Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
 Crítica de televisión. 
 En forma de carta     
 
 El Alcázar.    25/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EN FORMA DE CARTA

A Rafael García Serrano, en la página 3 de este periódico.

Querido Rafael:

Pues pasa que RTVE es aburrida, aunque intente animarse con ciertas módicas excentricidades. Presencié

la doble intervención del joven lebrel de nuestra cinematografía —e hice la oportuna referencia en esta

columna—, aunque sus declaraciones no pudieron sorprenderme debido a que estaba atónito con el frag-

mento de su película que se ofrecía como demostración de que, evidentemente, tenia razón al menos con

carácter particular, aunque abusivamente trasladase su problema a una generalización: tamaño

desconocimiento del cine tenia que ser fruto de una carencia de conocimientos sobresaliente, y hace bien

el chico buscando un responsable distinto a él mismo para cometer tal dislate. En cuanto al político de las

veinticinco mil pesetas al mes, no había más que verlo para entender que la cifra en cuestión se refería a

lo Que los franceses llaman "l´argent de pôche" y que el piso, el club, la comida y demás cuestiones que

para el resto de la ciudadanía son vitales, se los debe pagar alguien de la familia. (De todas formas, en

esto de las referencias personales tengo mucho temor a la Ley Antilibelo, que me ha cogido de sorpresa y

cuya extensión no tengo calculada.)

Pero esas entrevistas forman parte de mi acostumbrado aburrimiento televisivo y de mi entrenamiento

para sucesivas sorpresas. Porque supongo que tengamos al caer, ora en las entrevistas plúmbeas de los

sábados, ora en las simpáticas semblanzas de las sobremesas, a D. Santiago Carrillo, que seguro que no

hace "footing" ni juega al tenis, limitándose su actividad deportiva al uso del Cadillac que volvió del frío,

con una bandera nacional asomando por cada ventanilla. O acaso a la presidente del grupo carri-llista,

recién salida de ¡a nevera en forma de datcha, que vendrá con mantilla o tocas de viuda sucesiva, y para

cuya intervención ya he propuesto a RTVE, aquí mismo, la resurrección fugaz de "Reina por un día",

propiciando un encuentro clamoroso, entre lágrimas y mocos, con su marido, o tal vez un "Esta es su

vida", que podría salir de lo más

pocholo si se instrumentaba convenientemente y sin pararse en gastos. Como tales eventos están al caer,

uno tiene que aburrirse aunque sólo sea por comparación con la previsible diversión futura, y aguantar el

rollo macabeo de la crónica innumerable para ver de constituir ese Centro Democrático que tanta falta les

hace a los residuos neodemacráticos del extinto franquismo militante.

Por eso, te invito a ti y a los demás lectores —los seguros y los hipotéticos— a comprobar la magia de la

palabra libertad, puesta al servicio de la publicidad consumística. Ya se le aplica hasta a la publicidad de

los pantalones, cuantimás a las bebidas siruposas con burbuja o sin ella. Ha sustituido, me parece que con

toda justicia, a las invocaciones a la hombría, desaparecidas del entorno publicitario, no sé si para no

exponerse a las iras de los movimientos feministas y mariquitoideos, o porque tales invocaciones, aquí y

ahora, resultan irrisorias.

O a ver cómo se hacen chistes oficiales sobre el mal funcionamiento del servicio de Correos,

precisamente cuando los trabajadores de ese servicio han señalado la incapacidad de medios con que

luchan. O a ver cómo la zafiedad se apodera del "medio", bien en forma de anuncios, bien en forma de

supuesta comicidad.

Por eso, cuando reaparece —en una de sus consecuentemente guadiánicas reapariciones— un programa

como "Los ríos", evidentemente predemocrático, me consuelo mirándolo. Máxime si como el dedicado al

Ulla estaba muy bien hecho por Ramón C. Redondo, que algún día conseguirá hacer cine y todos nos

alegraremos, y aunque el programa estuviese narrado por una voz femenina, que además sabia decir ¡os

textos en gallego, y en los títulos de crédito del final resultase achacada la locución a Claudio Rodríguez,

un estupendo actor de doblaje que, a pesar de su bondad, no creo que llegue a imitar con tanta perfección

una voz de mujer.

Me aburro ante el televisor, porque siempre dice lo mismo y iodo son visitas privadas a quienes les

preguntan, inevitablemente, por la transición de marras. Que tú me dirás qué van a contestar, los pobres,

si quieren salir en la tele.

Marcelo ARROITA-JAÚREGU1

 

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