Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Fraga-Suárez     
 
 El Alcázar.    06/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

FRAGA-SUAREX

EL discurso del presidente Suárez ha originado una réplica negativa casi unánime. No he leído más que

un artículo en su favor, suscrito por Jaime Campmany que acaba de reaparecer en la plaza como

columnista. Eso ha ganado el periodismo actual, no sólo por la brillantez indiscutible de su pluma, sino

porque de sus juicios y pronósticos se podrá obtener en lo sucesivo muy serias, enseñanzas. Por lo pronto,

apostaré a la posición contraria a la que Jaime Campmany juegue. No por antipatía, que bien que le

admiro y le quiero, sino porque, al político, le he visto registrar tantos errores como éxitos al escritor. Si

estuviera en el pellejo del presidente Suárez me habría echado a temblar, aunque en este caso el señor

Suárez no tiene necesidad de ello porque, incluso a pesar del juicio de Campmany, ganará las elecciones

del 15 de junio.

Lo que me interesa subrayar ahora es un hecho fronterizo que de algún modo nos deparará el talante

democrático de la España, 77. Me refiero -y el lector lo habrá entendido perfectamente— al reto que ha

hecho don Manuel Fraga Iribarne a don Adolfo Suárez. Creo que ninguna persona reúne mejores títulos

que Fraga Iribarne para comparecer en una confrontación dialéctica con el voluntario presidente. Fraga

fue el hombre de la reforma, del mismo modo que Adolfo Suárez ha sido el hombre de la ruptura. Nadie

podrá considerar que el deseo del señor Fraga Iribarne es el de retar al señor Suárez en nombre del

inmovilismo nacional.

El promotor de la reforma tiene conocimiento de causa y juicio para debatir los grandes temas de esta

hora con él titular del Consejo de Ministros. Fraga fue al Gobierno para enfilar la nave del Estado hacia

un tiempo nuevo. No estuve de acuerdo con él en casi nada, aunque reconozca que sus propósitos eran

más reformadores que

rupturistas. Fraga aportaba al Gabinete ciencia administrativa y doctoral. Era un hombre en el que se

concitaban las características del político y del intelectual. Por eso se propuso la reforma, creo yo. El

señor Suárez González sólo podía reportar intrepidez y audacia, que son dos valores muy considerables a

la hora de decidir en política. Los dos traían, supongo que con sinceridad, la idea de construir una imagen

distinta para España.

Consecuente con ese propósito, que el presidente Suárez no puede defraudar, el señor Fraga Iribarne le ha

invitado a un diálogo ante treinta y seis millones de españoles. Aquí vamos a ver dos cosas: una, la

capacidad de sinceridad que hay tras la intrepidez o la audacia de Suárez y otra, la capacidad de mesura e

inteligencia política que Fraga comporta. Si estos dos nombres que suponen los dos puntales más claros y

concretos de la voladura del Régimen de Franco se enfrentan ante las cámaras de televisión se podrán

aclarar muchas cosas. Fraga, cuando menos, ha dado el paso adelante. El riesgo y la sinceridad ya están

demostrados y no supuestos. El presidente, aparte de abrazarse con Cárter y de sonreír ante las cámaras de

los reporteros del "New York Times", debe demostrar, de cara a las elecciones y no como jefe de

Gobierno, que también su intrepidez y su audacia son producto de un espíritu democrático. Hay muchas

cosas en juego que conviene precisar. No basta con invitar a Santiago Carrillo al telediario de las tres ó a

Tierno Galván al de las nueve y media. También los demócratas del Régimen, entre los que se cuenta el

señor Suárez González, tienen .que nacer bueno el recordatorio de Santiago Carrillo respecto a la mujer

del César.

Antonio IZQUIERDO

 

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