Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Tres opciones     
 
 El Alcázar.    20/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

TRES OPCIONES

EN virtud de lo dispuesto en el Reglamento de las Cortes Españolas —articulo, 51— ciento quince

procuradores han «¿fichado un pleno extraordinario de la Cámara, para escuchar el informe sobre la

legalización del Partido Comunista. Inútil empeño si se considera que el Gabinete Suárez viene

demostrando una irresistible voluntad para legislar por Decreto-Ley. Inútil empeño si además se consi-

dera que esas voces, tan respetables, debieron hacerse oír en otras sesiones que ya son historia. No creo

que el señor Fernández Miranda acceda a la petición, pero, si tal cosa sucediera, ¿qué se iba a adelantar?

Se escucharía un informe minucioso y monótono sobre las razones de esta legalización que vendría a ser,

como siempre aconteció en este pueblo nuestro, el relato de «la verdad oficial». Vamos a suponer que

fuese una sesión de campanillas —me refiero a la que el presidente tendría que manejar para acallar las

protestas de sus señorías— ¿y qué? Todo seguiría lo mismo, tal vez porque hay un tiempo para cada cosa

y el tiempo de poner obstáculos a la legalización de las huestes de Dolores Ibarruri, Santiago Carrillo y

Marcelino Camacho, también es historia.

Frente al comunismo existen tres opciones: la joseantoniana, que tras considerar que las previsiones de

Marx se cumplirían inexorablemente, sostiene que en el comunismo están —o estaban, mejor dicho— los

gérmenes de un orden nuevo que había que asumir para la civilización cristiana y occidental; otra opción:

la de la España popular y militar de 1936, donde un crecido contingente de patriotas le hizo un castizo

corte de manga al comunismo soviético; la tercera y última es la que acaba de adoptar el Gobierno de la

Nación: pasar una esponja sobre la Historia y borrar los últimos cuarenta años. De ahí que todo vuelva a

ser idéntico a como lo era cuando el castizo corte de manga: el lenguaje, los rótulos, las consignas, los

gestos, las banderas, las canciones, ¡todo! De esta suerte, ¿cómo unas Cortes que se suicidaron en

noviembre de 1976 pretenden pedir explicaciones? Las Cortes murieron. Y murieron sin gloria,

resignadamente, dándole la razón a los que las acusaban de ilegitimas o de falta de representación, ¿en

nombre de quién hablarían ahora?

No; «no le toques más que así es la rosa». Las Cortes murieron su funeral, quiérase o no, fue un funeral

«de tercera» laico: banderas rojas, gritos y amenazas y jolgorio público. La Cámara fue como una

caricatura de sí misma y no supo asumir la responsabilidad que le competía. Hubiera muerto igual,

probablemente. Pero con honor. Y aunque el honor no se lleva, siempre queda mejor que morir entre la

indiferencia o el coraje de un pueblo que horas después o se había olvidado de la sesión o motejaba a los

padres de la Patria de traidores, a pleno pulmón y en la vía pública. El Partido Comunista es un hecho.

Todos sabemos por qué. También conocemos su estrategia y sus fines. No hay que echarse a temblar. Las

Cortes Españolas del Régimen de Franco no existen. Hay que ganar las próximas. Y recordar que la tesis

joseantoniana está ahí: intacta. Ya se sabe: frente a la dialéctica de la mentira no hay como oponer la

dialéctica de la verdad.

Antonio IZQUIERDO

 

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