Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Partidos para un líder     
 
 El Alcázar.    04/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

PARTIDOS PARA UN LÍDER

ESCRIBO estas líneas en la tarde del martes. No se ha iniciado aún la retransmisión del mensaje del

presidente del Gobierno. Ese mensaje será como el "Chupinazo" de los sanfermines que inicia la alegre y

loca carrera. La polémica en torno a si el primer ministro es o no inelegible, resulta, a mi ver, ociosa. Si

de algo existen pruebas evidentes en España, es de legalizar lo que pudo parecer ilegalizable. Suárez

González va a las elecciones. Concurre por Centro, por Centro Izquierda, al parecer, y acaso con el

beneplácito y la colaboración parlamentaria del socialismo marxista del profesor Tierno Galván, que sólo

horas antes de ser recibido por el Rey don Juan Carlos, proclamaba, iracundo y democrático, que si la

derecha ganaba los comicios, las gentes se echarían a la calle. El presidente Suárez es, sin duda, una

figura singular. No se si será, como acaba de proclamar "Le Point", el político más popular de Europa.

Tampoco digo que sea el político mas singular. Me limito a señalar que es una figura singularísima.

La transición le pescó al frente de la Unión del Pueblo Español, que en su día fomentó Pepe Utrera como

salida de emergencia y que, cuando menos, sirvió para que el vicesecretario general de Herrero Tejedor

ocupara la presidencia de la asociación, tras la trágica muerte de aquel ministro del Movimiento. En la

transición fue designado ministro Secretario general lo que resultaba lógico si se considera que la U.P.E.

era como la versión futurista de los hombres del Movimiento. ¡Expectación! En la Comisión Mixta, según

empieza a saberse ahora, defendió la supervivencia de Alcalá, 44, pero la crisis de julio le llevó a

Castellana,

3, porque todavía no se había inaugurado el Palacio de la Moncloa como residencia oficial, y desde allí

debió considerar más viable el derribo, sin balance. Cuando llegó a la Presidencia del Gobierno, los de la

Unión del Pueblo Español no obtuvieron ni una mala Subsecretaría y Suárez buscó el apoyo de los

neodemócratas de la Santa Casa, que a su vez abandonaron a su suerte al bueno de Federico Silva y

arroparon, ¡oh el socorro al vencedor!, al joven líder.

Un día, en horas, se arrió de Alcalá 44 el Yugo y las Flechas, al mismo tiempo que dos calles más arriba

se izaba un letrero monumental en el que podía leerse: "Partido Comunista de España". Después de su

viaje a Méjico y a Estados Unidos —un viaje sin resultados aparentes, aunque con ciertos visos de

promoción— y tras la audiencia de Tierno Galván con el Monarca, Adolfo se echa en brazos del Centro,

del Centro Izquierda que, como digo, acaso, cuente con el apoyo de los marxistas del ilustre profesor

universitario y se dispone a comparecer en los comicios para unas Cortes Constituyentes. He repasado,

con calma, la biografía de este intrépido político y llego a consecuencias verdaderamente paradójicas: es

un líder sin masas. Un líder de subsecretarios y ministros o ministrables. Su formación universitaria no

sobresale en nada. Y. sin embargo, ha sido capaz de cambiar el signo de la historia de un pueblo. No se si

la poplaridad que "Le Point" le otorga será cierta. Desde mi modesta posición de periodista le proclamo el

prestidigitador más grande y brillante de todos los tiempos.

Antonio IZQUIERDO

 

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