Autor: García, P. Félix. 
   Experiencia política     
 
 ABC.    26/07/1974.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

EXPERIENCIA POLÍTICA

ES siempre provechoso y aleccionador volver sobre los viejos textos, sobre los libros olvidados, que un día nos sorprendieron con sus atisbos certeros, con la agudeza de sus formulaciones éticas o de su belleza literaria. Vuelve uno, al azar, en momentos de ocio, huyendo de la tromba de la literatura actual, comprometida, polémica, no pocas veces de efímera consistencia, a repasar una y cien veces más las páginas anticipadas y rebosantes de doctrina de Gracián, de Quevedo, de fray Luis de León, de Saavedra Fajardo, y de su lectura renovada, sale uno entonado y lúcido, y también sorprendido, de cómo es posible haber dado al olvido tal caudal de doctrina y de experiencia política, aparte de otros muchos saberes, y se le haya suplantado, no pocas veces con menoscabo, por teorías y opiniones pasajeras y cambiantes, que pretenden ser nuevas, cuando en realidad no son más que reviviscencia de viejas fórmulas que parecían periclitadas y que siguen ahí vigentes, aunque sin la eficacia y vigor que tuvieron en los momentos de más tensión y originalidad de la política española.

Es indudablemente una delicia, a pocas cosas comparable, recorrer los anaqueles rebosantes de la librería familiar y amiga, donde tantos libros fieles, versados un día con mano nocturna y diurna, que están ahí descansados aunque no olvidados, esperan de nuevo la versión y el hojeo para reiterarnos la lección antigua y advertirnos que ahí, en esa página doblada, en esa nota marginal, en ese pasaje subrayado está esperando, como clavada por un entomólogo, la ´sugestión feliz, la revelación de un principio original, la solución de un problema que, más tarde, por arte de una política de bajo vuelo, se han convertido en un laberinto, en una enredada logomaquia.

En este recorrido al azar por los pacientes anaqueles entre las muchas sorpresas de libros que están ahí, a la espera, tropiezo con uno, ya leído, pero un poco a desmano, que tienta de nuevo mi curiosidad. El libro es breve, bien editado, incitante: uno de esos libros a los que uno vuelve con querencia, porque es un libro escrito para hoy, pues es el rezumo de toda una vida cargada de experiencia y de sabiduría política.

El libro se titula «Breviario de política experimental». Buen título prometedor. Se publicó en 1944. En un momento difícil de recuperación de España. Es una gran lección de sabiduría, de anticipadas advertencias para los navegantes que se arriesguen a hacerse a la vela por ese mar de las tormentas de la política. También podría haberse titulado «Alivio´ y consolación de gobernantes activos y

dimitidos)». ¿Su autor?: Don Alvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones. Todo un hombre. Todo un político, al que hubiera panegirizado Gracián. La anécdota de su vida es fabulosa. Durante muchos años, y en momentos difíciles, tuvo él la clave de la política, española. Fue un gran temperamento político: un pura sangre, podríamos decir, de la política. Mucho, aprendió en los libros, pero aprendió mucho más en el trato y frecuentación de los hombres.

En su tiempo —muy a la ligera y con tópica reiteración— fue considerado como el más experto y hábil manipulador de tretas y picardías políticas. No hay que olvidar que él se debatía en un mundillo de picaresca y de complejas situaciones. La mediocridad imperante le creó su leyenda y su anecdotario. El ojo sagaz y rotatorio del conde, que desconcertaba a Azaña, sabía intuir las situaciones más arduas y anticiparse a los más inesperados acontecimientos. Fue un político de largo alcance, que le tocó jugar en un momento en que España, internacionalmente, estaba, si no manumitida, sí condicionada y sometida a diversas tensiones.

El conde de Romanones fue liberal, convicto y confeso, es. decir sincero, sin aleaciones, en un momento en que «el liberalismo era pecado». Fue el suyo un liberalismo de altura política y humana, como lo fue el de Marañon y el de Ortega y el de don Torcuato Lúca de Tena. Muy distinto de ese liberalismo posicional, de ocasión, que hoy se apresuran a reclamar los mismos que hace años lo consideraban como colindante con la heterodoxia.

Romanones sí sabía lo que era ser liberal con todas las consecuencias, frente al escándalo farisaico de los que se acantonaban en sus posiciones consabidas para seguir tirando, como fuera, de la política de turno. Hombre de profundas convicciones católicas, trató de hacer a tiempo lo que, más tarde, se trata de llevar a cabo con mil complicaciones e.intereses creados. Hubo un tiempo en que el conde presintió lo que hubiera sido a -tiempo una separación inteligente, integradora; de colaboración mutua y siempre respetuosa, entre la Iglesia y el Estado; pero eso sonaba entonces a herejía vitanda. El tiempo inexorable va dando la razón a quien la tenía, con todos los riesgos que implicaba entonces tener razón.

Este ya viejo «Breviario, de política experimental», fruto maduro de una vida consagrada al quehacer político, es la síntesis de un pensamiento y de una vida, el fruto sazonado de una experiencia que, hoy, al cabo de los años, es de una actualidad y de una vigencia sorprendentes. El conde nos habla en fórmulas precisas .y preciosas, del pueblo, de la política exterior, de la diplomacia, de las luchas políticas, de la sicología de los gobernantes, de la lógica de la política, de la intuición y de la flexibilidad y de la ética de la política, de jóvenes y viejos, de la mujer y de la amistad en la política. Es un prontuario de sentencias y principios de validez perenne, no circunstancial, escrito desde la cima de una vida penetrada de serenidad y de melancolía.

«Las olas del anticlerica1ismo —nos dice— lo mismo que las de la dictadura, son tan frecuentes como las del calor y el frió.» ¿Qué hubiera dicho hoy el conde del anticlericalismo de derechas? «Para negociar —prosigue— con la Iglesia nunca se debe tener prisa; para ella el tiempo no corre lo mismo que para el resto de los mortales, porque parte de su inmortalidad... La resistencia pasiva de la Iglesia es inconmensurable. La suavidad en la forma y la firmeza en el propósito son condiciones indispensables para conversar con la Iglesia.» «No olvidemos —advertía con gran tino— que las mayores resistencias a los buenos propósitos de los gobernantes no se encuentran en la Curia romana, sino en quienes fuera de Roma, y en España, son más papistas que el Papa: y sobre todo en el elemento femenino, que en las posibles discordias entre la Iglesia y el Estado se coloca siempre frente a! Estado.»

¡Agudo y perspicaz conde de Romanones, que tan bien supo formular a tiempo cosas y vacilaciones que siguen mareando ! -«No se olvide —decía con cierta ironía—. que la Iglesia se declara "per se suficiens´´.» Esto no obsta para afirmar que también el Estado es «suficiens per se».

Pero será preciso volver sobre las lecciones de este «Breviario» del conde de Romanones.

P. Félix GARCÍA

 

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