Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    06/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

DIETARIO

PERSONAL

Por Rafael GARCÍA SERRANO

JUEVES, T DE MAYO

ANTOLOGÍA.— Con frecuencia releo libros ejemplares para tomar tono. Entre ellos figuran, para mi

gusto, dos o tres de los que a la milicia ha dedicado mi ilustre y querido amigo el general retirado don

Jorge Vigón Suerodiaz. Este que he repasado a ratos perdidos durante lo que va de semana me ha hecho

pasar muy buenos ratos y también me ha aleccionado sobre la caducidad de las cosas humanas y las

mudanzas de la vida. El libro se titula "Cuadernos de Guerra y notas de Paz" y está impreso, con las

debidas licencias, en 1970, si bien su texto, a salvo el prólogo y el epilogo (este fechado en 1969),

comprende las rápidas anotaciones militares, personales y políticas de su autor justo desde el 13 de julio,

lunes, de 1936 hasta el 1 de abril, sábado, de 1939, casi día a dia.

Transcribo del prólogo:

"Suele decirse que del diálogo sale la luz; pero lo que sale, más frecuentemente, es la confusión.

"Uno de estos dialogantes decía hace poco que "lo fundamental es saber cuál puede y debe ser el

cometido y la competencia de los ejércitos en la sociedad moderna".

"Eso está dicho con bastante claridad en la Ley Orgánica del Estado. El día que se aprobó —hace más de

dos años— en las Cortes, al acabar la sesión a un Oficial que había asistido a ella le pregunté:

"—¿Ha oído usted tocar generala cuando el Presidente leía el Proyecto de Ley?

"Tuve que explicárselo. El de generala era hace muchos años un toque de ordenanza para reunir y formar

los hombres de una tropa. Después se suprimió oficialmente el nombre, pero siguió usándose cuando

inopinadamente se tocaba llamada, arma o asamblea general o botasillas para alertar una fuerza.

"y a mí me parecía que en aquella ocasión se había tocado generala. Se había andado mucho camino

desde que la, tanto tiempo vigente, "Ley Constitutiva del Ejército", había dicho

que su primera más importante misión "era sostener la independencia de la Patria y defenderla de

enemigos exteriores e interiores". Entonces era fácil perderse en la localización objetiva de los enemigos

interiores. Ahora la Ley Orgánica del Estado precisaba la misión de las fuerzas armadas que "garantizarán

la unidad e independencia de la Patria, la integridad de sus territorios, la segundad nacional y la defensa

del orden institucional".

"Ahora está más claro. Sin embargo, el 18 de julio de 1936 las Fuerzas Armadas no fueron lerdas para

localizar dónde estaban los "enemigos exteriores e interiores".

Y los últimos magistrales párrafos de su epílogo dicen así, después de señalar estre los dialogantes de

turno "una asombrosa afición a la arqueología política":

"Yo ya sé que en los mismos campos no nacerían hoy las mismas malvas. Pero temo que por mucho

tiempo, y ahora por nuestra culpa, porque no hemos sabido dar el calor que necesitaban los niños que nos

nacían el 1° de Abril, y les hemos llenado de frío la cabeza, va a seguir siendo un trágico saludo inevi-

table y trivializado por desgracia el de Antonio Machado:

"Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios...

"Es posible que yo sólo piense así, si esto es pensar y no es alienación, pero también es posible —y sigo

aquí a Unamuno en la "Vida de don Quijote y Sancho"— que un día cualquiera unos millones de

españoles vuelvan a devanar las mismas quimeras y entonces todo eso habrá dejado de ser una aluci-

nación para convertirse en amarga realidad. ¡Dios no lo quiera!".

Recuerdo que antes de ayer escuché, gris, frío, amargo, preocupado a un hombre joven que daba un paso

más al frente para interpretar el papel de Kerensky igual que Kerensky, sin saberlo y creyendo contar con

toda la baraja en su mano y algunos ases de repuesto en las

mangas y, claro está, lleno de buena voluntad porque salvo Buero Vallejo, que ama la tragedia porque

vive de ella, nadie puede querer la tragedia ni para sí, ni para su pueblo, ni siquiera para los prójimos,

pueblos o individuos, calificados de enemigos.

Y hoy he visto a un "apparatchick" en la tele tan sosegago, seguro, tolerante y burgués que nadie que no

conozca el estilo comunista hubiera podido calificarlo de "funcionario de la muerte". Este no juega a Le-

nin, porque Lenin es su dios, y él es su profeta para España y se llama Carrillo, como se llama Adolfo

Suárez nuestro particular Alejandro Feodorevich Kerensky; equipararlo a Pórtela seria disminuir su

mérito.

6— MAYO— 1977

 

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