moros en la costa; El ministro sin chaqueta     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 53. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

MADRID LABERINTO

Por Jaime Campmany

(Enviado especial de «G. i.» en Madrid)

Operación retorno

VA estoy de nuevo metido entre las calles del laberinto. Tomé la licencia de dos semanas, no solamente para dar un respiro a -mis lectores, sino para descubrir de nuevo «I Mediterráneo, tostarme un poco al sol el ombligo celtibérico y oír, junto al mar y desentendido, las canciones del verano. También para echar «na ojeada a las morenas criaturas del agosto, de este agosto que hogaño y en Madrid dicen que tía sido de hierro. De vez en cuando, una partida de mus, que es juego de moda y que lo juegan hasta los ministros; el mus es buen ejercicio para políticos, por lio que tiene de astucia, de audacia y prudencia al tiempo, y de medida en los envites.

Llegué a Madrid desde el sureste metido en la caravana de la «operación retorno», casi a paso de diligencia del oeste americano, como un involuntario homenaje a la memoria de John Ford, el maestro de los viejos «westems» que se nos acaba de morir. Como ven, me he librado de caer en ese número, ya respetable, de víctimas del regreso del verano, que casi roza eI medio centenar. Vengo discretamente bronceado, con la misma fatiga que me acompaña desde mi nacimiento, pero dispuesto a mover, más o menos perezosamente, esa delicada herramienta que es la pluma, y con la boca expedita para decir casi todo cuanto se me ocurra, y sin esa mordaza que Alberto Schommer te ha colocado sobre los labios a don Joaquín Ruiz-Giménez en la foto psicológica de «Los domingos de ABC», sólo para darse el gustazo de ponerle en, las manos unas tijeras para cortarla. La verdad es que cada día quedan menos mordazas y que cada día habla cada cual mas a su gusto, aunque no al gusto de todos. Va pasando el tiempo en que algunos hablaban sólo por señas, aunque siempre quedarán gentes a quienes les guste hablar por guiños. Es el viejo y terrible problema de la «comunicación» y de la «incomunicabilidad».

Dicen que después de un agosto caluroso viene un setiembre caluroso también, y como en lo que va de siglo sólo se han conocido tres agostos más ardorosos que éste que ha acabado, todo hace pensar que nos espera un largo veranillo de San Miguel. Sin embargo, yo escribo en una noche fresquita y ya hay en Madrid desertores de los restaurantes al aire libre, sobre todo a la hora de la cena. Pero estas noticias ya se las dará a ustedes «el hombre del tiempo», moderna versión radiada y televisada del almanaque zaragozano. A lo mejor tenemos un setiembre -meteorológicamente fresco y un otoño políticamente caliente. De cualquier forma, el termómetro que más parece subir es el de los precios y los «médicos» de nuestra economía tendrán que celebrar más de una junta a la cabecera del enfermo y «recetar importaciones, congelaciones, hipermercados o restricciones monetarias, esa medicina que tiene a la Bolsa a medio gas y casi al pairo. Pero eso de la subida de los precios es mal de muchos, que no siempre ha -de ser consuelo de tontos, y una prueba más de nuestra Irresistible vocación europeísta y occidental, síntoma de nuestro desarrollo e imparable epidemia de los tiempos. Suben Jos productos básicos: la gasolina, el tabaco y los futbolistas, y después sube todo lo demás. A veces, incluso los salarios. Y vuelta a empezar.

