Suárez comenzó su promoción electoral. 
 Se presenta candidato pero sigue presidente     
 
 El Alcázar.    04/05/1977.  Página: 1, 6-7, 16. Páginas: 4. Párrafos: 87. 

SE PRESENTA CANDIDATO PERO SIGUE PRESIDENTE

CONSEJO DE MINISTROS

AUMENTAN

LAS PENSIONES

• De todos los regímenes de la Seguridad Social

• Entra en vigor con fecha 1 de mayo

• Esta revalorización afecte a 3.604.320 personas con un coste de 50.000 millones para este año

Durante 32 minutos, el presidente del Gobierno, don Adolfo Suárez, compareció ante tos españoles, en

ana alocución radiotele-visada, para anunciar su candidatura electoral independiente al Congreso de

Diputados y explicar la legalización del Partido Comunista. El Jete del Gobierno vestía en ésta su quinta

comparecencia radiotelevisada, chaqueta azul oscura, corbata negra y camisa azul clara. El presidente

Suárez dijo textualmente: Buenas noches, señoras y señores:

El Gobierno que un día asumió la tarea de dirigir la transición política está a punto de culminar una de sus

etapas más importantes. Se cumplen hoy diez meses de mi nombramiento como presidente de este

Gobierno y cuando ya están convocadas las elecciones generales, quiero volver a comparecer ante todos

ustedes, y quiero hacerlo con honestidad, con claridad, en obediencia al criterio de realismo que nos

hemos propuesto desde el principio ceno norma de nuestra gestión.

Quiero comparecer en respuesta a una demanda de la opinión pública que exige con toda lógica que se de

cuenta de nuestros pasos inmediatos, que se expliquen públicamente las acciones de la Administración y

que sometamos nuestros criterios al conocimiento y juicio de la opinión. Pienso que sólo se debe gobernar

con una absoluta transparencia en el quehacer político.

PROGRAMA CULMINADO

El pasado día 15, el Consejo de Ministros aprobaba el decreto de convocatoria de elecciones generales.

Con este paso se culmina el programa político el gobierno y se abre la puerta a la gran meta que todos

ustedes votaron el pasado mes de diciembre: hacer que el pueblo español decida su destino y que elija

libremente, responsablemente, a sus próximos representantes legítimos, cuando casi podemos tocar con la

mano nuevos horizontes de convivencia. Creemos que todo e1 pueblo español pueda sentirse satisfecho

de si mismo: ha superado, con tensiones y acritudes, pero coa elocuente madurez, la gran prueba a que le

sometía el cambio político.

SUAREZ COMENZÓ SU PROMOCIÓN ELECTORAL

Desde el Gobierno hemos servido ese fin, creo que con decisión, creo que con realismo, y, desde luego,

con entrega sin reservas. Intuirnos que el pueblo español es mayorita-riamente moderado, y hemos pro-

curado responder a esa cualidad con un espíritu abierto. Hemos dialogado en lo posible con las fuerzas

políticas para que el cambio no fuese una simple operación de laboratorio, sino una suma de esfuerzos,

ideas y críticas de todos los partidos políticos que sólo tiene como destinatario y protagonista al pueblo

español.

Se están aplicando medidas de gracia porque sabemos que la sociedad de 1977 quiere superar todas las

causas de enfrentamiento y necesita instrumentos para la concordia. A nuestra normalización Ulterior

correspondió un esfuerzo por normalizar nuestra presencia en el mundo, han entrado en juego las

panrtidos políticos, estamos más cerca de conseguir la bases para el pacto social...

LO QUE FALTA POR HACER

Ante ello, sólo cabe un resumen: la sociedad española se ganó traba-josamente, pero con una madurez

que a todos nos honra, sus libertades y su derecho ya indiscutible a organizar su futuro. Hemos intentado

lo que ya afirmé en otras ocasiones: "elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es

simplemente normal". Creemos haber respondido a esa promesa, ahora, lo que falta por hacer, lo que falta

por normalizar, depende del voto de ustedes, ya que la culminación del proceso de reforma política

dependerá en gran medida de las próximas Cortes.

Por eso, señoras y señores, la gran palabra que define y condiciona nuestro inmediato futuro po-

lítico es esta: elecciones. De ellas y de mi presencia ante el veredicto de las urnas vengo a hablarles.

