Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Agua pasada; El año eléctrico; Algunas peripecias; La apertura; Notas sueltas     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 64-65. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

"...Pero oigo la versión "pop" del "Cara al sol" como el mismo canto de vida y esperanza que siempre ha sido para mi" "Tal vez a los alféreces provisionales les haya sobrado un mucho de arrogancia y a don Ricardo de la Cierva le haya flaqueado un poco la paciencia" "Después después del cese-, Fabián Estapé

se paseaba por Barcelona con tres o cuatro cartas del señor ministro, sin abrir" "La actualidad política

es cada día más efímera y como sigamos a este ritmo, hasta los más acreditados inmovilistas tendrán que dar lo no venido por pasado"

Agua pasada

LA máquina de escribir, como el arpa de Bécquer, con perdón, veíase del salón en el ángulo oscuro, silenciosa y muda. Pero uno ya vuelve donde solía: al riesgo y la urgencia del teclado. Muchas obligaciones sindicales, el retorno a los escaños parlamentarios, el estropicio de un traslado de casa porque los niños crecen y los papeles medran) y algunos otros laboreos más menudos, me han apartado algunas semanas de esta crónica del Madrid laberinto. Los lectores más amigos ya me habrán perdonado la informalidad; algunos se habrán dolido de la ausencia y otros, inevitablemente, se habrán sentido aliviados con el descanso. Mi gratitud para los primeros; mis emocionadas excusas para los segundos, y mi pésame para los terceros.

En este país, cuando alguien que escribe de eso que más o menos exactamente llamamos política, se toma un descanso o se toma otro trabajo que no sea el de darle aire a la herramienta delicada de la pluma, empiezan las interpretaciones. Unos piensan en cautelas propias, y otros sospechan precauciones ajenas.

Vamos, que te callas para no comprometerte, o que te callan para que no comprometas a los demás. Algo de esto debe de ocurrir con cierta frecuencia, porque más de una vez circulan las fotocopias de las galeradas que no han visto la luz, o los mudos alegan afonías sospechosas. Y es que ya se ´sabe que hay escritores políticos que son como los girasoles, y que cuando se quedan a oscuras, ya no .saben de qué lado volverse. Y hay también forzados de la pluma, que reman sólo a la voz del contramaestre. Imagino que están ustedes esperando que ponga ejemplos de lo uno y de lo otro, pero por ahora los quiero eludir:

dejo el acertijo a la adivinación del lector, para darle ocasión a que participe mientras llegan otras participaciones más fecundas.

Lo cierto es que el laberinto está tan movido que, apenas se duerme uno un par de semanas, pierde comba, y en el molino se archivan los rumores de las aguas pasadas. Los temas se marchitan pronto y hay noticias políticas que a la mañana son pompa y no sé si alegría, y son a la noche lástima vana. La actualidad política es cada día más efímera y como sigamos a este ritmo, hasta los más acreditados in-

movilistas tendrán que dar lo no venido por pasado.

El año eléctrico

Si uno piensa en todo cuanto´ ha sucedido en España y en el mundo de junio a junio, no verá extraño que a algunos les acometa el mal del «shock del futuro». El año político 73-74 ha sido un año eléctrico. Tanto sucede que apenas si. da tiempo para contarlo. Desde la «trampa saducea» al «espíritu del 15 de junio», varias décadas nos contemplan. Da uno alguna breve cabezada en «I asiento del vagón y en ese bloc donde el cronista apunta la vida se quedan en blanco páginas que deberán pasar a la historia menuda y a la grande y general historia.