La bomba Fraga

Este verano estalló la bomba Praga en forma de acertijo. No es por presumir, pero yo fui uno de los españoles que adivinaron el nombre que se escondía detrás de la noticia de «Cifra» y del jeroglífico de «Pueblo». Lo que no he terminado de adivinar todavía es quién ha sido el autor de un gambito tan sorprendente como brillante en el ajedrez político. Hay que pensar en él nombre de un ajedrecista excepcional. Imagino que ese es un movimiento que no se hubiera atrevido a hacer de alguien para abajo, ninguno. Por parte del Gobierno es una prueba elocuente de afán Integrador, y por parte de Praga es una demostración de voluntad de servicio. Si ía bomba estalla oficialmente (y es muy posible que estalle oficialmente en el Consejo de Ministros de San Sebastián), a la Corte de San Jaime irá de embajador de España un diplomático de carrera que al mismo tiempo es el especialista más serio en el tema del Parlamento británico (tema de uno de sus libros); habrá quedado integrado en el poder uno de los más agudos capitanes de la leal oposición al Gobierno y se convertirán en colaboradores, dentro del mismo Ministerio, dos de los grandes protagonistas de la crisis del 69. España va a estar representada en Londres por un estudioso que conoce las instituciones políticas inglesas mejor que muchos habitantes de las islas rubias, negociador tenaz y hábil, y cuya imagen internacional está alejada de toda sombra de totalitarismo y oscurantismo. El «leader» del centrismo reformista tendrá ocasión de enriquecer su formación de gobernante, como ha señalado el almirante Nieto Antúnez; España tendrá un brillante abogado defensor en el eterno pleito de Gibraltar; los comentaristas áulicos, que tan precipitadamente se reparten la túnica de los «ex», encontrarán ocasión para meditar sobre la complejidad desconcertante de la vida política; los madrileños seguiremos consumiendo cuatrocientos millones de litros de cerveza al año, o más, si las estadísticas no se derrumban... ¿Hay quien dé más?

Y no descarten ustedes que en este tablero de nuestra política exterior se produzcan nuevas sorpresas. Es muy posible que en alguna otra embajada importante aparezcan personalidades políticas que, hoy por hoy, dentro de la fidelidad a la Constitución y al sistema, militan en líneas convergentes o paralelas a las de Manuel Fraga, dentro de la «leal oposición». Como yo también tengo derecho a jugar a los acertijos, me callaré el nombre. Pero busquen ustedes entre las personalidades representativas de alguna famosa editorial cuyo Jema de Jos últimos años podría ser este: «A Dios rogando y con el mazo dando. A lo mejor aciertan.

La llamada de Europa

Las conversaciones de San Sebastián entre Michel Jobert, ministro francés de Asuntos Exteriores, y su colega español, Laureano López Rodó, han terminado con una invitación, o mejor, como una incitación a nuestra entrada en el Mercado Común, es decir, a nuestra integración en Europa. «Ai final de una cierta evolución, que es probable, España podría expresar el deseo de entrar en el Mercado Común», ha dicho Jobert. Y el propio presidente Pompidou ha declarado que «es importante que España entre en el ´Mercado Común». Francia nos llama hacia Europa. Y Alemania también. El ministro alemán de Agricultura ha mostrado a Tomás Allende su mejor voluntad hacia el progresivo acercamiento de España a Europa, y en esta misma disposición se hallan el canciller Brandt y el ministro de Asuntos Exteriores, Scheel.

Por otra parte, los acuerdos con el Mercado Común, tras Ja ampliación de Ja Europa de Jos «Nueve», se hacen cada vez más complicados y difíciles. Europa desea el desarme arancelario de España para los productos Industriales, y España desea facilidades para sus productos industriales. Desde estas posiciones, el acuerdo a gusto de todos, con respeto para los intereses de todos, se hace laborioso. Las propuestas de partida se mantienen lejanas y el acercamiento se produce milímetro a milímetro. Según muchos expertos, la economía española ha llegado a un grado de desarrollo tal que empequeñece por ´momentos los obstáculos económicos que se oponían a una integración total. Pero todavía hay quien cree que un paso definitivo de España hacia Europa supone no -sé cuáles vasallajes políticos. Otros estiman que bastaría con poner en funcionamiento todas las posibilidades de evolución política que mantiene intactas la Ley Orgánica del Estado. Que bastaría imprimir a nuestro desarrollo político, dentro de la ´letra y del espíritu de nuestra Constitución, un ritmo semejante al que se imprimió a nuestro desarrollo económico. Hay quien escucha y atiende la llamada de Europa. Otros prefieren escuchar Ja llamada de la selva.