CANDIDATURA

Se me ha planteado, como uste-des saben, una difícil decisión personal: mi posible presentación como

candidato; hasta el último mi-nuto, he procurado analizar las circunstancias, conocer los plantea-mientos

de los distintos grupos y partidos políticos, escuchar todas las opiniones —incluidas, como es lógico, las

recogidas en los medios de comunicación social y valorar objetivamente los datos de nuestra realidad, he

tratado de subordinar mis preferencias personales a los superiores intereses de nuestra comunidad.

En estos momentos se están di-bujando con mayor nitidez las op-ciones electorales sobre las que ustedes

deberán manifestarse el próximo 15 de junio. Ante ellas, mi obligación como político es ma-nifestar

claramente, desde el respe-to profundo a las demás tenden-cias, mi posición política.

Creo, modestamente, tener el de-recho y al mismo tiempo el deber, de identificarme públicamente y no a

escondidas, con aquellos grupos o personas que desde una posición de centro pretenden ofrecer a los

electores lo que ha sido una constante de mi Gobierno, una alterna-tiva política que tienda a evitar

peligrosos enfrentamiemos, ofreciendo al mismo tiempo una plata-forma de colaboración para un

entendimiento duradero entre los españoles.

LA OPCIÓN

Creo que es una opción que debe ser ofrecida al electorado junto a los demás que existen en nuestro

panorama político y pienso que esta opción no perjudica a ninguna de las fuerzas que ya se han perfi-lado

con nitidez ante las elecciones. en todo caso, permite cubrir un espacio político que, a mi juicio, todavía

no está suficientemente de-limitado-

Desde esta perspectiva he tomado la decisión de presentarme como candidato independiente al con-greso

de diputados. Ruego a todos ustedes y muy especialmente a las fuerzas políticas, que me hagan el honor

de creer que es una decisión muy meditada, muy consultada, ciertamente incómoda y con evi-dentes

riesgos.

Por eso, al presentarme como candidato no voy a buscar un voto fácil ni a hacer una solicitud de respaldo

personal. Nunca he perse-guid, en mis acciones de gobier-no pedir nada para mí. Se me encargó la misión

de llevar a buen puerto la reforma política de nuestro país, y debo comparecer a juicio público cuando se

establece

!a primera consulta democrática. . .

No puede quedar en el aire, descolgada, sin asistencia o sin crítica popular, una obra de gobierno que se

hizo al servicio de la democracia y que todavía no fue contratada con el voto, aunque haya surgido del

respaldo inicial expresado en el Referéndum.

RECELOS

Esos son mis motivos, se que, a

pesar de ello, y porque estamos en plena dialéctica de partidos mi decisión, puede causar recelos en

algunos grupos. Ante ellos, he de decir que concurro a las elecciones sin privilegio alguno de organiza-

ción, sin apoyo de los órganos de

gobierno y por supuesto, sin nin-gún apoyo de la corona, que está por encima de las opciones y con-

tiendas.

No concurro, señoras y señores, ni siquiera como hombre de partido, sino en una coalición de partidos,

grupos o personas indepen-dieníes, que se sitúan en una posi-ción de centro y que proclaman su

coincidencia con los criterios que inspiran mi actividad política desde el día de mi nombramiento.

IDENT1F1CACION

Me siento identificado, como lo demuestra la gestión de casi trescientos días, con todas aquellas fuerzas

que hacen de la moderación su principio: con quienes sienten la imperiosa necesidad de conti-nuar la

evolución hasta que no haya ni una sola nota discordante entre la realidad social y la realidad legal del

país: con quienes par-tiendo del mandato popular del 15

de diciembre, aspiran a completar la transición política con las elec-ciones generales, la definitiva arti-

culación de los textos constitucio-nales, las bases de ordenación del sistema económico, la reforma fiscal

imprescindible para acometer una política de justicia social, y la estructura de nuestras regiones den-tro

de la unidad de España, con quienes quieren normalizar nuestra vida en común, corregir los desequilibrios

sociales y asentar defini-tivamente en España los principios de moderación, tolerancia y respeto mútuo,

con quienes, en definitiva, siente ánimo de pacto con todas fuerzas sociales.

Entendemos, —y con ésto expli-có la actitud del Gobierno como responsable único de la iniciativa

política, que esta culminación de la transición ha de hacerse desde el consenso de todas las fuerzas poli-

ticas que obtengan representación en las próximas elecciones, inde-pendientemente del número de vo-

tos.