En pocos días, el general Díez-Alegría se va a África, pasa por Rumania, come con Ceausescu, vuelve a España, deja el Alto Estado Mayor, visita El Pardo y se va a su casa. Don Carlos Arias se va a Barcelona, y algunos «espiritistas» de la política empiezan a contraponer el espíritu del 12 de febrero con el espíritu del 15 de junio. El Proyecto de Ley de Bases de Régimen Local ya está en las Cortes, en las mismas Cortes de las que fue retirado el otro, y el Consejo Nacional prepara ese Estatuto de Asociaciones que tantas veces se gesta y que nunca nace. .La Ley de Incompatibilidades está a punto. Los comentarios sobre la cena de Sitges han sucedido a los comentarios sobre la cena de Ara-vaca. La noche de San Juan ha pasado del folklore a la política, y algunos españoles siguen yendo a Estoril para asistir a una liturgia cabalística. Santiago Carrillo y «La Pasionaria» aparecen "en Ginebra y confunden el exilio con la emigración. En Francia dicen que el «gaulismo» ha muerto. En España, Ignacio Camuñas dice que el aperturismo, también. En los cines de Portugal se proyectan «El último tango», de Marión Brando ,y «El Dictador», de Charlot. En Italia, bajo el paraguas del Vaticano, admiten el divorcio. Y en Alemania, donde ya no es canciller el inventor de la «ostpolitik», el fútbol socialista derrota —aunque sin consecuencias— al fútbol occidental. El general Perón, después de dieciocho años de tranquilo y dorado destierro en Madrid, ha perdido la vida en Buenos Aires a los pocos meses de recuperar el poder. Dice Luis Apostua que se habrá muerto sin comprender cómo los jóvenes le volvían la espalda. Y cómo la derecha que le apoyaba era la misma que le echó en 1955. Emilio Romero comenta que «la vida sigue», que es un comentario muy suyo. Y asi sucesivamente.

Algunas peripecias

La correspondencia cruzada entre los alféreces provisionales y don Ricardo de la Cierva constituye una documentación que el cronista hubiese deseado no tener que leer. Yo salí, de niño, del hambre y la guerra para entrar en la paz y en la esperanza con el «Cara al sol» en los labios. El «Cara al sol» ha sido la canción de mis mayores alegrías y de mis mayores emociones. Con la versión «pop» del «Cara al sol» me sucede como con el nuevo «Credo»: que no se me pega al oído. A mis años es muy difícil aprender, de la noche a la mañana, los nuevos ritmos y las nuevas palabras de las músicas y las letras de" siempre. Pero oigo la versión «pop» del «Cara al sol» como el mismo canto de vida y esperanza que siempre ha sido para mí. Los viejecitos del año 39 cantaban el «Cara al sol» cambiándole la letra: decían «impasible el alemán», quizá porque todavía los aliados no habían hecho perder su impasibilidad a los ejércitos de Hitler; pero de todas formas era hermoso oír cantar a los viejecitos un himno joven. Era casi tan hermoso como puede ser ahora oír cantar a los jóvenes un himno, que ya es clásico en nuestro patriotismo con el ritmo de ellos. Eso lo ha comprendido hasta la Iglesia Romana, que va con pies de plomo mucho antes de condenar a Galileo por afirmar que la tierra se mueve, y que ya ha dejado entrar hasta los altares en los que se adora a la Eucaristía jas guitarras eléctricas.

Pero todo esto es lo de menos. Todo esto es opinable, y nunca falta tente que ante los estudios de Picasso sobre «Las meninas», de Velázquez, se pone a gritar: «¡Anatema, anatema!». Lo importante es que tenemos que aprender a dialogar y a respetar las opiniones del prójimo como las de nosotros mismos. Tal vez a los alféreces . provisionales les haya sobrado un mucho de arrogancia y a don Ricardo de la Cierva le haya flaqueado un poco la paciencia. También puede suceder que a los alféreces provisionales haya que perdonarles, de buen grado, el exceso de arrogancia, y que tengamos que comprender que a don Ricardo de la Cierva se le tenga que acabar alguna vez la paciencia exigible. Y que así, en los excesos más o menos disculpables, de Jos demás, vayamos aprendiendo la mesura propia. Seguramente lo que pasa es ¡que el diálogo, que .es un instrumento de la democracia, no se aprende sino con el ejercicio, y nosotros estamos todavía un poco entumecidos y necesitemos, como los futbolistas que esperan en el banquillo, una gimnasia de calentamiento. Ojalá todo termine en que los alféreces provisionales regalen a sus nietos los discos del «Cara al sol» en versión «pop» y don Ricardo de la Cierva sirviendo honesta y sinceramente a la España del 74, del 75 y del 90. Y de más allá del año 2000.

