Autor: García Pavón, Francisco. 
   L ´après-midi de un "ex"     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 35. 

ABC

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

L´APRES - MIDI DE UN "EX"

SU suegra, doña Rosaura, que a pesar de los años sigue tan capitana, y su esposa. Rosita, me recibieron en la terraza de aquel piso que alquilaron apenas casarse y jamás habitaron.

En los pasillos y habitaciones de menos uso se veían paquetes de papeles y libros, maletas de todos los tamaños; pergaminos enmarcados, estuches con medallas y placas honoríficas, bolsas de plástico con uniformes y trajes de etiqueta, estatuitas simbólicas, alfombras persas enrolladas y muchas cajas de güisqui.

Ya de vacaciones, los dos hijos menores se disparaban en el recibidor con ametralladoras de juçguete. Y los hijos e hijas mayores en una habitación cargada de tocadiscos, cámaras fotográficas, televisores, magnetófonos y qué sé yo cuantas máquinas más, reproductoras de imágenes_y sonidos, grababan en cassets músicas hispanoamericanas con letras revolucionarias.

Por la templanza de la tarde se estaba muy bien en la terraza. Sobre la mesa de hierro pintada de blanco, los periódicos de la mañana. Doña Rosaura, como siempre, hacía punto, y al hablar nos miraba • sobre Jos redondeles de las gafas. Rosita, como siempre también, con cara de dolerle algo, fumaba pitillo tras pitillo... El «ex» no ´aparecía por parte alguna. Me dijeron que estaba en su despacho. Quiero decir en un despacho improvisado en aquel piso que desde hace qué sé yo los años ocupaba la suegra.

—No puedes imaginarte la cantidad de problemas que se les han presentado de pronto. Por ejemplo, tienen que comprar un coche, porque claro, llevan más de media vida valiéndose de coches oficiales.

—Y contratar un mecánico —añadió Rosita con gesto patético.

—¡ Pero cómo vais a meteros en un mecánico, hija! Menudo gasto. Tendrá que aprender a conducir.

—Ni lo sueñes, mamá, ni lo sueñes. ¡ El pobre conduciendo!

—Allá vosotros... Y buscar, y pagarles de vuestro bolsillo, unas empleadas del hogar como ahora las llaman.para dorar la pildora.

—Y una secretaria, también pagada. Pepe no sabe escribir a máquina.

—Ya ves, Paco, lo que puede ocurrirle a uno por estar casi treinta años viviendo a cuerpo de rey, si de pronto...

—Mamá —interrumpió Rosita— a cuerpo de rey, no. En todo caso a cuerpo de régimen. Porque Pepe dice que de acuerdo con las leyes, él no será monárquico hasta el mismo día de la instauración.

—Bueno. ¡Bobadas! Ahora veréis lo que es bueno.

—Mamá, todo lo tomas por lo trágico. Algo nos queda. Y, además, es casi seguro que lo hacen presidente de los «Detergentes Albura Inc.»

—Sí, para detergentes estáis vosotros.

—Yo creí que Pepe volvería a ejercer de dentista —intervine tímido.

—¡Pobre!, de dentista —se lamentó Rosita—. Si cuando tuvo el primer cargo público sólo le había dado tiempo a sacar siete muelas. Ya lo.ha olvidado todo.

—Tú no sabes, Paco — casi me increpó la madre—, que Pepe, por ejemplo, no sabe poner una conferencia porque siempre, claro está, se las pusieron sus secretarias y telefonistas. Que ignora el franqueo que ahora llevan las cartas, lo que se gasta en el mercado cada día, qué cobra una criada, se paga de luz, de agua o de portería. Anoche se quedó de piedra cuando le calculé lo que podría costarle el veraneo de la familia en plan particular... Bueno, con decirte que el otro día almorzamos en un restaurante, y como era la primera vez que pagaba desde hace tantos años, casi le dio una congestión al ver la factura.

—Y quería dejar sólo cinco pesetas de propina.

—Ha perdido el sentido de la realidad. Ha llegado a creerse que no hay más vida que la que cuentan ciertos periódicos.

—´Pepe empleó todo su talento en los negocios públicos y nunca descendió a minucias... Veintimuchos años de sacrificio para ahora, mira.

—Menudo sacrificio... Y tú tampoco descendiste. Rosita, y perdona. Y no porque te absorbieran los negocios públicos, como tú dices, sino porque en estos años todo te lo dieron resuelto, leñe. Y hablo mal... Menuda furia te dio el otro dia porque el taxista, encima de no bajarse a abrirte la puerta del coche, te hizo cambiar un billete de mil pesetas en la tienda próxima, porque él no tenía suelto.

—¿Qué quieres que hubiéramos hecho, mamá? ¿Robar?

—No, hija, no, eso nunca, pero sí dedicar un ratito de vez en cuando a entrenarse para la vida real, con la que más tarde o más temprano tendríais que enfrentaros.

Antes de marcharme, y cuando ellas lo consideraron oportuno, entramos a ver a Pepe.

En bata, y tras una mesa cubierta de legajos, nos miró con aire soñoliento. Al verme, cerró el entrecejo y puso el gesto convencional del gran jerarca que ,va a recibir a un subdito. Pero en seguida reaccionó, ésa es la verdad, y me saludó con sencillez y afecto.

—¿ Has tomado ya café.

—Todavía no. Vine a temarlo contigo.

Hizo ademán rápido de ir a pulsar _un timbre inexistente, pero Rosita lo volvió en seguida a la realidad:

—Yo lo traigo, Pepe.

Sí, serían las ocho de la noche cuando salí de aquel despacho improvisado. Pepe se calentó un poco y después de hacer incisivos foméntanos sobre algunos de los que quedaban y todos los que entraban, me repitió, sin perder concepto ni ademán, los ocho discursos más importantes de su historia oficial... Aparte del que piensa pronunciar cuando le den el mejor cargo de su vida, cree será cuando se produzca el próximo cambio de Gobierno, dentro de unos ocho años, según sus cálculos.

Está visto que el pobre no tiene remedio. El personaje oficial anuló a Pepe el dentista.

Cuando me disponía a despedirme, sonó el teléfono que estaba en el pasillo. No pude evitar el escuchar la conversación"... En efecto, iba a «Detergentes Albura Inc.» aunque no exactamente al puesto que se búleó, sino al inmediato inferior.

Con las manos en los bolsillos de la bata de seda y mirando al suelo me despidió distraído. Tal vez, resignado ya a la modestia del destino, pensaba´ en el discurso de toma de posesión.

Al salir vi que en el salón de la casa los hijos e hijas mayores de Pepe, con otros amigos, fumaban, bebían, tatareaban y se reían muchísimo de no sé qué, teniendo como fondo las músicas hispanoamericanas que antes grabaron en un, cassets.

F. GARCÍA PA

 

< Volver