Como ya he dicho en otras oca-

siones, creo que la democracia con-siste básicamente en la aceptación de pluralismo político, donde el

acatamiento a la voluntad de las mayorías, sea compatible con el respeto y la presencia operativa de las

minorías en el proceso político, esto especialmente cierto en período de transición como el que Esparta

está viviendo.

EVITAR ENFRENTAMIENTOS

A estas alturas del proceso polí-tico creo que los grandes esfuerzos nacionales y especialmente de sus

líderes y dirigentes, han de centrarse en evitar que se dibujen peligrosamente enfrentados los grupos po-

líticos, debemos evitar entre todos que se repita —real o dialéctica-mente— la división política de los

españoles en dos frentes antagóni-cos, porque ahora que estamos estrenando la democracia, podría tener

muy graves consecuencias para nuestra patria.

Y porque la historia nos enseña

(Pasa a la pág.7)

ACEPTO SU RESPONSABILIDAD EN LA LEGALIZACIÓN DEL P.C.

que debemos tomarnos muy en serio esta posibilidad, y porque estamos convencidos de que existe un

payor pluralismo, me parece imprescindible presentar al pueblo español un posible factor de equili-brio,

sin la amenaza permanente de la división de los españoles en dos mitades, como si esa fuese nuestra

realidad nacional. El hecho de que respetemos profundamente a quienes están situados a nuestra derecha

y a nuestra izquierda, el hecho de que hayamos garantizado que puedan ofrecer su opción al pueblo

español, no impide, no debe impedir, que tratamos de evitar aquellos riesgos de los que la historia nos

ofrece triste ejemplos.

COMPATIBILIDAD

Sin embargo, al tomar esta decisión la gran dificultad estriba en hacer compatible mi presentación como

candidato con el ejercicio de las funciones de Presidente del Gobierno. Podría renunciar a ellas, pero no

debo hacerlo, porque eso supondría entrar en una crisis política que pienso no le conviene al país en estos

momentos.

Pero ello no impedirá que las elecciones sean absolutamente libres, transparentes y claras. El Gobierno

que presido ya a actuar con la máxima neutralidad, equilibrio y objetividad, comprometiéndose a no

beneficiar y perjudicar a ninguno de los grupos y partidos políticos que participen en la contienda

electoral.

GARANTÍAS

Para garantizar esta posición del Gobierno, hemos adoptado dos medidas que rigen en todos los países

democráticos en • los que,

como ustedes saben, los presidentes, los ministros y los altos cargos de la administración, participan

normalmente como candidatos en las distintas elecciones.

En primer lugar, trasladar el control de la libertad y de la limpieza de las elecciones, a unos órganos

distintos del gobierno y de la administración. Asi, la ley electoral determina claramente que la

fiscalización de las elecciones corresponde a las juntas electorales central, provinciales y de zona,

auténticos órganos jurisdiccionales, presididas por representantes del poder judicial y que están comple-

tamente al margen de la posible influencia del gobierno de la administración.

En segundo término, permitir que los partidos políticos que participan en las elecciones —todos sin

excepción— puedan también, por los medios establecidos, actuar como auténticos fiscales y jueces del

proceso electoral. Constituirán asi la mayor garantía para el pueblo español de que en ningún caso se

alteran o modifican los supuestos fundamentales que permitan a los veintidós millones de electores ex-

presar libre y claramente su voluntad soberana.

RENUNCIA A LA CAMPANA

Por último, puedo asegurarles que, dadas las especiales características de nuestro momento político,

renuncio a una dedicación activa en la campaña electoral, que pueda prestarse a equívocos o malenten-

didos o que pudiera limitar mi plena ocupación en las tareas de gobierno porque desde hoy hasta que se

exprese la voluntad popular, hay que seguir gobernando el país.

LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA

Señoras y señores:

Les he hablado de mi posición personal respecto a las elecciones. También desde ésta perspectiva

electoral era absolutamente necesario encontrar un campo de juego para todas las fuerzas políticas que

aceptasen la legalidad constitucional.

Sin embargo, algunos recientes actos del gobierno realizados con esta inspiración han sido vividos como

factores de perturbación de la normalidad. Me refiero, naturalmente, a la legalización del Partido

Comunista de España. Yo se con cuanta preocupación ha sido vista ésta medida por muchos ciudadanos.

Y porque lo sé, y porque estoy convencido de la necesidad de ese paso, y porque soy responsable de todas

y cada una de las acciones del Gobierno, quiero exponer aquí nuestras razones.

