Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   ¡El mayor espectáculo del mundo!     
 
 El Alcázar.    26/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¡EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO!

CON fas necesarias disculpas a Marcelo Arroi-ta Jáuregui, que con Unta brillantez y solvencia

desempeña en estas páginas la crítica de televisión, voy a aludir a un programa de RTVE. Me refiero al

que se emitió la noche del domingo, no se si porque la Guardia Civil ha aprehendido a Curro Jiménez o

porque el señor presidente del Gobierno iniciaba por esas horas su viaje a Méjico.

Hubiera preferido contem- -piar a Sancho Gracia, que es un actor de una pieza y a Cu rro Jiménez que no

se si fue un bandido o un español cabal de su tiempo. Salí perdiendo, como telespectador y sonrojado

como patriota, aunque no se lleve. El espectáculo fue lamentable desde el punto de vista de montaje y

estuvo más cerca del cine cómico que de la exactitud electrónica vía satélite. Fue, sí, lamentable en su

realización y me temo que también en su intención, ¡tan pobre! ¡tan amañada! Basta con señalar que el

gran comentario en torno al espectáculo reside en las declaraciones de Massiel referidas a su inminente

maternidad y a los propósitos del padre de la criatura, que se presenta a las elecciones como candidato del

P.S.O.E.

Me gustaría mandar una felicitación —porque a fin de

cuentas a uno le tira lo municipal u urbano, aunque sea espeso— a los reporteros de la ciudad de Méjico

que nos explicaron los pormenores de la capital, al mismo tiempo que ellos escucharon al señor Saina de

Robles, cronista oficial de la Villa, un discurso del que no se entendió nada, entre otras cosas porque nada

—salvo vulgaridades y lugares comunes— fue lo que dijo. Los "capitalinos", que desde luego pudieron

ver alguna que otra imagen de la Cibeles o de la Puerta de Alcalá, atropelladas, se quedarían, supongo, en

ayunas. Lamentable espectáculo éste de intentar explicarnos que Méjico y España ¡por fin! se encuentran.

¡Por fin se encuentran sus Gobiernos, que es distinto! Si algo proliferó durante la dictadura franquista, fue

la presencia del folklore mejicano, de toreros mejicanos, y de cine mejicano. Méjico y España son

visceralmente afines y desde luego España no tuvo la culpa del distanciamiento ni de que se asesinara, a

tiros, a un representante oficioso del Gobierno de Franco. Méjico y España mantuvieron cordiales

relaciones en todo, salvo en política. El restablecimiento de Embajadas, tantas veces solicitado, es un he-

cho positivo y debe complacernos, pero sin exagerar.

Me pareció muy bien que los mejicanos pusieran el acen-

to en exhibirnos la cultura prehispanica hasta remontarse a siglos antes de Jesucristo. Personalmente,

también, me dio vergüenza que un grupo de actrices, cantaoras y de periodistas, más o menos mediocres,

pusieran el énfasis en pedir disculpas por haber tardado tanto tiempo en abrazarnos. Si los límites de in-

dignidad nacional a quien están llegando algunos sectores públicos no fueran tan evidentes, sería para

pedir la destitución del señor director general de RTV. La del señor Reguera Guajardo es inútil solicitarla,

porque según me han dicho algunas personas bien informadas, permanece en su puesto por una razón

expiatoria y en problemas de conciencia no me gusta entrar. Reitero mi admirativa y antigua devoción por

Méjico y por el mundo hispano y en el pequeño diario de mis anotaciones le pongo un cero como el ruedo

de las Ventas a quienes programaron esa especie de engendro televisado, sin olvidar que hubo inter-

venciones de una gran digni-dad que no oculto y que simbolizaré en la persona de Julia Gutiérrez Caba,

que estuvo a la altura de las circunstancias, como suele acontecer con todas las personas de talento.

Antonio IZQUIERDO

 

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