Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Vuelta a empezar; Dimisiones; El retorno de los brujos; Polémicas; Una visita     
 
 Gaceta Ilustrada.    27/09/1973.  Página: 51. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

MADRID LABERINTO

Por Jaime Campmany

(Enviado especial de «G. i.» en Madrid)

Vuelta a empezar

Pueden ustedes incluirme en esas tres cuartas partes de los españoles que aseguran estar satisfechos de sus vacaciones. Y aunque nadie me haya preguntado, pueden incluirme también en ese 62 por ciento de españoles que estima que sus vacaciones han sido buenas, pero cortas. Aquí no reza aquello de que lo bueno, si breve, dos veces bueno. El caso es que las vacaciones terminaron ya para todos, o para casi todos, y que en el laberinto volvemos a sufrir los atascos del tráfico, están llenos de nuevo los restaurantes de cuatro tenedores donde se celebran «almuerzos de trabajo» o conversaciones políticas y recomienza el desfile de personas, personajes y personajillos por las antesalas de los políticos. La olla de Madrid hierve de nuevo.

Los comentaristas dicen, como todos los años per estas fechas, que se ha cerrado el paréntesis veraniego. Se abren de nuevo las puertas de las Cortes y los señores procuradores se disponen a consumir turnos para enmendar la Ley de Bases de Régimen Local o esa Ley del Suelo que tan poco preocupa al Real Madrid. El Consejo Nacional, o la cámara de las ideas, recomienza sus trabajos y se dispone a preparar las siete difíciles respuestas a los siete puntos de la consulta del Gobierno. El Consejo de Ministros, después de sus dos excursiones a La Coruña y San Sebastián, se reúne de nuevo en Madrid, que es su pueblo. Es posible que a las instituciones y a los hombres políticos les suceda, en cierta medida, lo que les ocurre á los seres normales: que necesitan unas horas o unos días de reentrenamiento después del verano para recuperar la forma del trabajo a ritmo de otoño eléctrico. Es posible que no, porque ya sé sabe que los políticos son seres " excepcionales y que eso que el profesor Fueyo llama «la libido del poder» dota a los hombres de una capacidad extraordinaria y casi sobrehumana para las actividades y los movimientos. El señor ministro de Comercio ha vuelto del Japón, y en cambio el ministro de Hacienda ha salido para Nairobi; el señor ministro de Asuntos Exteriores se ha ¡do a Nueva York, y es probable que el señor ministro de Educación Nacional prepare pronto un nuevo viaje a su pueblo natal.

Dimisiones

La palabra «dimisión», tantos años olvidada en las costumbres políticas de este país, hace algunos tímidos intentos de reaparición y se extiende por la -vieja piel de toro como un ´leve sarpullido. En Valencia han dimitido algunos concejales. En la Universidad Complutense ha dimitido el decano de la Facultad de Filosofía, señor Sánchez Castañer. Es muy posible que en estos días se publique la dimisión de Juan Rosón, presidente del Sindicato del Espectáculo. Y ha dimitido también don Adolfo Muñoz-Alonso como decano-comisario de la Facultad de Ciencias de la Información. Como el señor Muñoz-Alonso es muy amigo de medir exquisitamente las palabras (las palabras del profesor Muñoz-Alonso siempre se pueden medir, contar y pesar), no ha «dimitido»: ha solicitado que le eximan de la . responsabilidad. Debe de ser igual, pero tal vez no sea ´lo mismo. El lenguaje político tiene infinitos matices, como la literatura de la diplomacia vaticana.

Como ´la vida se reanuda, también renacen los rumores. Y los enterados y enteradillos de la Villa y Corte siguen buscando un puesto para don Rodolfo Martín Villa, en caso de que deje la Secretaría General de los Sindicatos. Algunos apuntan I hacia un Gobierno Civil muy importante, de una ´gran provincia en la que el señor Martín Villa ya desempeñó en tiempo el cargo de delegado provincial de Sindicatos. Para sustituirle se cita una rueda de nombres en revuelo, que van desde el de Baldomero Palomares, actual secretario del Consejo Nacional, hasta el del actual director general de Prensa, Alejandro Fernández Sordo. La proximidad de las elecciones municipales ha aplazado, por lo que se ve, el amplio relevo previsto en esos cargos que en el lenguaje político familiar llamamos «poncios». Los setenta y cinco años de den Pedro Nieto Antúnez, el más viejo y equilibrado de nuestros aperturistas desde dentro, ha despabilado el rumor de su sustitución en la lista de los cuarenta consejeros nacionales designados por el Jefe del Estado. No se trata de una jubilación obligada, pero ya cuenta con un precedente: el de don Raimundo Fernández-Cuesta. También en este caso, por el cielo político de la Corte revolotean los nombres que pudieran sustituirle en esa lista ¡lustre y deseada.

El retorno de los brujos

Yo no sé si ustedes creen en «jettaturas», gafes, brujos y magias. Yo tampoco creo en brujos, pero haberlos, los hay. Seguramente ya tendrán ustedes noticia de don Laureano Alvarez, que ha amenazado al Real Madrid con echarle encima su mal de ojo y enviarlo rápidamente a Segunda División. El Madrid, entretenido con eso del nuevo Estadio y la Ciudad Blanca que quiere construir en un terreno de reserva forestal a cambio de ceder el viejo Bernabeu, ño ha ganado todavía un solo partido y está perseguido por la maldición del empate. En Granada, donde todo es posible, llegó solamente al empate, y lo que es peor, en el mismísimo campo de la avenida del Generalísimo, se dejó un punto contra el modesto Castellón y otro punto frente al recién ascendido Murcia, que también es Real, pero —futbolísticamente— mucho menos coronado. Por cierto que el Murcia empató en el Bernabeu de penalty, no sé si injusto, pero en el ultimo minuto, tal y como quería ver ganar a su equipo un señor que antes de llamarse Coronado se llamaba Hernández. ¿Se acuerdan ustedes? Es decir, alcanzó un placer reservado a los dioses de la hinchada.