Cuando en el verano de 1976 las Cortes Españolas aprobaron la reforma del Código Penal, todos

entendimos que el partido comunista, tal y como se presentaba en aquellas fechas, quedaba afectado por

la nueva redacción del artículo 172, y por tanto, excluído de la legalidad.

Y con mucha razón, con gran

coherencia lógica, porque, en aquellas circunstancias, el Partido Comunista se definía como un enemigo

declarado, como un grupo que rechazaba completamente las opciones políticas fundamentales que

definían aquella situación, el Partido Comunista se colocaba fuera de la legalidad, y como tal debía ser

tratado.

Pero, ¿Quién duda, señores, de que las circunstancias políticas han cambiado desde aquel momento?.

¿Puede alguien dudar que las normas de convivencia y su aceptación por los partidos políticos han cam-

biado sustancialmente?. ¿Quién puede negar que fuerzas políticas que entonces estaban marginadas hoy

optan por participar en la normalidad?.

CIRCUNSTANCIA

Todo esto fue posible porque las mismas Cortes que en julio entendía clara la exclusión del Partido

Comunista, en el mes de noviembre aprobaban la Ley para la reforma política y sobre todo porque uste-

des mismos la aprobaron masivamente el pasado 15 de diciembre.

Esta ley significaba un cambio sustancial en la política española. Al proclamar que "la democracia en el

estado español se basa en la supremacía de la ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo, y que los

derechos fundamentales son inviolables y vinculan a todos los órganos del estado", establecía un punto de

no retorno en la vida pública española.

El destino pasaba a ser el marca o por el pueblo español, una democracia plena, con una acción política

ejercida bajo el amparo de la Corona y el imperio de la Ley.

El nuevo marco político hizo que muchos partidos solicitasen su legalización, entre ellos figuró el Co-

munista, quien presentó unos estatutos perfectamente legales, no contradichos en su conducta pública de

los últimos meses.

Ante esta voluntaria solicitud de someterse a las reglas de juego del Estado, al Gobierno le cabían tres

opciones: el rechazo, que sería incoherente con la realidad de que el Partido Comunista existe y está

organizado, la lucha contra él, que sólo se podría ejercer por la represión, por último, aplicar la legalidad,

recabando la información jurídica oportuna para comprobar si encajaba o no encajaba en la ley.

La conclusión después de la sentencia del Tribunal Supremo y del dictamen del Fiscal del Reino, ha sido

que no había contraindicaciones legales para su inscripción en d registro, dado que ni el Gobierno ni

nadie puede juzgar sospechas, sino conductas, y la conducta era compatible con la ley, d Gobierno

procedió a la legalización.

REALISMO Y PATRIOTISMO

Acepto por completo la responsabilidad de esta decisión, que se fundó en dos principios básicos: d del

realismo y el del patriotismo. Realismo, porque entiendo que no es buena política la que se basa en cerrar

los ojos a lo que existe. Patriotismo, porque d servicio que en estos momentos nos exige España, es

aclarar las reglas del juego y numerar a los participantes.

Mal podríamos entrar en una campaña electoral sin saber dónde esta cada uno de los grupos o partidos

políticos. Mal podríamos intentar que el Estado fuera sólido, si no lo creemos capaz y lo hacemos capaz

de albergar en su seno y en sus instituciones a todas las fuerzas políticas que aceptan la legalidad de ese

mismo Estado. Mal podríamos, señoras y señores, mirar a nuestro futuro de concordia si dejásemos que

hubiese una acción política socavando los cimientos, en lugar de sacarla con todos los derechos, pero

también con todas las obligaciones, a la luz del día.

La política, señoras y señores, si queremos que sea positiva, no se debe hacer a base de sentimientos, sino

sobre los datos de la realidad; una gran nación no se construye sólo sobre nobles impulsos del corazón,

sino con el estudio detallado dé los hechos que tenemos delante.

Suárez comenzó su promoción electoral

EXCUSO ESTA VENTAJA INICIAL DICIENDO QUE SI RENUNCIASE

"SUPONDRÍA UNA CRISIS POLÍTICA"

Sería -paradójico, por ejemplo, que cuando hemos establecido relaciones diplomáticas plenas con los

Países del Este, mantuviésemos al margen de la ley a aquellos comunistas del interior que aceptan una

convivencia legal, sería paradójico que, queriendo hacer una democracia en la normalidad, marginásemos

deliberadamente a quienes ase-guran desear participar en ella.

