Autor: Aparicio, Juan. 
   El lío electoral     
 
 El Alcázar.    10/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MIS TESTIMONIOS

EL LIO ELECTORAL

NO es lo mismo opinar y obtener un criterio y una conducta desde la madriguera cortesana de los

Madriles, que divisar y hacer un resumen de la Política propiciada y promovida, ocultamente, con las

técnicas de la sofisticación y camuflaje del "marketing", desde la periferia provinciana y peninsular,

como, por ejemplo, la Penibética. Esta comarca geográfica, en parte fantástica y en parte terruñera,

alrededor de la Sierra Nevada, con picachos, valles montañeros, ramblas secarrales y playas turísticas, no

se parece a la ínsula Barataría, ni a las Batuecas idealizadas, ni a las Hurdes legendarias, sino que

compone un microcosmos selectivo del español concentrado de sus aborígenes, más los moriscos, y una

pizca de introvertidos trotamundos de Europa, cual Gerald Frenan, a la búsqueda de soledades, tal los

mineros tras la explotación del hierro, del plomo y de la fluorita.

Penibético empedernido he vuelto a la Penibética, con el fin de cerciorarme desde aquel observatorio,

donde también funcionan el Observatorio Astroficiso del Talar Alto, encima de (Jergal, cuál es la

compostura y el talante de los españoles de allí, y cuales son sus pareceres, más allá de las lindes de esta

comarca literaria, sobre las vísperas comiciales. Sin haberlo leido, y ni siquiera olfateado, sólo por

intuición y corazonada, los más sensatos están conformes con el diagnóstico del director del Instituto de

la Opinión Pública, don Juan Díaz Nicolás, quien ha dicho públicamente que el ciudadano medio, o sea la

llamada mayoría silenciosa, pero acechante, está hecho un lío, en medio de la desinformación y del

gatuperio televisivo.

Los únicos que se adelantaron a erigir bandera, alquilar domicilio y a movilizarse por el agreste territorio,

empobrecido este año por la sequía y por las heladas, por los vendavales y por las otras plagas del campo,

son los militantes veteranos u oportunistas del PECE y del P.S.O.E, quienes sacan la lengua fuera y se

agarran al terreno, como alacranes y lagartijas. Se muestran impávidos en su resellamiento y transfuguéz,

porque así lo ha ordenado la mafia de Carrillo, que no vetó para candidato al Congreso de los Diputados

al alcalde con camisa azul y médico de un pueblo durante lustros y lustros.

El comunismo, con aval gubernamental, se extiende por las aldeas y villorrios más pequeños,

prometiendo el oro y el moro a estos descendientes de mariscos y cuyos padres de algunos vecinos se

alistaron y ejercieron en el maquis postguerrero, como los antiquísimos bagaudas y los bandidos más o

menos generosos; ya que la banda es el antecedente del Partido. El P.S.O.E. se organiza con mayor

descaro y prosopopeya burguesa, pues bastantes vecinos y comerciantes enriquecidos bajo la paz

franquista, y a despecho de sus caudales afortunados, presumen y predican un

socialismo en libertad, que es un sofisma más monumental que la Catedral de la Penibética, por la

contradición de sus términos, y porque su transfondo supermarxista es revolucionario y repre-saliante.

Frente a esta confianza política, irradiada de la capital universitaria, donde los catedráticos y pene-nes son

agentes del barullo y de la subversión, al amparo del infeliz Garda Lorca y de la Mañanita Pineda, tan

mitificada en el "Beaterío de las Arrecogías" en el que Doña Concha Velasco pescó esposo legal, y en la

última biografía de la bordadora, amorosa y ajusticiada por Doña Antonia Guerrero, dispuesta a biografiar

enseguida a la Pasionaria; frente a este caos organizadísimo solo se ofrece el titubeo, más que la

ceremonia arrabalera, de la confusión.

La óptima gente nacional, desarmada y extraviada por los medios de comunicación social, aprieta los

dientes, bucea, y no encuentra líderes aptos e idóneos, ya que una porción mayúscula de sus autoridades

parece dispuesta a no apearse de la cucaña y a meterse dentro de la comitiva presidencial, aunque se

hubieron alistado en la Unión del Pueblo Español, bajo la égida de don Adolfo Suárez, eligiendo la

consigna rectificada de "pri-mum vivere, deinde manducare".

La Diócesis más antigua de España, con sus mártires y sus Santos mozárabes y de 1936, protegida y

magnificada por el Estado de Franco, comparece muda e inescrutable, entre las deserciones vocacionales

y las soflamas demagógicas de su Prelado, mientras que la ciudad, a la que los Reyes Católicos

concedieron el propio escudo del yugo y tos flechas, se halla en un punto de interrogación dubitativa,

como la denuncia por el director del Instituto de la Opinión Pública, quien, pese » su frondosa cabellera y

a sus bigotazos caídos de trajinante del siglo XIX, es un Unce, al servicio del Gobierno, y contempla la

verdad a distancia, cual la Universidad que dirige.

Los castizos desorientados, que nos preguntan a porfía a quien se debe votar y vacilan entre la opción de

Fraga con sus tirantes bicolores y valerosos, la constancia de Blas Piñar, la diáfana dialéctica de Don

Gonzalo Fernández de la Mora y el abolengo nacional-sindicalista y el honor giro-niano, y hasta con el

repercutiente tan-tan de la Prensa domesticada, menos "EL ALCÁZAR", sorbido por los más leales

penibéticos y de la intoxicación radiotelevisiva, son unos castizos a los que recomiendo salir del lío y

desenredar la madeja, escuchando el tic-tac de su indómito corazón, y la intuición reflexiva de su

despejadísima inteligencia, y asi acertarán, tan solo, si son fieles.

Juan APARICIO 1977

 

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