Otro docuWiento que uno na hubiese querido leer es ese artículo que Antonio Guerra ha firmado en «El Diario de Barcelona» y que se titula «Contra ´la elección de una miss». EI hecho de que el Ayuntamiento de La Coruña, o cualquier otro Ayuntamiento, quiera organizar la elección de miss España me parece un hecho que entra tan dentro de lo normal como de lo opinable. Me parece que la elección de una miss es un festejo que algunos consideran tan aceptable y otros tan discutible como un castillo de fuegos artificiales o como una carrera de sacos, dicho sea con las necesarias salvedades celtibéricas a favor de la elección de la miss. Que la Sección Femenina de La Coruña se opusiera a la celebración de esa fiesta con el argumento o con el pretexto de que costaría dos millones y medio de pesetas, es algo que también me parece que entra dentro del terreno de lo opinable. La Sección Femenina tiene el derecho de mostrar su oposición a aquel propósito del Ayuntamiento. Y don Antonio Guerra tiene el derecho de disentir del criterio de la Sección Femenina de La Coruña.

Pero manifestar esa disensión en una ensalada literaria avinagrada con alusiones a la reforma de Santa Teresa, al perímetro torácico de Agustina de Aragón y a la camisa de Isabel la. Católica y aderezada con frases del vocabulario político de José Antonio, es algo mucho más triste, más viejo—y más criticable que oponerse a la organización de un desfile de «misses».

Desde la ley de Prensa del 66, los periódicos y los periodistas han venido comportándose con general responsabilidad. De vez en cuando, como en este caso, salta la excepción. Y una excepción escandalosa, porque ha obligado a uno de los directores más jóvenes de la prensa española a abandonar la dirección del periódico más viejo de Europa.

—Acusóme, padre, de que soy un aperturista.

—No, hijo. Tú no eres un aperturista. Tú eres un dicharachero.

La apertura

Y ya salió aquello de la apertura. Doña Apertura, que es personaje de moda, produce algunos catarros, pero sigue bien, gracias. Marcelino Oreja ha dicho en el semanario «Mundo» que las asociaciones políticas son imprescindibles para la apertura ´y ha abogado por la necesidad de que los grupos políticos se identifiquen en asociaciones legales para que sepamos quién es quién en la política en vez de camuflarse bajo otras diversas formas. El ministro Utrera ha dicho en Burgos que el Movimiento apoya decididamente el programa del presidente Arias y defensor de la modernidad de sus planteamientos. El Consejo Nacional estudia las bases del desarrollo político, aunque a puerta cerrada. Y Manuel Cantarero del Castillo, en la Junta de los Antiguos Miembros del Frente de Juventudes que se ha celebrado en Cartagena, ha resumido en cuatro puntos un extenso programa político de apertura y democratización.

La apertura circula por las decisiones y las declaraciones del Gobierno; está en las Cortes, que acaban de aprobar la inamovilidad de los jueces, que es cosa que no se debe confundir con el inmovilismo de quienes se erigen en jueces políticos; traspira´ en ese artículo de Fanjul en «ABC» donde dice que enfrentarse con el futuro sin asociaciones políticas es como ir a la guerra con las manos en los bolsillos; se contempla en las bases del Régimen Local; se deja ver en la presentación que el ministro Carro ha hecho de la Ley de Incompatibilidades; se confirma en las declaraciones de Fraga en su visita a Madrid; se pide en las propuestas de Silva Muñoz cuando habla del sufragio directo en la elección de concejales, y hasta se observa en esos visados para viajar a la URSS que se pueden obtener en Madrid sin pasar por el consulado soviético en París.

El problema, como siempre ocurre en política, es el ritmo. La polémica, como dijo Torcuato Lúca de Tena en su discurso de los Premios «Cavia», se plantea entre quienes se asustan de ver andar, al niño y quienes temen que se quede paralítico por falta de ejercicio. Me parece que era don Luis Carrero quien hablaba, no de un niño, sino de un convaleciente. Escojan ustedes la Imagen que más les guste. La cuestión estriba en saber si ya hemos salido de la convalecencia o si ya hemos llegado a la mayoría de edad. Y en que no nos sorprenda la emancipación entre los algodones de la Inocencia.