IGUALDAD ANTE LA LEV

Pienso que sólo la ley puede marcar los caminos, y en este sentido, el Gobierno recuerda el principio de la

igualdad de todos ante la ley y está dispuesto a aplicarla con el máximo rigor en defensa de la unidad de

España, de la Institución Monárquica, así como para impedir el establecimiento de cualquier sistema

totalitario, o la subversión del orden y de la paz pública, independientemente de la ideología de quienes lo

intenten, como creo que este Gobierno ya demostró en repetidas ocasiones.

En cuanto al Partido Comunista o cualquier otro, si su conducta posterior -directa o indirectamente—

incurriera en ilegalidad, pueden tener ustedes la seguridad de que caería sobre ellos todo el peso de la ley.

RECHAZO DEL COMUNISMO

Yo, señores, no sólo no soy comunista, sino que rechazo firmemente su ideología, como la rechazan los

demás miembros del gabinete que presido, pero si soy demócrata, y sinceramente demócrata, por ello

pienso que nuestro pueblo es suficientemente maduro —y lo demuestra a diario— como para asimilar su

propio pluralismo.

Pienso que este pueblo nuestro no quiere encontrarse fatalmente obligado a ver las cárceles llenas de

gente por motivos ideológicos. Pienso que en una democracia todos somos vigilantes de nosotros mismos,

testigos y jueces de nuestros actos públicos; que hemos de instaurar el respeto a las minorías legales, que

entre los derechos y los deberes de la convivencia figura el de aceptar al adversario y, si hay que hacerle

frente, hacérselo en competencia civilizada.

LUGAR PARA TODAS LAS OPCIONES

En la difícil tarea de dirigir la política del país, el Gobierno que presido ha procurado ejercer el poder con

absoluta delicadeza, procurando por encima de todo no herir a nadie, ofrecer la posibilidad de un lugar

bajo el sol a todas las opciones y respetar e incorporar las opiniones contrarias.

Era fácil, sin duda, rendirse a la tentación de cerrar las puertas de nuestros despachos y olvidarse de las

realidades visibles. Pero nuestro compromiso, y el encargo del pueblo español en el último referéndum, es

conseguir que todo el juego político se desarrolle bajo el amparo de la Corona y sometido al imperio de la

ley.

EL GRAN SALTO

En esta hora en que colectivamente vamos a dar el gran salto de atribuirle el poder a los representantes

auténticos del pueblo español, quiero hacerles una llamada para que dejen de preocuparles los enemigos

invisibles.

Entre todos hemos construido trabajosamente, con renuncias personales incalculables, el marco para una

democracia, pero ¿no es cierto que ha llegado la hora de eliminar la clandestinidad como procedimiento

habitual de acción política? ¿Cree alguien que nuestro proceso de democratización sería fiable si se basara

en exclusiones de unos a otros y en excepciones que no se le pueden hacer al pueblo español?. ¿No es

preferible que el Partido Comunista de España acepte públicamente, como ha proclamado, las bases de

nuestra convivencia, en lugar de verse obligado — porque todos sabemos que existe— a luchar para

destruirla, a fin de encontrar por esa vía un lugar en el mapa político español?.

¿Puede alguien asegurar que no figurarían sus miembros, en cualquier caso, disimulados en otras listas

electorales, con lo que conseguirían igualmente sus fines, pero burlándose de la ley?.

¿No debemos, acaso, hacer absolutamente sinceras las elecciones, para que nadie pueda argumentar, en

perjuicio de la estabilidad nacional, que no hubo igualdad de oportunidades?.

¿No pagaríamos muy caro, en un futuro quizá no lejano, el precio de negar ahora evidencias que algún día

tendríamos que reconocer?.

Sinceramente, señores: ¿No es preferible contabilizar en las urnas lo que, en caso contrario, tendríamos

que medir sobre la base de algaradas callejeras?.

¿No es nuestra obligación colectiva llevar el diálogo a las Cortes, en vez de tener que soportarlo en

nuestras calles, con deterioro del orden conseguido?.

¿No es preferible una oposición, aunque fuese radical, comprometida con los intereses nacionales,

aceptando públicamente las bases de nuestra convivencia, en vez de verla obligada a rechazar todo lo que

se propone el país?.

¿Hemos de vernos obligados a privar de libertad a sus afiliados, cuando eliminan la acción violenta como

procedimiento y aceptan los criterios de la reforma política?.