«El Madrid no tiene nada que hacer hasta que pacte conmigo», ha dicho el brujo don Laureano.

(Está claro que me refiero a don Laureano Alvarez.) Y pretende que se le conceda una prima de cinco mil pesetas por cada partido ganado en casa y diez mil por cada partido ganado fuera.

O esas primas, o la Segunda División. La verdad es que algún «tocaferro» o alguna «scaramancia» necesita el Madrid, con su Netzer y su Oscar Mas, y que algo parecido necesita también el Barcelona, con su Cruyff. Como más o menos decía Spengler, al final, es un español chaparro, pequeñito, bravo y con cierta dosis de mala índole el que mete esos goles que, según las últimas estadísticas, cuestan aproximadamente dos millones y medio de pesetas cada uno. Esto de las supersticiones hay que tomarlo a broma, pero no demasiado.

Mis cuatro años de habitante de Roma no me hicieron perder la fe, pero me facilitaron cierto respeto hacia la «jettatura». ¿Terminará don Laureano Alvarez con el «mal d´occhio» del Real Madrid? ¿Terminará don Laureano López Rodó con los monos famosos de la Roca de Gibraltar?

Polémicas

El «parlamento de papel» se ha animado en Madrid con una polémica cuyos protagonistas son dos periódicos de la tarde: «Pueblo» y «El Alcázar». La muerte de Salvador Allende ha estremecido al mundo, ha movilizado ´la pluma de muchos periodistas y ha desconcertado, conmovido o ha hecho meditar a muchas plumas ilustres en el mundo entero y desde todas las posiciones políticas, desde la de Servan-Schreiber, en Francia, a Ja de Rafael García Serrano, en España.

A Rafael García Serrano se le ocurrió decir, como era, por otra parte, perfectamente previsible en él, que algunos comentaristas españoles, al enjuiciar el fenómeno Allende, se habían olvidado de que la propia cabecera del periódico donde escriben nació de un acto de rebelión militar y civil contra un Gobierno seguramente tan legítimo como el de Chile, contra un presidente llamado don Manuel Azaña y un jefe de gobierno llamado don Santiago Casares Quiroga. Y recordaba aquello que don Miguel de Unamuno, el tronante rector de Salamanca, ´le dijo un día al periodista americano Nickerbocker: «Azaña debía suicidarse como acto patriótico, imitando el ejemplo del presidente de la República de Chile, Balmaceda». Salvador Allende, ya lo ven, no es el primer presidente chileno que termina con 4a muerte su derrota política.

«Pueblo» responde a García Serrano nada menos que con palabras de José Antonio. Y García Serrano muestra su júbilo porque, al fin, ha visto a los comentaristas de «Pueblo» escalonarse en la defensa de alguien que haya perdido el poder. El propio periódico «El Alcázar», «de escasa tirada y gloriosa cabecera» al decir de «Pueblo», interviene con un editorial en el que se mientan las frustradas preguntas en las Cortes sobre el diario «Pueblo» elaboradas por el procurador don Jesús Esperabé de Arteaga, y que nunca llegaron a formularse oficialmente, aunque circularon con profusión por tertulias, antedespachos y mentideros. Emilio Romero no ha intervenido esta vez en la polémica, entretenido quizás en la terminación de su «Fouché», y la representación de «Pueblo» la ha asumido uno de los muchos seudónimos que circulan estos años por las páginas de la prensa española: «Ciudadano», cuyo nombre también nos trae un regusto de revolución francesa. En esta ocasión, un humilde servidor no tiene papel en la comedia y hace de simple espectador, divertido más que escandalizado. Hace tiempo que no le doy al soneto, y además tengo el propósito de seguir engordando a base de no discutir. No sé si será desgana, o es que me estoy convenciendo de que algunos cofrades no andan preparados todavía para el noble ejercicio de escuchar.

Uno visita

Don Manuel Fraga ha vuelto al Ministerio de Información. Naturalmente sólo de visita. Ha conversado con el actual titular, don Fernando de Liñán, y ha saludado a antiguos colaboradores y funcionarios que estuvieron a sus órdenes. La reincorporación de Fraga al equipo en el poder ha comenzado con una visita al edificio donde se fraguó la Ley de Prensa, que nos dio a los periodistas dignidad y ´libertad, y todo eso que ha recordado don Pedro Gómez Aparicio en la noche de su homenaje.

Es verdad, como dijo Luis Apostúa, que todos en Madrid quieren comer y cenar con Fraga. Que esto suceda en la Casa Gallega no es nada extraño, porque ya se sabe que tos gallegos encuentran frecuentes pretextos para comer juntos y que conciben el diálogo como una especie de solidaridad ante el centollo y el lacón con grelos. Pero son muchos otros los que quieren comer con Fraga, y oírle, y saber de él si su Embajada en Londres va a resultar una especie de jubilación dorada del centrismo reformista o él flamante embajador en Londres va a seguir estando presente, de alguna manera, en la vida política española, y en los problemas de ´la política interior. Quien conozca un poco a Fraga debe adivinar que su actividad no se agotará por entero ante la diplomacia británica y que desde lejos o desde cerca algo seguirá opinando del aquí y del ahora. Y esto es consolador, porque la posición política de Fraga es saludable desde el presente y absolutamente necesaria para el futuro.

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