Notas sueltas

Tiene gracia eso de que mi amigo Fabián Estapé quizá reúna las condiciones necesarias para ser rector de la Universidad. Porque Fabián Estapé ya ha sido Decano y ya ha sido Rector. Cuentan que cuando Laureano López Rodó le llamó para ofrecerle el cargo de Comisario Adjunto del Plan de Desarrollo, Estapé entró en el despacho del Ministro, y antes de que el Ministro abriera la boca para hacer el ofrecimiento, se adelantó y dijo: «Laureano, que sí». Después —después del cese—, Fabián Estapé se paseaba por Barcelona con. tres o cuatro cartas del señor Ministro, sin abrir. Eso no es que me lo hayan contado. Es que las cartas me las enseñó un día en el restaurante «Reno» .de Barcelona. Fabián Estapé reúne condiciones para ser cualquier cosa y para desempeñar cualquier cargo. Y lo que es más difícil: para dejar de serlo.

Es algo parecido a lo que le ha sucedido al Club de Fútbol Barcelona: que después de ganar la Liga dejándose atrás, y con ira al Real Madrid, ha sabido perder la Copa por cuatro a cero. Claro es que, al mismo tiempo, estaba ganando en Munich, con Cruyff y Neeskens, el derecho a jugar la final del Campeonato del Mundo y quién sabe si la final, que yo no lo sé a la hora en que escribo, aunque ustedes ya lo sepan a la hora en que me lean. Al fin y al cabo, lo importante, como dijo el barón de Coubertin y recuerda constantemente «Tácito», es participar.

Lo que sucede es que unos quieren participar en unas cosas y otros quieren participar en otras. Hay quien quiere participar en el desarrollo político; otros aspiran a participar en el desarrollo cultural, y otros se conforman, modestamente, con participar en el desarrollo económico. Y otro ejemplo: unos quieren participar en las comidas con Fraga, y otros quieren participar en ese homenaje a Girón que prepara Juan García Garres. La verdad es que Girón merece el homenaje incluso de aquellos que creyeron sinceramente que mereció el reproche. Lo difícil en esto de los reproches y los homenajes es que los reproches no se conviertan en homenajes a quienes* no los merecen, y viceversa. Y yo me entiendo.

Por ejemplo: el reproche a esa pandilla que pone bombas de relojería a las distribuidoras de libros o en las librerías no significa el homenaje de todos los ´libros destruidos tan salvajemente. Ni la crítica civilizada a un determinado libro debe incitar a poner bombos en las estanterías.

Todo esto sin contar con que hay personajes cuyos homenajes envilecen y cuyos reproches enaltecen.

Imagino, aquí también, que esperan ustedes que ponga ejemplos, pero esto, igual que otras adivinanzas, lo dejo por hoy al entretenimiento y diversión del curioso lector.

Me quedo con ganas de saber y de contarles a ustedes las causas del cese de Perelló como presidente de la Diputación de Valencia. La ´ verdad es que lo de Valencia lo entiendo cada vez menos. El señor Gobernador Civil suspende la presentación del libro del profesor Lluch por un oficio que casi reproduce aquella célebre cédula de Carlos III cuando expulsó a los jesuítas: «por motivos que guardo en mi real pecho». Luego, viene la Dirección General de- Política Interior y autoriza la presentación de] libro del profesor Lluch. Y no pasa nada. El alcalde de Carcagente cesa por querer administrar a los administrados de acuerdo con la opinión de los administrados. El señor Perelló cesa por causas desconocidas. Se despide diciendo: «Perdón, gracias y adiós». El Gobernador Civil no le dice adiós, sino hasta luego. Y nos quedamos sin saber qué quiere decir ese perdón, ese gracias, ese adiós y ese hasta luego.

Bueno, pues ya veremos. De momento, perdón, gracias, adiós y hasta luego.

 

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