¿No es cierto que los intereses legítimos del pueblo español necesitan, a la hora de las soluciones, el

contrapeso de una izquierda definida en sus peculiaridades y que sólo ahora se puede presentar con ios

matices necesarios?.

¿No demuestra la experiencia de otros países que la legalización y concurrencia electoral de los grupos

políticos ha sido el procedimiento más eficaz para evitar la toma del poder por partidos totalitarios?.

¿No es hora, señoras y señores, de que la moderación del pueblo español sea contrastada sin falsifi-

caciones por el único procedimiento válido que es el de las urnas?.

Creo honestamente que las respuestas a estas preguntas han de coincidir, por parte de ustedes, con los

criterios del Gobierno que presido.

En cualquier caso, y aceptando de antemano la crítica y la disconformidad, pienso que no puede dudarse

de que lo único que nos guía es el servicio a una comunidad que queremos limpia de clandestinidades, un

esfuerzo por responder con hechos al realismo que nos hemos propuesto, y la evidencia de que, por

encima de nuestras convicciones personales —y mías en particular— está la gran, meta de construir una

España digna, con una legalidad suficientemente amplia para que sea aceptada por todos.

SOLO MIEDO AL MIEDO

Con esta condición podremos llegar con serenidad a las elecciones que acaban de ser convocadas. Quiero

en este momento, volver a recordar aquella frase de que sólo se puede tener miedo al mismo miedo. La

sociedad española de hoy no es una sociedad de miedos, aunque todavía sea una sociedad con tensiones

nacidas en gran medida de injusticias que subsisten. Es, por el contrario, una sociedad que tiene los

mismos procedimientos de otorgar licitudes y representativi-dades que los demás países de nuestro nivel

de desarrollo y cultu-

ra del mundo occidental. Si así no fuese, hubiera sido imposible llegar en paz al punto de cambio político

en que nos encontramos.

Desde la información que posee un Gobierno quiero darles la seguridad de que nunca como hoy hemos

tenido una posibilidad abierta de consolidar un sistema de libertad. Hemos pasado los momentos difíciles

de toda transición. Hemos superado pruebas, a veces muy duras, de las que deben desprenderse lecciones

para todos.

Nos asalto el terrorismo y siguió presente la violencia ahora planteada como arma contra la democrati-

zación. En aras del realismo que nos hemos propuesto, nada puede asegurar que no vuelvan a resurgir

algunos de estos brotes, nada puede impedir que, si en el país quedan enemigos de nuestro entendimiento

como pueblo, vuelvan a hacer uso de la violencia.

Ese es nuestro riesgo. Frente a él, está la seguridad de que nuestro proceso es irreversible, de que nuestro

pueblo, con una madurez que se impuso a los grupos y a sus actitudes, desea hacer una vida normal, sin

otras tensiones que las normales, como los demás países de nuestro entorno, de que ese mismo pueblo ha

recuperado su protagonismo, con todos los derechos, y en él radican todas las garantías de futuro.

SOCIEDAD DE 1977

Cuando miramos hacia ese futuro, la sociedad de 1977 se encuentra con unas seguridades con las que

pocas veces contó: una Corona a la que orgullosamente servimos, capaz de integrar a todos los españoles,

unas Fuerzas Armadas cuyos ejemplos de patriotismo y disciplina deben ser exigencia en todos y para

todos, unos grupos políticos y sociales que consiguieron crear un cuma de civismo, sin el que todos los

esfuerzos por la normalidad serían inútiles, unos medios de comunicación que luchan honestamente por

un clima de libertades públicas y defienden la necesidad de no frustrar la esperanza de un nuevo orden de

convivencia, y en la base, un cuerpo social en cuyo equilibrio se asientan nuestros deseos de concordia.

Hace apenas cuarenta y ocho horas he vuelto de mi viaje por Méjico y los Estados Unidos, en los dos

países he tenido ocasión de constatar que la consistencia interna de España cuenta con una atención y con

unas potencialidades ciertas e innegables.

Porque no estamos solos, porque no somos diferentes, la vida de relaciones internacional plantea, en el

foro exterior, las capacidades y voluntades de los estados que en ella participan.

Nuestra proyección internacional se encontraba disminuida por el insuficiente grado de cohesión plural de

nuestra comunidad, la inseguridad que de ello provenía generaba en cierto modo una falta de confianza

que debilitaba nuestras posiciones negociadoras en la defensa de los intereses nacionales.