Moros en la costa

A pesar de esas y otras resistencias (como la de esos neonazis celtíberos que se empeñan en expurgar las librerías con menos manga ancha que la del cura y el barbero de Don Quijote), la verdad es que ya no es justo decir que África empieza en los Pirineos. Si acaso podríamos decir que empieza en Santa Pola, porque los barquitos españoles que se aventuran a la mar a echar las redes a la altura del pescado terminan, casi de seguro, en manos de moros. Van de pesca y quedan pescados. A veces pasan días y semanas y no vuelven de la morería los que a la mar se partieron. Dicen que algunos pescadores regresan con el cuerpo marcado por golpes y culatazos. Es esta una historia que se repite todos los días. Son sucesos que no pueden dejar de ensombrecer la ya larga amistad y buen entendimiento entre España y Marruecos. En la frontera de Ceuta se forman largas colas de turistas, detenidos demasiadas horas con el pretexto de trámites aduaneros. Ya se sabe que los árabes son maestros en él arte del alfilerazo y las cosquillas en cualquier clase de conflicto. El problema de Jos pesqueros españoles apresados por los marroquíes «e ha convertido en apremiante. O «e concluye un acuerdo y se obliga a nuestros pesqueros a que lo respeten escrupulosamente." o habrá que tomar otra oíase de ¡medidas más enérgicas. De lo contrario, poco a poco África puede empezar de nuevo en Tarifa, en Córdoba o en Toledo.

El ministro sin chaqueta

Algunas declaraciones del nuevo ministro de Educación y Ciencia sobre ciertos puntos de la Ley de Educación ofrecer» más de una ocasión para meditar acerca del porvenir de la ley.

Según algunas declaraciones, parece que e! ministro no desea aplicar la Ley, sino reformarla por su cuenta. La Ley de Educación fue debatida ampliamente en tres Comisiones de >las Cortes: la de Educación, la de Presupuestos y la de ´Hacienda. El Proyecto que envió el Gobierno salió de esos debates más o menos corregido y más o menos malparado; pero incólume en sus esperanzas más hermosas y en sus conquistas definitivas. Es una de las normas Segales más importantes del Régimen, y tengo para mí que un texto ilegal tan revolucionario y tan necesario que podría justificar por sí solo toda una revolución y un sistema de un tercio de siglo de vigencia. Al final de todos los debates, la Ley fue aprobada en el Heno con un salo voto en contra, y precisamente el de un procurador que fue el más terco y quizás el más brillante en -el deseo de perfeccionarla y enriquecerla, y no en el propósito de desvirtuarla o rechazarla. Es una Ley cuyas normas más ambiciosas requieren aplicación cauta y progresiva, y la misma Ley se señala el largo plazo de diez años para culminar algunas de sus conquistas. Pero no podemos prescindir de ellas como quien prescinde, en los días de verano, de una Chaqueta.

Don Julio Rodríguez ha roto este verano con la tradición de asistir con chaqueta y corbata a los actos oficiales y ha presidido un congreso en camisa de manga corta y descorbatado. Casi al mismo tiempo, un modesto empleado de Banca era sancionado por presentarse a trabajar sin chaqueta. Tal vez debiéramos ponernos de acuerdo sobre este punto. Porque, una de dos: o los funcionarios públicos y Jos empleados de Banca atienden en mangas de camisa a los ciudadanos y clientes que entran en Jas oficinas en atuendo veraniego, sin que por ello pierdan sus vacaciones. O damos vacaciones indefinidas a los ministros que presidan congresos en mangas de camisa, rodeados de personalidades que acuden con chaqueta y corbata, tal vez pensando que es una molesta obligación que deben cumplir en consideración a la presencia del ministro.

El tema de la chaqueta no es nuevo en política. En una sesión de las Cortes republicanas, entrado el verano y con calor en el hemiciclo, cierto diputado pidió permiso al presidente para despojarse de la chaqueta:

—Señor presidente, ¿podemos quitarnos las chaquetas?

El presidente, que creo era en aquella ocasión don Julián Besteiro, respondió digo así:

—Sí; pueden sus señorías quitarse las chaquetas. Pero cada uno la suya.

GACETA ILUSTRADA 53

 

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