Pero lo cierto era y sigue siendo, que España cuenta con treinta y seis millones de habitantes, en su

setenta por ciento menores de cuarenta años, que España, situada en un contexto geoestratégico privile-

giado, es uno de los mayores países de Europa por su extensión territorial, que España dispone de una

fuerza laboral y profesional notable por su preparación y por su voluntad de trabajo, que España, en fin,

escasa en materias primas, cuenta con estructura y recursos productivos de gran entidad. Todo ello abona

la necesidad ineludible de un nuevo protagonismo internacional, al que debemos acceder sin triunfalismos

ni falsas ilusiones, porque el empeño es difícil, pero con la profunda convicción de que nuestras

dimensiones geográficas, políticas, culturales y económicas asi lo exigen.

Esa nueva presencia internacional que está haciendo de España un interlocutor en pie de igualdad con los

demás países, es tarea imprescindible que a todos compete y a todos los miembros de nuestra comunidad

interesa, debe ser una ilusionante tarea colectiva, dirigida

a la definición permanente de los intereses vitales de España por encima de la coyuntura políticas con-

cretas por las que el país atraviesa.

Yo quiero hoy simplemente señalarles la trascendencia de ese empeño, cuya lógica consecuencia será el

reforzamiento de nuestra independencia y dignidad nacionales, la diversificación de nuestras relaciones

políticas y económicas, la reafirmación, en fin, de una vocación universal de paz y entendimiento entre

todos los hombres y entre todas las naciones.

No quiero prejuzgar lo que en su momento será la expresión de la voluntad soberana de nuestro pueblo al

definir éste y otros aspectos de la política nacional.

Sólo quisiera trasmitirles mi convicción de que la presencia internacional de España en línea con su deseo

de paz y entendimiento con los demás miembros de la Comunidad Internacional, debe atender a tres

principios fundamentales: participar activamente en el sistema de seguridad de Occidente propiciando

esquemas que pongan fin a la carrera de armamentos, favorecer la cooperación, contribuyendo a una más

perfecta justicia distributiva en el plano universal, impulsar la salvaguarda de los derechos humanos y de

las libertades fundamentales, cuya violación es la raíz de tantas tensiones y conflictos.

La política exterior de la Monarquía española deberá mantener lazos de amistad y cooperación con todos

los países del mundo, y en especial con aquellos con los que, por razones de proximidad ideológica,

idiomática o geográfica, nos unen relaciones especiales, y para lograr estos objetivos es imprescin-

dible la colaboración de todos los españoles. Tenemos entre las manos un gran país, su proyección

exterior y la necesidad que ella comporta forman parte ineludible de nuestra tradición y del momento

histórico en que vivimos.

Señoras y señores:

Hemos recorrido un camino todavía corto, pero intenso, lo hicimos con serenidad y solidaridad que es

preciso resaltar. Ahora nos preocupa el futuro, pero no nos atemoriza. Estamos a punto de construir, de

una vez por todas, un sistema político en libertad que haga factible, por encima de la tensión diaria, la

concordia nacional.

Vamos a hacer posible que no parezcan más quienes más se oyen, sino que se oigan más quienes son

mayoría, con profundo respeto a las minorías.

En la frontera de una esperanza renovada, vuelvo, como tantas veces, a convocarles, les convoco a

aceptar con realismo, por encima de las convicciones personales, la necesidad de que el Estado y sus

instituciones amparen a todos los españoles.

Les convocó a un pacto de no enfrentamiento a la hora de presentar y defender las diversas opciones

electorales.

Les convoco a caminar en estas últimas semanas previas a las elecciones con la certeza de que se está

alumbrando un nuevo horizonte.

Les convoco a hacer posible el entendimiento social y político que nuestra nación requiere.

Les convoco, señoras y señores, a una misión de paz y de futuro en la que todos seamos protagonistas y

nadie se considere marginado, si todos hemos ganado laboriosamente la paz y una porción de bienestar,

vamos a conservarlo, pero sin artificios. Con normalidad, exigiendo la justicia y aceptando la

responsabilidad de cada uno. Esta gran nación que se llama España debe ser el resultado de un esfuerzo

solidario. Su convivencia, el fruto del respeto mutuo.

El mañana ciertamente no está escrito, pero ustedes, y sólo ustedes, lo van a escribir. Ese es el reto y la

grandeza del momento que vivimos.

 

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